¡Sálvame! Fotografías en la frontera de la vida


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El hombre es un ser social por naturaleza. Un depredador de sentimientos. A pesar de todas las guerras, desastres humanos y envidias innatas buscamos, ante todo, proteger y amar a nuestros semejantes; defenderlos hasta de nosotros mismos. Es precisamente en esos momentos de desgracia, crueldad y aventura donde surgen las historias más emotivas. Historias de supervivencia, de encuentros, de rescates, de dolor, de tragedias… A continuación una colección de instantáneas más o menos desconocidas que tratan de retratar ese increíble momento humano que tan bien nos define ante una situación límite.

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El último abrazo

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29 de Octubre de 2013. Dos ingenieros de 19 y 21 años que se encuentran reparando un molino en Ooltgensplaat (Holanda) son sorprendidos por un cortocircuito que provoca un incendio masivo en la góndola, a 67 metros de altura sobre el suelo. El fuego corta la línea de evacuación. Un cable que les permitiría descender por el interior de la torre hasta el suelo. No hay cuerdas, ni tirolinas exteriores, ni paracaídas, ni sistema anti incendios. Ambos saben que no tienen salida. Están solos. La angustia es brutal, pero ello no les impide estar juntos y consolarse hasta el último momento.

Uno de ellos terminará tirándose desesperado al vacío. El otro fue encontrado calcinado por los bomberos en el interior de la góndola. La foto y el gesto no tardó en hacerse viral.

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Atrapados por el fútbol

heysel-1Espectadores intentando escapar de la tragedia. Heysel. Bruselas. Eamonn McCabe. Fuente

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Solo hay un rostro fuera de la angustia en la terrible foto de Eamonn McCabe. Es el del caballero de la esquina inferior izquierda. El único que no está atrapado por la masa. El único que puede e intenta ayudar.

No se me ocurre muerte más terrible que por aplastamiento

Muchos niños vivimos por primera vez y en directo por televisión lo que era el infierno que contaba Dante Alighieri. Una tragedia narrada por los mismos que nos cantaban la fiesta de los goles. Niños atrapados, ancianos ahogados, hooligans llorando… Todo lo que no tocaba. A todos nos costaba respirar viendo aquello. Era la noche del 29 de mayo de 1985 en el estadio de Heysel, Bruselas. 39 personas murieron intentando soportar el peso de otra gente.

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El mejor amigo del perro

dogFoto de Bishop Marshall. Fuente

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Otoño de 1940. Londres está ‘iluminado’ por el relámpago más largo de la historia. 8 meses de intenso bombardeo de la Luftwaffe. Un golpetazo encima de la mesa del Führer que destruiría más de un millón de casas por toda la ciudad. La capital era tan solo un pedregal de escombros en la primavera del 41. Más de 50.000 cadáveres entre los cascotes de los históricos edificios victorianos. Las unidades de emergencia desbordadas no daban abasto. No había grandes grúas o equipo técnicos de rescate. Sólo músculo, intuición y… perros. Decenas de canes y mascotas atrapados con vida eran los mejores centinelas para sus amos, las sirenas que anunciaban gente con vida.

En la fotografía de Bishop Marshall uno de los que ladró durante 18 horas seguidas bajo los escombros junto a su dueño herido. Un guía, una sonda sonora para la Patrulla de rescate Air Raid (ARP). Ambos fueron rescatados con vida.

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Madres desesperadas

daily-news-crime-photos-yearsFuente

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19 de Marzo de 1942. Estados Unidos se encuentra inmerso en la Segunda Guerra mundial. Lo que empezó con la aprobación del Congreso de una ayuda de 50.000 millones a los 37 países aliados en el acta de Préstamo y Arriendo el 11 de marzo de 1941 acabó con una implicación absoluta en la Operación Torch en la campaña del Norte de África. Miles de norteamericanos fueron alistados para la guerra. La sociedad empezó a movilizarse pero el clima patriótico generalizado y alimentado por la propaganda gubernamental era, de vez en cuando, salpicado por pequeños episodios anti belicistas.

En la críptica imagen, la señora Edna Egbert está luchando contra los policías que han venido a salvarla de sí misma. Esa misma mañana había decidido encaramarse a la fachada del 497 en Dean Street, Brooklyn. Su intención era suicidarse… y tenía una razón.

