La guerra entre hombre y montaña es milenaria. Todavía sobrecogidos por la batalla perdida en el Latok II quiero regalaros una aventura espectacular. Una victoria de un hombre que hizo historia al doblegar una de las montañas más peligrosas del mundo: el “Baintha Brakk” conocida también como ‘El Ogro’, por el respeto que suscita. El británico Doug Scott la coronó por vez primera y , con ambos tobillos fracturados por accidente, la descendió durante 7 días reptando y deslizándose en lo que se considera una de las mayores hazañas del alpinismo.
El Ogro de 7.285 metros visto desde la cumbre oeste
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“El Ogro” es una montaña muy escarpada de 7,285 metros situada en una sub-cordillera del gran Karakórum (en turco: “pedregal negro”). Su nombre hace honor a su leyenda y sus formas (su cara este es una gran pared vertical de roca) han intimidado y coqueteado con decenas de alpinistas. Muy pocos osaron desafiarla y la mayoría salieron derrotados en su sometimiento. Sólo 2 expediciones de las más de 20 organizadas a lo largo de la historia han conseguido hollar su cumbre. Doug Scott y su compañero Chris Bonington (dos de los mejores alpinistas de la historia) fueron los primeros en ‘pinchar’ la bandera británica en la cabeza del Ogro. La expedición organizada para el verano de 1977 y que alcanzó la cumbre el 17 de julio la completaban Mo Anthoine , Clive Rowland, Nick Estcourt, y Tut Braithwaite; los mejores alpinistas del momento y que prepararon un ataque conjunto y por varios flancos para intentar doblegar el pico.
Doug Scott descendiendo, ya con los tobillos rotos, el Baintha Brakk . Fuente
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Tuvieron que pasar más de 30 años hasta que otra expedición lograra coronar de nuevo “El Ogro”. El 21 de Julio de 2001 un grupo de alpinistas alemanes (Urs Stöcker, Iwan Wolf, y Thomas Huber) lograron alcanzar la cima pero por una vía mucho más sencilla que la de los ingleses.
El cúmulo de desgracias y accidentes de la expedición pionera convirtieron la empresa en una aventura inolvidable muestra de la tenacidad y empeño de un par de hombres por doblegar a la gran ‘bestia’. El primer intento de alcanzar la cima después de levantar el campo base fue por la perpendicular al gran espolón central. Una pared de roca de más de 1500 metros de altura que intimida sólo con ver su sombra. Al intentar avanzar, el desprendimiento de una piedra impacta en la cadera de Tut Braithwaite produciendo una dislocación y la primera de las bajas de la expedición.
El segundo intento se produciría por el flanco oeste, no tan vertical pero tampoco menos peligroso por la presencia de grandes ‘seracs‘ mezclados con roca y hielo. Por ahí el grupo logro establecer un campamento a 6.400 metros de donde poder organizar el asalto final a la cumbre oeste para más tarde acometer la principal.
Doug Scott en medio de una ventisca. Observar como protegía sus rodillas para los apoyos. Fuente
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A la cumbre oeste partieron Doug Scott, Chris Bonington, Mo Anthoine, Clive Rowland logrando hollarla, no sin dificultades, el 15 de julio. Muy animados por el éxito deciden ‘rapelar’ hasta el collado que separa la cumbre oeste de la principal y vivaquear allí en una cueva de nieve construida por ellos y asaltar la principal a la madrugada siguiente. Mo Anthoine y Clive Rowlandlos abandonarían el intento por falta de energías.
El 17 de julio tras más de 15 horas seguidas de escalada Doug Scott y Chris Bonington hacen cumbre por primera vez en el ‘Baintha Brakk’ sin percatarse que la noche acechaba sin tregua, convirtiendo el descenso hasta el collado en una peligrosa aventura. En el primer rápel Doug Scott se resbala y queda colgado de la cuerda. En el péndulo de recuperación calcula mal y da con sus huesos en las rocas; resultado: gafas rotas, dos tobillos fracturados y la sensación de haber cavado allí mismo a 7.200 metros su tumba. Panorama muy sombrío.
Tras los gritos de dolor el silencio. No podía apoyar los pies de ninguna de las maneras. Por unos instantes Doug pensó que era el final. No habría posibilidad de que su compañero cargara con un inválido hasta el campamento base. Decidió reptar, decidió luchar.
Escenas de la subida al ‘Ogro’. Nada hacía presagiar la aventura que estaba por venir
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A la mañana siguiente, tras dormir en una repisa, Doug y Chris iniciaron un descenso que duraría más de 7 jornadas completas. Su escasa velocidad y la falta de ritmo hizo que sus compañeros del campo dos les dieran por muertos e iniciaran erróneamente la retirada. Sólo sus compañeros Mo Anthoine y Clive Rowlandlos que permanecían aún en el collado, pudieron unirse a la pareja en la parte final del descenso.
