Las chicas radiactivas


En 1917, las chicas radiactivas se pintaban las uñas con pintura luminosa para acicalarse a la nueva moda. Las Chicas del Radio impregnaban sus dientes con pigmento radiactivo para encender los besos de sus fascinados novios. Inconscientes de su pecado, perdieron dientes, uñas e incluso la vida, antes de constatar y denunciar a la fábrica de relojes donde trabajaban por usar pinturas venenosas. También consiguieron la instauración, por vez primera, del derecho de un trabajador a demandar por condiciones laborales abusivas. Esta es su historia.

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Las ‘Chicas del Radio’ en plena acción en la fábrica de Orange, Nueva Jersey. Fuente

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En 1898, Marie Curie -la sempiterna mujer científica del vestido negro- aislaba el Radio en estado puro, estableciendo definitivamente su condición de elemento en la tabla periódica. La manipulación y experimentación de la primera ‘Chica Radiactiva’ de la historia le supuso dos premios Nobel y una anemia aplásica que acabó con su vida. Todavía hoy, sus anotaciones y cuadernos de trabajo no pueden manipularse sin protección debido a la radiactividad de su isótopo más estable; unos 1600 años.

Las propiedades fosforescente del radio -al mezclarlo con el sulfuro de zinc- fueron inmediatamente aprovechadas por la omnipresente industria militar norteamericana de entonces para sus aparatos e instrumentos de navegación nocturna, como relojes y velocímetros de vehículos militares. Para ello depuraron la extracción del radio de un mineral llamado carnotita y así producir la mayor patente de pintura luminosa, radiactiva y venenosa de la historia: El ‘Undark.

En Europa, especialmente en Suiza, había tantos pintores de Radio que era muy normal reconocerlos por la calle. Todos ellos brillaban en la oscuridad como si un halo mágico los persiguiera.

Publicidad del Undark. Pigmento cancerígeno de uso extendido hasta los años 60. Fuente

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La United States Radium Corporation en Orange, Nueva Jersey; fue la empresa encargada de la fabricación y distribución del peligroso pigmento y de varias de sus técnicas para la imprimación de los componentes militares. La más avanzada de todas ellas era la aplicación del producto mediante la »tecnología manual aplicada de primera generación» esto es, a pincel y mano descubierta… y si era femenina y delicada mucho mejor. Mientras los directivos sospechaban y se protegían con máscaras y guantes plomados, las 70 mujeres contratadas en la fábrica para las tareas de manipulación y pintado, lo hacían con uniforme corporativo y como si de pintura al óleo se tratara. Nadie les informó de lo peligroso de la manipulación del Undark. Todo por la buena imagen de la empresa. Unos 4.000 empleados pasaron por la ponzoñosa fábrica.

Con delicados pinceles de ‘pelo de camello’ aplicaban el producto en las agujas y los marcadores de los diales de relojes y contadores; chupando una y otra vez los restos -por indicación laboral- para afilar la precisión de las pequeñas brochas. Como un juego divertido de coquetería y veleidad, utilizaban también la pintura luminosa para maquillarse uñas, dientes y espolvorearse el pelo en los escasos escarceos laborales que hacían con la ingenuidad de su peligrosísima ignorancia. Cobraban un centavo y medio de dolar por cada dial pintado pero se llevaban a casa una curiosa y única manera de acicalarse con material radiactivo y luminiscente.

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Pruebas del juicio. Puesto de trabajo y estragos del radio en las mandíbulas de las chicas. Fuente

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Poco a poco las mujeres fueron enfermando: Anemias, neoplasias, necrosis y lo que más tarde se bautizó como ‘Mandíbula de Radio‘. En 1925 un dentista de Nueva York atribuyó las patologías encontradas en el 80% de las mujeres de la fábrica a la toxicidad del fósforo. Mientras varios informes, pagados por los propietarios del negocio, intoxicaron a la opinión pública achacando los síntomas a enfermedades de transmisión sexual como la sífilis; en un intento de manchar la reputación de las trabajadoras.

No fue hasta que una de ellas demandó a la empresa cuando se consiguió movilizar a la opinión pública en lo que se considera la primera demanda por daños ocasionados en condiciones laborales abusivas; sentando jurisprudencia y los precedentes legales para redactar los primeros reglamentos modernos de seguridad y salud en el trabajo.

Corto de animación «Glow» que cuenta la historia de las Chicas del Radio. Jo Lawrence

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A Grace Fryer le costó dos años y 9 dientes encontrar al abogado Raymond Berry; único letrado que aceptó preparar la demanda contra la United States Radium Corporation. Con el apoyo de cinco chicas más de la fábrica y la complicidad de unos medios muy sensibilizados por la historia, llevaron el litigio a los tribunales en 1928. Todo fueron problemas y obstáculos pagados con el dinero del Radio y médicos compinchados con la empresa. Afortunadamente las secuelas de las chicas -ninguna llegó a declarar de pie- hacían evidente lo incuestionable.

«Las diferentes muestras de polvo recogidas en el taller en varios lugares y de las sillas no utilizadas por las trabajadoras eran todas luminosas en un cuarto oscuro. Los cabellos, rostros, manos, brazos, cuellos, los vestidos, la ropa interior, incluso los corsés eran luminosos. Una de las chicas mostraba puntos luminosos en sus piernas y muslos. La espalda de otra era luminosa casi hasta la cintura … «.

La empresa fue condenada finalmente a pagar 100.000 dólares -de los 250.000 pedidos por el ministerio fiscal- y una pensión mensual y vitalicia de 600 a cada una de las ‘chicas radiactivas’; aunque muchas de ellas no llegaron a cobrar una sola mensualidad. Varios meses después la fábrica cerró abrumada por las dificultades en el modelo de negocio de un producto peligroso y las críticas públicas a una gestión delictiva y denigrante para con sus trabajadores. Nadie quería trabajar ya para la United States Radium Corporation.

La última trabajadora murió de cáncer en 1930. Pero no fue en vano, con ellas se despertó el movimiento sindical por la defensa de los derechos civiles del trabajador, ratificado en 1948. Y se modificaron, además, todos los procedimientos para la manipulación de los pigmentos y sustancias radiactivas pero, ¡Ojo! si tienes un reloj analógico de antes de 1968 es seguro que utiliza compuestos radiactivos como el Undark.

