Tanya Sávicheva y el diario infantil más amargo de la guerra


Es el testamento vital de una niña de 14 años que vio como desaparecían poco a poco todos los miembros su familia víctimas del asedio de Leningrado. Una vieja libreta donde iba apuntando, con mediocre destreza, la fecha y hora de la muerte de padres y hermanos hasta quedarse completamente sola. Si Ana Frank conmovió por su precocidad literaria, Tatiana Sávicheva lo hizo simplemente por la entereza de un gesto que fue utilizado más tarde como prueba en los juicios de Núremberg. Esta es la historia con su desgarrador final.

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Retrato de Tanya Sávicheva y las nueve hojas de su insólito diario. Fuente

TRADUCCIÓN DE LAS 9 HOJAS DEL DIARIO

1.-Zhenia murió el 28 de diciembre de 1941, a las 12:30 horas.
2.-La abuelita murió el 25 de enero de 1942, a las 3:00 p.m.
3.-Leka murió el 17 de marzo de 1942, a las 5:00 a.m.
4.-El tío Vasia murió el 13 de abril de 1942, 2 horas después de la medianoche.
5.-El tío Lesha el 10 de mayo de 1942 a las 4:00 p.m.
6.-La mamá el 13 de mayo de 1942 a las 7.30 a.m.
7.-Los Sávichev murieron.
8.-Murieron todos.
9.-Solo quedó Tanya.

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El sitio de Leningrado obligó a todas las familias pobres de la ciudad a trabajar en el ejército de la Unión Soviética para poder sobrevivir. Tatiana, con tan solo 10 años, se encargaba de cavar trincheras, construir barricadas y permanecer al acecho en tejados y cobertizos para apagar con la rapidez del juego de un niño, las bombas incendiarias que caían del infierno. Un trabajo tan digno como el de sus cuatro hermanos. Costureros militares, cepilladores, ensambladores de munición… y otras actividades propias de la edad de piruleta.

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El asedio a la ciudad de Leningrado. Fuente, 2, 3, 4

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El bloqueo de la ciudad por las tropas alemanas duró 872 días (1941-1944) durante los que murieron más de un millón de personas. El 90% lo hizo de hambre. La agonía por hambruna es eterna. La gente no rezaba por vivir, suplicaba morir rápido en alguno de los escarceos aéreos de la Luftwaffe. La muerte rondaba la calle mezclada con el agotamiento masivo de una ciudad derrotada físicamente. Los cadáveres eran despojados de las piezas dentales de valor, cortados sus dedos por las alianzas y hasta mutilados para justificar un canibalismo de urgencia. Son tristemente famosas las sopas de piel para alimentar a los niños famélicos…

Todo ello es historia. Historia contada por los protagonistas a través de sus diarios. Documentos que sirvieron para dar una oportunidad fiel a la memoria. No era anormal regalar a tus hijos un cuaderno para apuntar sus recuerdos. Lo que primero fue un juego, más tarde se convirtió en una prueba de la historia. El problema es que la mayoría de libros y papeles prendieron en estufas y hogueras para poder sobrevivir al duro invierno de asedio nazi. Sólo los caprichos de algún niño podían salvar aquellos preciados tesoros. Así ocurrió con los Sávichev.

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Tanya con su familia, antes del sitio de Leningrado. Fuente

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Tras la desaparición de una de las hermanas de Tatiana, su madre –Mariya Ignátievna– le regaló una pequeña libreta para honrar su memoria. Tatiana apenas sabía escribir pero la utilizó como involuntario epitafio de todos su estirpe.

El primer registro de diario de Tatiana es del 28 de septiembre de 1941. Su hermana Zhenia no volvió el día anterior de la fábrica donde montaba minas para el ejército. Estaba a siete kilómetros a pie de su casa y había comentado que después de sus dos turnos iba a donar sangre para traer una monedas. Murió congelada a la mañana siguiente en brazos de su hermana Nania, que salió a buscarla: 1.-”Zhenia murió el 28 de diciembre de 1941, a las 12:30 horas”

En el entierro improvisado de Zhenia, a las puertas del cementerio de Serafímovskoe, la madre pronunció unas palabras que serían reveladoras: “Nosotros te estamos enterrando, hija mía, pero ¿quién nos enterrará a nosotros?”

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Memorial Tanya Sávicheva. A las afueras de Leningrado. (San Petesburgo)  Fuente

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Dos días después del cumpleaños de Tatiana, en 1942, los más débiles empezaron a caer. La abuela falleció en cama tras negarse a ingresar en el hospital. Un infierno de frío, desamparo y soledad: 2.-”La abuelita murió el 25 de enero de 1942, a las 3:00 de la tarde”.

Leka, el hermano mayor de Tatiana, no paraba en casa, trabajaba y pernoctaba en su fábrica y visitaba a su familia muy de vez en cuando. Una distrofia causada por una penosa alimentación acabó con vida a los 24 años: 3.-”Leka murió el 17 de marzo de 1942, a las 5:00 a.m.” La letra de Tatiana se torna cada vez más trémula y desigual. Puede barruntarse un deterioro físico y de habilidad según comparas los escritos: 4.-”El tío Vasia murió el 13 de abril de 1942, 2 horas después de la medianoche.”

