Nacida de padres blancos, ultraconservadores y prosélitos del Apartheid, Sandra Laing heredó por la gracia de Mendel y de unos lejanos antepasados, la piel negra de una raza por siempre agraviada. El pigmento silente de un ancestro desconocido había despertado en el peor sitio y momento. Sandra nació negra, pero la ofuscación y presión familiar la convirtieron en una blanca ‘postiza’ hasta que la mentira reventó. Esta es la fantástica y ridícula historia de la búsqueda de una identidad perdida dentro de un régimen tan absurdo como irracional.
Sandra Laing posa junto a sus padres Abraham y Sannie. Fuente
Sandra Laing tiene ahora más de 50 años. En el gesto recio de su retrato se adivina un pasado difícil. Medio siglo luchando por encontrar un hueco en la misma sociedad que por la mañana, en el seno de una familia de fieles ‘afrikaners‘, le daba de comer; mientras que por la tarde, con el carné de su piel por toda documentación, le impedía circular libremente por la calle. Una infancia con dos identidades de derechos opuestos que minaron su confianza en el sistema y ridiculizaron las bases ideológicas del oscuro régimen.
«Mi padre siempre me decía que era blanca. Él pensaba en mí como ‘su niña blanca’ «. Sandra Laing
Sandra nació en 1955 en Piet Retief, epicentro del integrismo ‘negrero’ y afortunado paraje de bosques perennes y minas doradas. Cuentan las fuentes familiares que la cara de sus padres al recibirla en este mundo fue épica. Dos árboles genealógicos más blancos que el pulido marfil africano ahijaban, por la gracia de su Dios blanco, el castigo de una niña ‘manchada’ de piel pero con sangre de su misma sangre. Paradójicamente el mismo ‘principio de segregación’ que profesaban en comunión con la doctrina ‘afrikaner’ es el que determinó el color de la piel de su discípula:
Sus progenitores (Abraham y Sannie) defendían a muerte la pureza de sus ancestros; catalogación muy común, por entonces, para atestiguar ‘alto pedigree’ y el abolengo de los pulcros linajes afines al movimiento. Pero un gen recesivo de alguna generación muy lejana y descatalogada -seguro por vergüenza- pasó a manifestarse como ‘dalla justiciera’ en manos del inocente. Los ojos mostraban una certeza que la razón anulaba por deshonra de la impureza de su casta. Una prueba de ADN posterior confirmóla paternidad de Abraham y Sannie. En 1967 el gobierno sudafricano, a instancias del padre de Sandra, aprobó una ley que declaraba ‘blancos’ en derecho a todos los hijos de padres blancos. Sandra Laingblanca y la incoherencia al servicio del racismo.
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Sandra Laingcon su hermano y su madre y en el colegio de blancos ‘Deborah Retief‘. Fuente
Los primeros años de la infancia de Sandra fueron tan blancos como el expediente de sus progenitores en el ritual burgués ultraconservador. Colegio y costumbres de blancos salpicados con adoctrinamiento antisubversivo en la Iglesia Reformista Holandesa. El color de la piel y los rizos del pelo eran obviados con disimulo ignorante por su progenitor, no así por los extraños. Siempre que podía, su madre la apartaba del sol para impedir remarcar su pigmento natural mientras peinaba sus rizos diariamente con potingues oleosos en una lucha alisadora imposible. Sandra no entendía nada. Más adelante su padre abusaría de las cremas despigmentantes que abrasarían varias veces la cara de Sandra.
Después de 5 años en la ortodoxa escuela infantil Deborah Retief y tras la marginación ejercida por toda la comunidad infantil al grito de «cafre» o «negra sucia» fue expulsada, con 10 años, por la dirección, que informó convenientemente a las autoridades. Dos policías la escoltaron, entre lágrimas, a su casa. Sólo el test de ADN y la potestad de su padre al frente del Partido Nacional-racista salvaron a Sandra de una segura deportación al ‘gueto negro’ de la ciudad, abandonando el domicilio familiar.
Pero la niña fue rechazada por la iglesia tradicionalista y repudiada por todo su comunidad. No podía relacionarse con ningún blanco y hasta nueve colegios negaron su nueva escolarización. El padre apeló a la recalificación de 1967 pero la ley fabricada por él mismo no cambiaba el color de su piel para evitar los prejuicios ajenos.
Sandra empezó a frecuentar entonces amistades de color. A los 16 años se fugó a Swazilandia con un frutero zulú llamado Petrus Zwane con el que más tarde se casó y tuvo dos hijos. Su padre no se lo perdonó nunca por traicionar los ‘ambiguos’ principios que le había inculcado. Le retiró el saludo, acusó a su marido de secuestro y prometío recibirla con disparos, primero a ella y luego a Petrus si pisaban de nuevo sus tierras. Murió antes de volver a hablar con ella.
A la vuelta a su tierra natal, Sandra tuvo que asentarse en el gueto, sin agua ni electricidad y sometidos a la dureza del Apartheid. Le retiraron la custodia de sus propios hijos por la misma ley que modeló su padre y que impedía la convivencia de dos razas bajo un mismo techo: ella era todavía legalmente blanca. Sobrevivió hasta la caída del Apartheid en 1990 y a otro matrimonio, para, después de 30 años, volver a ver a su madre y reconciliarse.
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Enlaces y Fuentes
El reencuentro
Muy pronto se va a estrenar una película sobre la vida de Sandra Laing. Skin, dirigida por Anthony Fabián, ha ganado varios premios internacionales y es una apuesta por dignificar la vida de Sandra. Puedes encontrar otras fuentes al servicio de documentación aquí: 1,2,3,4,5,6. También podéis ver un documental muy interesante sobre Sandraaquí.
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La distribución de beneficios en la explotación del petróleo amazónico está muy desequilibrada. El llamado «Chernobyl de la jungla» o mayor desastre petrolífero de la historia, perpetrado por la negligencia criminal de la multinacional Texaco; ha supuesto el exterminio de varias etnias, la desforestación y contaminación de millones de hectáreas y la violación de los derechos humanos indígenas a costa del enriquecimiento del bando esquilmador. Esta es la crónica completa de la mayor demanda judicial de la historia interpuesta por los afectados.
Extracto muy significativo del reciente y polémico documental «Crude» de Joe Berlinger y que ha levantado el interés, de nuevo, por el caso del Chernobyl Amazónico.
