Héroes que nunca quisieron serlo


[artículo original escrito para la revista @iHstoriaMDZ de Mediazines, dirigida por Javier Sanz]

La señora Greta Winton no pudo contener las lágrimas. El descubrimiento que acababa de hacer en el desván de su casa iba a cambiar su vida y la de toda su familia. 669 fotos de niños judíos ordenadas, escondidas y clasificadas por fecha. Junto a ellas, docenas de cartas de sus progenitores, billetes de tren, documentos, anuncios y recortes de prensa solicitando financiación. Todo en blanco y negro, lleno de polvo y con la patina amarilla que deja sobre el papel el paso del tiempo. Pero, sobre todo, en aquella vieja maleta escondida había una gran historia que contar. Una historia disimulada y ocultada por su protagonista en un trastero durante más de 50 años. La historia de un héroe del holocausto que nunca quiso serlo ni mucho menos contarlo. Estamos en Londres, es el año 1988. El muro de Berlín está a punto de caer y el mundo necesita reconciliarse con su pasado.

395848Nicholas Winton con alguno de los niños que salvó. Fuente. Televisión Checa

 Cincuenta años antes la historia era bien distinta. La Unión Soviética y Alemania se reparten sus sueños de grandeza mientras Europa se desmorona adentrándose en un camino de violencia y catástrofe. 1939 es una año clave en la historia del continente y en la de Nicholas Winton (1909-). El dueño de aquella maleta secreta.

 Nicholas es hijo de inmigrantes de origen judío que se asentaron en Londres para buscar fortuna. Y la encontraron. Nicholas estudió y se convirtió en un respetado agente de bolsa en su ciudad natal. Hampstead. La misma donde reside hoy con 105 años.

 Su brillante carrera se interrumpió al ritmo de los acontecimientos que precipitaron la Segunda Guerra Mundial. El destino y la llamada de un amigo hicieron que suspendiera sus vacaciones invernales de 1938 para informarse de lo que estaba pasando con los refugiados judíos en Praga.

 Durante el apogeo del partido Nazi, más de 300.000 judíos migraron de Alemania y Austria huyendo de los pogromos y linchamientos étnicos del nuevo establishment. El protectorado judío de Bohemia y Moravia en Checoslovaquia era un gueto a punto de estallar. Los judíos perdieron la condición de ciudadanos en un barrio que la gestapo convertiría más tarde en “un museo exótico para una raza extinguida“, importando los souvenirs robados por sinagogas de toda Europa como trofeos para cultivar la exhibición pública de su grotesco antisemitismo.

 Nicky, impresionado, montó en unas horas una oficina en la habitación de su hotel para dar cobijo y gestionar la salida de niños enfermos y desesperados hacia Inglaterra y Suecia. Los únicos países que aceptaron la empresa. A cambio del acuerdo, Nicky tenía que conseguir alguna familia que adoptase a los niños en destino y 50 libras para los gastos. Manos a la obra.

 Falsificó los documentos alemanes de los niños, buscó financiación de sinagogas y pequeñas empresas a través de anuncios en periódicos o panfletos subversivos. Volvió a Inglaterra para montar una red de familias dispuestas a adoptar a los niños elegidos. Corrió la voz y las colas de padres desesperados por salvar a sus hijos colapsaron el Hotel Europa en la Plaza Wenceslao y luego un discreto piso franco en la calle Voršilská que Winton usaba de centro estratégico. La Gestapo sospechaba del movimiento solidario pero no imaginó la red de extradición infantil que se cocía en aquélla oficina improvisada.

 Los niños se despedían en la estación de Praga con una sonrisa para unas breves vacaciones. Sus padres se despedían entre lágrimas para siempre. No hay constancia de niños exiliados que volvieran a reunirse con sus progenitores. Hasta 8 ‘Trenes de Winton’ abandonaron el infierno de Praga. Pero desafortunadamente no todos llegaron a su destino.

 Winton, ahora ordenado Sir por la realeza británica, disfrazó de normalidad la obligación moral de proteger a sus semejantes. Más de 6.000 familias de descendientes agradecen hoy su descomunal gesto. Pero Winton calló durante 50 años porque jamás sintió el orgullo de promocionar un compromiso activo y obligado para con su comunidad. Él mismo escribiría más tarde:

Hay una diferencia entre el bien activo y el pasivo. El bien activo significa dedicar tiempo y energía para mitigar el dolor y el sufrimiento. Requiere que uno busque activamente a esos que sufren y están en peligro y no sólo vivir una ejemplar vida pasiva sin hacer el mal”.

