La historia del médico que salvó a 8.000 judíos simulando una epidemia.


La barbarie Nazi exprimió el ingenio de muchos héroes y científicos. La siguiente historia es la crónica de la lucidez, sagacidad y dificultades de uno de ellos. El médico polaco Eugeniusz Lazowski inventó una gran epidemia de tifus a base de un innovador método que consistía en inocular los reactivos a personas sanas para generar falsos positivos. Las fiebres tifoideas eran ‘la peste negra’ para los alemanes, que acotaban en cuarentena cualquier brote sospechoso de propagarse evitando así la deportación y reclutamiento para los campos de trabajo y exterminio de los judíos polacos.

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Eugeniusz Lazowski en 2003.

Eugeniusz Lazowski (1913-2006) era un médico polaco de inminente rasgos pacifistas. A pesar de enrolarse pronto en el ejército durante la Segunda Guerra Mundial siempre ejerció como ‘salvavidas’ y galeno en la descompuesta estructura de la milicia polaca y en la Cruz Roja internacional.

A mediados de 1940, un año después de la invasión Nazi, el Doctor se encontraba ejerciendo en la aldea de Rozwadów, al este de la Polonia ocupada. Los alemanes estaban levantando ya la ingente red de campos de concentración, fábricas y minas que necesitaban para alimentar su maquinaria bélica. La mano de obra polaca, por su cercanía, era fuente barata e inagotable de recursos para el sistema Nazi.

Por la noche, y con alevosía, la Gestapo mezclaba sus rituales de asesinatos al azar con el trille de las aldeas polacas reclutando a la fuerza mano de obra dentro de una población ya diezmada por la hambruna y las necesidades más elementales. La mayoría nunca regresó a sus casas.

Hacía poco que el Doctor Lazowski se había trasladado a la aldea desde su Varsovia natal. Recién casado y titulado no temía por la deportación ya que el ejército alemán necesitaba de médicos judíos que controlaran las posibles epidemias ‘desde dentro’ para ejercer un control más efectivo. Lazowski tenía pues, junto con su compañero de facultad Stanislaw Matulewicz, la responsabilidad de informar de los brotes epidémicos en Rozwadów y en las pedanías aledañas.

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Rozwadówen en 1938.Fuente

El tifus era la epidemia más temida por el ejército alemán. Su capacidad diezmante preocupaba sobremanera. El mayor error médico del ejército fue conseguir desterrar la enfermedad de toda Alemania, impidiendo la formación de anticuerpos en la tropa Nazi, lo que les dejaba vendidos e indefensos ante un posible contagio. Por ello tras las primeras bajas y alarmas dedicaron grandes recursos a la terror-investigación. En Buchenwald y otros campos, eran constantes los experimentos con prisioneros para probar las vacunas y pócimas contra el tifus exantemático. Todos los científicos duchos en materia eran reclutados en secreto para intervenir en estas investigaciones. Testimonios escalofriantes en el Juicio de Nuremberg dan fe de ello.

En las navidades de 1941, nuestro doctor se encontró con el primer caso de fiebres tifoideas del pueblo. Un joven aldeano con 40º de temperatura, jaquecas, escalofríos, y dolores generales acompañado de manchas rojas en la piel.  La erupción se diseminaba al cuerpo entero a excepción de la cara, palmas de las manos y plantas de los pies. Tomó una muestra de sangre y la envió al laboratorio controlado, lógicamente, por los alemanes.

Los métodos de detección de la enfermedad se basaban en esa época en un reactivo llamado ‘reacción de Weil-Felix’ basado en el Proteus Ox-19 que mezclado con la sangre del paciente se aglutinaba y se enturbiaba en caso de positivar. Para que esto ocurriera, la mezcla debería estar a una temperatura no superior ni inferior a 38ºc, por ello las pruebas se hacían en habitaciones con complejos sistemas de calefacción y termostato.

El compañero de Lazowski, el Doctor Matulewicz especialista en medios de diagnóstico, preguntó una tarde de pruebas a su compañero:

-¿Qué ocurriría si en vez de mezclar el Ox-19 con una muestra de sangre se lo inyectáramos a una persona sana? Y si luego le tomáramos una muestra e hiciéramos la reacción, ¿se confirmaría el diagnóstico de tifus?

Con el miedo de banalizar el juramento hipocrático y convertirse en discípulos del mismísimo Mengele, ambos decidieron que valía la pena experimentar en un aldeano no sin antes confirmar que el reactivo estaba compuesto simplemente por bacterias muertas lo que impedía, teóricamente, el posible contagio.

-“Yo no estaba en condiciones de luchar con una pistola o una espada”, dijo, Lazowski en su biografía “pero encontré la manera de asustar terriblemente a los alemanes”.