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La pesadilla indígena comenzó en 1967, con la llegada de Texaco (ahora Chevron) a la selva ecuatoriana. Hasta entonces un pequeño pozo inaugurado en la Península de Santa Elena (Ecuador) en 1911 era el único reducto de este tipo de explotación energética experimental y, por entonces, nada rentable. Tres años antes Texaco había conseguido una ‘concesión’ teledirigida del gobierno, de más de millón y medio de hectáreas para prospectar pretróleo a sus anchas y sin ningún rigor medioambiental. Hasta 1990 -cuando abandonó la extracción- Texaco ya había perforado más de 400 pozos, sólo en la Amazonía Ecuatoriana; extrayendo -sin contar los derrames- casi veinte mil millones de barriles de crudo, lo que equivale a 25 años de todo el consumo actual de petróleo y gas en España.
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Una de las ‘piscinas de petróleo’ abandonadas a su suerte en la región. El gas se sigue quemando durante 24 horas al día desde que se inaguró el pozo. Fuente
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Es muy curioso que, según varios estudios antropológicos, un siglo antes de la invasión-Texaco; los indígenas hablaban de un elemento negro y viscoso que brotaba de forma natural de la madre tierra y que tenía cierto rendimiento energético y hasta medicinal. La primera relación pues del indígena con el ‘oro negro’ era moderada y sostenible… hasta que la mano avariciosa y los brutales y descontrolados procesos químicos de extracción, rompieron la armonía del recurso natural para ponzoñar el desarrollo sustentable de estas tribus y su entorno.
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Una tubería rota, parte de una instalación abandonada, sigue emitiendo tóxicos en un pozo de Shushufindi, Ecuador. Fuente
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¡Este acuífero huele a gasolina!
El gran error de la desaparecida Texaco (adquirida por Chevron con todas sus ‘cargas’ en 2001), presa de la codicia del pionero y desestimando su responsabilidad como tal, fue obviar los reglamentos de extracción vigentes (por entonces bastantes permisivos pero muy claros) para utilizar, en su beneficio, los métodos prospectivos del desierto que rentabilizaban al máximo sus avaras inversiones. Como fueron las primeros, se les exoneró de culpa y negligencia con la excusa de la generación de riqueza en zona pobre. Vía libre a la rapacidad del poderoso.
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Más de 900 piscinas al aire libre de residuos y ‘aguas de formación’ han sido abandonadas por Chevron-Texaco tras las agotar las extracciones. Fuente
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En toda extracción petrolífera se producen fluidos asociados o «aguas de formación» en los procesos de separación del agua y gas del crudo antes de ser bombeado a los oleoductos. Estos desechos normalmente son devueltos y reinyectados allá de donde nacieron; la profundidad de la madre tierra. En el Amazonas no, era ‘demasiado caro’. Texaco prefirió hacer con estas aguas piscinas tóxicas al aire libre para el ‘olor’ y disfrute del indio amazónico y su ecosistema. Nada más y nada menos que más de 1.000 piscinas artificiales descubiertas, sembradas por toda la Amazonía Ecuatoriana y regadas con agua ponzoñosa y que a día de hoy siguen abiertas y vertiendo tóxicos a la atmósfera y a los acuíferos adyacentes a través del subsuelo. Ver las fotos.
En una de las escenas del documental «Crude» de Joe Berlinger, se puede ver al Presidente ecuatoriano Rafael Correa (grano en el culo del gigante Chevron), visitando a una familia afectada por las filtraciones desde una piscina de formación a su pozo de agua potable: – ¡Esto huele a gasolina! Exclama ingenuamente el mandatario.
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Las instalaciones, basadas en una tecnología obsoleta y barata, carecen de todo tipo de protección contra sabotajes y condicionantes climatológicos. Fuente
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A estos ‘pantanos artificiales de petróleo’ se les unieron los vertidos incontrolados de más de 57 millones de litros de crudo por roturas en los oleoductos, la quema de más de 30.500 millones de pies cúbicos diarios de gas cuyas partículas de combustión son eliminadas directamente a la atmósfera y la ‘plastificación’ de carreteras y caminos amazónicos con productos asfálticos de mala calidad y solubles a lluvias y escorrentías; pero sobre todo, lo que más indigna, es la falta de diligencia en las políticas medioambientales responsables de recuperación en todos los desastres acaecidos.
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Un genocidio en toda regla.
Los primeros años de explotación, el ‘oro negro’ y el cohecho para con los indígenas ocultó la terrible esquilmacíon de recursos tanto medioambientales como humanos. Los afectados han convivido con la enfermedad y con el miedo. Nunca, hasta ahora, se organizaron para denunciar por temor a que las grandes compañías extractoras cancelaran las exiguas ayudas que vendían como contraprestación humanitaria a la cruel explotación. Todavía hoy, centenares de ‘esteros’ engañados, limpian con lo puesto y sin protección alguna las piscinas de crudo mientras bendicen las bondades del gigante y disfrutan la tasa de abortos espontáneos más alta de toda América.
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Uno de los manglares afectados por uno de los 200 vertidos descontrolados de Lago Agrio. Ecuador. Fuente
Las tribu Tetete, por ejemplo, ha desaparecido ‘literalmente’ del mapa por la acción directa de Texaco. No se trata de una teoría izquierdista sobre la evolución natural de los últimos reductos indígenas. La causa directa de su extinción fue la desforestación y los vertidos en el entorno del Lago Agrio (su nombre se lo dio el petróleo) a causa de los mecanismos utilizados en las perforaciones en un territorio ‘sin ley’ por parte de la multinacional americana. Hoy este exterminio archidemostrado sigue sospechosamente impune.
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¿Cómo se puede limpiar un vertido en mitad de la selva amazónica?. Mejor huir. Fuente
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La culpa es de los Indios.
La multinacional, potentada en recursos, ha creado un lobby complejo y poderoso entorno al caso. Durante estos años de lucha, las diferentes ‘perlas’ de sus abogados, representantes y directivos de la empresa, además de mostrar el ‘pensamiento oficial’ del emporio respecto al daño ocasionado, han emponzoñado el proceso y sus reverberaciones en la opinión pública.
– «El petróleo no produce cáncer. Las enfermedades de los Indígenas son producto de la falta de higiene». Silvia Garrido. Abogada de Chevron-Texaco, obviando que uno de los componentes del crudo es el benceno, un potente cancerígeno.
– «No se han encontrado elementos tóxicos que terminen de responsabilizar a Texaco». Jaime Varela, representante de Chevron-Texaco en el Ecuador; contradiciendo todas las pruebas aportadas en juicio incluso por su propia compañía.