Los tramos se combinaban. Unas veces, las menos, Chris cargaba como podía y a sus espaldas con el maltrecho Doug. Otras, Doug se deslizaba sobre sus rodillas y ayudado de la cuerda y la pendiente rapelaba muy despacio hacia el vacío. Cuando la pendiente amagaba con suavizarse Doug reptaba con sus codos y se desplazaba, muy despacito, en posición horizontal. Los últimos cinco kilómetros los hizo también a cuatro patas (sobre sus rodillas) destrozándose las rótulas y las muñecas por el inusual rozamiento.
Pero los accidentes no habían terminado. Tras dos jornadas refugiados por una fuerte tormenta en una cueva de nieve y en las que Chris contrajo una severa pulmonía, continuaron con el descenso. Las debilidades del nuevo enfermo le hicieron más impreciso y acabó por romperse un par de costillas en una caída fortuita. Ya eran dos los impedidos.
Al séptimo día llegaron, maltrechos, al campamento base donde todos les daban por muertos, y donde todavía les quedaba por vivir el último contratiempo después de esperar un largo tiempo a las asistencias. Al subir al helicóptero de salvamento, éste se precipitó al vacío sufriendo un aparatoso accidente, afortunadamente sin víctimas pero que demostró que, por esta vez, la suerte acompaño al hombre hasta el final. La batalla con ‘El Ogro’ se había ganado pero la guerra con la montaña sigue aún vigente.
Doug Scott después de descender ‘El Ogro’. Fuente
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Enlaces y fuentes
Impactado por la reciente tragedia quería escribir algo de montaña en recuerdo de Óscar Pérez. Varios días imaginándome su situación, su eterna espera, su terrible soledad; me dejaron muy tocado. Sólo imaginarme alguna batalla ganada podría compensar el dolor de su memoria. Como siempre y sabiendo de mi desasosiego una gran amiga acudió al rescate y me dio el chivatazo de esta fabulosa historia. Os recomiendo que no la perdáis de vista aunque es complicado. No para (@nonestop) y además es periodista.
Doug Scott y Chris Bonington no terminaron sus carreras como alpinistas en ‘El Ogro’. Todo lo contrario, sólo fue el principio de una de las mejores parejas de escaladores de la historia. Doug Scott también ha escalado el Everest y los “Seven Summits”. Chris ha subido cuatro veces al Everest y por primera vez al Annapurna por la cara sur. Fue nombrado Caballero del imperio Británico. Otras fuentes al servicio de la documentación aquí, aqui, aquí, aquí, aquí y en este libro. En este vídeo podéis ver una reciente entrevista a Doug Scott
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Hola, Miguel:
No, no es necesario; es inútil y, en los términos en que lo hace es ofensivo.
Dejando aparte qué es útil directamente o no a los demás, que es difícil establecerlo muchas veces (por ejemplo, la investigación en materiales aislantes para la ropa ha hecho que fabricar prendas de abrigo eficaces y de alta calidad resulte hoy infinitamente más barato que hace unos años, y eso ha beneficiado a todos, pero especialmente a los de menor poder adquisitivo…y en eso el alpinismo tiene mucho que decir); como decía, dejando aparte eso, es inútil porque su percepción de la verdad no es la única que existe y por mucho que grite quienes tenemos otra no dejaremos de tenerla, y por mucho que la repita no llegará a ser cierta si no lo es (tampoco dejará de serlo si lo es porque se calle, así que tranquilos todos…); además es ofensivo porque convierte a todos los que no empleamos el 100% de nuestro tiempo en actividades útiles a los demás (en cuya enumeración previsiblemente tampoco coincidiremos) en culpables directos o indirectos de las miserias del Mundo.
Poca gente, salvo la Madre Teresa de Calcuta y pocos más (en la lista tampoco estaremos de acuerdo) ha dedicado un porcentaje de su tiempo cercano al 100% a hacer buenas obras. No por eso quienes sólo esporádicamente hacemos alguna obra buena y dedicamos gran parte de nuestra vida a fines egoistas (disfrutar de nuestras familias, en la medida que tiene de satisfacción personal, o de nuestras aficiones (la montaña…) somos culpables de la miseria de los demás, del dolor y del hambre en el Mundo. No digamos quienes las hacen en gran medida, y algunos son montañeros, como te acaba de explicar fortunafracasar.
En definitiva, que salvo que me jures por lo que más quieras que no te tomas ni un café, ni un vino o un whisky, ni te fumas un pitillo, ni sales con los amigos jamás a divertirte, ni vas al cine, ni a las carreras, ni haces nada que no sea ayudar al prójimo en todo, durante todos los momentos de tu vida y ajustándote exactamente a los parámetros que yo consideraría ayudar a los demás (no los tuyos, porque así no tendría mérito), entonces te diré que eres uno más, con luces y sombras. Bienvenido al club.
Un saudo,
Rafa.