Todavía hoy se puede medir la radiación emitida por muchas de las tumbas de las ‘Chicas del Radio’.

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Fuentes y enlaces

La historia original la encontré en la siempre interesante Damn Interesting. Podéis leer más información aquí y en el libro «Radium Girls , women and industrial health reform: 1910-1935». Escrito por Claudia Clark. También consulté el capítulo 8 del libro «Mass Media & Environmental Conflict».

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De cómo el cineasta Vittorio De Sica salvó la vida a más de 300 judíos


El anecdotario heroico antifascista parece no tiene límites en la hemeroteca. De vez en cuando reaparecen pequeñas joyas del altruismo que ayudan a prestigiar la condición humana tan satanizada por el holocausto. El célebre actor y director del neorrealismo italianoVittorio De Sica, salvó la vida a más de 300 judíos, cobijándolos como falsos extras de rodaje bajo la inmunidad y extraterritorialidad de una basílica cristiana y durante la filmación de su olvidada película «La Puerta del Cielo«. Caso único en la historia del cine mundial.

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Dos versiones del cartel de la película. La española y la original.

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Durante el verano romano de 1943 se fraguó este proyecto cinematográfico, salvoconducto para la libertad de cientos de extras y falsos técnicos de rodaje. La película nació como un acuerdo entre la Santa Sede y el director italiano; compinchados en la ‘bacanal filantrópica’ y diseñando meticulosamente los escenarios, localizaciones y tiempos de rodaje para conseguir refugiar y amparar a los perseguidos por los nazis y su Gestapo. No fue un plan de rescate improvisado, el propio Papa Pío XII supervisó y financió el proyecto, a través del Centro Católico Cinematográfico y obligó a dilatar el rodaje lo máximo posible para esperar la llegada de los aliados a Roma y así poder liberarlos. El rodaje se convirtió en un campamento encubierto de judíos refugiados a la espera de su redención.

La película relata las peripecias de un grupo de peregrinos enfermos en su viaje en tren al santuario de Nuestra señora de Loreto, en busca de su personal ‘milagro virginal’. Protagonizada por la actriz española María Mercader y con guión a cargo del propio De Sica y de los italianos Cesare Zavattini y Diego Fabbri. Las localizaciones fueron acuerdos del director con el prelado de la Santa Sede, el por entonces joven Giovanni Montini; más tarde rebautizado mundialmente como papa Pablo VI. El presupuesto fue de unos 40.000 dólares de la época -la mayoría destinados a la manutención completa del amplio equipo- y una vez finalizado el ‘estirado’ rodaje el propio Papa Pío XII decidió paralizar su distribución porque le pareció irrespetuoso que se les concediera el milagro a casi todos los integrantes de aquel tren, antes incluso de llegar a Loreto. Por ello sólo se conservan en la actualidad tres negativos -latas- de 16mm de la película. Dos enterradas en los archivos Vaticanos y otra en manos del heredero del director, su hijo Christian De Sica.

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Uno de los escasos fotogramas disponibles de la película de De Sica,»La Puerta del Cielo». Fuente

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El principal e intencionado escenario de la película -además del falso tren- y por sus grandes espacios y jardines privados, fue la Basílica de San Pablo Extramuros. Una de las cuatro iglesias pontificias de Roma. Con convenio de extraterritorialidad y, por lo tanto, paraíso de la dispensa y prerrogativa eclesial. Ya saben: si un pistolero o violador se cobija dentro de un templo, un extraño y etéreo escudo de protección invisible -heredero del mismísimo secreto confesional- protege los límites de la casa de Dios para cobijar el seguro perdón cristiano -¿Es así? -No lo sé, pero esta vez los buenos estaban dentro.

Contaba De Sica que, siguiendo la tradición del cine italiano, todo aquel invitado que mirase a través de la cámara debía pagarse unas rondas al equipo de rodaje de guardia. Un día cualquiera, y con la visita del futuro Papa Pablo VI, éste pidió encuadrar unos planos y nadie se atrevió a demandarle la tradición. Al final fue el propio director quién le obligó a pagarse una ronda de 38 capuccinos con bollería fresca.

El rodaje comenzó en verano de 1943 y se extendió hasta el de 1944. Los refugiados vivían y pernoctaban escondidos -con nombres falsos- dentro de los jardines de la basílica. Los excesivos gastos en las dietas se compensaban robando algunos equipos y acumuladores eléctricos a los Ferrocarriles del Estado. Por aquel entonces los alemanes ocupaban ya Roma en su totalidad, y las tropas aliadas avanzaban muy despacio desde el sur de Italia. La incertidumbre de la liberación hacía imposible preveer la finalización de los trabajos y aumentaba las sospechas de los mandos fascistas que controlaban las actividades vaticanas. Mucho miedo.

El propio De Sica era un afortunado. El mismísimo Goebbels le llamó durante el otoño de 1943 para encargarle: «…la refundación del nuevo cine italiano fascista» en la ocupada Venecia. Pero su contrato con el Vaticano le obligó a permanecer en Roma y salvarse de la revelación de su escondida filiación antifascista.

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Patio central de la Basílica se San Pablo (Extramuros). Campamento de los refugiados. Tour virtual

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La noche del 3 de febrero de 1944, una incursión en la basílica de las ‘hordas fascistas’ -capitaneadas por el teniente Pedro Koch– y por descuido de producción, acabó con la detención de más de 60 judíos sospechosos, directamente deportados a los campos de concentración de infausto destino. Llegaban los peores meses para «..la fortaleza bajo asedio» (según el propio De Sica), de absoluto secretismo, con muchos extras enfermos y moribundos atrapados en la basílica y con los fondos casi agotados.

El 5 de junio de 1944 se produjo la liberación de Roma por las tropas anglosajonas y con ello la apertura de las puertas de la Basílica. La película se montó, a duras penas, antes de su autocensura Papal. Y Vittorio de Sica se consagró con sus dos siguientes películas, como el mejor narrador de la Roma arrasada por el fascismo y máximo representante del nuevo movimiento ‘neorrealista’, tan admirado en el resto del mundo como ignorado en su país natal.