– «Yo me maquillo todos los días, poniéndome una forma de ‘petróleo’ en la cara. Y no significa que vaya a enfermar por ello». Silvia Garrido, abogada de Chevron-Texaco durante una reciente entrevista. Sin comentarios.
El colectivo indígena demanda justicia a las puertas del juzgado que lleva el caso en Lago Agrio. Marzo de 2007. Fuente
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– «Nosotros limpiamos el daño en el Ecuador y ya no somos responsables»
A mediados de los 90, Texaco pagó unos 40 millones de dólares para una supuesta limpieza a cambio de la firma del necesitado gobierno ecuatoriano para que le eximiera de responsabilidades futuras. La fraudulenta ‘remediación’ consistió en llenar de arena y chatarra algunas de las piscinas de petróleo desestimando la purificación de acuíferos y la compensación y cura de los enfermos. Más tarde se demostró la falsificación en el número de piscinas limpiadas y de los análisis efectuados por la compañía para ganarse la firma del gobierno y con ello el indulto. Esto ocasionó una cruenta batalla legal entre Texaco y el Estado Ecuatoriano ante la Corte Federal de EEUU. El litigio aún continua.
– «Altos niveles de materiales tóxicos se encuentran de manera natural en el suelo del Amazonas»
Texaco pretende hacer creer que unos niveles de 40.000 mg/kg de bario en la tierra es una cantidad ‘natural’. La manipulación que ejerce Texaco sobre las tomas de datos en las inspecciones oficiales es flagrante y está demostrada en muchos documentos. Intentando imponer siempre sus ‘ridículos’ protocolos de medida por encima de los peritajes aprobados por los organismos oficiales. Y, como en este caso, rozando el ridículo más espantoso.
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El proceso de limpieza y ‘remediación’ que ha efectuado Texaco consiste en rellenar con tierras del lugar las balsas oleosas. Este es el resultado. Fuente
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– «El documental de Berlinger está lleno de emoción, pero escaso de hechos […] La principal causa de los problemas de salud en el oriente ecuatoriano, donde se realiza la actividad petrolera que enfoca la película, es la contaminación del agua, pero no por el crudo, si no por la falta de saneamiento básico en la zona, donde los desagües de los municipios desembocan sin tratamiento en los ríos y riachuelos de la región». James Craig portavoz de Chevron-Texaco , sobre el documental «Crude«
La mayor demanda de la historia es también el mayor fiasco jurídico de la historia.
La contaminación del amazonas es el peor de los vertidos de crudo que se ha producido a lo largo de la historia, con más de 4.000 kilómetros cuadrados afectados. El nivel de toxinas derramadas en los acuíferos y el subsuelo amazónico es hasta 30 veces superior a los vertidos producidos en Alaska por el Exxon Valdez. Pero su impacto mediático ha sido infinitamente menor debido a la calculada estrategia del lobby occidental para no sentar jurisprudencia en dominios del tercer mundo. El juicio lleva con aplazamientos, retrasos y sin sentencia durante más de 20 años.
En 1993, poco después de la ‘huida’ de Texaco del Amazonas, un pequeño grupo de afectados ‘particulares’, ayudados por dos pequeños despachos de abogados norteamericanos, presentaron una demanda en la Corte Federal de Nueva York, por los daños ocasionados al medio ambiente y a las etnias autóctonas en la utilización de tecnología obsoleta y barata durante sus operaciones petrolíferas. 30.000 indígenas y colonos se unieron en 1995 a la demanda reclamando más de 27.000 millones de dólares como indemnización y bolsa de recursos para ‘limpiar’ el territorio afectado. La justicia americana, en una decisión histórica, resolvió en 2002 enviar el caso a Ecuador ordenando a Chevron-Texaco someterse (sin posibilidad de prescripción alguna) a la jurisprudencia ecuatoriana, por encontrarse allí la mayoría de las pruebas y evidencias. Los dirigentes de Texaco se frotaron -a priori- las manos al saberse infinitamente mejor preparados en una batalla legal contra la inocente justicia de un país del ‘tercer’ mundo. Actualmente, y siempre a coveniencia, reniegan de una supuesta justicia inexperta que podría condenarles por simple ‘presión popular’.
Luz María Marín sujeta la cabeza de su marido Ángel Toala el día anterior a su muerte por cáncer gástrico. Shushufindi, Ecuador. Fuente
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Unas 200.000 páginas de evidencias y 62.000 análisis científicos de laboratorios independientes demuestran que la multinacional ha abandonado a su suerte más de 900 balsas de residuos y ha derramado voluntariamente tóxicos y agua contaminada que, a su vez, ha producido todo tipo de lesiones y males en la población indígena: cánceres, abortos, leucemia, anemias, afecciones de la piel, desnutrición.. etc. Como demuestran prestigiosos informes independientes, como el «Yana Curi» de la «London School of Hygiene and Tropical Medicine«. Todas las pruebas apuntan hacia un lado pero el proceso está cada vez más ‘viscoso’ y empantanado por las inteligentes maniobras burocráticas y demandas disuasorias de los ‘poderosos’ acusados.
Las trabas del organigrama jurídico de la multinacional son calculadas y orquestadas al ritmo de los vértices de su pirámide. El juicio está convirtiéndose en un circo mediático para ganarse el favor de la opinión política -que no pública- y autoridades económicas ejerciendo un poder lesivo e ilícito sobre la corte y el proceso judicial. Sólo el tiempo que llevan de impunidad y de juicios sesgados demuestra la efectividad de su calculada estrategia.
Documental sobre la lucha de los nativos contra la contaminación y la multinacional Texaco (ahora Chevron)
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Uno de los hechos que demuestran el ‘lenguaje legal’ que ha utilizado Texaco-Chevron se produjo en una de las famosas inspecciones ordenadas por el Juez, en las instalaciones petroleras de la antigua Texaco en Guanta, Sucumbios allá por octubre de 2005. Una noche antes de que se produjera la inspección, los abogados de Texaco presentaron al Juez un supuesto ‘informe militar’ que aseguraba un inminente ataque de la etnia Cofán para detener la inspección y tomar como rehenes a directivos de Texaco. El juez se lo tragó y anuló la inspección. Una posterior investigación del Ministerio de Defensa Ecuatoriano demostró que los abogados mintieron y manipularon el informe para lograr la suspensión. Da igual. La recusación acabó con la contratación de un nuevo y potente equipo legal dispuesto a embarullar de nuevo el proceso.