Miguel, a ver … pero por qué planteáis así las cosas? Por qué tiene que ser incompatible ser montañero y mejorar el mundo? Es que si yo digo “el mundo necesita menos profesores de secundaria y más seres capaces de arriesgar blablabla” no suena eso ridículo? Pues por lo mismo a nosotros nos suena incomprensible, una especie de fijación extraña que os ha dado por asimilarnos a los montañeros con seres alocados y falta de sensibilidad ni implicación con lo que nos rodea. Si es que no tiene nada que ver …
A ver, para que me entiendas. Yo soy de montaña y a la que puedo p’arriba que me voy. Y al mismo tiempo he fundado una organización que en pocos meses lleva más de 100 niños apadrinados, centenares de voluntarios enviados a ayudar a ONGs, 120 mujeres que han arrancado negocios con nuestros microcréditos y varias cosas más. Y me viene alguien como Ann a juzgar sin conocerme, me insulta y me falta el respeto y me viene a decir que si llevo las botas manchadas de tierra es poco más o menos como si las llevara manchadas de sangre de niño de la India, y me entenderás que tenga que hacer un esfuerzo de paciencia y de pedagogía con ella … y contigo si me vienes en el mismo plan.
No sé qué rara fijación le ha dado con esto de subir montañas y pasar delante de la realidad sin inmutarse … anda que no hay montañeros haciendo la tira de cosas por mejorar el mundo! Que se lo digan a los nepalíes, por ejemplo!
Cada vez que alguien se pone el manto de juez y se arroga el derecho de juzgar a los demás, y más cuando es sin conocerlos, a mi es que me da pena, ya ves …
Que descanse en Paz Oscar, pero el mundo necesita menos “apasionados” por vivir “experiencias límites”…que seres capaces de arriesgar su sentido del vacío en beneficio directo de otros. Es decir, ¿es necesario que Ann, repita una y otra vez un mensaje tan sencillo y todos los “apasionados” se levanten en coro?
Hola:
Acabo de leer la conversación, y aunque con algo de retraso me niego a dejar las cosas como están.
No soy alpinista, modestamente me llamo montañero aficionado, aunque sólo sea porque en mi juventud la palabra “trekking” era de otra galaxia y la de “montañero” tenía un sentido muy ámplio (hacia arriba y hacia abajo). Pero llevo 35 años pateando tachuelas y lomas y alguna experiencia sí tengo.
Ann, lo tuyo es definitivamente falta de educación. Me sumo a la pregunta de Esther sobre cuántos años tienes. Por favor, un poco de humildad.
Como se que no te voy a convencer de nada, me limito a decirte lo que te desagrada. Si no lees a partir de este punto te comprenderé.
La pasión por vivir, por sentir, por hacer algo con uno mismo, no tiene límites. Supongo que por tu edad aún no has aprendido esto, pero espero que con algunos años más (o algo más de educación, no se), llegues a entender que lo que mueve a las personas a hacer lo que hacen es mucho más que el orgullo, que también. El escalar montañas, aunque tú no lo creas, significa para muchos un encuentro, con uno mismo y con un mundo soñado, idealizado pero absolutamente real. Y que el que tú no lo entiendas no signifia más que eso, que tú no puedes entenderlo. Respetable, pero no es la única opción. Los hay que sí lo entendemos.
Y además te diré que lo que de verdad hace a una persona PERSONA es asumir que es como es, que es lo que es, y disfrutar de uno mismo en lo bueno y procurar mejorar en lo malo, asumir sus limitaciones y hacerse responsable de sus actos. Y en esto, aunque suene macabro, Óscar y todos los demás montañeros que han sufrido accidentes que les han costado la vida o lesiones gravísimas han asumido sus vidas en todas sus facetas, y pagado el precio muchas veces con las mismas. Hablar de orgullo es una falta de respeto que yo al menos no te tendré en cuenta.
Un saludo afectuoso, y suerte, porque con ese planteamiento la vas a necesitar.
Rafa.
Aún tengo la carne de gallina. Eso es valentía y coraje. Buff.
saludos
[...] http://kurioso.wordpress.com/2009/08/21/el-alpinista-que-descendio-reptando-y-con-los-tobillos-rotos... [...]
me ha gustado leerte en este post, que deja un rastro de luz tras la tristeza de lo sucedido a Oscar, gracias
Una historia de superación tremenda, de esas qeu te recuerdan que mientras hay vida, hay esperanza.
Increíble y fascinante historia. Aquí se muestra que de verdad hay gente que lucha por sobrevivir hasta puntos inimaginables1
A eso llamo yo tenerlos bien puestos, y pensar que me quejaba por una molestia en la rodilla luego de jugar al padel.
Yo no sé nada de alpinismo ni nada sobre ese deporte, pero cuando una persona dedica toda su vida a ello. Y por su desgracia muere en la montaña, lo que realmente desean es quedarse allí. Aunque parezca duro para la familia, tienen que respetar su voluntad.