Cuando la televisión fabricaba héroes de verdad


Esta es la historia de un oficinista convertido a estrella, un hombre que se jugó la vida salvando a una mujer desconocida. Una escena que dio la vuelta al mundo cuando las televisiones narraban sin participar. Cuando la fábrica de héroes mediáticos no era premeditada y las cámaras no eran parte sino testigo. La historia de Lenny Skutnik, el contable que salvó la vida a Priscilla Tirado en el accidente aéreo del río Potomac en 1982. Aquellas imágenes de Priscilla pataleando en el hielo forman ya parte de la historia de toda una generación.

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Las imágenes que hicieron historia. “The Potomac Crash”

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Eran otros tiempos. Tiempos de Omaira, la niña que no sobrevivió al Nevado del Ruiz. Tiempos donde la televisión enseñaba la más cruda de las realidades, pero sin manipular, sin marcadores ni merchandising, sin pausas publicitarias; sin fabricar héroes postizos mutilados de epopeya para la eternidad. Tiempos de informar sin mangoneo.. por muy dura que fuese la historia. En definitiva, tiempos de puro periodismo.

Las historias de los héroes no se planean, no se dibujan sobre un croquis o escaleta… no se apuntan en un calendario concertado con Coca-Cola. Los verdaderos héroes los fabrica el destino, los viste la desgracia y el valor los pone en su hueco en la historia. Las cámaras son sólo las albaceas de ese destino no pactado. Y los honores son los adornos que ponen los que sólo quieren aprovecharse del valor ajeno.

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Restos del avión siniestrado y detalle del puente con el que impactó la aeronave. Fuente

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La aventura transcurre el 13 de Enero de 1982, en uno de los inviernos más fríos que se recuerdan en la costa este de Estados Unidos. Con una de las nevadas más copiosas del siglo pasado. El aeropuerto de la capital -Washington DC- estaba colapsado y decenas de vuelos retrasados por los estragos de la nieve.

Uno de esos vuelos era el número 90 de Florida AirLines. Un Boeing 737-222 con 74 pasajeros y destino Florida que esperaba, cargado e impaciente, su turno de despegue. Antes de ello, las máquinas de deshielo actuaron sobre sus alas para descargar algo de peso. La nieve seguía cayendo y, con el suelo helado, el remolcador tenía dificultades para lleva la aeronave a la cabecera de pista. El piloto, el capitán Larry Wheaton, tomó entonces una decisión que después se concluyó errónea, utilizó los reversores de los motores para salir de la puerta de abordaje hacia la pista, sin saber que estaba entrando demasiada nieve en las turbinas de la aeronave.

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Rescate de dos de los pasajeros del avión siniestrado. Fuente

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El avión enfiló pista y se acercó al DC-9 que le precedía para intentar calentar sus alas con el rebufo de sus motores. Pero la temperatura exterior era bajo cero y la maniobra sólo consiguió helar aún más las alas de la máquina con bocanadas de aire congelado. Segundo error.

Cuando el avión consiguió despegar, el exceso de peso en las alas unido a la falta de potencia de las turbinas le llevaron al ‘stall’ inmediato o etapa de pérdida de sustentación, cuando las alas dejan de recibir el suficiente empuje de aire para mantener el propio peso de la aeronave. El avión comenzó a caer.

Tan solo 400 metros más allá del final de pista, el avión se vino a tierra sobre el puente de la calle 14, en el río Potomac, antes de terminar en sus aguas congeladas. Se llevó consigo seis automóviles y un camión. Cuatro de los conductores murieron en el primer impacto con el puente. Sólo 16 personas de las que salieron despedidas del avión, se rescataron con vida. El resto se hundieron con la aeronave en las profundidades del caudaloso río. Temperatura en superficie, 20 grados bajo cero.

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El Potomac congelado desde el puente siniestrado. Restos del avión esparcidos por el hielo. Fuente

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El accidente ocurrió a las 4 de la tarde, hora local. Un momento en que todos los trabajadores de la zona abandonaban sus puestos de trabajo para evitar la nevada y volver a sus hogares, pero colapsando los accesos a la ciudad por los puentes e impidiendo la llegada de las ambulancias y equipos de rescate… Había mucha gente sí, pero la ayuda crucial no podía acceder de manera efectiva al lugar del accidente.

Los primeros en movilizarse fueron los transeúntes, los conductores de los coches atascados, los peatones sorprendidos por el temporal. Salieron al puente; unos para mirar, otros para ofrecer su estéril ayuda. Aparecieron las primeras videocámaras personales para inmortalizar los instantes iniciales del improvisado rescate. Imágenes que pronto darían la vuelta al mundo.

Las primera fuerza oficial en llegar fue un remolcador del servicio de guardacostas que estaba de paso. Intentó acercarse al amasijo de hierros que asomaba sobre varios de los témpanos congelados del Potomac. Sin el equipamiento adecuado, intentó echar los flotadores a los supervivientes que, aturdidos por el impacto y por el frío, eran incapaces de asirse a ellos. Habían transcurrido sólo 10 minutos desde el accidente.