En la primavera de 2008 los acontecimientos dieron un giro inquietante. Un grupo de expertos contratados -en privado- por Chevronrecomendaron el pago inmediato de entre 8 y 16 mil millones de dólares para la limpieza de la zona, y evitar un veredicto dañoso más que probable. Los rumores corrieron como la pólvora y obligaron a la directiva a informar y tranquilizar a los accionistas. Era un simple estudio de confianza interna.
Pero las artimañas imperialistas no acaban aquí. Durante la administración Bush, la directiva de Chevron intentó convencer al gobierno afín para que tomara medidas comerciales con la economia ecuatoriana en el caso de que no detuviera el proceso. El portavoz de la Oficina de Comercio de EE.UU. Susan Schwab, confirmó que estaban considerando la petición. Afortunadamente, con la llegada de Obama, las pautas han sido claras. El grueso del proceso depende de la justicia ecuatoriana.
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Un operario del equipo de abogados indígena, muestra lo que pasa a la prensa cuando sumerges una mano en una de las balsas abandonadas. Fuente
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El 30 de junio de 2009 se produjo la primera de las sentencias que encauzan el proceso a la lógica jurídica. La Corte Suprema del los EEUU negó la apelación a Texaco por la que pretendia impugnar la decisión, ya firme, de un juez que negaba el traslado de responsabilidades de Texaco a Petroecuador por los daños generados en la Amazonía Ecuatoriana. El proceso sigue adelante.
¿Visto ya para sentencia?. Lo dudo
Continuará…
Fuentes y enlaces.
La idea de profundizar en la cronología del ‘negro problema amazónico’ surgió al conocer del impresionante documental recientemente estrenado: «Crude», de Joe Berlinger. Por cierto ampliamente criticado, lógicamente, por los directivos de la multinacional. He intentado que el documento redactado esté siempre apoyado en enlaces coherentes y veraces que ayuden a suscitar la misma indignación que tienen los demandantes frente al infructuoso proceso. Otros enlaces al servicio de la documentación: aquí, aquí, aquí, aquí y aquí.
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Aki Ra no tiene nombre, su apodo se lo puso un periodista japonés cuando con 9 años sostenía un Ak-47 más alto que él con el que jugaba a disparar a ciervos y vietnamitas. Fue un niño soldado que trabajó para 4 ejércitos distintos, colocando minas y luchando con sus menudas y esclavas manos. Aki Ra recapacitó con la madurez que da la adolescencia en Camboya para deshacer el camino minado. Ya lleva más de 50.000 minas desactivadas con sus propias manos, alguna de ellas las mismas que sembró durante la insensatez de su pueril servidumbre.
Parte del botín incautado y desactivado por Aki Ra para su Museo de minas de Camboya. Fuente
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En la década de los 70, con tan sólo 8 años, fue reclutado por los Jemeres Rojos para alimentar la ignominia del Genocidio Camboyano. Los niños eran arrebatados del lazo paterno no con palabras sino con balas. Sus padres fueron asesinados por hacer contrabando de alimentos para los más necesitados. Mientras los ‘soldaditos’ de Pol Pot(1975-1979) ejercían de tutores forzosos para con los huérfanos más desarrollados físicamente, incorporándolos a la disciplina militar como si de la escuela se tratara.
Para Aki-ra todo era una especie de juego. Un juego que ganaba sólo el que sobrevivía. Y él era bueno, muy bueno. Los años le hicieron especialista en la guerra asimétrica y de guerrillas, instruido en todo tipo de armas de asalto y explosivos antipersonas.
» […] Recuerdo cuando preparábamos la comida-trampa. Una olla gigante de sopa con sabrosa carne y verduras que abandonábamos humeante en los campamentos desolados. Los vietnamitas pronto la encontraban y daban cuenta de ella. Nadie sabía que habíamos llenado la olla de veneno extraído de un árbol de la selva. Cuando enfermaban los asaltábamos y los ejecutábamos fríamente […] » Esta era mi vida entonces, dice Aki Ra.
En su infancia no conoció ciudad alguna. Atrapado por la actividad paramilitar y para evitar emboscadas, siempre vivió -asilvestrado- en la selva, lejos de la ciudad más cercana; Siem Reap. Tampoco conocía el miedo:
» […] viendo personas y familiares mutilados y asesinados desde los cinco años te hace perder la capacidad de apreciar el miedo [..] sólo conocía tanques y otros vehículos militares. La primera vez que vi una carretera asfaltada pensaba que era el camino hacia la puerta de una especie de utopía o paraíso […] » Aki Ra.
¿Cómo se desactiva una peligrosa mina antipersonal con una llave y una navaja?. Aki Ra en acción.
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Durante 10 años estuvo colocando minas por todo el país, siendo muy demandado en todos los frentes. Primero trabajó para los mismos que asesinaron a sus padres, los Jemeres Rojos; en el segundo quinquenio de los 80 para el ejército vietnamita y más tarde (1989) para el de Camboya hasta la llegada del arbitraje de la ONU. Fueron estos quién, en una breve instrucción para alertar sobre el peligro de las minas, encendieron la llama del arrepentimiento por todo el peligro ‘sembrado’ durante tantos años.
Poco a poco él sólo fue desactivando las primeras bombas con la experiencia que le daba conocer los secretos y haber ‘diseminado’ durante una década todo tipo de material explosivo pero obviando la parafernalia occidental para la manipulación de artefactos. Una llave y una pequeña navaja eran -y son- todas sus herramientas. Al fin y al cabo sus recursos no daban -dan- para satisfacer el costo occidental de una sola desactivación de ‘protocolo’, unos 500€; frente a los 5€ que cuesta su fabricación.
Al terminar la guerra y al retirarse el ejército vietnamita se asentó en lo que hoy es su casa y el mayor museo de minas de toda Asia, allá por entonces un campo de minas por el que nadie sin valor y conocimiento se adentraba. Situado muy cerca del famoso templo «Banteay Srey» y aislado en medio de la selva, se ha convertido hoy en un importante lugar de peregrinación de cientos de turistas curiosos, donantes y adeptos a su causa antibélica.