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Fuentes y enlaces.

La historia la conocí a través del gran Juanjo Cardenal, en una de sus infinitas preguntas para el programa-concurso «Saber y Ganar«, de Televisión Española. El cineasta italiano Maurizio Ponzi produjo a finales de 2007 una película que relataba los hechos: «Con las luces apagadas» denunciada más tarde por el hijo de Vittorio de SicaChristian por plagio de un proyecto alternativo similar. Podéis encontrar más documentación en las siguientes fuentes: 1,2,3,4,5

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-Cuando los matemáticos decidían la guerra

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36 horas enterrado bajo la nieve del Everest


Más de 40 cadáveres siembran los últimos 800 metros de la cara norte del Everest. Azotados por una ventisca perpetua que los mantiene siempre visibles al sempiterno escalador.  Beck Weathers, un adiestrado alpinista norteamericano, compartió postura y convivió con todos ellos mientras esperaba en coma su muerte durante la primavera de 1996. Con sólo la cara y una mano al descubierto permaneció hundido e inconsciente bajo la nieve más de 30 horas antes de que su cerebro inexplicablemente decidiera salvarle.

Espectacular atardecer en el Monte Everest (8.850 msnm) desde Kala Pattar. Fuente

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Beck Weathers perteneció a la infausta expedición protagonista del «Desastre del 96«. El año más mortífero de la historia en el Everest, con 15 fallecidos; 9 de ellos tras una repentina y extraña ventisca a escasos metros de la cumbre.

«Al principio creí que se trataba de un sueño, cuando volví en mí, pensé que estaba en la cama. No sentía frío ni nada. Me puse de lado, abrí los ojos y vi la mano derecha delante de mi cara. Entonces reparé en lo congelada que estaba y eso me ayudó a reaccionar. Al final, desperté lo suficiente como para darme cuenta de que estaba hecho una mierda y de que la caballería no vendría a salvarme, de modo que tenía que espabilarme por mí mismo» Beck Weathers

La historia de su segundo nacimiento está llena de hechos tan increíbles como inexplicables. Un equipo de especialistas de la National Geographic comandados por el Doctor Ken Kamler acompañaron a la aciaga expedición de Beck para investigar sobre el movimiento de las placas tectónicas y dar fe científica de todo lo acontecido. El mismo equipo que dio por muerto -hasta tres veces- al pobre Beck.

Beck Weathers, de 49 años, tenía 10 años de experiencia en alta montaña cuando se embarcó en el difícil ascenso del Everest. No sin antes pasar varios meses de durísimo entrenamiento coronando seis de las siete cumbres más altas del planeta. Estaba preparado. Un año antes, incluso, se había operado los ojos para corregir su miopía y encarar con mejor visión el desafío, en lo que sería la decisión desencadenante de su desgracia.

10 de Mayo. Cuando todos los escaladores llegaron al borde sudoeste, pasado el campamento IV y a escasos 450 metros de la cumbre; una descomunal tormenta no prevista les sorprende en la última cuerda montañosa. Y digo cuerda montañosa porque en esa arista, un puente de 300 metros que conduce a la cima, nadie va atado; no hay cuerdas entre los alpinistas porque hacia cualquier lado la pendiente es tan vertical que si te atas a alguien, le arrastras contigo en caso de caída. A la izquierda 2.500 metros antes de aterrizar en Nepal; a la derecha 3.600 metros antes de dar con tus huesos en el Tibet.

Primeros auxilios de Beck a la llegada al campo III. Fuente

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En esa tesitura, a una temperatura de -50 grados centígrados, con vientos de 90 kilómetros por hora y en el apogeo del derroche láctico; los alpinistas empezaron a colapsar con el último martillazo de la naturaleza; entregándose al destino e hincando las rodillas a escasos metros de su objetivo. En ese momento había 20 escaladores y un parte de tiempo equivocado en los últimos 600 metros de ascensión. El drama acababa de comenzar.

Rob Hall daba el parte por radio al campamento III de la cabecera de la expedición a escasos metros de la cima. Su compañero Doug Hansen estaba exhausto y no podía ni continuar ni bajar. Se quedaría con él a esperar los refuerzos. También informó que Beck Weathers, nuestro protagonista, había colapsado durante la tormenta y yacía muerto en la nieve una decena de metros más abajo. Desde el campamento conminaron a Rob a que abandonase a Doug para poder salvar su vida. Rob contestó:

«Imposible. Ambos estamos escuchando…»

Rob firmo con serena lealtad su sentencia de muerte no sin antes pedir al campo III que le pusieran en contacto -via satélite- con su mujer, embarazada de siete meses, en Nueva Zelanda; de la que se despidió en la más absoluta soledad después de decidir el nombre de su futuro hijo.

Desde el campo III salió un equipo de rescate hacia la arista. Todd Burleson y Peter Athans, ayudantes del médico de la expedicion, arriesgaron sus vidas en la imposible tormenta para salvar otras, quizás las menos. Al llegar al caos conminaron a los más fuertes a bajar hasta el Campo III, a 7.310 metros y estabilizaron a los colapsados en espera de imposibles. No encontraron a Beck Weathers.

Los compañeros le buscaron durante todo el día para certificar la muerte antes anunciada, pero la ventisca hacía imposible ver mas allá de un par de metros. Además el propio Beck, como contaría más tarde, se había desviado unos metros de la cuerda a causa de la ceguera que le estaba provocando la congelación de sus globos oculares. Las cicatrices de su antigua operación habían reventado por el frío y su visión antes de desvanecerse era prácticamente nula. Beck decidió antes de ‘doblar la rodilla’ resguardarse del fuerte viento en un recoveco de nieve para esperar la bajada de sus compañeros. Se barruntaba el fin.