Con la muerte de Vasia el empeoramiento de su coordinación es notorio y se percibe en los siguientes escritos. Tatiana tiene que hacerse cargo de su madre y su tío Lesha, muy debilitados por la inanición. Ella sola desmonta y trocea todos los muebles de las dos casas para quemarlos en la estufa hasta el final del invierno. Con la nota del fallecimiento de su tío, Tatiana ya omite la palabra ‘morir’ y pasa simplemente a apuntar su deceso: 5.-”El tío Lesha el 10 de mayo de 1942 a las 4:00 p.m.”

Tan solo quedaban ya su madre y ella a merced del tiempo. Parece que el caprichoso destino quiso que Mariya se marchara primero y así Tatiana pudiera escribir su última necrológica: 6.-”La mamá el 13 de mayo de 1942 a las 7.30 a.m.”

Los hermanos de Tanya, Mina y Mijali

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Tatiana fue testigo de la cruel y lenta desaparición de toda su familia y se quedó completamente sola. No sabía que sus hermanos Mijail y Nina, dados por muertos en su huida, sobrevivieron al asedio y más tarde se encargarían de difundir su memoria. Por eso Tatiana, antes de ser ingresada en una guardería infantil, escribió los únicos silogismos de su breviario: 7.-”Los Sávichev murieron.” y 8.-”Murieron todos.”

La última de sus notas es una declaración muy cruel de soledad. Entre la victoria del que llega al final y la melancolía de su desgracia se intuye que Tatiana se barrunta lo peor. Pero todavía tiene la fuerza mental para puntualizar los hechos y, probablemente, firmar su destino: 9.-”Sólo quedó Tanya.”

Tatiana fue rescatada junto con otros 140 niños en agosto de 1942. Desnutridos y enfermos fueron trasladados a un hospital en el pueblo vecino de Krasni Bor. Todos los niños consiguieron sobrevivir y recuperarse de las dentelladas de la hambruna. Todos menos Tatiana que, después de perder la vista y sin remontar la cuesta de su desnutrición, murió de tuberculosis intestinal el primero de Julio de 1944, a los 14 años de edad. Una pena.

El diario de sesenta palabras nunca se publicó. Puede verse hoy el original en el Museo de Historia de Leningrado (San Petesburgo), y una copia en el Memorial Tanya Sávicheva.

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Fuentes no enlazadas en el texto.

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El coleccionista de manifestaciones


La historia de España la explican mejor los observadores más independientes. Ramón Adell Argilés, un reputado sociólogo catalán afincado en Madrid, profesor en la UNED e investigador; lleva 35 años asistiendo a más de 1300 manifestaciones y actos electorales para recopilar y estudiar, desde la sombra, toda la propaganda y merchandising que el mensaje político español genera. Más de 9000 carteles, kilos de panfletos, horas de vídeo, cientos de programas electorales y un sinfín de anécdotas que contar. Hoy nos abre la mejor colección de España.

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Ramón Adell Argilés en su despacho de Madrid. Foto Kurioso

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Conozco a Ramón Adell gracias a @rinze y @teleoperador,dos de los creadores del Manifestómetro —ya saben, los del azote a los que no saben ni contar— “Diez millones de personas en la cabalgata según los Reyes Magos, cien según Papa Noel”. Ellos cruzaron sus intereses como observadores en alguna reciente manifestación pro Garzón.

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Un casco de un ‘Gris’ y otro de un policía francés de Mayo del 68. Ambos conseguidos en Internet.

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Nos cita a los tres en su despacho-archivo en algún sitio del Madrid imperial, para que conozcamos su sugestivo tesoro; mientras nos lo adereza —muy amablemente— con el anecdotario del que se siente protagonista de la historia de la propaganda política española. Para mis compañeros no es la primera vez, y su reincidencia pone en alerta, más si cabe, mi excitado interés. Intuyo cierta disposición por empezar a sacar a la luz la colección a la opinión pública.

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Uno de los primeros panfletos de su colección. ‘Mortadelo terrorista’ editado por la ADJ (JGRE-PTE) en el 74. Al año siguiente el FEDI (financiado por el Ministerio gobernación) sacó la contraréplica, ‘Mortadelo Fascista’. Ver página 2

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Todo empezó como un hobby. La clandestinidad de principios de los 70 daba un valor excitante a los panfletos políticos prohibidos y conseguidos de forma subrepticia. Con 14 años, mientras otros leían a Roberto Alcázar y Pedrín, ya asistía a sus primeras manifestaciones y recolectaba los panfletos de ‘Mortadelo el terrorista’. Aquella afición generó una vocación sociológica cuando, en los ochenta, el material recolectado y el abanico ideológico eran tan grandes que exigía una inminente clasificación o su traslado directo al vertedero. Eligió lo primero para fabricar una tesis.

