La ciudad de los niños rata.


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Ulán Bator. Mongolia, Septiembre de 2008. En pleno siglo XXI más de tres mil niños desamparados viven todavía como ratas bajo el subsuelo de la ciudad. Huérfanos de cariño y parias de las cloacas se resguardan, como topos, del duro clima y de la indolencia ajena en el vetusto y fétido sistema de saneamiento y calefacción Mongol. Desheredados de la ciudad y jerarquizados en comunas infantiles del subsuelo, comparten con los roedores los despojos de una de las capitales más pobres de Asia. Bagii, un niño rata, nos cuenta su historia.

La ciudad de los niños perdidos. Ulán Bator. Fuente Daily Pilot

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Hola. Me llamo Bagii. Es lo único que tengo; un nombre. El resto lo comparto con mis compañeros. Bueno, a veces también comparto incluso el nombre; otro Bagii [Nyamdavaa] vive en una arqueta en el ramal oeste a cuatro codos de aquí, y alguna vez ha venido a basurear con los nuestros […]

Mi padre era pastor y teníamos unas tierras que labrar y donde esparcir nuestros animales; unas cuantas ovejas y unos percherones, suficiente para dar de comer a toda mi familia. Tras la gran democratización de los noventa, se privatizaron y nos arrancaron de la finca y se llevaron los animales. Las devastadoras tormentas invernales del 2001 hicieron el resto. Nos quedamos sin nada,…mis padres me enviaron a la ciudad a buscar un futuro, ahora sólo tengo amigos…

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Vivo en Ulán Bator, la capital de Mongolia; un país atrapado entre la Siberia rusa y el norte de China. Según nos cuentan algunos de los sexo-turistas que contratan a mis hermanas, es la capital más fría de la tierra, con temperaturas de hasta 40 grados bajo cero en invierno. Afortunadamente la unión soviética construyó en los años 60 uno de los sistemas de calefacción comunal y descomunal más importante del mundo, con una red de tuberías y canalizaciones compartidas muy extensa… éste es ahora mi ‘cálido’ hogar.

No es fácil encontrar una buena arqueta. Las tuberías salen a más de 90 grados cerca de las centrales y es difícil convivir con ellas incluso en invierno. Para ello construimos unas camas de cartón y basura sobre las cañerías que nos aíslan del frío y del calor hasta que se la comen las ratas…

Nos llaman «Los chicos de alcantarilla». New Internationalist

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El alcantarillado está numerado y dividido por sectores y distritos. Cada sector es controlado por una banda juvenil que cuida y vigila cobijo y posesiones hasta la muerte: «Cruzar al lado enemigo supone pelea, algunos amigos han muerto al ser cazados cuando iban en busca de algo de comida»

Yo soy el cabecilla de mi banda, un grupo de ocho jóvenes y un bebé nacido aquí abajo que compartimos los alimentos, las limosnas y, sobre todo, los peligros de la calle. Todos somos excrementos de nuestras familias, fusilados por la violencia doméstica, acabamos compartiendo presente y pasado, pero no hablamos del futuro más allá de la comida que buscar mañana…

Reciclar botellas de vodka es un ingreso seguro. New Internationalist

Algunos dicen que nos resguardamos del frío, pero nos guarecemos, sobre todo, de los adultos a los que llamamos “dioses” por su tamaño y fuerza. Mendigos, borrachos y ladrones de nuestras pequeñas fortunas que abusan de su natural ventaja para expoliarnos día a día. La escarificación de nuestros cuerpos es la prueba de azotes y palizas de éstos adultos y adolescentes abusones como castigo por la negación a su sometimiento. Una trozo de cristal es suficiente para estampar su firma en nuestro cuerpo. Nos marcan como su ganado para ganarles su pasto.

Bebiendo agua caliente procedente del goteo de alguna cañería. Fuente

Nuestro actual hogar es un practicable de unos 40 metros cuadrados, y cuatro salidas directas a la calzada. Siempre tiene un palmo de agua por fugas del sistema, pero estamos acostumbrados a saltar y brincar como ardillas entre basura, ratas y tuberías. No hay luz natural. En realidad, no hay luz de ningún tipo cuando las tapaderas están en su sitio. Si entra luz se escapa el calor. Por la noche las velas y los viejos mecheros compiten con la memoria por descifrar el camino. Pero la luz traiciona. También ilumina el camino a nuestros enemigos.

A partir de primavera, después del amanecer y cuando el sol ha calentado unas horas, nos dividimos para buscar el sustento diario. Unos a los vertederos o a lavar coches, otros a la estación de trenes a cargar maletas o a mendigar y los más, siempre dispuestos a prostituirse por menos de un dólar (cuando se paga claro). Muchas veces me pregunto si los ratas somos nosotros o los del otro lado de la tapadera. Aquellos que se niegan a pagar, bajando la mirada, cuando limpiamos sus cristales; esos que nos ignoran cuando cargamos sus maletas o esos otros que directamente nos encarcelan para lavar la ciudad de escoria a los ojos de turistas o las visitas ocasionales de autoridades.