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Priscilla -a la derecha- en el agua congelada, instantes previos a la zambullida de Lenny. Fuente
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Un pequeño grupo de transeúntes civiles se acercó a la ribera con un todo terreno para intentar remolcar a algún pasajero, pero el trabajo era imposible. Al mismo tiempo que intentaban desplegar una linea de rescate desde la orilla con el cable de tracción del coche, el primer helicóptero de la policía llegaba al lugar del accidente. Sin apenas detenerse acercó sus dos patines de aterrizaje al lugar donde flotaban temblorosos los últimos pasajeros vivos. Pero ninguno de ellos lograba asirse con la suficiente fuerza a la aeronave. Regresó más tarde con un cable metálico atado a un flotador. Varias cámaras llevaban ya tiempo grabando.

Fue entonces cuando se vivieron las escenas más sobrecogedoras de todo el rescate. Bert Hamilton fue el primer hombre que consiguió llegar a la orilla arrastrado por la línea flotante del helicóptero, agarrando fuertemente con su brazo el flotador suspendido. Pero el tiempo pasaba, y las dos únicas mujeres que quedaban perdían por el intenso frío sus últimas fuerzas. El helicóptero volvió -ahora con dos líneas- de las que se cogieron ambas; Priscilla Tirado y Patricia Felch. Cuando estaban cerca de la orilla se descolgaron las dos de los flotadores y cayeron al agua, presas de intensos calambres y aturdidas por el inicio de una congelación inminente.

En una de las escenas más estremecedoras del rescate puede verse a Priscilla Tirado intentando nadar en una piscina de hielo, agitando inútilmente los brazos y absolutamente desorientada y aterida por el frío. Aquí fue cuando apareció nuestro héroe, al final de la historia, sin el falso protagonismo que daría la omnipresencia en el texto, de entre la multitud observadora y espoleado por el gesto agónico de Priscilla. Lenny Skutnik, un contable de la oficina del presupuesto de las Cortes, se quedó en mangas de camisa para lanzarse a las gélidas aguas del Potomac y ayudar a Priscilla y Patricia a alcanzar la orilla ante la estática estupefacción de bomberos, militares y asistencias. Nunca olvidaré esas imágenes.

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Ronald Reagan reconociendo los méritos de Lenny Skutnik en el Estado de la Unión de 1982

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Lenny Skutnik fue elevado a los altares de los superhéroes nacionales con el tufillo que sólo los norteamericanos suelen dar a sus ídolos de barro. Pero Skutnik, esta vez, si lo merecía. Condecorado por el mismísimo Ronald Reagan fue bautizado como el ‘héroe del Potomac’ y la primera persona invitada con honores en el discurso anual del presidente sobre el Estado de la Unión, inaugurando una célebre lista que llevaría su nombre,… pero esa es la parte de la historia que no merece tanto la pena reseñar…

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Enlaces  y fuentes:

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La sonrisa de Kiki


Ocho días atrapado bajo el peso de mil escombros, sin luz, sin agua, sin nada que llevarse a la boca. Ocho días sin ver a su madre y su familia. Ojos hundidos por la deshidratación. No hay lágrimas porque los más pequeños siempre guardan la esperanza. No hay dolor porque la vida es todavía un juego para ellos. Por eso, cuando se hace la luz, cuando se acaba la pesadilla,… siempre hay una impresionante sonrisa. Kiki ha vuelto y viene para terminar el juego…

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Kiki regala a su madre la mayor de las sonrisas vista en estos días por Puerto Príncipe. Foto del Año

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Si todavía no te has sobrecogido, si todavía no has sentido el calor de su sonrisa; mira el siguiente vídeo y escucha como, espontáneamente, la gente jalea el fin de una pesadilla.

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-Valentina. La niña que dormía entre los muertos.

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El hombre sin pasado.


Imagina que un día te despiertas por la mañana sin saber quién eres. Imagina que un día pierdes todos los recuerdos que se almacenan en tu memoria y no reconoces nada ni nadie de tu familia o entorno. ¿Cómo afrontarías el porvenir? ¿Tratarías de rehacer tu pasado para encauzar tu futuro o romperías con los recuerdos impuestos por unos desconocidos? Este es el problema vital que afronta David Fitzpatrick, un joven inglés que perdió en 2005 la memoria por ‘fuga disociativa y está luchando ahora por construir un futuro obviando su pasado.

HOMBRE_SIN_PASADODavid Fitzpatrick. Fotograma del documental  “The man with no past”

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Lo que sigue es una relato en primera persona basado en hechos reales y consumados de una historia impresionante por lo insólito de su argumento. Un desafío a la memoria y al tiempo de un joven de 25 años que lucha por encontrase a si mismo sin depender de unos recuerdos que no reconoce. La historia comienza el 4 de diciembre de 2005 en un tren. Aquella tarde David sufriría una de las más raras formas de pérdida de memoria que se recuerdan en la historia de la medicina:

La historia.

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[…] Parece que hay gente. ¿Dónde estoy? Me duele mucho la cabeza. No entiendo esta amargura. Estoy muy desorientado y me siento a morir. ¡Quiero vomitar! Necesito ayuda inmediata […]

[…] Alguien me acaricia. Todos me preguntan. Ahora entro en calor. Parece que he tenido algún percance o accidente. Mucha gente me mira y tengo pánico. No veo sangre. ¿Es grave? me pregunto ¿Qué me pasa? Estoy aturdido y húmedo, mi cabeza gira parada. Mareo, mucho mareo. Busco descanso.