Ocho meses antes la señora Edna Egbert había despedido a su hijo rumbo a un frente desconocido. Edna era una de esas miles de madres desesperadas que veían su vida familiar cercenada por una guerra a miles de kilómetros de distancia. En ocho meses de campaña no había recibido ninguna carta de su hijo o comunicación del ejército, por lo que supuso que había muerto… o no. Esta duda la llevó a la locura. Edna desarrolló una fobia a las autoridades, a la guerra y a la vida. No podía más.

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Agárrame la vida

16147732-mmmainUn bombero sujeta con una mano un niño salvado de las llamas. James “Ziggy” Sears. Fuente

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Todo ocurrió en una fracción de segundo y allí estaba el fotógrafo James “Ziggy” Sears para capturar el instante.

El 10 de noviembre de 1992 el teniente Christopher J. Reynolds acude al incendio de un edificio de cinco plantas en la calle Chestnut en Holyoke, Massachusetts. Todo está lleno de humo y es difícil buscar el foco del fuego.

En el último piso dos niños lanzan alaridos por una ventana entre toses y humos. Se están quemando vivos. El teniente y su equipo despliegan la escalera mecánica y alcanzan a las criaturas en pocos segundos. El espesor de la humareda crece con la angustia.

El niño de la fotografía, de 22 meses de edad, es Luis Arnaldo López. Había estado jugando con un mechero en su colchón y su hermana mayor intentó apagar la travesura con un bote de laca del pelo. Murieron sus otros tres hermanos.

La fotografía dio la vuelta al mundo el día siguiente. No fue una foto de salvamento más. Quizás el escenario escondido, entre la humareda. Quizás los protagonistas sin rostro… o la mano agarrando el tobillo en el centro de la composición…

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24 años encerrada por amor

9B5Blanche Monnier el día del final de su cautiverio. Fuente

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Con esa mirada recibió Blanche Monnier a los policías que abrieron por primera vez en un cuarto de siglo el zulo donde la tenía encerrada su madre. Nadie en Poitiers comprendía cómo aquella mujer rodeada de excrementos, basura y olvido había conseguido sobrevivir a tan terrible encierro.

Tenía 49 años de edad y pesaba sólo 55 kilos.

Blanche era una hermosa mujer que había decidido contraer matrimonio con su abogado en 1874, 25 años antes de la fotografía. Pero según su madre el linaje de amante no hacía sombra suficiente a la estirpe de los Monnier. Una familia muy respetada en toda ciudad. Presa de la envidia y embriagada de impotencia decidió encerrar a su hija en la alcoba más lúgubre y oscura de su mansión hasta que aquel amor desapareciera. No volvería a ver la luz hasta su rescate. Una carta de un vecino que sospechaba del abuso puso en alerta a las autoridades.

Blanche murió 10 años después en un hospital psiquiátrico sin poder rehacer su vida. Su madre falleció de un infarto cuando se destapó el caso.

…pero consiguió que no se casara con aquel abogado.

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En las puertas del infierno

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27 de enero de 1945. El mayor infierno creado por el hombre cierra sus puertas. Auschwitz, la fábrica de muerte, es liberado. Solo quedan 2819 supervivientes. A los liberadores soviéticos les costaba distinguir a vivos y muertos. La muerte estaba en el aire… literalmente. 6000 personas fueron cremadas todos los días en el corazón del infierno.

En la fotografía un militar sanitario de la ‘Armada Roja’ soviética examina a uno de los supervivientes que no puede ni sujetar su propio cuerpo. La mirada perdida, los huesos por encima de la piel, el pasado por encima de todo…

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Un ataúd de metal

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1 de junio de 1939. El infierno está ahora en el mar, cerca de los astilleros de Cammell Laird, Birkenhead; Inglaterra. 103 personas permanecen 18 horas encerradas en una caja de acero sellada a 49 metros bajo el agua. Nadie puede hacer nada. El aire se acaba y van durmiéndose para siempre poco a poco, uno tras otro. Fuera está lleno de imponentes e impotentes navíos intentando el rescate. Es la tragedia del submarino HMS Thetis de la ‘Royal Navy’. Una concatenación de errores de diseño y prisas en el paseo inaugural llevan a pique a aquella nave por inundar excesivamente la proa. Para cuando el capitán consigue reflotar parte del submarino (foto) la mayoría de la tripulación está ya asfixiada. Solo cuatro de ellos lograron renovar el aire de sus pulmones y sobrevivir a costa de inundar el compartimento de sus compañeros. Terrible historia.