Aspecto que presentaba el rostro de Beck unas horas y unas semanas después. Fuente, 2

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El día 11 de mayo. 24 horas después de su desmayo. El equipo encontró el cuerpo de Beck Weathers, al lado del cadáver de la japonesa Yasuko Namba y cubierto completamente de hielo excepto media cara y la mano derecha que se erguía como un palo, congelada con los dedos abiertos y por encima de la nieve, como saludando. Comprobaron con dificultad que aún respiraba débilmente desde el coma y decidieron, ante la imposibilidad de efectuar un traslado imposible, certificar su segunda ‘muerte’. Al fin y al cabo nadie había despertado nunca en la montaña de un coma hipotérmico.

Lo que ocurrió a partir de ese momento es un completo misterio para la ciencia. El Doctor Ken Kamler construyó y explicó su particular teoría para luego pasearla en infinidad de conferencias y TED talks de turno. Beck permaneció 30 horas en un estado catatónico. El oía a sus compañeros pasar y decir «está muerto» pero no podía ni moverse ni parpadear cuando marchaban. El cerebro del alpinista había revertido una hipotermia irreversible. ¿Cómo lo hizo? Según las especulaciones del doctor Ken el lóbulo temporal, en lo más profundo del cerebro y encargado de guardar los recuerdos; fue el último en abordar la hipotermia. Becks consiguió despertar porque los fuertes recuerdos de su familia mantuvieron la glucosa y la energía en la parte del cerebro donde también radica la voluntad: Las circunvoluciones del cuerpo calloso.

Simulación de un ‘SPECT‘ del cerebro de Becks en las cuatro fases de su agonía: 1.- Escaner en estado normal. Flujo distribuido. 2.- Lóbulos frontales con mayor flujo. Se pone atención en los músculos. Apenas hay actividad en el centro o de ‘recuerdos’. 3.- Flujo desaparece. Casi no hay actividad. 4.- La parte central o de recuerdos se ilumina de nuevo, al pensar en su familia.

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36 horas después del inicio de la gran ventisca Beck apareció tambaleándose como una momia en la tienda médica del campo III:

Hola Ken… ¿Dónde me puedo sentar? […]  ¿Aceptas mi seguro de salud?

El primer chequeo fue desolador. Tras su aparente lucidez se escondía un cuerpo congelado y rígido. La mano derecha era una piedra y en la cara asomaba ya la necrosis negra del tejido muerto. Los primeros tratamientos iban encaminados a paliar el dolor que despierta el calor del cobijo. Beck fue reservado en una de las carpas mientras atendían al resto de pacientes no desahuciados.

Durante esa noche, la ventisca destrozó la tienda donde estaba en solitario el alpinista y parte del nylon cayó sobre su cabeza, asfixiándole mientras le dejaba a la intemperie. Inmóvil pasó la noche entre gritos estériles y estertores de frío infinito. Cuando el equipo despertó y vieron el panorama pensaron en el desenlace fatal pero Becks… había vuelto a conseguirlo por tercera vez.

Detalle del rescate con helicóptero y del Doctor Ken practicando una de las curas. Fuente

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Con una camilla de sogas sus compañeros consiguieron evacuarlo al campo base, a 6.500 metros. Un helicóptero lo trasladaría, desde allí a un hospital en lo que se considera el rescate a mayor altura que ha hecho nunca una aeronave de esas características. Beck Weathers pasó hasta 10 veces por el quirófano durante su larguísima convalecencia. Le amputaron el brazo derecho a la altura del codo y los dedos de la mano izquierda y de los pies. También le reconstruyeron la nariz con trozos de piel de las piernas. Nunca más volvió a la montaña.

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Fuentes y enlaces

La historia la encontré repasando la imprescindible lista de Ted talks. No perderse la charla del Doctor Ken Kamler contando su experiencia (subtítulos en castellano). Hay mucha información del desastre de 1996 pero menos sobre la aventura de  Beck Weathers, quizás porque ya se preocupó él de guardárselas para sus memorias o alguna de sus últimas conferencias. Podéis encontrar algunas fuentes más aquí, aquí, aquí y aquí .

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-El alpinista que descendió reptando y con los tobillos rotos “El Ogro” en el Karakórum

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Cuando tus anfitriones son cortadores de cabezas


El 16 de noviembre de 1944, un B-24 aliado fue alcanzado por la artillería nipona cuando sobrevolaba la densa jungla de la isla de Borneo. Los tripulantes salvaron la barrena del aparato saltando a la selva y al miedo indígena con la única protección de sus paracaídas; en la que es una de las historias de supervivencia más apasionantes de la segunda guerra mundial. Seis meses de convivencia, inmersión y sometimiento de la cultura Dayak -tribu cercenadora de cabezas- para aprovecharse de ellos y sembrar de testas japonesas la isla.

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Un par de ejemplos de los ‘trofeos’ decorados con vegetales que aún se conservan y se venden como ‘arte’ indígena al mejor postor. Fuente

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La gigantesca isla asiática era centro neurálgico y productivo del combustible bélico japonés y los aliados sabían que una buena estrategia debilitadora partía por censurar el suministro a sus temibles ‘zeros’. Ese 16 de noviembre, un escuadrón de B-24 que se encontraba de misión bombardeando los más importante pozos petrolíferos de la isla; fue recibido por varias baterías antiaéreas niponas no computadas por la inteligencia aliada. El resultado fue desalentador y acabó con innumerables bajas.

Pero también Borneo era la isla de los Dayaks y cientos de desconocidas tribus aborígenes con fama sanguinaria que habían sabido defender muy bien su jungla a base de técnicas asimétricas de guerra y por encima del miedo a su propia leyenda. Ni la peor de las guerras había sido capaz de someter sus derechos sobre la selva que los vio nacer. Los japoneses los tenían aislados pero nunca sometidos.

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Extracto resumen en castellano del documental «Los Cazadores de Cabezas»

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Los Dayaks son un pueblo multiétnico mezcla de más de 200 tribus autóctonas sometidas a la involución de una cultura isleña. Son extremadamente tradicionalistas y honrados para con sus semejantes. Entre sus costumbres y rituales destaca el obsequiar o ‘lucir’ con una cabeza humana los momentos más importantes de la vida de sus miembros. Cuando una mujer está embarazada el marido debe obsequiarla con una cabeza recién cortada de un enemigo para liberar al bebé de los malos influjos del destino. Lo mismo cuando un adolescente alcanza ritualmente la edad madura. Sin cabeza no hay valor confirmado. O si alguien aspira a convertirse en pareja de la hija del jerarca. En vez de piezas de ganadería, el coraje o valentía se cotizan con las ‘ideas’ arrancadas objetivamente al enemigo.