Hola ¿cómo te llamas?
No.. no.. no consigo acordarme  ¿Y tú?
Me llamo William Q. Soy médico del ‘Kings College Hospital’, en Londres. Te han encontrado a las puertas del hospital. No llevas documentación.

No recordaba absolutamente nada. Intentar desviar mi mente a la memoria era la mayor de las torturas. Una arcada eléctrica que recorría mi médula en cada intento. Sólo quería descansar.

Extracto  del documental ” The man with no past”

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Pasé varios días en somnolencia inducida. Un ‘sueño dulce’ cargado de disparos psicodélicos de pensamientos incoherentes. Distinguir la realidad de la fantasía onírica era imposible por lo abrumador. Un ejercicio tormentoso que me hacía sentir vivo, pero dentro de un infierno de un esfuerzo descerebrado.

El equipo médico me hizo innumerables pruebas. Batallón de preguntas contínuas y sugerentes ejercicios visuales de psicología cognitiva. Mi cabeza empezaba a funcionar pero no así mi capacidad para comunicarme. Un gran muro parecía pellizcar el bulbo del habla, incapaz de ligar el pensamiento a la palabra.

JeanetteLa madre de David Fitzpatrick.

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Flashes como agujas perforaban el hueco vacío de mi memoria. Imágenes incoherentes de un universo que no reconocía. El ejercicio propuesto entonces por el equipo médico era ligar estas ‘fotografias neuronales’ con alguna vínculo para encontrar la pista que condujera a mi identidad. Yo solo veía campos verdes.

¿Qué es eso?
Un callejero de la ciudad. ¿Reconoces algo?
Verde. Esto es verde. ¿Verdad?
Si, es Hyde Park, el mayor parque Real de la ciudad.
Creo que he estado en un campo verde […]

Era miércoles. Los médicos insistieron en mostrarme revistas deportivas. Las imágenes se apelotonaban en la antecámara de mi memoria, pidiendo paso urgente para un reconocimiento que se hacía imposible. Pero había colores, olores y formas que me conducían al sosiego. Por ahí encaucé mi juicio.

¡Fútbol!. Yo sé jugar al fútbol.

Cuatro días después de mi ingreso había conseguido visualizar el trayecto al supuesto campo de entrenamiento y a la casa de mi entrenador. La memoria de un itinerario no es más que una lista ordenada de instantáneas de un trayecto olvidado. Yo puse las fotos y alguien con juicio ponderado plasmó ordenadamente mi recorrido imaginado en el callejero. Un entrenador estaba entonces camino al hospital.

Hola David. Soy Mike Rook tu antiguo entrenador y el padre de tu mejor amigo: Ross. ¿Te acuerdas de mi?
No sé quién es David. No sé quién es Mike Rook

La espera tensa. El resultado, desolador. Por primera vez sentí esa sensación tan angustiosa. Unos ojos brillantes, vidriosos y amables forzaban una obligada complicidad no correspondida. Un rostro ajeno, desconocido, mostraba un cariño finalmente repudiado. Entonces confirme lo que hasta entonces barruntaba. No reconocía personas.
A través del entrenador localizaron a mi madre, una tal Jeanette. Su abrazo impasible me produjo el escalofrío mas gélido que he tenido, seguro, en mis dos vidas. Violado por un cariño que no siento, Jeanette me estrujó como si fuera carne de su carne. La compasión, entonces, era lo máximo que podía llegar a sentir por ella. Nadie me comprende ahora cuando cuento esto.

Mike_ROOKEl entrenador y descubridor de la antigua identidad de David Fitzpatrick

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Un desfile de individuos que decían conocerme se mezclaron entonces con mi familia: Los médicos. El rubor y retraimiento iban minando mi paciencia. Todos me reconocían pero nadie me comprendía. Quería salir de aquella orgía de cariño unívoco pero imposible. De pasados sin raíces, de besos sin huella. Quería ser libre para sentir, para reconocerme a mi mismo y llenar los espacios blancos de mi memoria a mi manera. Necesitaba tiempo.

¿Cual es tu color favorito? No lo sé
¿Cuál es tu película favorita? No lo recuerdo

Resulta que tengo también una hija de seis años. Con ella no siento lo mismo que con el resto del planeta. Es una sensación especial amparada por la intuición. Quizás porque sus ojos sinceros no están vidriosos. Quizás porque cuando me miro en el espejo la veo un poco a ella. A pesar de todo estoy empezando ahora a quererla.

Todo mi futuro está basado ahora, sin embargo, en la confianza. Confianza en los que no conozco, confianza en los que me cuentan cómo me veían, no cómo realmente era. Me resulta difícil confiar en la gente al principio más si las versiones son algunas contradictorias. Es complicado e incómodo ser quien dicen que soy sin poder sentirse de verdad uno mismo. Pero lo que es imposible es no defraudar a quien espera un abrazo, un beso, un gesto de aquél que un día les amó pero que murió con su memoria aquel 4 de Diciembre.