Eso y que nunca pudo olvidar aquel tren que jamás llegó a su destino.

 

El octavo tren

 Amanecer del 1 de septiembre de 1939. Casi 250 niños se disponen a embarcar en el último tren fletado por Winton. La estación es un hervidero. El control de los alemanes es intimidatorio y el miedo a ser descubierto impide la excelsitud de las despedidas. Centenares de familiares contienen el último adiós a sus hijos. Nunca volverán a verlos. Tampoco sus familias adoptivas.

 ¿Qué le pasó al último tren? Esa misma tarde Alemania invadía Polonia y cerraba todas sus fronteras. Todas las comunicaciones europeas de la zona fueron interceptadas. Aquél tren cambió de destino y truncó el futuro de los 250 niños. La campiña inglesa de Cotswolds Hill, los cottage del corazón de Stratford-Upon-Avon, los apartamentos de Londres… se convirtieron en las lúgubres barracas de algún campo de concentración en el centro de la Europa robada. ¿Terezín? ¿Auschwitz? ¿Buchenwald?

 Probablemente terminaron en campo de concentración de Buchenwald, cerca de la ciudad de Weimar. Uno de los más importantes centros de reclusión dentro de territorio Alemán. Y uno de los más sanguinarios. Dirigido en aquella época por el comandante Karl Otto Koch y su segunda esposa, Ilse Koch. La ‘zorra de Buchenwald. Una mujer que vestía su casa con lámparas y objetos forrados con la piel tatuada de sus prisioneros fusilados. Sin comentarios.

moLiberatorSurvivorsToKeynote_800_581_90Niños del bloque 66 del campo de concentración de Buchenwald. Fuente

El campo era un centro de experimentación médica, trabajos forzados, tortura y reclusión infantil. Un caos de 100.000 presos provenientes de todos los rincones de Europa.

 Dentro de este desgobierno las comunidades de prisioneros se autogestionaban con el mismo espíritu que exhibía el bueno de Nicky Winton. Todas menos los niños. Los niños eran arrancados de sus padres antes de llegar al campo. Sin progenitores no había control. Hasta que apareció un Checoslovaco que decidió poner un poco de orden y organizar a los prisioneros infantiles en un pabellón.

 Antonín Kalina (1902-1990) era responsable de la resistencia comunista-alemana que administraba el campamento y decidió establecer un sector dedicado a ellos, el llamado “Bloque 66″ o kinderblock. Aprovechando una zona de cuarentena del campo donde los carceleros no se acercaban por la podredumbre y las enfermedades, reunió a las comunidad infantil más desprotegida para poder establecer un control cercano sobre ellos, lejos de los abusos de los inhumanos celadores.

 Las mejores mantas y raciones de comida, los mejores y más limpios uniformes. El boca a boca de Kalina le permitía recolectar las donaciones de los demás presos. Pero no solo eso. Kalina organizaba actividades infantiles. Talleres educativos de lectura, idiomas y matemáticas, cuentacuentos, el cancionero para irse a la cama… se trataba de hacer lo más llevadero posible la estancia en el infierno.

 Y salvarles la vida. Mantener a los niños en aquel barracón les libraba de los trabajos forzados y de salir al recuento diario. Importantísimo a la hora de evitar y combatir la desnutrición y otras enfermedades. Kalina se encargaba también de cambiar las marcas e insignias amarillas que sobre el pecho llevaban los niños judíos por los símbolos cristianos. Asi conseguía salvarles de las constantes redadas y limpias de las ‘marchas de la muerte’ que los nazis ejecutaban como excusa para purgar y descongestionar el campo y toda la raza aria.

 El día de la liberación del campo, el 11 de abril de 1945, los 900 niños que sobrevivieron al horror de Buchenwald salieron en procesión con Antonín Kalina sobre sus hombros. Era el más simple pero sentido homenaje al esfuerzo de un hombre que gestionó sin apenas recursos la protección de la infancia en aquel avispero nazi.

 Kalina regresó a Checoslovaquia y vivió hasta los 88 en la más absoluta oscuridad. Ni una entrevista. Ni un halago en vida. Tampoco encontró motivo para vender su hazaña. Fueron sus ‘hijos adoptivos’ quienes rindieron tributo al personaje honrando su memoria y su pasado para inmortalizar su ejemplo en los libros de historia.