“No me gusta intervenir en la historia, no soy militante de nadie, soy como el eslabón perdido entre los líderes de la transición y los hijos y sobrinos de estos, que no se enteraron de nada de lo que pasó entonces. Alguna vez han venido hijos de famosos políticos preguntándome por el verdadero papel de sus padres en la transición… Muy Freudiano.”

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El señor Aznar López y el actual alcalde de Getafe, Pedro Castro, en carteles originales de hace 25 años.

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El archivo es un paseo por todo el spam político de nuestra historia democrática con grandes dosis, también, de la predemocrática. Casi se oyen los gritos mezclados con confeti y los jingles de los himnos políticos en los viejos amplificadores que hay colgados a modo de recuerdo en la pared junto a toda la parafernalia adyacente a cualquier evento; banderas, posters, carteles…

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Varios juegos informáticos y ‘oportunistas’ editados como propaganda para aprovechar el tirón.

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Cajones llenos de pegatinas amarillentas, pines, mecheros y chapas de latón de algún régimen totalitario comparten museo con figuras stalinistas, matrioskas o señalética franquista robada al tiempo. Varias estanterías con decenas de viejas cintas VHS clasificadas meticulosamente, guardan la publicidad y el mensaje político, más que hilarante, de los políticos amateurs buscando sus 60 segundos de gloria televisiva. Sólo por esa parte merecería una digitalización en condiciones para un prime time de revivals de políticos horteras. También es impresionante la colección de cintas de audio, compendio de grabaciones de las cuñas políticas de otras tantas emisoras de radio o sonido ambiente de alguna manifestación candente. En algún rincón guarda también alguna interceptación de las hertzianas ‘grises’ de la policía más radical y manipulada de los 70.

“En cada campaña electoral me disfrazo de ciudadano modélico y, con mucho morbo, voy a todas y cada una de las sedes de los partidos a pedir el programa electoral en papel. —¿Programa? —me dicen. Antes los tiraban por cientos en las calles, ahora la mayoría te da un folleto resumen, aunque yo suelo insistir. Me han llamado de todo […] Los programas son lo que más les cabrea que guardes, pues luego puedes tachar lo que han hecho y lo que no…”

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Juegos de mesa relacionados con las elecciones y eventos de cualquier rincón del mundo.

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La parte más divertida de su colección corresponde al material lúdico-festivo asociado a cada evento. Tebeos modificados, figurillas, juegos de mesa, de cartas y hasta de ordenador. Material tan efímero que muere de añeja demodé el mismo día que acaba la manifestación o campaña… Ramón ejerce de forense de todas estas rancias reliquias. A pesar de todo el material y de haber asistido a más de 1000 eventos, no tiene fotos personales.

“No he sido mucho de hacer fotos. A pesar de haber visto cosas increíbles. En los años 70 si sacabas una cámara en un evento, aparecían unos y desaparecían otros, interviniendo en la historia. Yo no quería nada de protagonismo. No verás una foto mía con bandera o símbolo político […] Todo cambió en la manifestación de estudiantes del 23 de enero de 1987, con el cojo Manteca. La gente empezó a posar y a tirar cócteles molotov con la cara descubierta […] Ahora en los eventos de las masas deportivas etílicas, aparece todo iluminado de la gente que levanta los móviles. Ya no se levanta el puño o la palma, ahora se levanta el móvil…”

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El ex teniente Coronel Antonio Tejero en un sorprendente cartel electoral para las elecciones generales de 1982. Su intención era ganarse la inmunidad con los votos. Sólo consiguió 25.000.
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Toda la colección parte del mestizaje ideológico y fetichista que define el espíritu, casi de antropólogo político, de su creador. Todavía huele a tinta, a papel viejo, a cola aguada de escoba despeluchada o a uniforme de ‘gris’. Pero sobre todo huele a historia, a reclamo, a propaganda caduca y a slogan de caravana política decadente. Él nunca ha querido tomar parte, pero aún así:

“De una manifestación me han echado por rojo, de otra por facha, y de otra…. por policía”

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Llaveros, chapas, bolígrafos, y hasta una fotografía alemana de Franco sin bigote para no competir con Hitler.

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El archivo es un caos muy organizado, un registro de documentos históricos que nadie se atrevió antes a compendiar por lo insignificante de su valor individual, pero de incalculable valor vinculado. Un trabajo de casi 40 años de militancia desde la neutralidad más invisible. Una colección de posters, carteles y panfletos clasificados en el caos personal y adornada con cachivaches del ‘merchandising’ político asociado. Una oportunidad única de hacer sociología mediante el estudio de la protesta colectiva y toda su propaganda. Muchos estudiantes han ido al archivo a consultar material para sus tesis. Varias exposiciones temáticas de algún evento concreto se han nutrido de su colección.