En este tiempo he viajado mucho. Me han ‘paseado’ por la que dicen fue el hogar de mi infancia. He visitado mi antiguo colegio donde me recordaban como “El Canalla”. He visto los trofeos y vídeos de mis mejores partidos de un deporte del que ahora soy mediocre. Puedo jugar de nuevo, tengo el mismo cuerpo y las mismas habilidades, pero haber perdido la memoria emocional influye en la manera de entender el fútbol. Dicen mis médicos que cuanto más antiguo sea el recuerdo más posibilidades hay de que aflore con las nuevas experiencias. Pero es desalentador que, hasta ahora, no se hayan desencadenado ninguno.

Lo peor de todo ha sido darse cuenta del daño -ahora involuntario- ocasionado por un pasado turbio y violento. Desenmascarar mi parte más oscura y lúgubre a medida que escarbaba en el olvido ajeno ha sido muy doloroso. Afortunadamente no me atormenta porque ya no me pertenece. El vértigo de que se reproduzcan conductas pérfidas existe, pero ahora ya no me reconozco como aquél que maltrató a la madre de mi hija y fue expulsado de casa de los amigos, entrando en una espiral de autodestrucción, alcoholismo y soledad.

Ahora soy libre y verdadero dueño de mi escueto pero ya digno pasado. Mi vida no ha hecho más que comenzar. Parece como si el destino quisiera darme una nueva oportunidad.

Estoy de vuelta. Ahora soy mejor persona.

David Fitzpatrick

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Fuentes y enlaces

Extraordinary People: The Man With No PastLa historia de David es un pasaje de la serie “Extraordinary People“. Casos reales de gente con historias insólitas. La amnesia disociativa o fuga disociativa es un trastorno mental no orgánico (no hay enfermedad cerebral de por medio) que puede explicarse por alguna experiencia traumática. Puede afectar a cualquier individuo sano y, además de la amnesia psicógena, puede producir estados depresivos severos, perplejidad, angustia y diversos grados de un comportamiento de búsqueda de atención. Sorprende la rápida aceptación del estado por parte del paciente. El caso de David es absolutamente extraordinario por el grado de afectación de sus recuerdos. Otras fuentes al servicio de documentación de la historia, aquí, aquí y aquí. Todas las fotos son ‘pantallazos’ del excelente documental “The Man With No Past” que podéis ver íntegro aquí (primera parte 22 minutos) y aquí (segunda parte 25 minutos) todo en inglés.

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-Fitzcarraldo y el barco que subió una montaña.

-La vida en Polaroid.

-El samaritano digital

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El alpinista que descendió reptando y con los tobillos rotos “El Ogro” en el Karakórum.


La guerra entre hombre y montaña es milenaria. Todavía sobrecogidos por la batalla perdida en el Latok II quiero regalaros una aventura espectacular. Una victoria de un hombre que hizo historia al doblegar una de las montañas más peligrosas del mundo: el “Baintha Brakk” conocida también como ‘El Ogro’, por el respeto que suscita. El británico Doug Scott la coronó por vez primera y , con ambos tobillos fracturados por accidente, la descendió durante 7 días reptando y deslizándose en lo que se considera una de las mayores hazañas del alpinismo.

Ogre from the west summitEl Ogro de 7.285 metros visto desde la cumbre oeste

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“El Ogro” es una montaña muy escarpada de 7,285 metros situada en una sub-cordillera del gran Karakórum (en turco: “pedregal negro”). Su nombre hace honor a su leyenda y sus formas  (su cara este es una gran pared vertical de roca) han intimidado y coqueteado con decenas de alpinistas. Muy pocos osaron desafiarla y la mayoría salieron derrotados en su sometimiento. Sólo 2 expediciones de las más de 20 organizadas a lo largo de la historia han conseguido hollar su cumbre. Doug Scott y su compañero Chris Bonington (dos de los mejores alpinistas de la historia) fueron los primeros en ‘pinchar’ la bandera británica en la cabeza del Ogro. La expedición organizada para el verano de 1977 y que alcanzó la cumbre el 17 de julio la completaban Mo Anthoine , Clive Rowland, Nick Estcourt, y Tut Braithwaite; los mejores alpinistas del momento y que prepararon un ataque conjunto y por varios flancos para intentar doblegar el pico.

Crawling-down-the-Ogre_resizeDoug Scott descendiendo, ya con los tobillos rotos, el Baintha Brakk . Fuente

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Tuvieron que pasar más de 30 años hasta que otra expedición lograra coronar de nuevo “El Ogro”. El 21 de Julio de 2001 un grupo de alpinistas alemanes  (Urs Stöcker, Iwan Wolf, y Thomas Huber) lograron alcanzar la cima pero por una vía mucho más sencilla que la de los ingleses.

El cúmulo de desgracias y accidentes de la expedición pionera convirtieron la empresa en una aventura inolvidable muestra de la tenacidad y empeño de un par de hombres por doblegar a la gran ‘bestia’. El primer intento de alcanzar la cima después de levantar el campo base fue por la perpendicular al gran espolón central. Una pared de roca de más de 1500 metros de altura que  intimida sólo con ver su sombra. Al intentar avanzar, el desprendimiento de una piedra impacta en la cadera de Tut Braithwaite produciendo una dislocación y la primera de las bajas de la expedición.