 

La libertad viaja en bicicleta

 Pero no siempre el héroe anónimo es un personaje desconocido. Hay famosos que lucharon contra la ignominia nazi desde la popularidad. Aprovechando la fama como armadura y salvoconducto para engañar a la autoridad ilegítima. Con una simple bicicleta se pueden salvar más de 800 vidas.

gino-bartali-640 Bártali escondía en el cuadro de su bici salvoconductos para salvar a muchos judíos. Fuente: ilfattoquotidiano.it

Gino Bártali (1914-2000) era un ciclista italiano profesional admirado y querido en todo el mundo. Bonachón, católico, hombre de pueblo y tremendamente popular. El mismísimo Mussolini le adoptó como estandarte deportivo del fascismo italiano. Él nunca renegaría del papel propagandístico que le tocó antes de la gran guerra, en el fondo era su mejor arma para poder cumplir su objetivo y le salvó de las sospechas que la policía fascista pudiera tener sobre él.

 Durante el terrible bienio negro 1943-1944, sin competiciones en el calendario internacional, Gino se dedicó a entrenar y pasear sus triunfos en el Tour del 38 y el Giro del 36 y del 37 por la Toscana italiana. Montado en su bicicleta Legnano roja y verde y con un gran maillot con su nombre, para que no se dudara de su identidad, el ciclista se daba un baño de multitudes por las carreteras secundarias de media italia. Lo que no se descubriría hasta después de su muerte es que el genial ciclista escondía en el cuadro de su bicicleta la documentación de judíos italianos para sacarlos del país. Gino Bártali pertenecía a una red clandestina de residentes que ayudó a sacar de Italia hasta 800 judíos. Bartali movía los papeles y fotos de judíos entre monasterios y las imprentas clandestinas donde fabricaban la documentación falsa necesaria. Con ella los judíos podían llegar hasta los Abruzzos, más allá de la línea «Gustav» levantada por los Nazis para impedir el paso aliado.

 Los policías del Duce aplaudían siempre a su paso y se morían por un autógrafo o preguntarle cosas de ciclismo; borrachos siempre de nacionalismo deportivo e ignorantes de la verdadera carrera del italiano. Salvar vidas humanas.  Una estrategia perfecta.

 Tres héroes anónimos que nunca quisieron serlo. Quizás porque en la inmensidad de la desgracia la actitud más humana y natural es siempre la solidaria y compasiva. Sin forzar el lucimiento personal. Quizás porque convivir con el holocausto y su recuerdo solo te invita al olvido. En cualquier caso, el análisis histórico y el ejercicio de memoria colectiva merecen colocar a cada héroe o villano en el lugar que realmente merecen.

 

 

Para saber más.

 Página web de Sir Nicholas Winton. http://www.nicholaswinton.com

Enciclopedia del Holocausto. http://www.ushmm.org

Fundación Internacional Raoul Wallenberg http://www.raoulwallenberg.net

 

Chocolate, lechugas y cine quinqui


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Dicen que en un casting del director Eloy de la Iglesia había más síndrome de abstinencia que en diez conventos de clausura. A uno de los padrinos del cine quinqui le gustaba emborracharse de realidad para repartir personajes en sus películas. Esa realidad de cucharas ennegrecidas, elásticos mohosos y pelotillas de papel de plata. Las papelinas como papel protagonista. Un cine profético que condenaba a los actores a interpretarse a sí mismos a ‘caballo’ del guión-oráculo y la jeringuilla compartida.

(Para seguir leyendo visita el artículo completo en Jot Down Magazine)

Tarde de Perros. Homenaje del grupo punk Los Lügers al cine quinqui.

Papá, hoy no tengo ganas de ir al cole…


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Querida Irene. Tengo cinco minutos para que te arrepientas de lo que acabas de decir y recuerdes esta historia cuando te asalten de nuevo las dudas. En algún lugar del mundo y de la historia un puñado de niños como tú se juega la vida diariamente para poder llegar a la escuela y recibir una educación infinitamente peor que la tuya. Puentes a punto de venirse a bajo, campos minados, acantilados desmembrándose, piquetes racistas, guerras que no son suyas… Una aventura de riesgo solo para poder sentarse en sus pupitres ¿No me crees? Mira.


