Cuando abandonar a tu hijo en la nieve es la única opción de supervivencia.


Imagina que llevas 8 días atrapado en la nieve a 2.000 metros junto a tu hijo de 10 años con lo puesto, sin comida, sin mapas ni brújula, sin posibilidad de hacer fuego y con el núcleo poblado más cercano a 50 kilómetros. Imagina que lo que fue un error en el descenso por una peligrosa pista de esquí se convierte en pesadilla. Imagina que los equipos de búsqueda ya te han dado por muerto ¿Qué harías? ¿Te quedarías con tu hijo para protegerlo? ¿Saldrías en solitario a intentar buscar ayuda? Mike Couillard tomó la decisión más difícil de su vida.

Vista desde lo alto de la estación de Kartalkaya. Fuente

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El 15 de enero de 1995, el Teniente Coronel de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, Mike Couillard y sus hijos Matt y Mark se encontraban esquiando en la conocida estación de Kartalkaya, en las montañas turcas de Koroglu. A punto de caer el sol, Mike y su hijo pequeño Matt deciden subir una vez más a lo alto de la estación para hacer un último descenso rápido y arriesgado. Ya en la cima, a más de 2.300 metros, la nieve y la ventisca anticiparon un recorrido más que complicado. Mike y su hijo, avanzados esquiadores, no dudaron en lanzarse al vacío con unos caramelos y grandes dosis de adrenalina como único alimento.

En el trascurso del descenso decidieron aventurarse por una pista natural paralela a la habitual, teniendo siempre visibles los cables de los remontes como referencia y guía de la bajada. El problema vino con la disminución de la visibilidad por la ventisca creciente y el aumento de la ‘boscosidad’:

“Nos empezamos a meter entre los árboles y a fabricar rutas esquivándolos, yo pensaba que finalmente desaparecerían y encontraríamos el camino de vuelta al otro lado, pero conforme descendíamos  había más y más. Sólo cuando ya no podíamos avanzar me di cuenta del grave problema que teníamos. […] Intentamos subir con los esquís a una pequeña colina para tener visión sobre el Hotel y el Resort. Cuando la alcanzamos no vimos nada. Era como si hubieran desaparecido. Estábamos muy desorientados” Mike Couillard

Cuando quisieron darse cuenta había caído la noche y la fuerte ventisca amenazaba con congelar hasta las ideas. Mike Couillard puso en práctica sus adiestramiento militar y buscó refugio para salvaguardar el calor corporal de su hijo en aquella complicada noche. Afortunadamente encontró dos árboles con grandes raíces abrazando una roca y, ayudándose de ramas, follaje y los esquís, fabricó un pequeño refugio. Allí pasaron tres días de una de las más fortísimas ventiscas que se recuerdan por la zona, abrazados y esperando el -para ellos- evidente rescate.

Mike y su hijo Matt en el hospital de Ankara. Fuente vídeo
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Mike sabía que no se podía comer la nieve directamente para evitar la deshidratación, bajo peligro de hipotermia corporal, por lo que buscó la manera de cogerla y deshacerla con la bota impermeable de esquí de su hijo. No tenían nada más que un paquete de caramelos y un bolígrafo como toda intendencia. No eran fumadores. No llevaban mechero para fabricar un imposible fuego. El tiempo pasaba. De vez en cuando salían emocionados de la cueva en la que se refugiaron a partir del cuarto día, al sonido de algún lejano helicóptero pero sin posibilidad alguna de divisarlo. Cundía la desesperación. Ganaba el frío.

“Cada vez teníamos menos fuerzas. Rezábamos. Gritábamos. Permanecíamos juntos. Decidí entonces empezar a escribir para despedirme de mi mujer”

Mientras, un operativo del gobierno Turco auspiciado y apoyado por los Estados Unidos, organizó una importante batida por la zona. Más de 100 soldados y voluntarios junto a varios helicópteros fueron incapaces de dar con el rastro de los esquiadores. El tiempo no ayudó y al séptimo día se decidió abandonar el rescate hasta primavera para localizar entonces los cuerpos. Les dieron por muertos. La madre de Matt, que se encontraba en Ankara esperando noticias, se ahogaba en la angustia.

