44 días desnuda frente al mundo…


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…y secuestrada, torturada, vejada, humillada y… Hay historias que marcan a un país y lo avergüenzan eternamente. La que sigue es el recuerdo, probablemente, del peor cautiverio adolescente de la historia. Junko Furuta, una colegiala japonesa de la prefectura de Saitama, padeció la peor retahíla de vejaciones inimaginables durante su extraño secuestro, fruto del torticero ingenio de cuatro efebos japoneses enfermos y empapados de execrable sadismo.  El diario del juicio es un compendio de barbarie que sorprendería al mismísimo Goebbles.

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Junko Furuta, tres de sus secuestradores y la casa del cautiverio. Fuente , 2

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La opinión pública japonesa convirtió el juicio abierto en una batalla por definir los límites entre ensañamiento, el sensacionalismo público, y la denuncia adoctrinante. El hecho de que los secuestradores fueran menores de edad (solo uno tenía 18 años recién cumplidos) y de clase media confundió aún más a autoridades y medios y consiguió elevar el debate educativo a todos los niveles. La ley obligaba a ocultar identidades de menores y los medios querían el escarnio público como venganza. Todavía hoy es un tema tan polémico como tabú.. ¿Qué hacer en estos casos?

La historia

Junko era una guapa quinceañera en 1988. Estudiante aventajada, destacaba en todas las actividades de su instituto generando el interés social correspondiente entre sus compañeros. Pero también suscitaba celos y envidias. Junko no fumaba, no bebía, no consumía drogas y por ello era vilipendiada por el sector más mafioso del instituto. Todo dentro de la ‘cruel’ normalidad del adolescente medio de un instituto de suburbio.

El salto a la excepcionalidad del crimen nació en un rechazo. Junko no tenía, no quería novio y, sistemáticamente rehuía cualquier propuesta en todo su entorno. Una de ellas fue la de Miyano Hiroshi, probablemente el muchacho más violento del instituto y perteneciente a las nuevas generaciones de la Yakuza, la mafia japonesa. Un elemento temido hasta por sus propios padres y que sucumbió a los encantos no correspondidos de Junko. Su perdición.

El 22 de noviembre de 1988, los tres escuderos de Miyano Hiroshi y aspirantes a maestros, Jo Kamisaku, de 17, Minato Nobuharu, de 16 y Watanabe Yasushi, de 17; convencieron a Junko para tener una conversación cordial con Miyano Hiroshi. Antes de que pudiera arrepentirse forzaron a Junko a subir al coche y la condujeron hasta la casa de los padres de Minato Nobuharu. Allí comenzó el infierno.

NOTA** (El relato es muy duro y de grotesca realidad)

Meditado el secuestro lo primero que hicieron antes de empezar las humillaciones fue obligar a Junko a llamar a su familia y contar que había huido de casa pero que estaba en lugar seguro. Miyano Hiroshi amenazó con matar a su familia al menor atisbo de fragilidad en la trémula voz de Junko. Los padres ‘tragaron’ y no hubo denuncia policial. Tampoco denunciaron los padres de Minato Nobuharu y dueños de la ‘prisión’ de Junko por el pavor a las amenazas del amigo de su hijo. Minato les contó que era su novia y estaría con él una temporada en casa.

Extracto del polémico Manga ‘High School Girl in Concrete’, dibujado por Uziga Waita. Ver completo

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A partir de ese momento las más oscuras tinieblas envolvieron los siguientes 44 días de la vida de la adolescente. Según el sumario, más de 100 hombres de la Yakuza conocían el paradero de la chica y fueron invitados a casa de Minato para participar de las violaciones y los sádicos juegos del violento clan. En un ritual de fuerza y sumisión tribal que espantó hasta a los peritos que luego revisarían el caso. Según el sumario, centenares de violaciones fueron reportadas en los 44 días de cautiverio. Quizás no fue lo peor… Los propios acusados declararon que Junko suplicaba una y otra vez que la mataran para no tener que soportar las torturas infligidas por sus captores… No hablamos del siglo XIII. Era 1989, el año que cayó el Muro de Berlín.

Un día cualquiera en el cautiverio

Junko fue obligada a permanecer desnuda prácticamante durante todo el confinamiento. Encerrada en una de las habitaciones del piso superior la sumisión y el miedo la convirtieron en el juguete de cuatro delincuentes adolescentes. El juego consistía en intentar sorprenderse unos a otros con el ‘talento’ en la tortura. Si uno proponía arrancar un pezón con unos alicates, otro conminaba a colocar petardos y bengalas en el ano de la secuestrada. Junko llegó a pasar horas encerradas en el congelador o colgada del techo como saco de boxeo a merced de sus pérfidos secuestradores.

La joven intentó escapar en varias ocasiones e incluso contactar con la policía. Todas ellas acabaron con el castigo infligido por los cuatro ‘valientes’. Quemaduras con cigarros, velas y mecheros; hacerle comer cucarachas o beber su propia orina y decenas de torturas inimaginables y fuera de la comprensión de la peor moral imaginada por el hombre.

En enero de 1989, Junko fue conminada a jugar una partida de Mah-Jong, el conocido juego de fichas oriental. La suerte que le había sido esquiva durante las últimas 5 semanas le acabó por dar la puntilla. Cruelmente le ayudó a ganar la partida, firmando su sentencia de muerte. El enfado de sus captores fue mitigado con la última tortura; rociarle el cuerpo con líquido inflamable para prenderlo después. Junko no murió inmediatamente, permaneció abandonada unas horas en estado de shock hasta que su cuerpo dijo basta. No había fuerzas ni para gritar. El cadáver fue encontrado por sus propios captores, que lo metieron en un barril lleno de cemento fresco y abandonaron a las afueras de Tokio en unos terrenos ganados al mar pensando que acabarían pronto en el fondo del océano…

La polémica llegaría más tarde. Los cuatro fueron detenidos y juzgados como adultos aunque sus identidades se preservaron por ser menores. Un tabloide las hizo públicas bajo el epígrafe “los derechos humanos no son necesarios para las bestias.” provocando el revuelo en la ya agitada opinión pública.. Al haber sido violada por tantos ‘animales’ los forenses no pudieron ligar el semen encontrado en el cadáver de Junko con los cuatro acusados, que solo fueron condenados por secuestro y lesiones con resultado de muerte. Eso sí, la familia de Junko ganó una demanda civil de 50 millones de yenes (unos 500.000 €) contra los padres dueños de la casa donde estuvo secuestrada.

Hoy todos están en la calle y volviendo a delinquir… Increíble ¿verdad?

Fuentes:

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39 comentarios

  1. pijudo

     /  abril 1, 2015

    Habria que aplicarle las mismas torturas al que redacto este post por usar palabras como: retahíla torticero efebos execrable compendio…. Tanta finura para redactar algo tan enfermo!!

    Responder
  1. 44 días desnuda frente al mundo… « QeVida

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