Precisamente su desidia y falta de planificación en su modus operandi le han traído innumerables problemas que sobrelleva impávido ante la admiración creciente de todo un país, conmovido por el altruismo ‘karmático’ de su penitencia. El gobierno camboyano le acusó de no cuidar el museo convenientemente, exponiendo material peligroso al público e imputándole, incluso, con un delito de posesión de «mercado ilegal de armas de guerra«. El museo fue cerrado durante una temporada y Aki Ra convenientemente encarcelado. Curiosiamente las autoridades confiscaron todo su material para abrir un museo ‘oficial’ y paralelo en la misma ciudad de Siem Reap.
¿Cuántas artefactos puedes ver aquí?. Quizás te ayude esta foto. La solución aquí.
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Pasado un tiempo la suerte de Aki Ra se alió con su destino. Un fotorreportero canadiense , Richard Fitoussi; impresionado por su labor altruista se animó a formalizar el único mecanismo posible para la supervivencia del museo: gestionarlo a través de una ONG. Actualmente el museo también está centrado en la educación de sus vecinos en la sensibilización sobre las minas, la seguridad y primeros auxilios y es hogar de veinte niños mutilados y que Aki Ra ha ido adoptando durante su larga ‘expiación’.
Aki Ra es capaz de acabar en pocos segundos con una pequeña mina de color (diseñadas cruelmente con colores vivos para así atraer la atención de niños ) o con un gran artefacto antitanque provisto de hasta seis kilos de TNT. El trabajo no consiste en desactivar sólo el detonador, sino en deshacerse de la carga con explosiones controladas a distancia.
Según sus estimaciones ya no quedan minas terrestres en un radio de 50 kilómetros entorno a su museo. Pero esto es solo el principio. Hay más de dos millones de artefactos diseminados todavía por todo Camboya y sus pesadillas no terminarán mientras algún niño pueda pisar una de ellas.
¿Sabías que más de la mitad del cacao que consumes procede de África? ¿Sabías que allí hay plantaciones donde trabajan todavía casi 300.000 niños subyugados por la influencia de las multinacionales y fuera del comercio justo? Probablemente lo hayas oído alguna vez con cierta incredulidad. Hoy te voy a contar el pasado y el presente de esta iniquidad. De como algunas compañías como Nestlé han demorado y diferido su gran responsabilidad en los acuerdos establecidos para solucionar, de raíz, el problema de esclavitud en estas plantaciones.
Los gemelos Hassan y Hussein, de ocho años; abren las vainas de cacao en una aldea de Costa de Marfil. Fuente
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El «Theobroma cacao«, árbol del cacao o «Alimento de los Dioses» es una planta nativa de América del Sur que es ‘criolla’ en el continente americano y ‘forastera’ en el africano. Esta última variedad, por sus componentes taninos y mejor precio, se ha convertido en la familia más solicitada para la industria alimenticia occidental. Transformando a Costa de Marfil 38%, Ghana 19%, Nigeria 5% y Camerún 5% en los principales productores mundiales de cacao.
Históricamente el descontrol y anarquía de las plantaciones en áfrica occidental ha hecho imposible el registro de la calidad laboral en las producciones destinadas a occidente. La esclavitud y métodos de siglos pasados han chocado con las leyes y necesidades imperiosas del mercado europeo y americano. Durante décadas se ha aprovechado el vacío legal para llevarse una plusvalía en la diferencia de precios y costos del producto y mano de obra entre ambos continentes; provocando la asfixia de productores locales en beneficio de las grandes corporaciones. Con la llegada de la cultura de «Comercio Justo» o «Fair Trade» y la nueva conciencia global parecía que esto iba a cambiar.
Extracto del reportaje de investigación de Tony Van Der Keuken donde pone contra las cuerdas con ironía a toda la industria del cacao y en particular a Nestlé
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En toda Costa de Marfíl, en África; cientos de miles de niños trabajan esclavizados en las plantaciones de cacao. Los cultivos son de muy difícil acceso y están fuera del control y el censo internacional. Los productores ‘tiran’ de esta mano de obra barata ante la asfixia del precio convenido con sus intermediarios, directamente vinculados a las multinacionales. El precio que reciben los aldeanos no se ha modificado en 40 años mientras que en el mercado internacional ha subido -según algunas fuentes- hasta un 300% sólo en los últimos 10 años [fuente «Bitter Sweet» (Dulce amargo) documental de la BBC]
Los niños trabajan hasta 12 horas, utilizan herramientas peligrosas y están expuestos a pesticidas. Fuente
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El subterfugio de Nestlé, amparado por la libertad de comercio y de formulación de sus productos, ha sido -históricamente- comprar chocolate en aquellos mercados internacionales donde se mezcla con otras variedades perdiendo entonces su identidad como producto «hecho por esclavos» y haciendo imposible su catalogación y procedencia exacta. Conforme crecía la empresa y su monopolio en el sector, sus brutales necesidades de materia prima hicieron imposible la selección de productos más controlados y, por tanto, más caros en mercados de calidad. ¿Para qué molestarse pudiendo comprar bueno, bonito y barato? Además, la (no) ley internacional por un comercio justo ha avalado con sus carencias estas prácticas.
En septiembre de 2001, demostrado el mal hecho durante tanto tiempo con el cacao africano, las principales multinacionales y explotadoras del cacao de África occidental se vieron obligadas a firmar por la presión de la opinión pública y la insistencia de los jueces estadounidenses Tom Harkin y Ellot Engel, un acuerdo internacional o «Protocolo del Cacao» para hacer frente a las peores formas de trabajo infantil y trabajo forzado de adultos, en las plantaciones de cacao en África Occidental. Parecía que todo iba a cambiar y Nestlé y otras muchas compañías firmaron el acuerdo que les trajo múltiples beneficios traducidos en subvenciones y lavados de imagen. Todos contentos.
El protocolo estipulaba que en el 2005 todos los mercados deberían estar regularizados y desarrollar las normas de certificación y etiquetado en todos sus chocolates. Evidentemente muy pocos, por no decir ninguno, cumplieron los plazos y menos los grandes imperios del ‘oro marrón’ y sus derivados. La mayoría pidió una prorroga de cuatro años para confirmar los compromisos. Los resultados en 2008 no fueron los deseados.