“Mi querida esposa: ¿Cómo me duele dejarte atrás. Odio tener que llegar a esa conclusión, pero después de ocho días …. ¡Oh, lo que daría por ver tu cara sonriente y otra vez probar la dulzura de tus labios “. Notas que Mike iba escribiendo a su mujer durante la aventura.

Al octavo día el temporal empezó a amainar lo suficiente como para aventurarse a cierta orientación visual. Las fuerzas de Mike y, sobre todo, las de su hijo Matt flaqueaban y no podían plantearse ningún plan de escape juntos. Mike Couillard decidió tomar acción y subirse a las colinas circundantes para ver si identificaba algún signo de civilización. En una de ellas pareció divisar unas cabañas en la lejanía. No estaba seguro pero era su única señal. En lo que consideró la decisión más difícil de su vida, optó por abandonar a su hijo en el improvisado refugio y tomar el camino a las supuestas cabañas. No había fuerzas para cargar a Matt a la espalda y, esperar con él allí no tenía sentido después de llevar varios días sin oír los helicópteros. Se despojó de su abrigo de esquiar para arropar mejor a su hijo y partió rumbo a la esperanza.

“[…] Matt ha sido un soldado de caballería real. La parte más difícil de todo este suplicio ha sido, sin duda, verle sufrir.  El siempre ha querido transmitirme lo mucho que ama a su familia.” Notas de Mike durante la aventura.

Tardó muchas horas en alcanzar su objetivo visual, fabricando también el rastro para su deseada vuelta. Conforme se acercaba, su alegría por comprobar la realidad de las cabañas se diluía por las evidencia de sus infinitas preguntas: ¿Por qué no sale humo de sus chimeneas? ¿Habrá alguien viviendo allí? ¿Estarán abandonadas? Cuando llegó -exhausto- comprobó que estaban todas cerradas y vacías. Nueva desesperación.

Mike y su hijo Matt poco después de ser rescatados. Fuente vídeo

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Decidió permanecer allí esa noche lamentándose por haber abandonado a su hijo allá arriba y descansando para intentar afrontar con lucidez cualquier posible y difícil decisión. En realidad se estaba abandonando al destino de sus sueños ¿Qué más puedo hacer? A la mañana siguiente, una furgoneta de leñadores turcos apareció en las cabañas para abastecerse de leña. Mike estaba, ahora si, ante el mejor de sus sueños.

El 24 de enero de 1995, el departamento de defensa de los Estados Unidos ponía un final feliz a la historia con  el siguiente comunicado. Mike Couillard y su hijo Matt eran rescatados sanos y salvos.

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Fuentes y enlaces.

La historia es uno de los capítulos más interesante de la serie de Discovery Channel “I shouldn’t be alive”. Basada en casos reales de grandes historias de supervivencia. La ministra Sinde y todos vosotros podéis encontrar el vídeo del capítulo completo y a un sólo click aquí. Armaros de paciencia hasta que cargue la caché, de verdad que merece la pena verlo completo. Más fuentes al servicio de documentación de esta historia aquí, aquí, y en el libro que escribió el propio Mike Couillard para contar la increíble historia: “Miracle on the Mountain”

Si te ha interesado esta entrada, no deberías perderte:

-El alpinista que descendió reptando y con los tobillos rotos “El Ogro” en el Karakórum

-La mujer que subió a un árbol para evitar su tala y no bajó en dos años.

Gran Hermano caníbal. La batalla del hambre.

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26 comentarios

  1. Superman

     /  enero 3, 2012

    i can’t read it very much, but i’ll try. using google translate is making it a little easier because i don’t speak spanish fluently. thanks to whoever wrote this, it helps a lot.