Las caras del odio

— ¿Por qué miran a esa niña con esas caras? ¿qué ha hecho?

—Nada.

Elizabeth Eckford era una niña de 15 años cuando los ‘mandamás’ de su país declararon ilegal la segregación racial en las escuelas. Sí hija, hasta hace bien poco los niños de color no podían ir al cole con los niños blancos porque sus padres no los consideraban iguales y ¡ellos querían!… ¡Fíjate que tontería! Hoy en tu clase hay niños de todos los países.  El 4 de septiembre de 1957, cuando tu padre todavía no había nacido, Elizabeth y ocho compañeros de color se presentaron en la escuela Little Rock de Arkansas. Una de las zonas más racistas y con más odio de aquel país. Una muchedumbre babeante e iracunda les insultó y gritó, impidiendo su entrada en el colegio durante ese día y sucesivos. Solo porque no les gustaba el color de su piel. Ni la mediación del presidente Eisenhower logró calmar los ánimos y todas las escuelas del Estado cerraron durante un año para evitar incidentes y hacer una transición más sosegada. Más tarde Elizabeth llegó a la universidad y acabó siendo profesora en el mismo colegío que un día le impidió el acceso. ¿Recuerdas que todas las películas tienen moraleja? Pues la de esta peli, real como la vida misma, da un escarmiento magistral  a los cobardes que odian solo por el color de las personas.

—¿Qué tontería verdad?

Fuente

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Tirolina Nepalí

—Mira como van esas niñas al colegio

—¡Qué chulo, yo quiero!

—Ahora fíjate cómo van sentadas, donde llevan las manos, las chanclas…

Más de 12 millones de nepalíes viven en las inmediaciones del Himalaya. La zona con más montañas y más altas cumbres de todo el planeta. No hay casi carreteras, ni autopistas, ni paradas de autobús. Un territorio seccionado por mil valles y otros tantos ríos acaudalados que impiden el normal tránsito entre pueblos y aldeas. Los niños usan puentes artesanales hechos con tablones, cuerdas y poleas improvisadas, como las yincanas de aventura que tanto te gustan pero sin arneses ni doble sujección de seguridad. Durante décadas, esa falta de seguridad, ha causado infinidad de accidentes a muchos niños como tú que se levantan de madrugada solo para poder llegar a tiempo al colegio. Afortunadamente varias ONGs se encargan hoy de construir puentes y góndolas seguras para mitigar la siniestralidad. Esos niños se morirían de ganas por poder ir como nosotros en coche y calentitos al colegio.

Fuente

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Nadar y guardar la ropa

Hoy tienes natación y quizás por eso has torcido el gesto al levantarte. Mira a estos niños. No saben lo que es una piscina pero se bañan todos los dias para ir al colegio. Tienen que cruzar un caudaloso río para llegar a la escuela. Y lo hacen a diario. Haga frío o calor. Hồ Khong, un niño com tú de la escuela primaria Hung, en el distrito de Minh Hoa, en Vietnam; nos lo cuenta:

“La profundidad es de unos 20 metros y la corriente es grande, a veces asusta. Pero como queremos ir a la escuela para aprender para tener un trabajo profesional y con ello un futuro mejor, corremos el riesgo de cruzar a nado el río.”

Para ello llevan unas grandes bolsas de plástico donde meten sus ropas y libros. Nada de estupendas mochilas de Barbie  impermeables y con ruedas. Las inflan para fabricar su flotador-guía y cruzan diariamente los 15 metros de río. En temporada de lluvias faltan hasta un mes al colegio. El caudal crece demasiado y sería peligrosísimo intentarlo. Se los llevaría la corriente para siempre.

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Campos minados

—¿Qué significa ese cartel, papá?

—Peligro. Bombas enterradas.

La guerra civil (esa guerra entre hermanos de un mismo país que termina siempre destruyéndolo) terminó en Angola en 2002, pero su fantasma sigue enterrado por todo el territorio en forma de minas y artefactos bélicos. Esas bombas que ponen bajo tierra los mayores para que los niños las pisen sin querer mientras juegan o caminan hacia el colegio. Miles de hectáreas de tierra virgen y rica permanecen improductivas por esas ‘semillas explosivas’. Son muy difíciles de destruir porque están muy bien escondidas e interfieren siempre en la vida de los más débiles, niñas como la de la foto, o como tú. A pesar de las ratas antiminas que utilizan para desactivarlas, 80.000 accidentes en 20 años convierten el camino a la escuela en una aventura a vida, muerte o condena a llevar muletas de madera el resto de su existencia. Todo por aprender a ser mejor persona y evitar repetir el legado de los que se dicen llamar sus maestros.