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El hombre de negro

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4 de Mayo de 1952. Hay fotografías históricas con mensaje y carga de belleza brutal. Fotos que explican la realidad de todo un país. Un país sometido al ritmo económico de la guerra y del petróleo pero que también sucumbe ante él.

Noche cerrada en el Atlántico. La flota norteamericana está por las Azores de maniobras preparando el que siempre será ‘inminente ataque soviético’. El enorme portaaviones USS Wasp sale de entre la bruma para embestir al destructor dragaminas USS Hobson, 20 veces más pequeño y veterano de la Segunda Guerra Mundial. Lo parte por la mitad, literalmente y se hunde en el océano en tan solo cuatro minutos. 176 hombres pierden la vida en el incidente y 61 son rescatados. Entre ellos el hombre de la foto que dio su últimas brazadas entre el petróleo del depósito de combustible reventado.

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La sonrisa de la superviviente

z53rFoto de Yosuke Yamahata. Fuente

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10 de agosto de 1945. Nagasaki. Un día después de la Bomba atómica. El fotógrafo japonés Yosuke Yamahata tomó alrededor de un centenar de exposiciones durante el día después que documentaron la devastación de la ciudad. En una de ellas puede verse la inquietante sonrisa de una mujer que sobrevivió a la explosión y que abandona el refugio que le salvó del infierno. No hay vida en varios kilómetros a la redonda. Su sonrisa es, en el fondo, un agradecimiento a su suerte. Al fondo puede verse aún en pie la catedral Nakamachi.

Yamahata enfermó gravemente en 1965, en su cuadragésimo octavo cumpleaños y en el vigésimo aniversario del bombardeo de Hiroshima. Fue diagnosticado con cáncer terminal del duodeno, probablemente causada por los efectos residuales de la radiación recibidas durante aquella intensa jornada de trabajo.

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Superviviente por vocación

Fuente

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Otoño de 1952. Todo náufrago sueña con ser salvado aunque nadie elige vivir la pesadilla que ocasiona su salvamento. Todos menos el biólogo francés Dr. Alain Bombard (1924 – 2005). Un aventurero que diseñó y planificó minuciosamente su hazaña de supervivencia. La misión era estudiar y vivir en primera persona los problemas de un naufragio en alta mar para mejorar y garantizar nuevos procedimientos y estrategias de salvamento. Su trabajo de ayer ha condicionado los mecanismos de salvamento de hoy. Pero aquel fue una absoluta temeridad que, por supuesto, le convirtió en héroe nacional.

El 11 de agosto de 1952 Alain Bombard partió de Tánger en una zodiac de salvamento de 4,5 metros de eslora y típica de cualquier navío comercial dotada con una vela artesanal de 3 m2. El bote fue bautizado con el nombre de L’Heretique. La idea era cruzar el Atlántico en aquella minúscula embarcación sin agua potable, sin víveres… solo con sus manos y el L’Heretique. ¿Lo conseguiría?

En la foto Alain Bombard es rescatado a su llegada tras perder 25 kilos y ganar una terrible anemia que le llevaría al hospital. Consiguió cruzar el charco a base de comer plancton y beber jugo de peces y pequeñas cantidades de agua de mar. Tras la aventura declaró que lo peor no fue el hambre ni la sed (para los que tenía un plan) sino la terrible soledad.

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Héroes que nunca quisieron serlo


[artículo original escrito para la revista @iHstoriaMDZ de Mediazines, dirigida por Javier Sanz]

La señora Greta Winton no pudo contener las lágrimas. El descubrimiento que acababa de hacer en el desván de su casa iba a cambiar su vida y la de toda su familia. 669 fotos de niños judíos ordenadas, escondidas y clasificadas por fecha. Junto a ellas, docenas de cartas de sus progenitores, billetes de tren, documentos, anuncios y recortes de prensa solicitando financiación. Todo en blanco y negro, lleno de polvo y con la patina amarilla que deja sobre el papel el paso del tiempo. Pero, sobre todo, en aquella vieja maleta escondida había una gran historia que contar. Una historia disimulada y ocultada por su protagonista en un trastero durante más de 50 años. La historia de un héroe del holocausto que nunca quiso serlo ni mucho menos contarlo. Estamos en Londres, es el año 1988. El muro de Berlín está a punto de caer y el mundo necesita reconciliarse con su pasado.