Con este panorama, 7 tripulantes de aquel B24 herido aterrizaron con sus paracaídas en medio de la jungla lejos de territorio ocupado nipón pero dentro del dominio Dayak. El salto, muy descoordinado, acabó con el grupo disperso y perdido en medio de un territorio inexplorado. Phil Corrin y Dan Illerich, dos de los soldados, cayeron muy próximos y decidieron ir a buscar los restos del avión para localizar los ‘kits’ de supervivencia.

Cuatro de lo miembros de aquella histórica tripulación. Dan Illrich el segundo por la izquierda. Fuente

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El avance era penoso y casi sin luz por los más de treinta metros de denso follaje que se erguía sobre sus cabezas. Cuando se acercaron al aparato -al olor del humo y del fuego- un estruendo de explosiones y balazos estuvo a punto de acabar con ellos. Una emboscada japonesa planeaba sus cabezas hasta que se dieron cuenta que, en realidad, era su propio armamento el que estaba crepitando descontroladamente por el fuego del accidente. Muy peligroso.

El encuentro con los nativos cortacabezas tuvo lugar a la orilla del río, en un descanso de su particular paseo por la jungla. Los primeros silencios en el intercambio de miradas fueron brutales y anticiparon el desenlace tímido del intenso miedo: ¿Hola?

Un trueque de sonrisas sirvió para acercar distancias y romper el pánico congelado. Los aborígenes inmediatamente identificaron el uniforme americano para elevar sus lanzas y cerbatanas en señal de alianza. Estaban salvados.

Y es que la opresión decenaria nipona sobre los grupos selváticos hizo que los Dayaks conocieran el significado de los símbolos aliados para identificarlos conscientemente como fuerza amiga. En los años 30 unos misioneros protestantes norteamericanos habían tenido mucho éxito entre los Dayaks. Hasta que la invasión japonesa acabó decapitando a aquellos ‘protectores espirituales’. Los americanos dejaron caer sus armas cortas al suelo al mismo tiempo que los Dayaks se despojaron de las suyas para estrechar sus manos. Lo siguiente fue una invitación por señas para acompañarlos a su aldea. Comienza la aventura.

Ya en el poblado, los jerarcas obsequiaron una de sus mejores cabañas a los soldados americanos. Un acogedor cubículo de piso formado por largos tablones de madera, paredes de bambú y techo cónico de hoja de palma. Construcción típica del pueblo Dayak. Una vez dentro y aliviados por las circunstancias, Phil y Dan repararon con estupefacción en la decoración de la cabaña: cabezas humanas disecadas colgadas por todos lados anunciaban los fabulosos ‘trofeos’ de la familia anfitriona.

Todavía se conservan los trofeos al ‘valor’ en las cabañas Dayak. Fuente

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Poco días después los cinco soldados restantes fueron rescatados y conducidos por los Dayaks a la protección de su aldea para comenzar lo que sería una inmersión cultural de casi seis meses entre dos formas de vida totalmente opuestas pero unidas por el odio común a un mismo enemigo: Japón.

Cuando los japoneses se dieron cuenta de que unos aviadores americanos habían caído en la jungla se organizaron para batir la zona. Los dayaks buscaron un refugio mejor en el interior de la selva para sus ‘invitados’, lejos de la evangelización y el alcance nipón. Una patrulla japonesa se adentró con hostilidad en las aldeas Dayak removiendo viejos odios y resentimientos mientras intentaba localizar a los soldados americanos.

Fue entonces cuando los aborígenes decidieron acabar con los soldados nipones, rescatando sus viejos y sangrientos ritos y perpetrando una emboscada nocturna para alimentar el botín de sus cabezas cortadas. A partir de ese momento se declaró la guerra sucia entre ambas enemistades centenarias. Los Dayaks utilizaban a sus mujeres desnudas en el río como cebo para captar y llamar la atención de los japoneses para luego tumbarles con sus cerbatanas y romperles el cuello a cuchilladas. Todos los soldados que entraban en su zona eran asesinados y decapitados.

Dan Illerich en la actualidad posando como único superviviente junto a un L-3 Aeronca, similar al que les sacó de la isla. Fuente

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Las fiestas nocturnas de la victoria eran bacanales necrófilas de odio y tradición a las que asistían impertérritos sus protegidos, los soldados americanos. Mientras se ahumaban las cabezas del enemigo los bailes y la música de los gongs unían ambas culturas en el éxtasis de un mismo odio.

Mientras, al otro lado del mundo, se perpetraba un plan para rescatar a los ‘sufridos’ aviadores. El conocido y polémico antropólogo británico Tom Harrisson, conocedor de la zona y especialista en la cultura Dayak, iba a ser lanzado en paracaídas para intentar el rescate, ejerciendo de intermediario con las tropas aliadas que ya frecuentaban la costa de la cercana isla de Tarakan.

El 25 de marzo de 1945, cinco meses después de que el B-24 fuera derribado, Tom Harrisson y su equipo saltaron sobre un claro en la jungla cerca de donde se creía ejercían los dayaks y los kelabis. El plan era agasajar a las tribus locales con medicinas y regalos para ‘comprar’ su voluntad y ayuda para localizar a sus protegidos. Una carta de Tom llegó enseguida a las manos de Dan Illerich anticipando su inevitable encuentro el siguiente 21 de abril.

La descabellada idea para sacar a los soldados de la isla -ya muy débiles y enfermos- era construir una pista de aterrizaje en algún claro para que un pequeño avión Gloster los evacuara uno a uno hasta la costa; donde las tropas británicas ejercían ya su autoridad ‘reconquistada’. El barro de la selva hacía imposible la maniobra de cualquier aparato y Tom pensó en construir una ‘alfombra’ de bambú para que el pequeño Gloster (único aparato disponible) no se empotrara en el barro. Dicho y hecho, la única pista de aterrizaje de bambú del mundo fue construida con la ayuda de 1.000 Dayaks y coronada con las banderas aliadas y la simbólica cabeza de un japonés ajusticiado.