—¡Qué miedo!

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La yincana china

Imagina que para ir a trabajar tienes que hacer 200 km andando y cruzando barrancos de 500 metros de altura, agarrado a las rocas y sobre ríos congelados. Imagina que tardas dos días en llegar, vadeando cuatro ríos, cruzando puentes desvencijados y angostos caminos de tan solo unos centímetros de anchura sobre las punzantes rocas. Imagina ahora que no eres Tintín o un superhéroe de ClanTv sino una niña como tú que solo quiere ir a aprender al colegio… Aproximadamente unos 80 niños se juegan la vida diariamente y eligen el riesgo del atajo por las paredes verticales de Pili, un pueblo del norte de la región china de Xinjiang Uygur. Un espectáculo que bien parece un concurso televisivo infantil de pruebas físicas para ganar un viaje a Euro Disney. Pero es real.

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¡Viva la Guagua!

—¿Esos son niños de un circo, papá?

—No.

Cinturones abrochados, elevadores de seguridad según normativa europea, sillitas reglamentarias, capazos con arneses… Todo eso que repasamos en cada viaje al colegio es un cuento chino para estos niños. En Pematangsiantar, Indonesia (foto superior) o en Baghpat, India (foto inferior) nadie entiende ese vocabulario. Se alquilan al hacinamiento en vehículos de tracción variable a cambio de llegar a tiempo a la escuela. Puede parecer divertido pero… ¿Te imaginas qué pasaría si el conductor da un frenazo brusco porque se le cruza un perro en su camino?

—No quiero saberlo

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El puente (roto) sobre el río Ciberang

—¡Papá, se van a caer!

—Afortunadamente no pasó nada, hija. Hubo un temporal que estropeó el puente, pero esos niños decidieron que no podían dejar de ir a la escuela por tonterías.

17 de enero de 2012. Las lluvias torrenciales arrastran todo tipo de maleza sobre el crecido río Ciberang, a su paso por la aldea Sanghiang Tanjung, en la provincia Indonesia de Bateng. La fuerza de la corriente golpea y daña los pilares del puente comunal (construido en 2001) que une el pueblo con el suburbio de la escuela. El paso queda muy dañado pero no impide que desde ese día los niños lo sigan cruzando a duras penas para ahorrarse 30 minutos de rodeo. Un fotógrafo de reuters estaba allí para contarlo.

Más fotos.

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Esta no es mi guerra

—Papá ¿Por qué los policías se protegen con un escudo y esa niña no?

—Es muy valiente.

16 de marzo 2010. Una niña de tu misma edad pasa indolente sorteando las piedras lanzadas por sus hermanos palestinos contra militares israelíes en su camino diario a la escuela en el campamento de refugiados de Shuafat en la Ribera Occidental, cerca de Jerusalén. A ella parece no importarle la guerra que libran sus hermanos. Solo quiere llegar al cole para enseñar sus tareas. ¿Parece valiente, verdad? El conflicto Palestino-Israelí ha convertido esa rutina infantil en un largo y tortuoso camino lleno de obstáculos para los hijos de esa eterna guerra.

Fuente

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En busca de la escuela por el río helado

—¿Dónde van esos niños si no hay casas por ninguna parte?

—A un internado, a varios días de camino

Zanskar, India, Himalaya. Un pequeño pueblo en el paraíso montañoso. Implacable en invierno. 40 grados bajo cero. Todos los años, en el trimestre más frío, un grupo de niños acompañados de sus padres atraviesan tres valles para llegar al internado de Leh, antigua capital del reino de Ladakh y donde pasarán el resto del año. No hay carreteras, no hay caminos. Lo hacen por el único sitio posible. El río Zanskar helado. La caminata dura varios días, con noches al abrigo de las cuevas heladas de la ladera. Todos los años muere algún turista intentando imitar el trayecto de los niños de Zanskar, más instruidos en las dobleces y grietas del traicionero hielo…

Fuente

—¿Sigues teniendo pereza para ir al colegio hoy?

—No.