El segundo intento se produciría por el flanco oeste, no tan vertical pero tampoco menos peligroso por la presencia de grandes ‘seracs‘ mezclados con roca y hielo. Por ahí el grupo logro establecer un campamento a 6.400 metros de donde poder organizar el asalto final a la cumbre oeste para más tarde acometer la principal.

Crawling down the OgreDoug Scott en medio de una ventisca. Observar como protegía sus rodillas para los apoyos. Fuente

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A la cumbre oeste partieron Doug Scott, Chris Bonington, Mo Anthoine, Clive Rowland logrando hollarla, no sin dificultades,  el 15 de julio. Muy animados por el éxito deciden ‘rapelar’ hasta el collado que separa la cumbre oeste de la principal y vivaquear allí en una cueva de nieve construida por ellos y asaltar la principal a la madrugada siguiente.  Mo Anthoine y Clive Rowlandlos abandonarían el intento por falta de energías.

El 17 de julio tras más de 15 horas seguidas de escalada  Doug Scott y Chris Bonington hacen cumbre por primera vez en el ‘Baintha Brakk’ sin percatarse que la noche acechaba sin tregua, convirtiendo el descenso hasta el collado en una peligrosa aventura. En el primer rápel Doug Scott se resbala y queda colgado de la cuerda. En el péndulo de recuperación calcula mal y da con sus huesos en las rocas; resultado: gafas rotas, dos tobillos fracturados y la sensación de haber cavado allí mismo a 7.200 metros su tumba. Panorama muy sombrío.

Tras los gritos de dolor el silencio. No podía apoyar los pies de ninguna de las maneras. Por unos instantes Doug pensó que era el final. No habría posibilidad de que su compañero cargara con un inválido hasta el campamento base. Decidió reptar, decidió luchar.

Ogre_subidaEscenas de la subida al ‘Ogro’. Nada hacía presagiar la aventura que estaba por venir

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A la mañana siguiente, tras dormir en una repisa, Doug y Chris iniciaron un descenso que duraría más de 7 jornadas completas. Su escasa velocidad y la falta de ritmo hizo que sus compañeros del campo dos les dieran por muertos e iniciaran erróneamente la retirada. Sólo sus compañeros Mo Anthoine y Clive Rowlandlos que permanecían aún en el collado, pudieron unirse a la pareja en la parte final del descenso.

Los tramos se combinaban. Unas veces, las menos, Chris cargaba como podía y a sus espaldas con el maltrecho Doug. Otras, Doug se deslizaba sobre sus rodillas y ayudado de la cuerda y la pendiente rapelaba muy despacio hacia el vacío. Cuando la pendiente amagaba con suavizarse Doug reptaba con sus codos y se desplazaba, muy despacito, en posición horizontal. Los últimos cinco kilómetros los hizo también a cuatro patas (sobre sus rodillas) destrozándose las rótulas  y las muñecas por el inusual rozamiento.

Pero los accidentes no habían terminado. Tras dos jornadas refugiados por una fuerte tormenta en una cueva de nieve y en las que Chris contrajo una severa pulmonía, continuaron con el descenso. Las debilidades del nuevo enfermo le hicieron más impreciso y acabó por romperse un par de costillas en una caída fortuita. Ya eran dos los impedidos.

Al séptimo día llegaron, maltrechos, al campamento base donde todos les daban por muertos, y donde todavía les quedaba por vivir el último contratiempo después de esperar un largo tiempo a las asistencias. Al subir al helicóptero de salvamento, éste se precipitó al vacío sufriendo un aparatoso accidente, afortunadamente sin víctimas pero que demostró que, por esta vez, la suerte acompaño al hombre hasta el final. La batalla con ‘El Ogro’ se había ganado pero la guerra con la montaña sigue aún vigente.

Doug ScottDoug Scott después de descender ‘El Ogro’. Fuente

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Enlaces y fuentes

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Doug Scott y su compañero Chris Bonington en la actualidad

Impactado por la reciente tragedia quería escribir algo de montaña en recuerdo de Óscar Pérez. Varios días imaginándome su situación, su eterna espera, su terrible soledad; me dejaron muy tocado. Sólo imaginarme alguna batalla ganada podría compensar el dolor de su memoria. Como siempre y sabiendo de mi desasosiego una gran amiga acudió al rescate y me dio el chivatazo de esta fabulosa historia. Os recomiendo que no la perdáis de vista aunque es complicado. No para (@nonestop) y además es periodista.

Doug Scott y Chris Bonington no terminaron sus carreras como alpinistas en ‘El Ogro’. Todo lo contrario, sólo fue el principio de una de las mejores parejas de escaladores de la historia. Doug Scott también ha escalado el Everest y los “Seven Summits”. Chris ha subido cuatro veces al Everest y por primera vez al Annapurna por la cara sur. Fue nombrado Caballero del imperio Británico. Otras fuentes al servicio de la documentación aquí, aquiaquí, aquí, aquí y en este libro. En este vídeo podéis ver una reciente entrevista a Doug Scott

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-30 años de soledad en las montañas de Alaska.