Niños trabajando la semilla del cacao en algún lugar de Costa de Marfil. Fuente 1 y 2
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Poco después, el periodista holandés Tony van der Keuken, levantó ampollas con un impresionante reportaje (ver vídeo arriba) sobre el ‘trapicheo’ de Nestlé y otras compañías con el cacao de Costa de Marfil. Lo que demostraba que los pactos adquiridos eran tan efímeros como una onza de chocolate en manos de un niño. El propio Tony, atendiendo a la legislación vigente en su país, se denunció a sí mismo por comer 16 tabletas de chocolate producido con cacao de mano esclava. Las autoridades estuvieron a punto de llevarle a juicio. También creó una compañía que distribuía tabletas de cacao certificadas y procedentes de comercios controlados. La respuesta a la campaña orquestada por Tony de un directivo de la multinacional Nestlé fue:
«Está bien, llamadlo esclavitud; pero todos sabemos que seguirán siendo pobres de todas formas»
Durante el ruego de excusas esgrimidas por las grandes corporaciones ante la justicia americana para disculparse por el incumplimiento de los acuerdos, Nestlé se descolgó con la infamia de que era imposible monitorizar la producción de cacao en plena guerra civil en Costa de Marfil , mientras seguía facturando con su complejo entramado de espías y mercaderes de precios injustos la producción de cacao esclavo.
A pesar de todo ello, Nestlé ha trabajado y destinado muchos recursos, intentando acabar con el problema -más desde un punto de vista mediático que efectivo– suscribiéndose siempre a todas y cada unas de las organizaciones que promueven el comercio justo del cacao. Y con un pequeño goteo de inversiones mediáticas y teledirigidas a ablandar la mellada opinión pública. Los esfuerzos de otras compañías por garantizar el etiquetado «free-slavery» demuestran que es posible certificar la procedencia ‘limpia’ del cacao dentro de sus marcas. Así mientras empresas como la multinacional inglesa Cadbury, se están empezando a adherir al «Comercio justo» en sus marcas originales. Nestlé tira balones fuera creando un único producto (entre más de 8.500, y no es chocolate) que sí se suma a la iniciativa del ‘Fair trade‘ pero no se sabe por qué no lo hace con sus marcas más tradicionales ¿Tendrían que cambiar las formulaciones de sus productos para adaptarse a los cacaos limpios? La impresión es que después de varios lustros de comercio más-que-injusto han creado una dependencia del cacao esclavo y sus pingües beneficios difícil de contrarrestar hoy en día.
Según el irónico código empresarial de conducta de Nestlé«[…] la integridad, la honestidad, el trato justo y el pleno cumplimiento de todas las leyes aplicables han guiado las prácticas comerciales de Nestlé [..]«. Entonces:
¿Por que es tan difícil cumplir los compromisos firmados al mismo tiempo que otras empresas que con menor tamaño son capaces de sacrificar sus beneficios en virtud del acuerdo? ¿Por qué Nestle es una de las multinacionales con más acusaciones públicas y denuncias contra la salud pública y el medio ambiente de la historia reciente?
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La documentación sobre el negocio del cacao africano es muy abundante. Es muy necesario filtrar los infinitos informes sospechosos y documentos de poca solvencia y credibilidad fruto del un extremismo antisistema, más preocupada en imponer el boicot a los productos de estas compañías que en proponer soluciones al mercado. El texto no es la traducción de ninguna investigación ajena; es fruto de mis pesquisas por entender y encontrar la raíz del problema. Además de los enlaces aportados en la lectura del texto anterior podéis buscar más datos aquí, aquí, aquí y aquí.
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Imagina que un día te despiertas por la mañana sin saber quién eres. Imagina que un día pierdes todos los recuerdos que se almacenan en tu memoria y no reconoces nada ni nadie de tu familia o entorno. ¿Cómo afrontarías el porvenir? ¿Tratarías de rehacer tu pasado para encauzar tu futuro o romperías con los recuerdos impuestos por unos desconocidos? Este es el problema vital que afronta David Fitzpatrick, un joven inglés que perdió en 2005 la memoria por ‘fuga disociativa‘ y está luchando ahora por construir un futuro obviando su pasado.
Lo que sigue es una relato en primera persona basado en hechos reales y consumados de una historia impresionante por lo insólito de su argumento. Un desafío a la memoria y al tiempo de un joven de 25 años que lucha por encontrase a si mismo sin depender de unos recuerdos que no reconoce. La historia comienza el 4 de diciembre de 2005 en un tren. Aquella tarde David sufriría una de las más raras formas de pérdida de memoria que se recuerdan en la historia de la medicina:
La historia.
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[…] Parece que hay gente. ¿Dónde estoy? Me duele mucho la cabeza. No entiendo esta amargura. Estoy muy desorientado y me siento a morir. ¡Quiero vomitar! Necesito ayuda inmediata […]
[…] Alguien me acaricia. Todos me preguntan. Ahora entro en calor. Parece que he tenido algún percance o accidente. Mucha gente me mira y tengo pánico. No veo sangre. ¿Es grave? —me pregunto— ¿Qué me pasa? Estoy aturdido y húmedo, mi cabeza gira parada. Mareo, mucho mareo. Busco descanso.
— Hola ¿cómo te llamas? — No.. no.. no consigo acordarme ¿Y tú? — Me llamo William Q. Soy médico del ‘Kings College Hospital’, en Londres. Te han encontrado a las puertas del hospital. No llevas documentación.
No recordaba absolutamente nada. Intentar desviar mi mente a la memoria era la mayor de las torturas. Una arcada eléctrica que recorría mi médula en cada intento. Sólo quería descansar.
Extracto del documental » The man with no past»
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Pasé varios días en somnolencia inducida. Un ‘sueño dulce’ cargado de disparos psicodélicos de pensamientos incoherentes. Distinguir la realidad de la fantasía onírica era imposible por lo abrumador. Un ejercicio tormentoso que me hacía sentir vivo, pero dentro de un infierno de un esfuerzo descerebrado.
El equipo médico me hizo innumerables pruebas. Batallón de preguntas contínuas y sugerentes ejercicios visuales de psicología cognitiva. Mi cabeza empezaba a funcionar pero no así mi capacidad para comunicarme. Un gran muro parecía pellizcar el bulbo del habla, incapaz de ligar el pensamiento a la palabra.
La madre de David Fitzpatrick.
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Flashes como agujas perforaban el hueco vacío de mi memoria. Imágenes incoherentes de un universo que no reconocía. El ejercicio propuesto entonces por el equipo médico era ligar estas ‘fotografias neuronales’ con alguna vínculo para encontrar la pista que condujera a mi identidad. Yo solo veía campos verdes.