—Arréglate y nos marchamos…

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Este blog ha sido nominado en dos categorías a los prestigiosos premios BOBs que concede la radiotelevisión alemana. Si quieres votarlo, puede hacerlo al mejor blog o al mejor blog en castellano.. ¡Gracias!

El hombre que pintó el cuadro más feo del mundo


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¿Cuántas veces hemos inclinado la cabeza delante de un bodrio de cuadro colgado el las impolutas paredes de un museo? ¿Cuántas veces nos hemos sorprendido del precio subastado de un lienzo amarillento e incomprensible que no sabemos ni orientar? No eres el primero. Hace varias décadas que alguien decidió tomarse la revancha. El profesor Paul Jordan-Smithen 1924, quiso dar una lección a los excesos del mundo del arte y sus especuladores.

(Seguir leyendo en Memorabilias.es. Un nuevo proyecto de divulgación para el que me pidieron este artículo… ¡Mucha Suerte! )

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La “Exaltación”. Obra de Pavel Jerdanowitch. Personaje inventado por Paul Jordan-Smith. 1925

Roland Freisler. Probablemente el peor juez de la historia


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¿Te imaginas que, antes de la vista oral en la que te juegas una más que segura condena a muerte, el juez te ordena que te quites el cinturón para que durante la misma se te caigan los pantalones y seas el hazmerreír de la sala? Bien, pues este era el más benévolo de los preceptos del ‘método sumarial Freisner’, el oxímoron de la disciplina judicial. Roland Freisler, su creador, fue el peor juez en la peor época posible. Presidente del Tribunal Popular de la Alemania nazi. Este era su modelo idílico de justicia.

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El temido juez Roland Freisler durante la ‘presentación’ de una de sus vistas. Fuente

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Nada más ganar las elecciones en 1933, el ‘insigne’ Adolf Hitler vació el aparato judicial no afín al régimen y deconstruyó todo el estado de derecho cargándose la federación judicial;  rellenando los huecos con grandes dosis de ‘vitamina aria’. Lo más curioso de la meteórica carrera de Roland Freisler, es que no contaba con las simpatías del Führer por su pasado bolchevique. El señor Freisler había abrazado el marxismo durante su cautiverio ruso en la primera guerra mundial. Le llamaban ‘El Comunista’. Es quizás esta muesca de su pasado ideológico la que construyó su agrio temperamento a la cabeza de la justicia nazi. Como queriendo dar prueba constante de su adhesión pública al régimen más extremista.

Apadrinado por el santo Goebbels fue recomendado como cabeza del Ministerio Prusiano de Justicia del Reich y con las reticencias del gran dictador accedió al cargo en 1933. La campaña de propaganda tenía ahora su mejor estilete.

Roland y su mecanismo para crear jurisprudencia

Todos los juicios de Freisler eran una pantomima al servicio de la propaganda de la ‘Solución Final’, el exterminio de los judíos. Su única misión era embrutecer la aplicación de la doctrina nazi contra los traidores al estado Nacional-Socialista para prevenir a futuros infractores, hasta tal punto que el sector más moderado del partido criticó una y otra vez sus métodos. Para ello creó en 1934 el temido tribunal popular Volksgerichtshof, órgano judicial del partido con más de 200 jueces inquisidores a su servicio y con más de 5000 ejecuciones sumarias a sus espaldas.

El tribunal repartía condenas de muerte por delitos de ofensa al régimen, como escuchar radios extranjeras o criticar al Führer incluso en círculos privados; basándose siempre en el “Decreto contra los parásitos nacionales” documento redactado por el mismo Freisler e incluyendo en él los atenuantes raciales y biológicos. El 90% de sus sentencias eran a muerte.

Uno de sus nuevos instrumentos jurídicos ‘inventados’ por Freiser fue el ‘decreto contra criminales juveniles precoces’ que incluían la pena de muerte a menores de edad que repartían, como Boy Scouts, panfletos antibélicos por la capital. Así fueron sentenciados Helmuth Hübener y 71 niños más.

Durante el juicio al Mariscal de Campo Von Witzleben, uno de los responsables del atentado fallido a Hitler, buscó la humillación constante impidiendo al acusado declarar con su dentadura postiza amén de sin el consabido cinturón (ver vídeo). Fue condenado ese mismo día y ahorcado desnudo con una cuerda de piano en en la prisión de Plötzensee. Más tarde y por orden expresa de Freisler se recuperarían viejos modelo de ajusticiamiento; como la guillotina utilizada para la ejecución de los jóvenes de la organización disidente “Rosa Blanca”

En el 37sg se puede ver como los convictos se sujetaban los pantalones para evitar ‘caídas impropias’.