395848Nicholas Winton con alguno de los niños que salvó. Fuente. Televisión Checa

 Cincuenta años antes la historia era bien distinta. La Unión Soviética y Alemania se reparten sus sueños de grandeza mientras Europa se desmorona adentrándose en un camino de violencia y catástrofe. 1939 es una año clave en la historia del continente y en la de Nicholas Winton (1909-). El dueño de aquella maleta secreta.

 Nicholas es hijo de inmigrantes de origen judío que se asentaron en Londres para buscar fortuna. Y la encontraron. Nicholas estudió y se convirtió en un respetado agente de bolsa en su ciudad natal. Hampstead. La misma donde reside hoy con 105 años.

 Su brillante carrera se interrumpió al ritmo de los acontecimientos que precipitaron la Segunda Guerra Mundial. El destino y la llamada de un amigo hicieron que suspendiera sus vacaciones invernales de 1938 para informarse de lo que estaba pasando con los refugiados judíos en Praga.

 Durante el apogeo del partido Nazi, más de 300.000 judíos migraron de Alemania y Austria huyendo de los pogromos y linchamientos étnicos del nuevo establishment. El protectorado judío de Bohemia y Moravia en Checoslovaquia era un gueto a punto de estallar. Los judíos perdieron la condición de ciudadanos en un barrio que la gestapo convertiría más tarde en “un museo exótico para una raza extinguida“, importando los souvenirs robados por sinagogas de toda Europa como trofeos para cultivar la exhibición pública de su grotesco antisemitismo.

 Nicky, impresionado, montó en unas horas una oficina en la habitación de su hotel para dar cobijo y gestionar la salida de niños enfermos y desesperados hacia Inglaterra y Suecia. Los únicos países que aceptaron la empresa. A cambio del acuerdo, Nicky tenía que conseguir alguna familia que adoptase a los niños en destino y 50 libras para los gastos. Manos a la obra.

 Falsificó los documentos alemanes de los niños, buscó financiación de sinagogas y pequeñas empresas a través de anuncios en periódicos o panfletos subversivos. Volvió a Inglaterra para montar una red de familias dispuestas a adoptar a los niños elegidos. Corrió la voz y las colas de padres desesperados por salvar a sus hijos colapsaron el Hotel Europa en la Plaza Wenceslao y luego un discreto piso franco en la calle Voršilská que Winton usaba de centro estratégico. La Gestapo sospechaba del movimiento solidario pero no imaginó la red de extradición infantil que se cocía en aquélla oficina improvisada.

 Los niños se despedían en la estación de Praga con una sonrisa para unas breves vacaciones. Sus padres se despedían entre lágrimas para siempre. No hay constancia de niños exiliados que volvieran a reunirse con sus progenitores. Hasta 8 ‘Trenes de Winton’ abandonaron el infierno de Praga. Pero desafortunadamente no todos llegaron a su destino.

 Winton, ahora ordenado Sir por la realeza británica, disfrazó de normalidad la obligación moral de proteger a sus semejantes. Más de 6.000 familias de descendientes agradecen hoy su descomunal gesto. Pero Winton calló durante 50 años porque jamás sintió el orgullo de promocionar un compromiso activo y obligado para con su comunidad. Él mismo escribiría más tarde:

Hay una diferencia entre el bien activo y el pasivo. El bien activo significa dedicar tiempo y energía para mitigar el dolor y el sufrimiento. Requiere que uno busque activamente a esos que sufren y están en peligro y no sólo vivir una ejemplar vida pasiva sin hacer el mal”.

Eso y que nunca pudo olvidar aquel tren que jamás llegó a su destino.

 

El octavo tren

 Amanecer del 1 de septiembre de 1939. Casi 250 niños se disponen a embarcar en el último tren fletado por Winton. La estación es un hervidero. El control de los alemanes es intimidatorio y el miedo a ser descubierto impide la excelsitud de las despedidas. Centenares de familiares contienen el último adiós a sus hijos. Nunca volverán a verlos. Tampoco sus familias adoptivas.