Bienvenido a casa. Fuente TimeAsia

Después de la impredecible jornada nos reunimos en la galería para hacer intendencia. Vender botellas vacías es el mejor y más seguro recurso para comprar nuestros manjares habituales. Un poco de vodka y sopa de fideos chinos. Ésta la entibiamos directamente sobre las acometidas más calientes de nuestro zulo. La ropa, evidentemente, la reciclamos de vuestra basura. La que llevo justamente ahora es un regalo de un taxista que me atropelló tras una mala salida.

Los cambios de residencia y las bajas son continuas. Alguna tubería ha reventado y matado por abrasión al niño que la abrazaba y de frío a los que de su calor dependían. La neumonía es nuestra peor enemiga y las venganzas de otros bandos y escorias diezman el nuestro. Es muy frecuente rociar y prender con gasolina o disolventes las alcantarillas para vaciar y conquistar ‘a la fuerza’ nuevos territorios del subsuelo, bajo la pasividad de las más que cómplices autoridades.

Esta es mi vida en el subsuelo, debajo de las huellas que deja la tuya. ¿Puedes mirar ahora más allá de tus zapatos?

¡Buena caza!

Niños bajo tierra [ENG]. Documental de Journeyman

Según UNICEF, Mongolia no ratificó la convención internacional de derechos del niño hasta 1990. Con la caída del comunismo y la lenta transición a la democracia la distancia entre las clases ricas y pobres aumentó en la misma proporción que la huída masiva del campo a la ciudad. Escuelas, fábricas y granjas comunales fueron cerradas o privatizadas, mientras que los escasos servicios sociales dejaron de existir. Los niños y marginados poblaron entonces la capital en busca de un futuro en una ciudad colmada, ya por entonces, de pobreza y subdesarrollo (35% de los mongoles vive bajo los estándares de la pobreza). Algunas llamadas poco inteligentes promueven ahora el sellado de las alcantarillas para acabar con el problema pero está demostrado que el clima exterminaría por completo a sus inocentes habitantes.

Varias organizaciones como UNICEF, Save the Children y World Vision iniciaron entonces importantes programas para la integración de estos chicos abriendo varios centros de acogida. El esfuerzo es grande pero la pobreza del medio al que deben incorporarse convierten las medidas en meras tapaderas temporales de un problema cuyas raíces son más profundas que la propia red de saneamiento.

Fuentes y enlaces:

La historia de Bagii es real como la vida misma. Kurioso la ha completado con el anecdotario de otros niños que comparten su desgracia. tenéis más fotos interesantes aquí y ésta y ésta fuente como servicio de documentación.

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Fuga de Auschwitz: La aventura que salvó más de 120.000 vidas


Atrapada por la trascendencia del contexto, la siguiente historia ha sucumbido olvidada ante sucesos y crónicas de la época más comercialmente emotivas. Las insólita evasión de Auschwitz de Alfred Wetzler y Rudolf Vrba y sobre todo, el aporte de un informe y pruebas con las primeras evidencias de las atrocidades cometidas dentro del campo, evitaron que más de 120.000 judíos húngaros murieran posteriormente bajo los efectos del gas Zyklon B.

Los números 44070 (Rudolf Vrba) y 29162 (Alfred Wetzler)

Vrba y Wetzler procedían de la misma ciudad, Trnava en Eslovaquia. Esto significaba que dentro del campo podían confiarse hasta la vida.  Vrba (1924-2006) fue expulsado del colegio de su ciudad natal , a los 15 años, por ser judío; inmediatamente se puso a trabajar en una fábrica de Trnava mientras estudiaba en solitario en su casa. Su madre consideró extravagante su autoformación de  inglés pero decidió llevarlo al médico cuando descubrió uno libros para aprender ruso en su pupitre. Su mejor herramienta de aprendizaje era su impresionante memoria fotográfica que más tarde le sirvió para dibujar y situar  todas las dependencias del campo en el informe. El 30 de Junio de 1942 fue enviado a Auschwitz tras ser capturado intentando cruzar la frontera Húngaro-eslovaca. Empezó trabajado en la construcción de una sección del campo llamada «Buna» y luego fue asignado al departamento ‘Effekten’. Su trabajo era clasificar y ordenar las pertenencias de los recién llegados. Entre ellos Vrba encontraba muchas veces algo para llevarse a la boca lo que le convertía en un privilegiado físico en comparación al resto de prisioneros.

Alfred Wetzler (1918-1988) joven periodista eslovaco de origen judío, era más retraído. Trabajaba en la oficina administrativa del campo. Allí memorizaba las fechas de llegada, la procedencia y cantidad de los recién llegados.