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Otro de los documentos que quedan para la historia del ‘método Freisler’ es el vídeo del juicio al Ulrich Wilhelm Graf Schwerin von Schwanenfeld, perteneciente a la resistencia alemana y responsable también del complot para matar a Hitler. Basta ver el documento y leer la transcripción para entender el grado de humillación y sometimiento que exigía para con el sistema. Hasta los ingenieros de sonido tenían problemas con el micrófono debido a la vehemencia vocal del juez. Vean el vídeo:

Schwerin: “yo habría guardado silencio a pesar de los numerosos asesinatos…”

Freisler: (gritando) “¿asesinatos?”

Schwerin: “… tanto dentro como fuera de Alemania”

Freisler: “¡es usted un canalla miserable!. ¿Se arruga usted ante la chusma?. ¡Sí o no!, ¿se arruga usted ante ella?”

Schwerin: “Señor Presidente…”

Freisler: “¿Sí o no?; ¡quiero una respuesta clara!”

Schwerin: “No”

Freisler: “¡No; efectivamente, usted ya no puede arrugarse más porque usted no representa más que un montón de miseria que no tiene la más mínima dignidad!”.

Durante una vista oral en Berlín, el 3 de febrero de 1945, el juez Freisler recibió una intimidación por parte del procesado, el teniente Fabian von Schlabrendorff. El juez acusó al teniente de “perpretador” y que si de él dependiera… “lo fusilaría y lo mandaría directo al infierno“, a lo que el teniente le replicó que “con sumo gusto le cedía el paso”. Minutos después una bomba destruía la audiencia. Tras el polvo, confusión y desalojo se encontró al juez, fiscal y benefactor de la ‘ecuanimidad’ nazi, muerto bajo una columna dórica y con el expediente Schlabrendorff aún en la mano. Hitler ordenó que no se rindieran funerales de estado. Para él siempre sería “El comunista”

Fuentes y enlaces.

44 días desnuda frente al mundo…


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…y secuestrada, torturada, vejada, humillada y… Hay historias que marcan a un país y lo avergüenzan eternamente. La que sigue es el recuerdo, probablemente, del peor cautiverio adolescente de la historia. Junko Furuta, una colegiala japonesa de la prefectura de Saitama, padeció la peor retahíla de vejaciones inimaginables durante su extraño secuestro, fruto del torticero ingenio de cuatro efebos japoneses enfermos y empapados de execrable sadismo.  El diario del juicio es un compendio de barbarie que sorprendería al mismísimo Goebbles.

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Junko Furuta, tres de sus secuestradores y la casa del cautiverio. Fuente , 2

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La opinión pública japonesa convirtió el juicio abierto en una batalla por definir los límites entre ensañamiento, el sensacionalismo público, y la denuncia adoctrinante. El hecho de que los secuestradores fueran menores de edad (solo uno tenía 18 años recién cumplidos) y de clase media confundió aún más a autoridades y medios y consiguió elevar el debate educativo a todos los niveles. La ley obligaba a ocultar identidades de menores y los medios querían el escarnio público como venganza. Todavía hoy es un tema tan polémico como tabú.. ¿Qué hacer en estos casos?

La historia

Junko era una guapa quinceañera en 1988. Estudiante aventajada, destacaba en todas las actividades de su instituto generando el interés social correspondiente entre sus compañeros. Pero también suscitaba celos y envidias. Junko no fumaba, no bebía, no consumía drogas y por ello era vilipendiada por el sector más mafioso del instituto. Todo dentro de la ‘cruel’ normalidad del adolescente medio de un instituto de suburbio.

El salto a la excepcionalidad del crimen nació en un rechazo. Junko no tenía, no quería novio y, sistemáticamente rehuía cualquier propuesta en todo su entorno. Una de ellas fue la de Miyano Hiroshi, probablemente el muchacho más violento del instituto y perteneciente a las nuevas generaciones de la Yakuza, la mafia japonesa. Un elemento temido hasta por sus propios padres y que sucumbió a los encantos no correspondidos de Junko. Su perdición.