 ¿Qué le pasó al último tren? Esa misma tarde Alemania invadía Polonia y cerraba todas sus fronteras. Todas las comunicaciones europeas de la zona fueron interceptadas. Aquél tren cambió de destino y truncó el futuro de los 250 niños. La campiña inglesa de Cotswolds Hill, los cottage del corazón de Stratford-Upon-Avon, los apartamentos de Londres… se convirtieron en las lúgubres barracas de algún campo de concentración en el centro de la Europa robada. ¿Terezín? ¿Auschwitz? ¿Buchenwald?

 Probablemente terminaron en campo de concentración de Buchenwald, cerca de la ciudad de Weimar. Uno de los más importantes centros de reclusión dentro de territorio Alemán. Y uno de los más sanguinarios. Dirigido en aquella época por el comandante Karl Otto Koch y su segunda esposa, Ilse Koch. La ‘zorra de Buchenwald. Una mujer que vestía su casa con lámparas y objetos forrados con la piel tatuada de sus prisioneros fusilados. Sin comentarios.

moLiberatorSurvivorsToKeynote_800_581_90Niños del bloque 66 del campo de concentración de Buchenwald. Fuente

El campo era un centro de experimentación médica, trabajos forzados, tortura y reclusión infantil. Un caos de 100.000 presos provenientes de todos los rincones de Europa.

 Dentro de este desgobierno las comunidades de prisioneros se autogestionaban con el mismo espíritu que exhibía el bueno de Nicky Winton. Todas menos los niños. Los niños eran arrancados de sus padres antes de llegar al campo. Sin progenitores no había control. Hasta que apareció un Checoslovaco que decidió poner un poco de orden y organizar a los prisioneros infantiles en un pabellón.

 Antonín Kalina (1902-1990) era responsable de la resistencia comunista-alemana que administraba el campamento y decidió establecer un sector dedicado a ellos, el llamado “Bloque 66″ o kinderblock. Aprovechando una zona de cuarentena del campo donde los carceleros no se acercaban por la podredumbre y las enfermedades, reunió a las comunidad infantil más desprotegida para poder establecer un control cercano sobre ellos, lejos de los abusos de los inhumanos celadores.

 Las mejores mantas y raciones de comida, los mejores y más limpios uniformes. El boca a boca de Kalina le permitía recolectar las donaciones de los demás presos. Pero no solo eso. Kalina organizaba actividades infantiles. Talleres educativos de lectura, idiomas y matemáticas, cuentacuentos, el cancionero para irse a la cama… se trataba de hacer lo más llevadero posible la estancia en el infierno.

 Y salvarles la vida. Mantener a los niños en aquel barracón les libraba de los trabajos forzados y de salir al recuento diario. Importantísimo a la hora de evitar y combatir la desnutrición y otras enfermedades. Kalina se encargaba también de cambiar las marcas e insignias amarillas que sobre el pecho llevaban los niños judíos por los símbolos cristianos. Asi conseguía salvarles de las constantes redadas y limpias de las ‘marchas de la muerte’ que los nazis ejecutaban como excusa para purgar y descongestionar el campo y toda la raza aria.

 El día de la liberación del campo, el 11 de abril de 1945, los 900 niños que sobrevivieron al horror de Buchenwald salieron en procesión con Antonín Kalina sobre sus hombros. Era el más simple pero sentido homenaje al esfuerzo de un hombre que gestionó sin apenas recursos la protección de la infancia en aquel avispero nazi.

 Kalina regresó a Checoslovaquia y vivió hasta los 88 en la más absoluta oscuridad. Ni una entrevista. Ni un halago en vida. Tampoco encontró motivo para vender su hazaña. Fueron sus ‘hijos adoptivos’ quienes rindieron tributo al personaje honrando su memoria y su pasado para inmortalizar su ejemplo en los libros de historia.

 

La libertad viaja en bicicleta

 Pero no siempre el héroe anónimo es un personaje desconocido. Hay famosos que lucharon contra la ignominia nazi desde la popularidad. Aprovechando la fama como armadura y salvoconducto para engañar a la autoridad ilegítima. Con una simple bicicleta se pueden salvar más de 800 vidas.

gino-bartali-640 Bártali escondía en el cuadro de su bici salvoconductos para salvar a muchos judíos. Fuente: ilfattoquotidiano.it

Gino Bártali (1914-2000) era un ciclista italiano profesional admirado y querido en todo el mundo. Bonachón, católico, hombre de pueblo y tremendamente popular. El mismísimo Mussolini le adoptó como estandarte deportivo del fascismo italiano. Él nunca renegaría del papel propagandístico que le tocó antes de la gran guerra, en el fondo era su mejor arma para poder cumplir su objetivo y le salvó de las sospechas que la policía fascista pudiera tener sobre él.