-Poon Lim o la soledad del náufrago que sobrevivió 133 días a la deriva en una balsa.

-Evasión en globo sobre el Telón de Acero

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Valentina. La niña que dormía entre los muertos.


Se cumplen ahora 15 años del genocidio de Ruanda. Una marca indeleble de infamia en el corazón del medro humano. Valentina Iribagiza tiene ahora  27 años y es ejemplo vivo de la memoria de aquella barbarie. Valentina, con 12 años, fue una de las escasas supervivientes tutsis de la matanza de Nyarubuye. Sobrevivió a los machetazos hutus y permaneció escondida entre más de 2.000 cadáveres en la Iglesia del pueblo durante 43 días; mimetizando un hilo de vida entre el hedor a muerte y el odio racial e irracional que emborrachó a toda una nación.

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Cráneos de tutsis asesinados en el interior de la iglesia de Nyarubuye (hoy memorial). Fuente

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Valentina vivía con sus padres y seis hermanos en Nyarubuye, una tranquila aldea al sureste de Ruanda. Hasta principios de los 90 la convivencia entre las etnias hutus u tutsis se basaba en el respeto simbiótico heredado de siglos de enfrentamientos y polémicas sin sentido. Los hutus no olvidan las afrentas de los antepasados tutsis quienes protagonizaron en el siglo XVI diversas campañas militares para acabar con los príncipes hutus y colgar sus genitales en los tambores de guerra que luego tronaban por todo el país.

“En 1993, todo cambió. Estabas en clase, por ejemplo, y la gente te preguntará si eras tutsi. Siendo sólo un niño,  no lo entiendes, y  terminas por decir que sí. A partir de entonces, eras intimidado, especialmente por los niños hutus mayores, que te quitaban tus cosas y te amenazan”. Valentina Iribagiza

Extracto traducido de una entrevista a Valentina. Fuente

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El asesinato del presidente Habyarimana y el avance del Frente Patriótico Ruandés desencadenó el derrame de odio e inquina por toda Ruanda. Empezaron las matanzas y la quema de casas por parte de las milicias hutus, obligando a un desplazamiento masivo de personas hacia campos de refugiados situados en la frontera con los países vecinos. Valentina y su familia se resguardan en la iglesia de Nyarubuye al cobijo de una inmunidad ficticia junto con 2.000 tustis y hutus moderados.

“El viernes 15 de abril llegaron los asesinos, encabezados por Sylvestre Gacumbitsi , el alcalde de mi ciudad. Reconocí a muchos de mis vecinos hutus entre los más de 30 hombres que rodeaban la iglesia. Llevaban  cuchillos y machetes […] Primero nos pidieron  entregar dinero, diciendo que aquellos que pagaran se librarían de la muerte. Pero después de coger el dinero  les dieron muerte a todos . Comenzaron entonces a arrojar granadas. Vi a un hombre reventado volado por los aires, en trozos. Decían que éramos serpientes y que para matar a las serpientes tenían que romper la cabeza. […]” Valentina Iribagiza

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Libro Bautismal sobre cama de huesos humanos en la iglesia de Nyarubuye. Fuente

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Esa tarde (15 de Abril de 1994) comenzó la carnicería en la Iglesia. Por la noche desaparecieron los asesinos pero volvieron al día siguiente, y al siguiente, y al siguiente… con más refugiados y los machetes entre los dientes. Más de 10.000 personas murieron en Nyarubuye; unos 2.000 cuerpos descansaban en la Iglesia.

Valentina, siguiendo el instinto maternal, se había escondido entre aquellos cadáveres, junto a su madre y fingió estar muerta. Antes de eso había recibido muchos golpes, un profundo hachazo en la cabeza y le habían seccionado cuatro dedos de la mano derecha. La sangre y la calma eran el mejor de sus disfraces y, a la postre, lo que le salvó la vida.

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Iglesia de Nyarubuye (Hoy memorial del genocidio) lugar de la matanza. Fuente

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Cuatro días estuvo apenas sin moverse, aguantando la respiración al menor movimiento y siempre arropada por los cuerpos de su propia familia y  bebiendo el sucio agua de lluvia de abril que se colaba por las heridas de la propia iglesia. Presa del pánico, sus escasos movimientos eran calculados al compás del silencio del enemigo.

” […] Era muy tarde, alrededor de las 2:00 am, cuando los hutus regresaron […] Si encontraban a alguien con vida, le aplastaban la cabeza con piedras. Vi como golpeaban (una contra otra) las cabezas a dos hermanos conocidos hasta su muerte […]. Uno de ellos pisó mi cabeza. Agitó su pie para ver si yo estaba viva. Dijo, “Esto está muerto”, y se fue. Viví entre los muertos por un largo tiempo. Por la noche, los perros venían a comerse los cuerpos. Una vez noté que el perro se estaba comiendo a alguien a mi lado. Le tiré algo y huyó mientras los soldados vigilaban el perímetro para que nadie escapara. Me escondí en una dependencia más pequeña y con menor número de cadáveres. Ahí es donde dormité y aguanté durante 43 días.” Valentina Iribagiza

Valentina pasó su cuarentena más difícil entre cadáveres, amparada por la muerte que tanto temía. Su cobijo y su defensa  eran los cuerpos putrefactos de toda la comunidad junto a la que había crecido y a la que seguía viendo día a día, pero ahora con los párpados ya caídos para siempre.

valentine2Valentina Iribagiza poco después de ser rescatada y unos años más tarde. Fuente

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El poco alimento que recibía se lo entregó algún que otro niño sano, pero también escondido, en las inmediaciones de la iglesia y que aprovechaban su clandestinidad para llevar a su compañera frutos silvestres y semillas maduras del campo.