Inyectaron la muestra a un paciente de la consulta amigo personal de Matulewicz, que estaba desesperado por eludir el reclutamiento Nazi. La prueba tifoidea dio positivo a las 4 horas y a los 6 días. El paciente no desarrollaba ningún síntoma. El experimento fue un éxito. Ambos habían conseguido que la reacción de Weil-Felix arrojara un resultado positivo en una persona sana, por primera vez en la historia, y sin que nadie más en el mundo lo supiera.

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Barracón de tifoideos en Auschwitz.Fuente

Adjuntaron la muestra de sangre del primer paciente al laboratorio oficial nazi, cruzando los dedos de que no hubiera un nuevo y desconocido sistema de detección alemán. A los dos días recibieron el famoso telegrama rojo:

Achtung, Fleckfieber! (Peligro Tifus) […] confirmado positivo. Aíslen al paciente. Imposible pise suelo alemán”

A partir de ese momento los doctores diseñaron un complejo y estratégico plan para Pseudo-infectar a la mayor cantidad posible de polacos. Secretismo absoluto para con esposas y familia cercana. Con tácticas inteligentes para no levantar sospechas, siguieron las directrices marcadas por epidemias anteriores intentando imitar el comportamiento de un contagio natural.

En verano disminuían las falsas infecciones pues los piojos (portadores de la enfermedad) eran menos comunes por el aumento de las temperaturas. En el otoño de 1942 iniciaron la mayor campaña de infección. Mientras Matulewicz preparaba las muestras el Dr. Lazowski se dedicaba a buscar pacientes con gripe o con síntomas parecidos al tifus y tras advertirles de que quizás padecían la enfermedad, les ponía una la falsa-inyección diciéndoles que era para aumentarles la resistencia. Al poco tiempo les llamaba para tomarles la muestra de sangre y enviarla al laboratorio.

Tras hacer cuentas y ver el escaso número judíos y no judíos salvados aumentaron el riesgo de ser descubiertos ideando un nuevo compuesto que simulaba la sintomatología del tifus de una forma inofensiva y pasajera, de esta forma podían inocular el reactivo y engañar a los equipos de arbitraje nazi. Las cifras aumentaron.

Parecía todo muy prometedor para el joven equipo médico hasta que los alemanes enviaron una dotación de inspección médica a la región para verificar el alto número de casos de la “enfermedad” y la escasez de defunciones. El equipo, compuesto de unos pocos médicos y demasiados soldados armados, se reunió con el Dr. Lazowski a las afueras de la ciudad, donde un premeditado ‘banquete’ esperaba a los Nazis. Entre viandas y bebida el Dr. Lazowski consiguió reducir el grupo de inspección a sólo 2 unidades, ambas perjudicadas por la bebida. Con ellos se dirigió al sanatorio donde les esperaban infinitas muestras. No hubo más problemas.

Toda la región se llenó de carteles marcando territorio contaminado. El infierno para unos, fue paraíso para otros que consiguieron eludir el reclutamiento gracias a la perspicacia y valor de un par de jóvenes médicos polacos.

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Cartel nazi avisando del área de cuarentena por tifus. Rozwadów

Hryniewiezki, ahora cirujano en la ciudad polaca de Poznan y que era sólo un niño de 15 años en ese momento, dice que recuerda los disparos que daba la Gestapo al azar, la epidemia y la cuarentena. Asimismo, recuerda, que después de una temporada, la gente descubrió lo que realmente estaba pasando.

“Cuando la gente mejoraba, se daban cuenta de que era falso”, dijo en una entrevista telefónica desde Polonia. “[…] Pero, por supuesto, nadie decía una palabra porque sabían que los alemanes nos matarían y matarían al Dr. Lazowski”. […] Él salvó a muchos de nuestros hermanos de ir a la cárcel o a los campos de la muerte”.

dokumentaracAl terminar la guerra ambos médicos se separaron. Lazowski se instaló en Chicago a partir de 1958, como pediatra y profesor de medicina en la Universidad de Illinois y cuando se enteró del paradero de Matulewicz (médico en el Zaire) intercambió con él correspondencia confesando al mundo sus hazañas en 1977 para una revista Norteamericana de microbiología. En el año 2003 el cineasta Ryan Bank comenzó a preparar un documental sobre los hechos, pero la falta de financiación y la muerte de Lazowski en 2006 interrumpieron el proyecto indefinidamente.

Fuentes y enlaces:

La historia fue un encontronazo en StumbleUpon, luego descubrí otras fuentes aquí y aquí, además de la wikipedia. Las fuentes gráficas son muy escasas debido a lo tardío de la confesión de ambos médicos.

.

Si te gustó la historia seguro disfrutarás leyendo: “Fuga de Auschwitz: La aventura que salvó más de 120.000 vidas”

menéame si te pareció interesante. Gracias !