 Durante el terrible bienio negro 1943-1944, sin competiciones en el calendario internacional, Gino se dedicó a entrenar y pasear sus triunfos en el Tour del 38 y el Giro del 36 y del 37 por la Toscana italiana. Montado en su bicicleta Legnano roja y verde y con un gran maillot con su nombre, para que no se dudara de su identidad, el ciclista se daba un baño de multitudes por las carreteras secundarias de media italia. Lo que no se descubriría hasta después de su muerte es que el genial ciclista escondía en el cuadro de su bicicleta la documentación de judíos italianos para sacarlos del país. Gino Bártali pertenecía a una red clandestina de residentes que ayudó a sacar de Italia hasta 800 judíos. Bartali movía los papeles y fotos de judíos entre monasterios y las imprentas clandestinas donde fabricaban la documentación falsa necesaria. Con ella los judíos podían llegar hasta los Abruzzos, más allá de la línea «Gustav» levantada por los Nazis para impedir el paso aliado.

 Los policías del Duce aplaudían siempre a su paso y se morían por un autógrafo o preguntarle cosas de ciclismo; borrachos siempre de nacionalismo deportivo e ignorantes de la verdadera carrera del italiano. Salvar vidas humanas.  Una estrategia perfecta.

 Tres héroes anónimos que nunca quisieron serlo. Quizás porque en la inmensidad de la desgracia la actitud más humana y natural es siempre la solidaria y compasiva. Sin forzar el lucimiento personal. Quizás porque convivir con el holocausto y su recuerdo solo te invita al olvido. En cualquier caso, el análisis histórico y el ejercicio de memoria colectiva merecen colocar a cada héroe o villano en el lugar que realmente merecen.

 

 

Para saber más.

 Página web de Sir Nicholas Winton. http://www.nicholaswinton.com

Enciclopedia del Holocausto. http://www.ushmm.org

Fundación Internacional Raoul Wallenberg http://www.raoulwallenberg.net

 

Cuando el fotógrafo pasaba por allí


Nada hay como encontrarse y admirar una foto no planificada, sino congelada por casualidad para perpetuar una historia casual en el tiempo. Donde el autor es irrelevante frente a la fuerza del suceso. Donde su aportación es siempre testimonial. Llevo tiempo coleccionando asombros, instantáneas que provocan la admiración o sorpresa del encuentro fortuito de un improvisado fotógrafo frente a una anécdota descomunal. Como diría Bresson se trata «solo de vivir y mirar. La fotografía, como caminar, no se enseña, se aprende»… y todos sabemos caminar para tropezar con el famoso instante decisivo.

(seguir leyendo en JotDown Magazine)

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7 metros bajo el nivel del mar


Península de Holanda. Mayo de 2135. Extracto del acta de la Comisión Marco sobre el fanatismo ecológico del Cambio Climático. Los Estados Unidos de Europa contra “WorldPinKare”, ONG ambientalista y centenaria acusada de exceso de celo, informes contradictorios y movilizaciones alarmistas contra el cambio climático:

“Tiene la palabra Walter B. Fieldson, de la fiscalía y acusación popular de la Unión […]

(Seguir leyendo el artículo completo en GREENPEACE.org)…

barcelona_7m_blogBarcelona bajo 7 metros de agua. Montaje: Kurioso. Fotografía original:Fuente

Prohibido mencionar la palabra ‘Tupper’ o cómo lesionar tu libertad de expresión


Hace ya unos días, un conocidísimo despacho de abogados de los de membrete retorcido, doble apellido y pomposo abolengo me hizo llegar un requerimiento para que retirase un post del blog donde mencionaba la palabra ‘Tupper’ que -según ellos- produce un “menoscabo a la distintividad de la marca que representan” (maldito lenguaje de picapleitos). El post no tiene nada que ver con la marca ‘Tupper’ y el requerimiento no es más que una mala praxis jurídica que hay que denunciar a los cuatro vientos.