Imagen de la inauguración de la primera pista de aterrizaje de bambú del mundo. Fuente

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En 29 junio de 1945, Dan Illerich, el último soldado que quedaba fue evacuado en avión de Borneo. La increíble historia de supervivencia y ‘parasitaje bélico’ fue rápidamente eclipsada por los acontecimientos de Nagasaki e Hirosima de unos días más tarde. Hoy es el único superviviente de aquella aventura que da fe a su memoria.

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Fuentes y enlaces.

La historia es un clásico de la supervivencia en la segunda guerra mundial. Imprescindible el documental completo de la «National Geographic» basado en la transcripción del libro «The Airmen and the Headhunters». Podéis encontrar más información de la aventura aquí, aquí y aquí. Y fotos actuales de la domesticada tribu de los Dayaks según unos; o la todavía peligrosa y asesina etnia de Borneo,  según otros.  Si eres un friki necrófilo puedes comprarte en ebay alguna de las calaveras al estilo dayak para decorar tu oronda estupidez.

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La zorra de Buchenwald y su colección de tatuajes


Decía el Marques de Sade que la crueldad, lejos de ser un vicio, es el primer sentimiento que imprime en nosotros la naturaleza. Son la educación y el adiestramiento lo que nos hace racionalmente bondadosos. Alguien dejó en el baúl de sus obligaciones la instrucción completa de la señora Ilse Koch, compendio humano de maldad e iniquidad infinita, que regentó -consorte y sádicamente- el campo de concentración de Burchenwald al tiempo que daba rienda a sus pasiones: la colección de tatuajes descuajados y objetos fabricados con despojos humanos.

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Fotograma del documental de Billy Wilder sobre Buchenwald con la recopilación de reliquias obtenida de la casa de los Koch. Fuente

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Poco se sabe de la infancia y adolescencia de este infame personaje; alimentado a posteriori por falsas películas y leyendas del movimiento sádico y fantasioso, propias de fábulas adolescentes. Sin embargo, sí hay datos tan objetivos como oficiales fruto de la documentación escrita y fotográfica de los procesos jurídicos que cerraron el holocausto y de los testimonios de sus protagonistas. La ‘pesca ecuánime’ no ha sido fácil, pero sí ayudará a descifrar la verdadera y cruel pasión de la señorita Koch.

Ilse Koch (1906-1967) nació en el seno de una familia de clase media en el Dresde de principios del siglo XX. No hay datos para barruntar una educación privilegiada en la Universidad de la Tortura. Simplemente era una chica normal que se curtió en la Alemania de la posguerra y tropezó con el mal cuando sólo pretendía salir de la pobreza.

Ilse Koch (nacida Ilse Köhler) antes de conocer a su marido e ingresar en el partido nazi. Fuente

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A los 15 años, después de estudiar contabilidad, comenzó a regentar los nichos nacionalsocialistas para vestirse de secretaria y poner a prueba su formación. Y digo ‘vestirse’ porque la belleza de la señorita Koch cautivó el conciliábulo de más de un oficial de las SS, atajando en el atroz destino de ‘La pelirroja de Buchewand‘. En uno de esos encuentros programados, la señorita Korch (nacida Ilse Köhler), encontró su horma en la crueldad más vehemente. Era 1934 cuando conoció a Karl Otto Koch, sanguinario coronel y posteriormente primer comandante del campo de concentración de Buchenwald, con quien se casaría dos años después pasando rápidamente del ‘campesinado’ al ‘burguesismo’ de primera fila.

Comenzó de secretaria en las oficinas del campo para pronto participar en sus primeros escarceos sádico-monstruosos. Evidentemente adiestrado por la ‘sutileza’ de su maestro y coronel en placeres terrenales.

» […] Era una mujer muy hermosa de largos y rojos cabellos, pero con la suficiente sangre fría como para disparar a cualquier preso en cualquier momento. Tenía en mente fabricar una pequeña lámpara de piel humana, y un día en el ‘Appellplatz’ se nos ordenó a todos desnudarnos hasta la cintura. Los que tenían tatuajes interesantes fueron llevados ante ella, para escoger los que le gustaban. Esos presos murieron y con sus pieles se hicieron lámparas para ella. También utilizaron pulgares momificados como interruptores […] » Kurt Glass, preso jardinero de los Koch y testigo en los juicios de Dachau de 1947

El tema de la lámparas de piel humana es uno de los más controvertidos del extraño currículo de ‘La Bruja de Buchewand‘ o ‘Zorra de Buchewand’, como la bautizaron sus sometidos. Si bien aparece en las fotos de los objetos incautados a los Koch durante el desahucio y liberación del campo, las pruebas del informe forense que se hizo para verificar y confirmar el origen ‘humano’ de las pieles como peritaje judicial en los procesos de Dachau, sólo incluyeron tres trozos de uno de los tatuajes descuajados más famosos; por lo que no hay evidencias científicas (si visuales y de aspecto) que valorasen las morbosas ‘pantallas’. Pero de ahí a desmontar por completo el sangriento historial de los Koch mediante el ‘negacionismo radical’ de todo atisbo de realidad demuestra la coexistencia eterna del carácter conspiranoico del sector antisemita. Durante la liberación del campo el propio director Billy Wilder realizó un documental sobre el estado y los objetos encontrados en el campo. La imagen de la mesa con los tatuajes, las cabezas disecadas y la ‘supuesta’ lámpara dio la vuelta al mundo y se convirtió en símbolo de la barbarie.