    Responder
  2. R.Antón

     /  mayo 5, 2010

    Hola, Iván.

    Sí, eso está clarísimo; y no siempre es tan claro quién tiene o no responsabilidad en el asunto, si es que alguien la tiene, que no siempre.

    Un saludo,

    Rafa.

    Responder
  3. R.Antón

     /  mayo 5, 2010

    P.D. Sólo por si acaso. Si en mis excursiones con pardillos yo, y no ellos, decido que no pueden o no deben continuar, tampoco hay debate, nos damos la vuelta todos y se acabó. Si hay indicios evidentes, o que deberían serlo para un observador competente como se supone que soy yo en esas circunstancias, de que alguno del grupo no está preparado para continuar, es mi responsabilidad dar la vuelta y obligar al resto a seguirme. Si me equivoco al medir, o paso por alto esos indicios, por error o por vanidad, el accidente que venga si viene será culpa mía. Y eso alcanza no sólo a los accidentes causados por y en relación con el miembro en situación de debilidad, sino a las consecuencias que se deriven para éste y para los demás de un accidente que no tenga nada que ver con él pero que le coloque avél en una situación tal que, en su situación, no pueda volver con seguridad, y por lo tanto comprometa igualmente la seguridad de los demás.

    El padre es el observador competente…

    Responder
    • Ivan

       /  mayo 5, 2010

      Estamos de acuerdo que el que no tiene culpa ni responsabilidad es el crio en cualquier caso, solo comentaba que los accidentes ocurren, por desgracia.

      Responder
  4. Ivan

     /  abril 27, 2010

    Está claro que ir a perderse en el bosque con un niño es de juzgado de guardia.
    Pero lo que está claro es que aqui hay mucha gente que no ha tenido nunca un accidente.

    Junto con un amigo estuve remando en kayak a unas tres millas de la costa el verano pasado, no era el día que más lejos estábamos de ella. No perdiendo tierra de vista parece que está bastante controlado. El caso es que mi amigo, por primera vez desde que lo conozco, se mareó mucho (os ahorro los detalles descriptivos), y esperamos a que se le pasara un poco.
    Él tiene un motor en el kayak por si le da un tirón en la espalda al remar (sufre de ella), por lo que estaba bastante tranquilo. ¿Que va a pasar si tenemos un motorcillo que nos sacaría de alli en 10 minutos?.

    El caso es que justo en ese momento uno de los edales que se había acercado demasiado a la hélice, con la mala suerte de que al ir a probar el motor, se enrolló en ella.
    Me fijé lo mucho que, mientras esperábamos a que se despejara un poco, nos habíamos separado de la costa, hacía bastante corriente y se había levantado aire. Al menos estábamos otras dos millas más adentro.

    Tuve que atar los kayaks con un cabo para poder remolcarlo porque se había quedado “flojo” y me costó remar, tirarme a la agua varias veces y volver a subir al kayak otras tantas y reparar el motor en el agua.

    No pasó nada, pero no juzgueis demasiado severamente lo que a todas luces es un accidente de un padre con un hijo, que como bien dicen por ahí, ahora seguro que llevan gps, espejos y bengalas.

    Por cierto, esto de los accidentes, cuando sales indemne, es cuando los escritores lo llaman “aventura”.

    Responder
    • R.Antón

       /  mayo 5, 2010

      Hola, Iván:

      Este año esta siendo trágico en las montañas.