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El insigne Josep Tarradellas en unas fotos electorales de Esquerra Republicana del año 77.  A la izquierda, en plan capo, foto tomada en Febrero. A la derecha, ya Honorable, foto tomada sólo dos meses después. Obsérvese el cambio radical de imagen.
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Es complicado adivinar donde acaba el estudio y donde empieza la afición. Cuatro décadas coleccionando documentos convierten tu trabajo en un juego que se expande sin parar. A la protesta nacional hay que añadir cantidad de objetos de campañas y manifestaciones políticas foráneas. Efecto Obama, países del este, caída del muro, Mayo del 68, totalitarismos,… todo menos del nazismo. Un mercado saturado de falsificaciones y de enfermos, según sus propias palabras. Sus contactos con el imperio rojo de las chapas y medallas honoríficas comunistas ha rellenado una vitrina de casi dos metros y cuatro cajones.

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Una de las joyas de la colección es una vietnamita (una imprenta rudimentaria de panfletos) utilizada por las juventudes comunistas del año 80 para ‘bombardear’ a los fascistas. El mensaje era claro y todavía puede verse impreso en espejo: “20N, Día del Subnormal

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Cada vez asiste a menos eventos, porque cada vez se convocan menos. Nos recuerda la vigencia de la Ley Orgánica 9/1983 reguladora del derecho de reunión y manifestación. En su artículo 1.2 señala que cualquier concurrencia concertada y temporal de más de 20 personas, con finalidad determinada, se considerará reunión. Menos de 21 personas, por lo tanto, pueden reunirse a gritar sin considerarse manifestación y, oficialmente, no obligará a la movilización de los agentes del orden. Greenpeace lo sabe muy bien y lleva 20 años organizando actos y protestas con sólo 19 personas:

“Ahora la protesta se ha descolectivizado, cualquiera se sube a una grúa o se desnuda en público para atraer a 20 cámaras de televisión. Esas actos los tengo siempre presentes pero no me interesan…”

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Cada evento o manifestación tiene su carpeta con los datos y panfletos más importantes. A la derecha, la colección de vídeos con la publicidad electoral televisiva.
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El futuro del muestrario es incierto. El mantenimiento y la clasificación de los documentos que entran con cada evento requieren un esfuerzo y una inversión constante no siempre al alcance de su dueño. Llega el momento de generar un interés público que suscite el posible patrocinio. Ramón está dispuesto a negociar, pero siempre con aquel que respete la misma neutralidad que le ayudó a construir su pequeña ‘Alejandría’ de la propaganda política más castiza.

-¿Qué vas hacer en la próxima huelga general del 29 de septiembre?

-EL 29S haré lo que hago en todas las huelgas generales. Iré a la Puerta del Sol a ver llegar a los piquetes y luego a por material al follón del Corte Inglés, donde una vez más se focalizará la atención de los medios porque sus trabajadores están siempre quemados…

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En una de las estanterías sorprende ver la foto de Narcís Serra y Fernández Ordóñez que dio la vuelta al moco… perdón, al mundo.

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Nunca dejes al alcance de un chatarrero el viejo equipo de radioterapia


Leide das Neves Ferreira es, probablemente, la única niña de la historia que se ha merendado un bocadillo de Cesio 137. Fascinada por el polvo azul luminiscente, untó además todo su cuerpo con el elemento radiactivo en presencia de su madre y poco después de que su padre comprase el polvo mágico a unos conocidos chatarreros. Leide y familiares descansan hoy en ataúdes de plomo tras morir y desencadenar un caos monumental en la ciudad brasileña de Goiania. La revista Time calificó el incidente nuclear como uno de los peores de la historia.

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Leide das Neves Ferreira al lado de una de las máquinas como la desguazada. Fuente, 2

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El 13 de septiembre de 1987, Roberto dos Santos Alves y Wagner Mota Pereira, dos chatarreros a tiempo parcial de la ciudad brasileña, entraron en el edificio abandonado del Instituto de Radioterapia de Goiania, buscando morralla y metal para vender a buen precio. Con una de sus viejas carretillas consiguieron recopilar más de 600 kg de plomo y acero; fundamentalmente extraídos de una de las máquinas de teleterapia de la clínica, que también se llevaron. Sin saberlo estaban desmembrando un peligroso equipo radiológico cargado de cloruro de cesio.

Mano de uno de los chatarreros afectados con un de las irradiaciones de la cápsula. Fuente (pdf)

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Los chatarreros empujaron la pesada carretilla hasta la casa de Santos Alves, y así poder desmenuzar con tiempo su botín. Nada hacía presagiar a los incautos que esos 600 metros de recorrido iban a ser levantados —literalmente— por decenas de excavadoras unas semanas más tarde, para filtrar y limpiar hasta el último gramo de tierra contaminada.

Una vez allí y a golpe de martillo, fragmentaron todo el equipamiento para poder clasificar el material. Un pequeño cilindro —del tamaño de un dedal— se desprendió de la máquina. Era la cápsula del componente radiactivo. Un robusto tubo de plomo y acero que contenía la fuente. Ésta giraba libremente dentro del dedal y sólo irradiaba y emitía luz cuando coincidía con una pequeña ventana de iridio del cerramiento exterior. Un pequeño farol ‘eterno’ a modo de juguete divertido y peligroso.