Varios de los tatuajes ‘humanos’ utilizados como evidencia en el juicio contra Ilse KochRevista LIFE

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La señora Koch acostumbraba a despojarse de su crueldad adobando su crudo cuerpo ‘ario’ en obscenos baños diarios de vino importado de Madeira, mientras a escasos metros sus ‘esclavos’ sobrevivían hundiendo sus afilados omóplatos en los catres podridos. Pero pronto descubrió que era el ejercicio de su sádica jerarquía lo que la hacía subjetivamente más ‘bella’. Todo los días se mezclaba  por sorpresa entre los escuálidos prisioneros para azotar a mano-látigo y burlarse de su aspecto físico mientras dilataba pupilas y aceleraba involuntariamente el pulso. Koch tenía a su cargo a 22 mujeres de las SS y a más de 500 prisioneras de confianza que colaboraban en el control de sus rutinas. Muchos de los reclusos ofrecieron testimonios escalofriantes sobre la opresión sistemática en el campo:

«[…] Me llamó el Dr. Konrad Morgen, que por entonces dirigía una investigación, para que declarara como testigo. Por supuesto evité hacer una declaración incriminatoria porque sabía que si lo hacía se me condenaría irremediablemente a muerte. En particular, se me preguntó si Koch había satisfecho sus perversos deseos conmigo (usaba un pequeño palo para golpearle en el pene al prisionero al que ordenaba que se lo mostrara); pude contestar que no en buena conciencia […]» Kurt Dietz en «El mozo de Koch»

Además de su eterna fascinación por el cuero humano, que la hacía coleccionar retales enmarcados con los mejores diseños arrancados tras una inyección de fenol a sus esclavos; según los testimonios, la señora Koch disfrutaba azuzando a los perros para que atosigaran a las reclusas embarazadas por el placer de verlas gritar y correr con dificultad. Además le encantaba dirigir orgías lésbicas con las esposas de todos los oficiales del campo convirtiendo el placer y el dolor en hábitos dominantes de su ajetreada existencia.

La mejor evidencia que demuestra los atrofiados comportamientos de los Koch es un documento interno de las SS dirigido a la enfermería del campo para frenar la publicidad de los abusos, atrocidades y excesos que se cometían en los procesos de confesión y extorsión de los internos. El corazón mismo de la barbarie pedía clemencia y prudencia a sus propios soldados de doctrina. Suplicando que no exhibieran también los ‘trofeos’ de piel humana.

Juicio contra Ilse Koch. Agosto de 1947. Revista Life

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Durante los juicios de Nuremberg de 1945 se presentaron como evidencias dos ‘cabezas reducidas’ (ver vídeo y fotos) confiscadas en la dirección del campo de Buchenwald. Otra de las atrocidades auspiciada por la familia Koch y ejecutada por la dirección del departamento de ‘Patología’ a las órdenes del Dr. Erich Wagner. Falso científico y oficial de las SS encargado de las sucias labores de despojos y carnicerías.

Pero ya antes, en 1941, el matrimonio Koch tuvo que rendir cuentas ante un tribunal de las SS – dirigido por el Dr. Konrad Morgen– por crueldad excesiva y deshonor. El propio Karl fue condenado, más tarde, por fraude en la administración de fondos del Tercer Reich al desviar el dinero confiscado a los prisioneros a sus propias cuentas. Se demostró también que el coronel mandó asesinar al médico y a su asistente para evitar que divulgaran el diagnóstico de su indigno padecimiento:  Sífilis. El Tercer Reich podía aceptar antes la ponzoña del sadismo pero no la malversación de sus propias riquezas y el ejercicio de la justicia subjetiva. Fue ejecutado el 5 de Abril de 1945 una semana antes de que los aliados liberaran el campo. La señora Koch se libró y fue exonerada por jerarquía. De momento.

Tras la liberación del campo, ‘La bruja pelirroja’ fue juzgada y condenada a cadena perpetua en el proceso de Dachau por un tribunal americano. Su pena fue conmutada en 1948 por el general  Lucius D. Clay a 4 años de prisión por no existir pruebas contundentes que relacionaran los objetos encontrados con su conducta enfermiza, provocando un escándalo internacional. Tampoco se confió en primera instancia en el valor de los testimonios aportados por los reclusos ni en el famoso diario forrado con piel judía desaparecido. Nunca se encontró.

Ilse Koch. Documental de la serie ‘The Most Evil Women in History‘ de  Discovery Channel

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«Comenzó a dar caminatas entre los prisioneros y a disfrutar azotándolos ella misma. Trataba peor a quienes consideraba más feos. Era la esposa del comandante y nadie la objetaba. Con el tiempo optó por fabricar abrigos, lamparás o billeteras con la pieles humanas de sus víctimas […]« Fiscal del juicio contra Ilse Koch. 1951

Sólo cuatro días más tarde del excarcelamiento el senado norteamericano inició una nueva investigación y proceso de nuevo a Ilse Koch, condenándola a cadena perpetua en 1951. En 1967 la ‘Zorra de Buchewand’ se suicida colgándose de unas sábanas anudadas en la cárcel bávara de Aichach sin mostrar arrepentimiento alguno y después de escribir:

«No hay otra salida para mí, la muerte es la única liberación»

Cinco piezas de piel tatuada provenientes de Buchenwald se conservan hoy en el «National Museum of Health and Medicine» de Washington. Tres han sido identificadas como ‘muestras humanas’ y la otra está pendiente de revisión.  Otra pieza que se conserva en el ‘Archivo Nacional’ fue catalogada como parte de una lámpara por el patrón de corte y los agujeros equidistantes de sus bordes. Pero no hay pruebas fidedignas de que ese fuera su cruel destino.

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Fuentes y enlaces.

La historia nace del encuentro de una recopilación de las peores y más malvadas mujeres de la historia. El resto de la documentación trata de filtrar las conspiraciones y los ‘cuentos de taberna’ de los testimonios y datos fiables que rescatan la memoria del olvido. Además del excelente documental de Discovery channel podéis encontrar un libro que describe estupendamente las andanzas de una de  las «Mujeres más perversas de la historia» de Susana Castellanos de Zubíria. También hay mucha documentación en estos enlaces: 1, 2, 3, 4, 5

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El hombre que sonreía desde la tumba.


¿Quieres saber cual es el testamento más hilarante de la historia? La última voluntad de un hombre rico e hipotecado a su sentido del humor. Charles Vance Millar (1853-1926) un exitoso abogado canadiense, cómico y bromista por vocación, decidió repartir su gran fortuna de manera insólita.  Una mansión para dividir entre los tres abogados más enfrentados del país. Acciones de un hipódromo para entregar a varios de los peores detractores del juego… y, sobre todo, el famoso concurso ‘natalicio’ propuesto al albacea en la cláusula número 9.