—¿Qué es eso? —Un callejero de la ciudad. ¿Reconoces algo? —Verde. Esto es verde. ¿Verdad? —Si, es Hyde Park, el mayor parque Real de la ciudad. —Creo que he estado en un campo verde […]
Era miércoles. Los médicos insistieron en mostrarme revistas deportivas. Las imágenes se apelotonaban en la antecámara de mi memoria, pidiendo paso urgente para un reconocimiento que se hacía imposible. Pero había colores, olores y formas que me conducían al sosiego. Por ahí encaucé mi juicio.
—¡Fútbol!. Yo sé jugar al fútbol.
Cuatro días después de mi ingreso había conseguido visualizar el trayecto al supuesto campo de entrenamiento y a la casa de mi entrenador. La memoria de un itinerario no es más que una lista ordenada de instantáneas de un trayecto olvidado. Yo puse las fotos y alguien con juicio ponderado plasmó ordenadamente mi recorrido imaginado en el callejero. Un entrenador estaba entonces camino al hospital.
—Hola David. Soy Mike Rook tu antiguo entrenador y el padre de tu mejor amigo: Ross. ¿Te acuerdas de mi?
—No sé quién es David. No sé quién es Mike Rook
La espera tensa. El resultado, desolador. Por primera vez sentí esa sensación tan angustiosa. Unos ojos brillantes, vidriosos y amables forzaban una obligada complicidad no correspondida. Un rostro ajeno, desconocido, mostraba un cariño finalmente repudiado. Entonces confirme lo que hasta entonces barruntaba. No reconocía personas.
A través del entrenador localizaron a mi madre, una tal Jeanette. Su abrazo impasible me produjo el escalofrío mas gélido que he tenido, seguro, en mis dos vidas. Violado por un cariño que no siento, Jeanette me estrujó como si fuera carne de su carne. La compasión, entonces, era lo máximo que podía llegar a sentir por ella. Nadie me comprende ahora cuando cuento esto.
El entrenador y descubridor de la antigua identidad de David Fitzpatrick
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Un desfile de individuos que decían conocerme se mezclaron entonces con mi familia: Los médicos. El rubor y retraimiento iban minando mi paciencia. Todos me reconocían pero nadie me comprendía. Quería salir de aquella orgía de cariño unívoco pero imposible. De pasados sin raíces, de besos sin huella. Quería ser libre para sentir, para reconocerme a mi mismo y llenar los espacios blancos de mi memoria a mi manera. Necesitaba tiempo.
—¿Cual es tu color favorito? —No lo sé
—¿Cuál es tu película favorita? —No lo recuerdo
Resulta que tengo también una hija de seis años. Con ella no siento lo mismo que con el resto del planeta. Es una sensación especial amparada por la intuición. Quizás porque sus ojos sinceros no están vidriosos. Quizás porque cuando me miro en el espejo la veo un poco a ella. A pesar de todo estoy empezando ahora a quererla.
Todo mi futuro está basado ahora, sin embargo, en la confianza. Confianza en los que no conozco, confianza en los que me cuentan cómo me veían, no cómo realmente era. Me resulta difícil confiar en la gente al principio más si las versiones son algunas contradictorias. Es complicado e incómodo ser quien dicen que soy sin poder sentirse de verdad uno mismo. Pero lo que es imposible es no defraudar a quien espera un abrazo, un beso, un gesto de aquél que un día les amó pero que murió con su memoria aquel 4 de Diciembre.
En este tiempo he viajado mucho. Me han ‘paseado’ por la que dicen fue el hogar de mi infancia. He visitado mi antiguo colegio donde me recordaban como «El Canalla». He visto los trofeos y vídeos de mis mejores partidos de un deporte del que ahora soy mediocre. Puedo jugar de nuevo, tengo el mismo cuerpo y las mismas habilidades, pero haber perdido la memoria emocional influye en la manera de entender el fútbol. Dicen mis médicos que cuanto más antiguo sea el recuerdo más posibilidades hay de que aflore con las nuevas experiencias. Pero es desalentador que, hasta ahora, no se hayan desencadenado ninguno.
Lo peor de todo ha sido darse cuenta del daño -ahora involuntario- ocasionado por un pasado turbio y violento. Desenmascarar mi parte más oscura y lúgubre a medida que escarbaba en el olvido ajeno ha sido muy doloroso. Afortunadamente no me atormenta porque ya no me pertenece. El vértigo de que se reproduzcan conductas pérfidas existe, pero ahora ya no me reconozco como aquél que maltrató a la madre de mi hija y fue expulsado de casa de los amigos, entrando en una espiral de autodestrucción, alcoholismo y soledad.
Ahora soy libre y verdadero dueño de mi escueto pero ya digno pasado. Mi vida no ha hecho más que comenzar. Parece como si el destino quisiera darme una nueva oportunidad.
Estoy de vuelta. Ahora soy mejor persona.
David Fitzpatrick
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Fuentes y enlaces
La historia de David es un pasaje de la serie «Extraordinary People«. Casos reales de gente con historias insólitas. La amnesia disociativa o fuga disociativa es un trastorno mental no orgánico (no hay enfermedad cerebral de por medio) que puede explicarse por alguna experiencia traumática. Puede afectar a cualquier individuo sano y, además de la amnesia psicógena, puede producir estados depresivos severos, perplejidad, angustia y diversos grados de un comportamiento de búsqueda de atención. Sorprende la rápida aceptación del estado por parte del paciente. El caso de David es absolutamente extraordinario por el grado de afectación de sus recuerdos. Otras fuentes al servicio de documentación de la historia, aquí, aquí y aquí. Todas las fotos son ‘pantallazos’ del excelente documental «The Man With No Past» que podéis ver íntegro aquí (primera parte 22 minutos) y aquí (segunda parte 25 minutos) todo en inglés.
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La guerra entre hombre y montaña es milenaria. Todavía sobrecogidos por la batalla perdida en el Latok II quiero regalaros una aventura espectacular. Una victoria de un hombre que hizo historia al doblegar una de las montañas más peligrosas del mundo: el «Baintha Brakk» conocida también como ‘El Ogro’, por el respeto que suscita. El británico Doug Scott la coronó por vez primera y , con ambos tobillos fracturados por accidente, la descendió durante 7 días reptando y deslizándose en lo que se considera una de las mayores hazañas del alpinismo.