Zona Cero y procesos de descontaminación. Fuente (pdf)

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Ambos intentaron abrir el cilindro para sacar lo que creían eran unos gramos de pólvora antes de desistir y vendérselo a su compañero y tío de la niña. Esto les salvó la vida. Devair Alves Ferreira consiguió romper la cobertura de la cápsula para sacar el polvo azul. Tenía una idea en la cabeza. Intentar fabricar el anillo más fascinante y mágico que nunca habría visto su mujer. Convocó a todo el vecindario para jugar y tocar la piedra y los polvos fluorescentes que de ella se desprendían. El padre de Leide se tatuó una cruz en el abdomen con la piedra. Otros se maquillaron la cara con pinturas luminosas ‘de guerra’ o esparcieron el polvo por los corrales para el jolgorio animal. Su sobrina jugó con los polvos mientras merendaba su bocadillo, aquella fatídica noche…

Dos días después comenzaron los problemas. Los dos chatarreros empezaron a vomitar cruelmente entre estertores febriles, achacando los síntomas a una mala digestión. Acabaron en el hospital en la sección de enfermedades tropicales. Pronto se dieron cuenta en el barrio que algo no funcionaba. Más de 600 personas estuvieron en contacto directo con el cesio antes de que la tía de Leide barruntara una relación directa entre la piedra mágica y los cuerpos hinchados y literalmente llenos de quemaduras de sus amigos y familiares.

Imagen del cementerio nuclear de Goiania con los contenedores de material contaminado. Fuente

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Dentro de la funesta cadena de determinaciones erróneas, la señora Gabriela Maria Ferreira decidió llevar la piedra para que la examinara la máxima autoridad sanitaria de su barrio: el veterinario. Ante las sospechas, éste decidió aconsejar que se trasladara con la piedrecita y sus polvitos al hospital de la ciudad. Gabriela metió el cesio en una bolsita de plástico y cogió un abarrotado autobús de línea hasta el hospital municipal. Todo este operativo sería más tarde imitado y ensayado por las autoridades en el estadio olímpico de la Goianía para intentar establecer un protocolo de aislamiento de los contaminados y estudiar el recorrido de la sustancia en su fatal viaje. Allí acudieron cientos de personas para ducharse y descontaminarse.

Al llegar al hospital, la señora Gabriela soltó encima de la mesa del doctor Paulo Roberto Monteiro el Cesio 137. Paulo sospechó su procedencia y lo llevó inmediatamente metido en un saco a una zona sin gente, dejándolo todo en una silla en el centro del patio trasero. Una vez identificado se evacuó el hospital y se procedió a su retirada. Para ello una grúa descolgó una tubería gigante sobre la silla y los restos radiactivos. Luego se derramó una tonelada de hormigón sobre el conjunto para poder extraerlo completo y de una sola pieza. Gabriela falleció en ese mismo hospital el 23 de octubre.

Restos del Cesio 137 y la cápsula de iridio sobre la silla del Hospital Municipal. Fuente

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Inicialmente murieron cuatro personas por síndrome de radiación aguda, y otras cuatro en los siguientes cuatro años. 5000 personas vivían en el área de riesgo, pero el operativo estableció que sólo 600 fueron víctimas de una radiación excesiva; por encima de los 0,3 Sv. Sin embargo, el llamado ‘estrés crónico’ afecta a toda la ciudad desde entonces, impregnada del miedo y la ignorancia a las consecuencias de aquella maldita radiación. Hasta ese fatídico día, nadie sabía lo que significaba la palabra radiactividad en aquel pequeño barrio de Goiania. El miedo trajo la falsa crisis; el comercio descendió un 60% en la ciudad. Nadie quería salir a comprar ropas ni alimentos por temor a contaminarse. En el entierro de las víctimas, los ataúdes de plomo fueron apedreados por la multitud, en protesta por la cercanía del sepelio a sus viviendas. Varias manzanas de la ciudad fueron literalmente demolidas y convertidas en escombros, que todavía permanecen amontonados en un depósito a ‘cielo abierto’ y a 18 kilómetros de la ciudad. Una fundación con el nombre de Leide recuerda y vela todavía por los derechos de los más afectados.

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The Goiania Incident

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El accidente destapó el caos y descontrol en la delegación que vigila las dosis radiactivas de los componentes radiológicos. Como prueba, más del 40% de las consultas de control anuales a clínicas y centros quedaban sin contestar. La comisión de energía nuclear brasileña (CNEN) no recibió ninguna notificación tampoco del cambio de propietario o demolición de las máquinas de aquella clínica, según la licencia concedida en 1971. El cesio llevaba 3 años abandonado allí hasta su robo. Por lo tanto, se estableció que la responsabilidad en los homicidios por negligencia recaía sobre los tres médicos que gestionaban las máquinas. Pero como el accidente ocurrió antes de la promulgación de la Constitución Federal del 88, los médicos no pudieron ser declarados responsables al no ser los compradores ‘reales’ del equipamiento. Hoy viven ejerciendo la misma actividad cerca de los afectados por el ‘estrés crónico’ derivado del incidente.