Su cuerpo, maltratado a golpes y heridas (apenas se podía arrastrar), se iba descomponiendo en vida, infestándose de larvas, piojos y toda la herrumbre que precede a la muerte. Con mucha dignidad y consciencia, esperaba  el acecho del más temido de los tránsitos; al fin y al cabo nada podría ser peor que aquel infierno. Se consolaba.

A la mañana del cuatrigésimo tercer día un soldado de la Interahamwe
que entró a reconocer la iglesia se topó, en un descuido, con una Valentina viva pero seminconsciente y demacrada. La levantó con una sola mano y dijo : Ha llegado tu hora. Te voy a ahorcar y dejar en el mismo sitio”. El único resquicio de suerte en la vida de Valentina ocurrió cuando más lo necesitaba. Un grupo de militantes del FPR, acompañados de un soldado francés, interrumpió la maniobra del salvaje y rescató a la niña de su última batalla, a desventaja,  con la muerte. Se la llevaron a Kibungo, donde pasó más de seis meses en el hospital recuperándose de las terribles heridas.

¡¡Valiente Valentina!!

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Fuentes y enlaces.


1944331.47Estaba preparando otra crónica sobre el genocidio y me topé aquí, de casualidad, con la historia de
Valentina. Inmediatamente me cautivo su coraje y decidí aparcar para otra ocasión el otro relato. No hay muchas imágenes de Valentina pero si dos  documentales de los que extraje el vídeo que ilustra el post (ver en youtube) . Otras fuentes, además de las ya enlazadas,  para el servicio de documentación aquí, aquí, aquí y aquí.

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-Poon Lim o la soledad del náufrago que sobrevivió 133 días a la deriva en una balsa.

-Hakani. La niña que nació de la tierra

-Fitzcarraldo y el barco que subió una montaña.

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El hombre que atravesó una montaña.


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Cuando la tozudez se mezcla con la avaricia fabrica historias para la memoria. William Schmidt, alias “el burro”, era un minero seducido por la fiebre del oro que emigró con lo puesto al desierto de Mojave en busca de fortuna. La codicia y el miedo a los robos por compartir rutas con otros aventureros le llevaron a cavar, él solo, un pasadizo en la montaña directo a la fundición comunal. 38 años tardó en horadar , en secreto, 800 metros de una galería que se convirtió en monumento a la intrepidez amén de legado para generaciones incrédulas.

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William Henry Schmidt y el interior del “Burro Tunnel”. Fuente

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William Henry Schmidt nació en Woonsocket, Rhode Island, en enero de 1871. Con tan solo 24 años contrajo la misma tuberculosis que había matado a seis de sus hermanos. El médico le echó un semestre más de vida si no cambiaba de aires lo antes posible. Con ello, W. H. Schmidt decidió aventurarse al Gran Desierto de California buscando bajas humedades y nuevos aires como excusa para conquistar su ‘Dorado’ particular.

A finales de 1890 Schmidt se encontraba trabajando para la Kern County Land Co. en Bakersfield, California. Una de las grandes corporaciones de suelo y minas que explotaban el hierro de la zona. Al principio, la enfermedad de Schmidt traducía en ineficacia su rentabilidad en el trabajo. Poco a poco, la sequedad del ambiente fue moderando su tuberculosis y le permitió desvincularse del trabajo por cuenta ajena para alimentar su particular fiebre dorada.

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Estado actual de la entrada del “Burro Tunnel”. Fuente

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En 1906, durante su estancia en la Kern, Schmidt descubrió varios yacimientos auríferos en la ‘Copper Mountain‘, un macizo de 3.750 metros situado en Summit County, Colorado. Después de solicitar los respectivos permisos  de explotación personales se trasladó, con lo puesto, a la cercana localidad de Garlok, en la montaña negra de “El Paso” (California) para establecer el campamento base de su atrevida empresa. Era el último pueblo antes de alcanzar la soledad, 32 kilómetros más arriba.

Para llegar a su yacimiento tenía que atravesar un estrecho desfiladero (‘Last Chance Canyon‘ o Cañón de la última oportunidad) sólo apto para personas y animales de carga. Schmidt adoptó dos Burros abandonados (de ahí su apodo) que fueron su única compañía durante muchos años.  Schmidt amaba la soledad, y no le importaba trabajar y vivir en el infierno si con ello podía anhelar riquezas antes soñadas pero nunca vistas.