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34 comentarios

  1. ana isabel besso

     /  noviembre 16, 2013

    me parecio admirable la historia de estos valientes.

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  2. Francys Rodríguez Quintero

     /  febrero 19, 2013

    Gracias a Dios por la vida de estos valientes..

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  3. Lo único que digo es que esta historia me ha impactado tanto, que decidí crear el artículo en wikipedia de su historia, puesto que solo existía en la WIKIPEDIA inglesa.

    Un saludo, y gracias por colgar esto.

    Por cierto, aquí el enlace:
    http://es.wikipedia.org/wiki/Eugene_Lazowski

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  4. Luis

     /  septiembre 17, 2010

    Si les gusto esta historia no dejen de conocer la increible historia Irena Sendlerowa o Irena Sendler, también de nacionalidad polaca.

    Desde hace relativamente poco es conocida aunque vivió en el anonimato durante muchos años y gracias a un profesor de instituto americano y sus alumnos se conoció mundialmente su hazaña.

    Por desgracia ya está fallecida pero su gran hazaña se ha divulgado.

    ¡Qué descance en paz!

    Se lo merece.

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  5. buena historia, sobre todo cuanto se salva a personas es una satisfacción muy grande..

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  6. Lila

     /  abril 30, 2009

    Un libro de Bárbara Wood, titulado Trenes Nocturnos, me ha apasionado tanto que me ha llevado a investigar si los hechos tan verídicos que allí se narran, existían en realidad y despues de haber leído la historia de este gran médico, veo que es completamente CIERTA, la autora claro está habrá añadido algunos detalles, pero es apasionante, un libro interesantísimo. Un saludo

    Responder
  7. Pues me encantó la historia, soy médico y se que es posible todo lo que han descrito, y sería una magnífica película, y se llevaría varios óscares, de la astucia e ingenio de algunas personas por salvar la vida de otras, sea el número que sea, lo importante es haber sobrevivido al hlocausto. Felicitaciones y ojalá pudieran seguir relatando este tipo de historias para que la gente se de cuenta que a pesar de la adversidades aún hay gente mas inteligente que el mal.

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  8. cerodeinteres

     /  noviembre 16, 2008

    Impresionante!! Esto te hace plantearte tantas cosas… gracias por este post!

    Responder
  9. Javier Luna

     /  noviembre 15, 2008

    Hittler se la olia. Solo se hizo el tercio. ¿Que mas da?

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  10. Hola

    ya conocía la historia, pero por una novela, de barbara wood: trenes nocturnos… es muy buena y por lo que parece cuenta la historia bastante fielmente. Añado un link http://www.culturalianet.com/pro/prod.php?codigo=14639 al libro

    Responder
  11. Buen post, y gran historia.

    Responder
  12. Vaya historia. Increíble.
    sigue contando estas cosas. Gracias.

    Responder
  13. No siempre es necesario luchar con un fúsil o un arma…
    A veces la inteligencia daña más al enemigo que la violencia…
    Saludos y felicidades por el blog….

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  14. muy buena la historia che, buen post…

    Responder
  15. oxidoband

     /  noviembre 14, 2008

    hay gente buena me sorprende la histotia gracias por contar esto!!!
    saludos buen blog
    http://www.oxidoband.wordpress.com

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  16. diasperdidos

     /  noviembre 14, 2008

    Deberian consagrar a ese tipo, como no le dieron el premio nobel de la paz?

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  17. tsuki08

     /  noviembre 14, 2008

    En verdad Dios es grande y nunca dejo a su pueblo solo. Bendice oh Dios a quienes bendicen a tu pueblo

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  18. DIOS LE DE LA PAZ .Y admiracion por estas personas…

    Responder
  19. Livia

     /  noviembre 13, 2008

    Este tipo de historias hacen que recuperemos la fe en la humanidad porque en medio del mayor de los horrores siempre puede aparecer alguien que, pareciendo sólo un hombre más, salva la vida a miles a basa de ingenio… es una pena que no hayan seguido con el documental, espero que lo retomen… una historia inspiradora y llena de esperanza

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  20. Muy ingenioso y muy arriesgado. Como Wetzler, otro héroe anónimo (ya no tanto) de la IIGM que nos descubres.

    Meneo al canto, aunque ya esté en portada.

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  21. Guau por Lazowsky y guau por este blog, sí señor.

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  22. Definitivamente una de las mejores hisotrias que he leído. Una mente astuta, brillante y por demás admirable.

    Pensar que hoy en día hay quienes con capacidades más modernas y con ayuda de la tecnología insisten en hacer daño a los demás seres humanos.

    Ojala hubieran más personas como el Dr. Lazowsky y Matulewicz.

    Felicitaciones a José por el post.

    Te lo has currado amigo 😉

    Responder
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