      Seguramente me excedí al decir que le retiraran la patria potestad. Pero te comento. Se muy bien lo que son las irresponsabilidades inconscientes, las aventuras y algún accidente. Y también se que los padres con frecuencia no miden bien, es lo normal. Yo subí por la Canal de la Jenduda, en Picos, con mi padre, cuando tenía 6 años, con un hermano de 7 y otro de 5, en verano, con un sol precioso de esos que a veces preceden en Picos a una niebla impenetrable. Creo que yo no lo haría con mis hijos, no ya por lo que pudiera pasarles a ellos (que también), sino porque si me pasara algo a mí no podría ayudar a ninguno de ellos y no estoy seguro de que con 5, 6 o incluso 7 años se pueda subir o bajar de allí con un mínimo de seguridad. Aquello fue un agradable paseo seguido de una excelente comida cerca de la Vueltona, pero yo no lo repetiré con mis hijos tan pequeños.

      Lo que hace grave el comportamiento del padre no es la excursión en sí, que no parecía especialmente dura; es llevar a un niño; es no llevar equipo suficiente y/o adecuado. Tu amigo y tú sois adultos, sabéis lo que hay, y asumís el riesgo por decisión propia; y si os equivocáis al calcular es culpa de los dos por igual. Pero con un niño las cosas son diferentes. Él no organiza, ni dirige, ni manda; obedece. Y por eso no es responsable de las decisiones que se toman. Y ahí es donde aparece la responsabilidad del padre.

      Por poner un ejemplo mío. Yo salgo de vez en cuando con amigos pardillos (no es que yo sea un himalayista experimentado, pero soy “el mas experimentado del grupo”). Si yo preparo la excursión y digo que podrán subir, y al llegar a un punto me dicen que no, por lo que sea, yo me doy la vuelta en el acto con ellos. Se acabó, no hay debate. Si les obligo y no pasa nada, es una aventura. Si les obligo y hay un accidente, la culpa es enteramente mía, sólo mía, porque ellos no deciden nada, obedecen instrucciones. Un niño, salvo excepciones, no tiene capacidad de oposición, ni conocimientos ni experiencia. La figura de su padre es un escudo a veces y a veces una losa; suponiendo que hubiera querido oponerse, lo habría tenido más o menos difícil dependiendo del padre. Por eso, la responsabilidad es íntegramente del padre. No le vamos a crucificar, pero tampoco voy a repartir las culpas por igual.

      Espero que el susto que pasaron padre e hijo enseñe al hijo a ser prudente con el suyo en el futuro; y eso, aunque quede lejano, puede que en el futuro evite algún que otro accidente como el de Tolo Calafat estos días. Claro que a lo mejor entonces ya no se sube a ningún 8.000 más. No se, ese jardín mejor que lo arreglen los que saben.

      Un saludo,

      Rafa.

      Responder
  5. R.Antón

     /  enero 25, 2010

    La decisión de dejarle en el refugio y buscar ayuda, siendo dura, era probablemente la mejor. El cómo llegó hasta allí con un niño, eso es de Juzgado de Guardia. Es verdad que todas las cadenas tienen eslabones más o menos débiles, pero en este caso era demasiado evidente que era demasiado débil. Si no fuera porque la experiencia indica que la inmensa mayoría de los padres cometen en su vida alguna irresponsabilidad con sus hijos y no por ello son necesariamente malos padres, a éste habría que retirarle la patria potestad. En fin, tuvieron suerte, providencia, o lo que se quiera.

    Responder
  6. Esther

     /  enero 17, 2010

    Me quedo con las ganas de saber la reacción de la madre tras la alegría y la bienvenida…

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  7. Victor

     /  enero 15, 2010

    Yo le habría metido un paquete al padre por chulo que flipas. ¿Como puedes irte fuera de pista con un niño pequeño, cuando se está haciendo de noche, y cuando amenaza tormenta?

    Responder
  8. Heliodoro

     /  enero 14, 2010

    ¿Y a este imbécil (no se le puede llamar de otra forma) no le metieron en la cárcel por arriesgar su vida y la de su hijo tomando “pistas alternativas”? Mucho ejército y mucha gaita, pero el cerebro hueco. En fin, “typical american”.