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Vista aérea de la montaña que atraviesa el “burro Tunnel”. Fuente

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La minería del oro era una labor muy solitaria e ingrata, con suma competencia y de requerimientos muy obstinados. Una vez evaluado en el desierto el yacimiento y sus posibilidades (normalmente en localizaciones inhóspitas) lo importante era calibrar las rutas de abastecimiento de agua y provisiones y el camino más corto a la fundición y a los compradores de mercancía. El problema era que Schmidt se hallaba a más de 30 (duros) kilómetros de núcleo habitado. Distancia insalvable con periodicidad. Pero la acumulación de pepitas y enseres no era recomendable por los continuos asaltos y pillaje que reinaba en las cuencas de explotación.

Por ello (el) Burro Schmidt, después de asentarse en su filón durante dos años en los cuales construyó una mini cabaña (1902) con maderas secas y retales mineros; decidió tomar un atajo en su ruta hacia el destino. ¿Por qué no trazar, en secreto, un túnel directo hasta el otro lado de la montaña evitando el peligroso desfiladero?

La excavación comenzó, con apenas un par de martillos y un viejo pico, en 1900 cuando Schmidt contaba ya con 29 años y se prolongó durante 38 años hasta mediados de 1938 (66 años). Jack y Jenny (los burros) fueron sus únicos compañeros durante años pero, debido a su pésimo estado, ni siquiera colaboraron con la extracción de escombros, siendo estos sacados en su totalidad por el único  ‘Burro’ que quedaba.

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William Henry Schmidt sentado a las puertas de su cabaña. Fuente

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El túnel tenía (y tiene)  una altura de 1,80 metros y su con una anchura de hasta 5 metros (en algún tramo) para una longitud total de casi 800 metros. Al final la altura del túnel es menor conforme las fuerzas y la columna de su escultor iban decayendo por la edad. Recto en su totalidad amén de un par de codos al final como buscando desesperadamente la salida. No necesitaba apeos de madera pues estaba escavado en roca pura.  La dureza extrema de sus paredes requería de dinamita para poder horadarlas en condiciones. Schmidt sacrificó parte de sus rendimientos en el avituallamiento de explosivos, pero éstos escaseaban y nunca fueron suficientes para reventar la roca con garantías. Cuentan sus legatarios que, conforme el túnel era más profundo, las explosiones eran cada vez más peligrosas porque solían pillar a Schmidt dentro de la galería, incapaz (por las cortas mechas) de correr lo suficiente para escapar de la onda expansiva.

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Estado actual de la cabaña de William Henry Schmidt . Fuente

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Conforme pasaba el tiempo la empresa de atravesar la montaña se transformó en una obsesión. Dedicaba más tiempo a la galería que a la extracción del oro. El empeño de Burro Schmidt por abrir a la luz el otro extremo del pasadizo era sólo comparable al tamaño de su soledad y su iniciativa, por incomprendida, ayudó a forjar la leyenda.  La temperatura constante en el interior  (unos 22ºC ) convertían el túnel en el mejor de los refugios frente a las duras condiciones del desierto (50º C) y Schmidt acostumbraba a vivir y pernoctar, pico en mano, en el extremo más profundo de su obra.

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Interior (detalle)  de la cabaña de William Henry Schmidt . Fuente

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‘Burro’ Schmidt se perdió, durante su encierro, la Primera Guerra Mundial , la gran caída de la bolsa y la posterior depresión. Su desgracia y desdicha fue la llegada, en 1930, del ferrocarril para cubrir por el cañón la ruta que él mismo pretendía salvar con su túnel. Incomprensiblemente y herido en su orgullo (el) ‘Burro’ Schmidt continuó 8 años más hasta ver culminado su sueño.

Calculando volumétricamente y a posteriori la cantidad de roca extraída de la galería; los investigadores han concluido que Burro’ Schmidt extrajo en total 5.800 toneladas de piedras; unos 450 kilogramos al día, de media,  durante los 38 años que duró tan singular desafío. Más de 70.000 horas de trabajos forzados.

‘Burro’ Schmidt murió en enero de 1954 con 83 años e inconsciente de su hazaña. Su cabaña y el túnel (en medio de la nada) se conservan intactos custodiados hasta hace muy poco por una vieja y enigmática funcionaria del estado que (re)vivió en soledad los viejos fantasmas que asolaron la mente del bueno de Schmidt. Cerca  de la (intacta) cabina que construyó Schmidt , la señora Tonie Seger reparte anecdotario mientras se pueden observar los destartalados instrumentos de hace más de 70 años mezclados con revistas modernas y viejos papeles  que forran las paredes protegiendo del mismo calor que sufrió en su día el señor William Henry Schmidt alias “El burro”.

Un paseo por el “Burro Tunnel” (sonido censurado por vete-a-saber-qué)

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Fuentes y enlaces.

La historia la encontré en la fantástica Futility Closet, hay cantidad de fuentes donde encontrar información como aquí, aquí, aquí, aquí y aquí. También en Flickr hay muchas fotos de turistas que visitan la zona. Y aquí la web oficial del “Burro Tunnel”. Tonie Seger, la última cuidadora del complejo, murió en 2003 a los 95 años.  De forma espontánea y como prenda a sus 40 años al servicio de curiosos, los turistas le han dedicado este extraño monumento póstumo.

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