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Esta es la imagen origen del requerimiento. Parece que no supieron captar la ironía del mensaje…

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La dilución de una marca es uno de los caballos de batalla de las grandes compañías. Tupper, Kleenex, Donuts, Bimbo, etc… invierten muchísimo dinero para que el consumidor no perciba esta ‘vulgarización’ de su imagen y sea capaz de distinguir y usar el verdadero y original producto de las copias nacidas después, o de las patentes no autorizadas. Se trata de evitar morir por el éxito de la marca. El problema es cuando el nombre de esa marca se ‘cristaliza’ irremediable y espontáneamente como identidad de un tipo de producto y no de una marca específica. En este ejercicio legítimo de defensa de unos intereses algunos utilizan técnicas indiscriminadas y masivas en la red para intimidar o amedrentar a todo el mundo que haga uso de su marca, ya sea en el legítimo o no derecho a su libertad de expresión. Mandar unos cientos de requerimientos (ni siquiera amenazas o denuncias) a otros tantos insignificantes ‘blogueros’ o usuarios de redes sociales y luego controlar quién ha retirado la alusión para hacer un informe y así poder justificar la ‘iguala’ que tendrán con la marca representada. El problema es cuando alguno de estos denunciamos lo que consideramos no ajustado a derecho.

Me pregunto si ese despacho habrá mandado el mismo requerimiento al editor de El País/Galicia por usar hoy mismo la palabra “Tupperen este artículo, o si habrán denunciado ya a aquella madre que convirtió a su querida marca en un arma peligrosísima capaz de hundir la imagen y las ventas de toda la empresa en un segundo.

También me pregunto si cuando algún cocinero famoso con 50.000 followers en alguna red social o programa de televisión utiliza también inconscientemente la palabra ‘tupper’ cuando hablan de envasar sus recetas, el conocidísimo despacho de abogados enviará también el requerimiento o -como sería lo más coherente con su praxis-, un ramo de flores en agradecimiento a la publicidad gratuita de la marca.

Lo que no perciben, o entienden o no quieren reconocer es que esta técnica masiva de intimidación acaba produciendo un efecto Streissand que va a diluir y vulgarizar -aún más- no sólo la imagen de su marca sino el prestigio y el saber hacer por defenderla en blogs y Redes Sociales.

Está fue mi respuesta al requerimiento:

“Estimada XXXX:

Recibido el requerimiento de su cliente paso a comunicarle que de ninguna de las maneras voy a renunciar al derecho a mi libertad de expresión en lo que me parece un ejercicio de intimidación y mala praxis profesional por parte de su despacho. No pienso retirar el post donde lo único que hago es ejercer mi libertad de opinión sin intención alguna de lesionar los derechos de su marca representada. Tenía pocas dudas al respecto pero para hacerme con las certezas he consultado a especialistas sobre derecho marcario confirmando que en ningún caso el ejercicio a esa libertad me hace responsable en la dilución de la marca a la que ustedes no muy bien representan.

No solo eso, le comunico que en extensión a esa libertad me propongo compartir y luchar para que este tipo de ‘mala praxis jurídica’ no amedrente ni lesione la voluntad de aquellas personas que no conozcan lo suficientemente la ley como para saber que el ejercicio de su libertad de expresión está por encima de cualquier intento de limpiar la imagen de una marca ‘diluida’ ya desde hace tiempo.

Saludos cordiales.”

Gracias a @DavidMaeztu por su asesoramiento legal…

2012. Un Twitter para dos Españas


Don Tomás Rodrigo y Otero de Lanza -Conde de Nosesabe– es un facha, vocero terrateniente y representa al ‘nuevo liberalismo’ más rancio de la derecha tradicional… tan liberal, liberal que se va de putas los viernes al salir del banco. Jaime Echániz es iHippy -Hippy con iPhone-, ecologista de boquilla, reaccionario de sofá y más de izquierdas que La Pasionaria conduciendo un biscúter por el ‘imperio’ británico. Ambas son caricaturas de nuestra más cerril, demagógica e involucionada España y os acompañan en un viaje por lo mejor y lo peor de twitter en 2012. Porque no hay mayor distorsión informativa que una red filtrada solo por tu ideología.

(Seguir leyendo el artículo completo en eldiario.es)…

2españasInterpretación del cuadro “Duelo a garrotazos”. Las dos españas. Goya. Museo del Prado.

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