Fuentes:

La referencia a la historia la encontré, de casualidad, en un enlace al blog. Otras fuentes consultadas:

Si te ha interesado esta entrada, no deberías perderte:

-Las chicas radiactivas

-Petróleo para nosotros, crudo para ellos

-El hombre que atravesó una montaña.

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Nunca juegues con mercurio


El 14 de agosto de 1996, la reputadísima química y profesora norteamericana, Karen Wetterhahn se encontraba investigando en su laboratorio sobre los efectos de los iones de mercurio al interactuar con las proteínas reparadoras de ADN. Para ello había encargado una muestra de dimetilmercurio, una de las neurotoxinas más peligrosas que se hayan sintetizado nunca. Tomó todas las precauciones que dictaba el protocolo. Pero una gota, menor que un grano de arroz, cayó accidentalmente sobre un guante. Murió intoxicada a los pocos meses. ¿Qué falló?…

(Seguir leyendo en Amazings.es. Un placer colaborar con la mejor comunidad de divulgación científica de la blogosfera española )

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Karen Wetterhahn posando para una entrevista y en su laboratorio. Fuente, 2

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Objetivo: matar al controlador aéreo


El 1 de julio de 2002, un Tupolev-154 con 50 niños rusos que sobrevolaba la frontera entre Alemania y Suiza, chocó incomprensiblemente a más de 12.000 metros de altura con un Boeing-757 de carga de la compañía DHL. Un cúmulo de errores del centro controlador de la región de Zurich llevó a ambas aeronaves a la catástrofe. Los cuerpos de 71 personas acabaron esparcidos en un área de 40 km cuadrados cerca del Lago Constanza. Durante la batida, uno de los familiares de las víctimas, juró venganza. Mataría al controlador aéreo responsable.

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Vitaly Kaloyev durante el juicio  y restos de uno de los aparatos siniestrados. Fuente, 2

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Las autoridades alemanas desaconsejaron que los familiares de las víctimas participaran en los trabajos de búsqueda de los cuerpos pero, Vitaly Kaloyev —un arquitecto ruso que había perdido a su mujer y dos hijos en el accidente— fue el primero en llegar al lugar y el primero en ofrecerse con empeño para colaborar en las tareas. Vitaly, afincado por entonces en Barcelona, había sido también viceministro de vivienda de Osetia del Norte, por lo que la jefatura aceptó su colaboración.

El panorama era dantesco, con decenas de cadáveres mutilados y cercenados por la violencia de un choque increíble que conmocionó a todo el continente. Los campos de cultivo a orillas del Lago Constanza estaban sembrados de cadáveres de niños carbonizados que dificultaban su identificación. Vitaly Kaloyev participó buscando a su familia durante los 6 días que duraron las operaciones especiales. Parece que el destino y el mismo caprichoso azar que llevó a dos aviones minúsculos a ‘tropezar’ en el inmenso cielo, ayudaron a Vitaly a encontrar, en un golpe de suerte, el collar de perlas que pertenecía a su hija Diana, de cuatro años. Esto sirvió como pista para localizar luego el cadáver de su hija, el único que se encontró de una sola pieza. La historia de aquel singular hallazgo inspiraría más tarde el monumento que la ciudad de Überlingen levantaría en homenaje a las víctimas del terrible accidente. Una inmensa gargantilla de esferas de acero imitando el brillo de las perlas y diseminadas por el lugar de la catástrofe. Pero nadie sospechaba aquella noche que, tras el singular encuentro, la tragedia aún no había terminado del todo.

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Monumento  homenaje a las víctimas. Un collar gigante esparcido por el lugar del accidente. Fuente

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Peter Nielsen era un controlador con ocho años de experiencia y encargado aquel día de las operaciones del espacio aéreo de Zurich. Su empresa, la multinacional SkyGuide, estaba realizando diversas operaciones de mantenimiento en el centro de control de Zurich, lo que dejó mermados algunos de los sistemas de radar y comunicaciones. Peter se encontraba solo en ese momento, a cargo de dos pantallas y de todo el tráfico del sur de Alemania, por descanso de su compañero del centro de control. Todo ello unido a la falta de pericia —que no culpa— del malogrado controlador fueron las causas oficiales del accidente.

En aviación comercial casi todos los aparatos disponen de un TCAS (Sistema de Prevención de Colisiones de Tráfico) como mecanismo para evitar las colisiones en pleno vuelo. Sin ayuda humana las aeronaves pueden detectar y avisar de las correcciones de trayectoria y altitud necesarias para evitar el impacto de naves con rutas confluentes. Pero en el 2002 no había una normativa clara referente a la órdenes contradictorias entre las instrucciones del TCAS y las de los controladores aéreos encargados de los vuelos que cruzan sus trayectorias.