El Ogro de 7.285 metros visto desde la cumbre oeste
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«El Ogro» es una montaña muy escarpada de 7,285 metros situada en una sub-cordillera del gran Karakórum (en turco: «pedregal negro»). Su nombre hace honor a su leyenda y sus formas (su cara este es una gran pared vertical de roca) han intimidado y coqueteado con decenas de alpinistas. Muy pocos osaron desafiarla y la mayoría salieron derrotados en su sometimiento. Sólo 2 expediciones de las más de 20 organizadas a lo largo de la historia han conseguido hollar su cumbre. Doug Scott y su compañero Chris Bonington (dos de los mejores alpinistas de la historia) fueron los primeros en ‘pinchar’ la bandera británica en la cabeza del Ogro. La expedición organizada para el verano de 1977 y que alcanzó la cumbre el 17 de julio la completaban Mo Anthoine , Clive Rowland, Nick Estcourt, y Tut Braithwaite; los mejores alpinistas del momento y que prepararon un ataque conjunto y por varios flancos para intentar doblegar el pico.
Tuvieron que pasar más de 30 años hasta que otra expedición lograra coronar de nuevo «El Ogro». El 21 de Julio de 2001 un grupo de alpinistas alemanes (Urs Stöcker, Iwan Wolf, y Thomas Huber) lograron alcanzar la cima pero por una vía mucho más sencilla que la de los ingleses.
El cúmulo de desgracias y accidentes de la expedición pionera convirtieron la empresa en una aventura inolvidable muestra de la tenacidad y empeño de un par de hombres por doblegar a la gran ‘bestia’. El primer intento de alcanzar la cima después de levantar el campo base fue por la perpendicular al gran espolón central. Una pared de roca de más de 1500 metros de altura que intimida sólo con ver su sombra. Al intentar avanzar, el desprendimiento de una piedra impacta en la cadera de Tut Braithwaite produciendo una dislocación y la primera de las bajas de la expedición.
El segundo intento se produciría por el flanco oeste, no tan vertical pero tampoco menos peligroso por la presencia de grandes ‘seracs‘ mezclados con roca y hielo. Por ahí el grupo logro establecer un campamento a 6.400 metros de donde poder organizar el asalto final a la cumbre oeste para más tarde acometer la principal.
Doug Scotten medio de una ventisca. Observar como protegía sus rodillas para los apoyos. Fuente
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A la cumbre oeste partieron Doug Scott, Chris Bonington, Mo Anthoine, Clive Rowland logrando hollarla, no sin dificultades, el 15 de julio. Muy animados por el éxito deciden ‘rapelar’ hasta el collado que separa la cumbre oeste de la principal y vivaquear allí en una cueva de nieve construida por ellos y asaltar la principal a la madrugada siguiente. Mo Anthoine y Clive Rowlandlos abandonarían el intento por falta de energías.
El 17 de julio tras más de 15 horas seguidas de escalada Doug Scott y Chris Bonington hacen cumbre por primera vez en el ‘Baintha Brakk’ sin percatarse que la noche acechaba sin tregua, convirtiendo el descenso hasta el collado en una peligrosa aventura. En el primer rápel Doug Scott se resbala y queda colgado de la cuerda. En el péndulo de recuperación calcula mal y da con sus huesos en las rocas; resultado: gafas rotas, dos tobillos fracturados y la sensación de haber cavado allí mismo a 7.200 metros su tumba. Panorama muy sombrío.
Tras los gritos de dolor el silencio. No podía apoyar los pies de ninguna de las maneras. Por unos instantes Doug pensó que era el final. No habría posibilidad de que su compañero cargara con un inválido hasta el campamento base. Decidió reptar, decidió luchar.
Escenas de la subida al ‘Ogro’. Nada hacía presagiar la aventura que estaba por venir
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A la mañana siguiente, tras dormir en una repisa, Doug y Chris iniciaron un descenso que duraría más de 7 jornadas completas. Su escasa velocidad y la falta de ritmo hizo que sus compañeros del campo dos les dieran por muertos e iniciaran erróneamente la retirada. Sólo sus compañeros Mo Anthoine y Clive Rowlandlos que permanecían aún en el collado, pudieron unirse a la pareja en la parte final del descenso.
Los tramos se combinaban. Unas veces, las menos, Chris cargaba como podía y a sus espaldas con el maltrecho Doug. Otras, Doug se deslizaba sobre sus rodillas y ayudado de la cuerda y la pendiente rapelaba muy despacio hacia el vacío. Cuando la pendiente amagaba con suavizarse Doug reptaba con sus codos y se desplazaba, muy despacito, en posición horizontal. Los últimos cinco kilómetros los hizo también a cuatro patas (sobre sus rodillas) destrozándose las rótulas y las muñecas por el inusual rozamiento.
Pero los accidentes no habían terminado. Tras dos jornadas refugiados por una fuerte tormenta en una cueva de nieve y en las que Chris contrajo una severa pulmonía, continuaron con el descenso. Las debilidades del nuevo enfermo le hicieron más impreciso y acabó por romperse un par de costillas en una caída fortuita. Ya eran dos los impedidos.
Al séptimo día llegaron, maltrechos, al campamento base donde todos les daban por muertos, y donde todavía les quedaba por vivir el último contratiempo después de esperar un largo tiempo a las asistencias. Al subir al helicóptero de salvamento, éste se precipitó al vacío sufriendo un aparatoso accidente, afortunadamente sin víctimas pero que demostró que, por esta vez, la suerte acompaño al hombre hasta el final. La batalla con ‘El Ogro’ se había ganado pero la guerra con la montaña sigue aún vigente.
Doug Scott y su compañero Chris Bonington en la actualidad
Impactado por la reciente tragedia quería escribir algo de montaña en recuerdo de Óscar Pérez. Varios días imaginándome su situación, su eterna espera, su terrible soledad; me dejaron muy tocado. Sólo imaginarme alguna batalla ganada podría compensar el dolor de su memoria. Como siempre y sabiendo de mi desasosiego una gran amiga acudió al rescate y me dio el chivatazo de esta fabulosa historia. Os recomiendo que no la perdáis de vista aunque es complicado. No para (@nonestop) y además es periodista.
Doug Scott y Chris Bonington no terminaron sus carreras como alpinistas en ‘El Ogro’. Todo lo contrario, sólo fue el principio de una de las mejores parejas de escaladores de la historia. Doug Scott también ha escalado el Everest y los «Seven Summits». Chris ha subido cuatro veces al Everest y por primera vez al Annapurna por la cara sur. Fue nombrado Caballero del imperio Británico. Otras fuentes al servicio de la documentación aquí, aqui, aquí, aquí, aquí y en este libro. En este vídeo podéis ver una reciente entrevista a Doug Scott
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