El 22 de noviembre de 1988, los tres escuderos de Miyano Hiroshi y aspirantes a maestros, Jo Kamisaku, de 17, Minato Nobuharu, de 16 y Watanabe Yasushi, de 17; convencieron a Junko para tener una conversación cordial con Miyano Hiroshi. Antes de que pudiera arrepentirse forzaron a Junko a subir al coche y la condujeron hasta la casa de los padres de Minato Nobuharu. Allí comenzó el infierno.

NOTA** (El relato es muy duro y de grotesca realidad)

Meditado el secuestro lo primero que hicieron antes de empezar las humillaciones fue obligar a Junko a llamar a su familia y contar que había huido de casa pero que estaba en lugar seguro. Miyano Hiroshi amenazó con matar a su familia al menor atisbo de fragilidad en la trémula voz de Junko. Los padres ‘tragaron’ y no hubo denuncia policial. Tampoco denunciaron los padres de Minato Nobuharu y dueños de la ‘prisión’ de Junko por el pavor a las amenazas del amigo de su hijo. Minato les contó que era su novia y estaría con él una temporada en casa.

Extracto del polémico Manga ‘High School Girl in Concrete’, dibujado por Uziga Waita. Ver completo

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A partir de ese momento las más oscuras tinieblas envolvieron los siguientes 44 días de la vida de la adolescente. Según el sumario, más de 100 hombres de la Yakuza conocían el paradero de la chica y fueron invitados a casa de Minato para participar de las violaciones y los sádicos juegos del violento clan. En un ritual de fuerza y sumisión tribal que espantó hasta a los peritos que luego revisarían el caso. Según el sumario, centenares de violaciones fueron reportadas en los 44 días de cautiverio. Quizás no fue lo peor… Los propios acusados declararon que Junko suplicaba una y otra vez que la mataran para no tener que soportar las torturas infligidas por sus captores… No hablamos del siglo XIII. Era 1989, el año que cayó el Muro de Berlín.

Un día cualquiera en el cautiverio

Junko fue obligada a permanecer desnuda prácticamante durante todo el confinamiento. Encerrada en una de las habitaciones del piso superior la sumisión y el miedo la convirtieron en el juguete de cuatro delincuentes adolescentes. El juego consistía en intentar sorprenderse unos a otros con el ‘talento’ en la tortura. Si uno proponía arrancar un pezón con unos alicates, otro conminaba a colocar petardos y bengalas en el ano de la secuestrada. Junko llegó a pasar horas encerradas en el congelador o colgada del techo como saco de boxeo a merced de sus pérfidos secuestradores.

La joven intentó escapar en varias ocasiones e incluso contactar con la policía. Todas ellas acabaron con el castigo infligido por los cuatro ‘valientes’. Quemaduras con cigarros, velas y mecheros; hacerle comer cucarachas o beber su propia orina y decenas de torturas inimaginables y fuera de la comprensión de la peor moral imaginada por el hombre.

En enero de 1989, Junko fue conminada a jugar una partida de Mah-Jong, el conocido juego de fichas oriental. La suerte que le había sido esquiva durante las últimas 5 semanas le acabó por dar la puntilla. Cruelmente le ayudó a ganar la partida, firmando su sentencia de muerte. El enfado de sus captores fue mitigado con la última tortura; rociarle el cuerpo con líquido inflamable para prenderlo después. Junko no murió inmediatamente, permaneció abandonada unas horas en estado de shock hasta que su cuerpo dijo basta. No había fuerzas ni para gritar. El cadáver fue encontrado por sus propios captores, que lo metieron en un barril lleno de cemento fresco y abandonaron a las afueras de Tokio en unos terrenos ganados al mar pensando que acabarían pronto en el fondo del océano…

La polémica llegaría más tarde. Los cuatro fueron detenidos y juzgados como adultos aunque sus identidades se preservaron por ser menores. Un tabloide las hizo públicas bajo el epígrafe “los derechos humanos no son necesarios para las bestias.” provocando el revuelo en la ya agitada opinión pública.. Al haber sido violada por tantos ‘animales’ los forenses no pudieron ligar el semen encontrado en el cadáver de Junko con los cuatro acusados, que solo fueron condenados por secuestro y lesiones con resultado de muerte. Eso sí, la familia de Junko ganó una demanda civil de 50 millones de yenes (unos 500.000 €) contra los padres dueños de la casa donde estuvo secuestrada.

Hoy todos están en la calle y volviendo a delinquir… Increíble ¿verdad?

Fuentes:

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