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Kaloyev frente a la tumba de su familia. Pasaba más tiempo en el cementerio que en su casa. Fuente

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Aquella noche, a dos minutos del impacto entre los aviones, los pilotos de la nave rusa decidieron obedecer al controlador y no al TCAS, descendiendo su nave al mismo tiempo que el sistema de seguridad aconsejaba el ascenso. Los pilotos del Boeing de DHL si hicieron caso al TCAS, que les ordenaba el descenso inmediato. Pero el controlador se equivocaba. El mantenimiento había dejado inoperativa la señal de aviso de aproximación excesiva entre rutas y cuando se dio cuenta del peligro era demasiado tarde. Avisó aleatoriamente a uno de los aviones para que disminuyese rápidamente su altitud. Justo al que el sistema combinado TCAS había aconsejado el ascenso. El avión de DHL pasó por debajo del Tupolev a casi 1000 kilómetros por hora. El estabilizador vertical (la cola) impactó en el fuselaje del avión ruso, seccionándolo literalmente en dos. Los daños de Boeing fueron menores pero le impidieron continuar el vuelo al perder poco después las turbinas. Se estrelló a los 2 minutos de la colisión. Ningún superviviente.

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Recreación de ángulos y trayectorias de impacto de ambos aviones. Fuente

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La opinión pública buscaba una cabeza de turco, un responsable en el que descargar el peso de la culpa e indignación. SkyGuide reconoció inmediatamente sus errores y antes de ser procesados pidieron perdón público, a la vez que intentaban preservar la identidad de todos los trabajadores implicados y así evitar el probable escarnio público. Pero la venganza de Vitaly Kaloyev se estaba ya gestando. En la ceremonia del primer aniversario del accidente, Vitaly increpó al presidente de SkyGuide para que le revelase el nombre del controlador implicado. Secreto que acabó desvelando la prensa carnívora y los medios. La suerte de Peter estaba ya echada.

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Documental “Cruce Mortal” de National Geographic. Parte 2, 3, 4, 5

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El 24 de febrero de 2004, casi dos años después del accidente, Vitaly Kaloyev consumó su venganza. Se dirigió a la casa de Peter Nielsen -de retiro forzoso- a las afueras de Zurich y, sin mediar palabra, le asestó varias puñaladas en el jardín de su propiedad. Murió desangrado a los pocos minutos en presencia de su mujer e hijos. La policía le encontró un par de días después y en estado de shock en un hotel cercano a la casa de su víctima. Sólo recordaba haber enseñado a Nielsen unas fotos de sus hijos. Fue condenado a ocho años de prisión en octubre de 2005, pero en noviembre de 2007 fue liberado por un error de procedimiento. Su estado mental no fue considerado en primera instancia y anulaba la sentencia. Kaloyev es ahora un héroe nacional en su país.

Fuentes y enlaces

Todas las fuentes están enlazadas en el texto. Imprescindible el documental de la National Geographic sobre el accidente, de su serie “Catástrofes Aéreas” (MayDay).

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Si te ha interesado esta entrada, no deberías perderte:

-¿Qué ocurre cuando no se aprietan correctamente los tornillos de un avión comercial?

-La tragedia del vuelo 508. Sobreviviendo al Amazonas.

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El periodista que cambió el color de su piel para experimentar la discriminación racial.


A finales de los años cincuenta, John Howard Griffin se embarcó en uno de los experimentos psicológicos y sociales más importantes de la historia. Con ayuda de un reconocido dermatólogo de la época, el periodista oscureció el color de toda su piel y se disfrazó de ‘Nigger’ para protagonizar un apasionante viaje por las injusticias de la segregación racial norteamericana. Mente blanca y piel negra como herramientas para denunciar y escribir empíricamente el más exitoso de los tratados antisegregacionistas de la época: ”Black like Me”.

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John Howard Griffin antes del tratamiento y durante su etapa como limpiabotas ‘nigger’. Life y 2

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John trabajaba como columnista en un diario de Texas en noviembre de 1959, cuando la dirección le encargó un artículo sobre el aumento de la tasa de suicidio entre la población negra del sur del país. John tenía claro que, como hombre blanco, sería incapaz de comprender y asimilar todas y cada una de las motivaciones que llevarían a un hombre negro a tomar tan terrible decisión. Atraído y obcecado por el método, se disfrazó con el manual del periodista insensato para adentrarse en el mundo de los parias y preparar el mejor artículo de su vida en defensa de los derechos civiles.

Ni su mujer ni sus tres hijos pudieron contrarrestar la fuerza de sus convicciones. Embaucado por la solvencia de sus principios, John decidió romper con su vida anterior -sólo conservaría el nombre- para viajar por los estados más fustigados por la intolerancia: Alabama, Luisiana, Misisipi y Georgia e instalarse durante seis semanas en uno de los barrios negros de Nueva Orleans.