(…read also in english)

Extracto del testamento original del señor Charles Vance Millar. Fuente

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En una época de recesión, marcada por la Gran Depresión de finales de los 20,  el señor Charles Vance Millar decidió premiar con la mayor parte de su fortuna a la mujer de Toronto que más hijos engendrara durante un periodo de diez años tras su muerte. La propuesta fue, evidentemente, una bomba y estaba enfocada a fomentar la natalidad en el peor de los escenarios de crisis. La fortuna entregada al concurso rozaba el millón de dólares de la época y aseguraba la manutención vitalicia de varias generaciones.

«Mi última voluntad es necesariamente rara y caprichosa simplemente porque no tengo familiares o parientes cercanos y ninguna obligación para con mi patrimonio. Mi único compromiso es dejar prueba de mi locura con aquello que he ido recolectando por encima de lo estrictamente necesario durante toda mi vida.»  Charles Vance Millar

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Charles Vance Millar

Charles Vance Millar no era un abogado al uso. Graduado ‘Cum Laude‘ por la universidad de Toronto, pronto destacó también como un apasionado estudiante de la conducta humana y los límites perversos de sus diversiones. Guasón y chunguero constante, se atascó en la convivencia lo justo como para evitar perpetuarse y dejar descendencia. Todo el mundo se reía con él pero nadie le aguantaba y él era consciente de su cómica condena. Hasta su tumba.

Por deformación profesional todos sus chistes se basaban en la codicia y la pasión del hombre por el dinero. Su lema era aquél de «Todo hombre tiene un precio» y no era raro encontrarle por la calle escondiendo billetes de un dólar por las aceras sólo para ver la cara de sorpresa de los transeúntes al divisarlos. Nunca dejaba nada a la improvisación y su testamento fue un compendio de triquiñuelas para evitar que el Tribunal Supremo Canadiense anulara la excéntrica voluntad por ser contraria al orden público establecido.

La primera de las carcajadas de ultratumba se escuchó al ver las caras de los tres enfrentados juristas agasajados en la ironía del primer legado. El uso y disfrute de una de las casas de verano que Charles poseía en Jamaica. Una de las cláusulas apuntaba que, en caso de fallecimiento de uno de los abogados (a manos de cualquiera de los otros dos) el valor de su parte iría a parar directamente a la beneficencia de la ciudad.

Una acción de la empresa cervecera O’Keefe, de la que Charles fue multipropietario, fue entregada también a cada pastor protestante de la orden de Orange que hubiese en la ciudad de Toronto. Señalar que la fábrica era una empresa de origen y gestión católica. Siete destacados ministros metodistas y defensores de la templanza iban a recibir unas acciones por valor de más de 700.000 dólares participando también en la dirección y gobierno con la facción más católica del grupo. Glup!

Del mismo modo otros tres detractores del juego y las carreras de caballos, pilares morales de la comunidad no ludópata de Toronto, iban a recibir 25.000 dólares en acciones del «Ontario Jockey Club» el más conocido hipódromo y casa de apuestas de la ciudad.

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Cláusula número 9. El gran derbi de la cigüeña

» […] Y el resto de mis propiedades, donde quiera que estén, las entrego y dono a mis ejecutores y síndicos nombrados a continuación en fideicomiso para que las conviertan en dinero de la forma que estimen pertinente e inviertan hasta el vencimiento del periodo de cadencia -diez años desde mi muerte- para luego convertir y entregar todo a la madre que haya dado a luz el mayor número de hijos en la ciudad de Toronto desde esta fecha, según demuestren los registros con arreglo a estadísticas públicas. Si más de una madre comparte el mismo número total de hijos, según el mismo registro, se dividirá el dinero y sus beneficios acumulados en partes iguales entre ellas.» Charles Vance Millar

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Una Familia típica de la ‘Great Depression‘. Fuente

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Los medios de comunicación bautizaron al extravagante concurso como «El gran derbi de la cigüeña«, y siguieron el evento con un interés creciente. Los concursantes fueron identificados por los periódicos convirtiéndose en auténticas celebridades de la noche a la mañana. Pronto empezaron los problemas y las rivalidades surgidas por el premeditado vacío legal propuesto por el testador: abortos, hijos ilegítimos, fallecimientos prematuros.. La mismísima Corte Suprema de Canadá tuvo que tomar partido y hacer frente a todas las dudas y problemas surgidos para validar el absurdo concurso.

La mayoría de las participantes eran mujeres desempleadas con maridos en paro y que paradójicamente tuvieron que hipotecarse durante los diez años de concurso para sacar adelante los hijos ‘de encargo’ con esta singular ‘planificación familiar’. El porcentaje de abortos y de aventuras extramatrimoniales de este ‘sin sentido’ llevó a muchos de los concursantes -sobre todo a los no finalistas- a situaciones de extrema pobreza y necesidad.

El 31 de octubre de 1936, justo diez años después de la muerte de Charles Vance Millar, terminó el concurso con un empate técnico. Cuatro mujeres habían llegado a tal fecha con nueve vástagos vivos y ‘validados’ por la Corte Suprema: Anna Katherine Smith, Ellen Kathleen Nagle, Lucy Alice Timleck, e Isabel María MacClean se repartieron 125.000 dólares cada una para sacar adelante sus familias. Mención especial hizo la Corte a dos mujeres ‘finalistas’ que, si bien habían logrado llegar a los diez nacimientos, lo hicieron atajando por el camino de la promiscuidad con hijos no validados legítimamente amén de varios abortos. La comisión entregó a Lillian Kenny y Pauline Mae Clarke 12.500 dólares por el simple hecho de haber llegado a la ronda de apelaciones.

La última voluntad de gran Charles Vance Millar se había consumado.

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Fuentes y enlaces

Hay una película, de aspecto lamentable, que cuenta, a su manera, los hechos del ‘Gran Derby’. Podéis encontrar más fuentes al servicio de la documentación aquí, aquí, aquí y aquí.

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