    Responder
  9. borika

     /  enero 14, 2010

    hay cosas que la vida no se puede dejar desamparadas. en este caso, fue una en particular ya que se trataba de un padre e hijo que no pudieron seguir aventurando por la situación vivida. existen otras alternativas de supervivencia, aunque no comparto lo que hizo ese hombre, se le aplaude. por lo menos ambos vivieron esa experiencia y dios les bendijo.

    Responder
  10. Josiko

     /  enero 14, 2010

    Hola Orayo,

    Para tu información, practico la escalada desde hace muchos años, años en los que he visto, infinidad de veces, como gran cantidad de cenutrios de la catadura de nuestro querido protagonista, se exponen a si mismos, y lo que es peor, a los demás, a riesgos innecesarios.

    El cementerio está lleno de valientes, pero eso no es lo que nos ocupa, por mi como si haces puenting con las cordoneras de tus zapatos, el problema es meter a tu hijo en semejante embolao en vez de enseñarle a tener dos dedos de frente.

    En fin, la próxima vez disfruta de esa “última bajada”, pero procura que de “última” sólo tenga el nombre 😉

    Responder
  11. orayo

     /  enero 14, 2010

    Termino una frase que me quedo incompleta arriba:
    “Vivir con miedo y sin atreverse a nada tambien es peligroso”.

    Es una historia increible. Voy a ver el documental.

    Responder
  12. orayo

     /  enero 14, 2010

    Quien ha esquiado o practicado snowboard sabe lo atractiva y reconfortante que es hacer la ultima bajada (cuando ya todos estan abajo) disfrutando de un entorno natural impresionante y de cierta soledad. Es la culminación de un dia de disfrute al máximo y entiendo como Mike y Matt pudieron llegar a esa situacion.
    Un amigo mío estuvo a punto de pasarle algo parecido un dia completamente despejado.

    Josiko y Yhandros, evidentemente, esto no lo entienden. Como seguramente no entenderan que alguien practique la escalada, alpinismo, paracaidismo o cualquier actividad que para sus mentes censoras implique riesgo. La gente que practica CUALQUIER deporte extremo lo hace porque disfruta con ello, no intentando impresionar a los demás. Si eres un apasionado que persigues las mejores sensaciones te expones a que te pueda pasar algo asi. No lo vas buscando, es poco probable y desde luego compensa la infinitesima probabilidad de que algo malo ocurra con lo que obtienes de la experiencia.
    La clave radica en conocer los límites, estar preparado fisicamente, conocer en qué terreno te mueves, hacer gala de sentido común e ir equipado de la mejor manera. Si no estas comprando boletos para que algo salga mal o muy mal. Vivir con miedo y sin atreverse a nada tam

    Me juego el cuello a que padre e hijo siguen disfrutando del eski y apuesto a que a día de hoy completan su equipo con GPS, walkie y silbato como mínimo, además de un conocimientode primera mano sobre qué y cómo puede salir mal y cómo evitarlo.

    salu2

    Responder
  13. En efecto, Josiko, hay que ser idiota para meterse en un embolao así uno sólo, mucho más con un crío de 10 años. Es una prueba más de que no existe la selección natural.

    Responder
  14. Josiko

     /  enero 14, 2010

    Menudo fantasma, poner la vida de su hijo en semejante peligro por hacerse el gallito, y no me refiero a abandonarlo para buscar ayuda.. sino a que era evidente que no debieron hacer esa última bajada y menos, ya puestos, a hacer “rutas alternativas”.

    Lo dicho.. tonto.. pero del culo..

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  15. Alucinante!! Para que luego digan que el instinto no manda. Muy buen artículo. Saludos

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  16. Ignacio Monge

     /  enero 14, 2010

    No sé cómo lo haces, pero siempre encuentras historias que me conmueven de verdad.

    Responder
  17. yo

     /  enero 14, 2010

    Alucinante

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  18. Que chungo tiene que ser pasar por eso…

    Responder
  19. Impresionante

    Responder
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