Antes incluso de convertirse en un negro anónimo fue objeto de los primeros ‘latigazos’ de los que más tarde se haría eco y que dejarían estupefacto al periodista. Al comunicar su plan al FBI por motivos de seguridad recibió la siguiente respuesta:

“Si decides convertirte en un negro, sólo puedes esperar ser tratado por nosotros como un negro”

Para llevar a buen puerto su metamorfosis decidió solicitar los servicios del mejor dermatólogo de Nueva Orleans. El prestigioso doctor le recetó una droga llamada Oxsoralen, muy utilizada entonces para luchar contra el vitiligo, la psoriasis y otras enfermedades de la piel. Su uso en cantidades desmesuradas produce una sobrepigmentación artificial, ideal para satisfacer las intenciones del original periodista. El doctor le sometería a periódicos análisis sanguíneos para controlar el estado de su hígado ante la avalancha de medicamentos. A este tratamiento siguieron la exposición diaria a largísimas sesiones de lámparas bronceadoras -de hasta 15 horas- y la aplicación de varias cremas y potingues pigmentantes. Antes de partir mejoró también su acento sureño, se afeitó la cabeza para esconder su lacio pelo y dispuso de un ajuar completo con la vestimenta más apropiada para los gustos de su nueva raza.

John Howard bronceándose en una de sus largas sesiones y firmando ejemplares de su libro. Fuentes

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Todo el proyecto estaba subvencionado por la revista Sepia, un magacine de la comunidad afroamericana que se encargaba de dar púlpito a la desequilibrada defensa racial. A cambio del patrocinio, Griffin se comprometía a publicar los primeros artículos en exclusiva para la revista. Más tarde llegaría la recopilación completa en forma de ‘best Seller’.

John partió de su rancho de Texas, con lo puesto, en Diciembre de 1959. Muy pronto sufriría el primer rechazo por su artificial condición. Durante uno de sus largos viajes en autobús público, conminado siempre con sus congéneres a la parte posterior e innoble del vehículo; fueron avisados de una parada para la evacuación y el refrigerio. Cuando llegó el autocar a la estación de servicio el conductor dejó salir sólo a los blancos, cerrando las puertas a todos los hombres de color sin justificación aparente. Era muy normal. Se trataba de dejar claro, de alguna manera poco sutil, la consideración como ciudadanos de segunda clase.

Una de las anécdotas más extraordinarias e inteligentes del trabajo de investigación ocurrió cuando John se acercó a votar en una de las múltiples consultas del condado. Provisto de su acta de derecho -obligatoria- pasó al examen de elegibilidad. Una especie de test intrascendente que se hacía para filtrar a analfabetos y que algunos comisionados utilizaban a su favor:

—¿Puedes recitar el párrafo quinto de la Constitución de los EE.UU.?

El votante potencial así lo hizo.

¿Puede decirme usted todos los presidentes desde 1840 hasta 1860, su mandato, y por lo que fueron conocidos?

El negro postizo así lo hizo. El examinador -sorprendido- agarró entonces un periódico impreso en chino del que disponía para los casos más duros y le invitó a leer el párrafo de introducción de la noticia principal.

No puedo entender el párrafo entero, pero si puedo leer el título. Dijo John.

Incrédulo, el diputado del sheriff blanco, dijo:

—¿Cómo? ¿De verdad puede usted leer el título? ¿Qué es lo que dice?

Dice -aclaró el periodista- “Aquí un hombre negro que no va a votar en el estado de Misisipi durante todo este año.”

El anecdotario racista de su libro es tan aleccionador como desconcertante. John Howard Griffin fue vejado, ninguneado y segregado en toda clase de actos sociales y rutinarios con pérdidas de derechos civiles que se creían evidentes desde el cómodo e indolente estrado blanco. Sus textos son un compendio de evidencias que ponían al descubierto todo el catálogo de pequeñas y grandes ofensas que sufría la población negra de la época. Estuvo muy cerca de participar en varias reyertas con la policía y grupos racistas de las que consiguió escapar para no echar por tierra su trabajo de investigación.

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Varias de las instantáneas que tomó su amigo el fotógrafo Don Rutledge durante el experimento.

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Como últimos experimentos de su apasionante aventura, John Howard Griffin decidió someter a juicio a varios personajes desde sus dos identidades raciales. Antes de abandonar el tratamiento pigmentante seleccionó a varios candidatos para evaluar su respuesta racista ante eventos de protocolo, solicitud de trabajo o trato directo personal. Con todos ellos repitió las mismas experiencias pero con su tez natural. El resultado, descorazonador, es el que todos sospecháis.

El Ku Klux Klan tuvo amenazado de muerte al periodista desde que hizo públicos sus trabajos en marzo de 1960, pero John Howard Griffin murió de forma natural el 9 de septiembre de 1980, tras más de 20 años de lucha por los derechos civiles y víctima de las secuelas de una antigua lesión cerebral de guerra. Algunas fuentes han querido achacar su muerte a los excesos cometidos con los medicamentos y las terapias pigmentantes… pero eso es sólo una de tantas leyendas.

Fuentes:

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