Ambos planearon y burlaron el complejo sistema de seguridad de Auschwitz. Sólo tres personas más habían logrado escapar con vida antes.

Rutinas en el infierno

Un día cualquiera comenzaba antes del alba, a las 4 de la mañana cuando el fétido olor dulce de la constante cremación se mezclaba con la humedad y el rocío de la noche. Los silbatos de los oficiales interrumpían el escaso descanso. Tras rehacer el catre de paja de forma militar se procedía al primer recuento. Los que no eran capaces de levantarse eran enviados directamente a las cámaras de gas. Más tarde se organizaban los distintos comandos de trabajo. La jornada duraba 11 horas, con una pequeña pausa para la ingestión de sólo 900 calorías. Nunca regresaban el mismo número al campo, de ahí que los inventarios humanos dependieran sobremanera de la lista de decesos. El grupo de Vrba (200)  tenía de media unas 25 bajas al día.

Vrba tenía suerte pues uno de sus cometidos era de privilegiados y dentro del perímetro electrificado. Cuando se acercaba un transporte de gente ‘envasada’ el contacto con los nuevos prisioneros le permitía observar la selección más cruel de la historia de la humanidad. Los más fuertes y jóvenes (20%) eran destinados, tras tatuarles un número en pecho y brazo, a alguno de los 50 barracones; a los enfermos, ancianos, niños e impedidos se les entregaba una pastilla de jabón y una pequeña toalla para enviarlos,  engañados y sin movimientos de pánico, a las cámaras de gas[…].

Judíos aptos para la labor después de la desinfección. Auschwitz 1942

No aptos para la labor. Auschwitz 1942

Vrba servía ropa y mantas a los nuevos, y muchas veces identificaba las ropas que entregaba como ya vistas en compañeros desaparecidos.

«El andén era el símbolo de Auschwitz para millones de personas, pues a parte de ese lugar casi no vieron nada más, fuera de las cámaras de gas. En ese corto recorrido, (desde el andén a las cámaras de gas) ellos aún pensaban que les esperaba el nuevo asentamiento.
Trabajé en el andén 8 meses, presencié la llegada de 300 transportes y ayudé a descargar valijas y objetos personales de los que arribaron.
Allí, con mis propios ojos, ví el engaño más grande que el mundo conoció y allí comenzó un profundo cambio dentro de mí, que influyó en mi deseo de querer huir del campo de concentración.
Me mantuve firme en mi decisión de escaparme, pero en aquellos momentos no quise hacerlo solamente para obtener mi libertad. En ese momento quise prevenir a las personas de los que les esperaba si llegarían a Auschwitz, pues si yo hubiese sabido, si ellos se enteraran, se rebelarían y lucharían como lo hicieron los judíos del Gueto de Varsovia. Si sabrían la verdad se negarían a ir sumisos al matadero» Vrba. Pag 156. «Me escapé de Auschwitz»

Las balas eran demasiado costosas y evidentes para la maquinaria ‘extermicida‘ nazi. Como ‘empresarios de la muerte’ buscaron la rentabilidad en el proceso genocida mediante modelos más económicos. El gas Zyclon era un arma barata, fácil de producir, de efectos rápidos y enmascarada internacionalmente como remedio para el control de las plagas internas..

«…Para prensar esta muchedumbre en el estrecho espacio de la cámara, los oficiales a menudo  disparaban para inducir a los de dentro a comprimirse aún más. Cuando todo el mundo estaba en el interior, la pesada puerta se cerraba. A continuación se producía una breve pausa, presumiblemente para permitir que la temperatura ambiente y humedad corporal alcanzara un cierto nivel y así reaccionar con los cristales de Zyclon. Después, 55 hombres con máscaras de gas subían al techo, abrían las trampillas, y agitaban el preparado en polvo de las latas, antes de derramarlas por los conductos […] En 3 minutos no quedaba un  prisionero vivo. Los cuerpos se amontonaban en capas; los más débiles y ancianos debajo y los jóvenes y fuertes por encima […] «Protocolo de Auschwitz, Vrba y Wetzler. 1945

Una mujer yace a la entrada de uno de los barracones. Auschwitz 1945

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La fuga.

En el verano de 1943, Vrba mejora su posición de recolección de información cuando fue nombrado registrador en el campo de cuarentena para hombres.  A principios de 1944 sospechó que se estaban iniciando los preparativos para una nueva línea de ferrocarril entrante y así incrementar la productividad del diablo. Un nueva entrada prevista para el transporte del «salami húngaro«.. (Judíos según la jerga de las SS). Vrba tuvo entonces un imperativo de la razón. Ya no era una cuestión de informar sobre un delito, sino de prevenir otro mayor.

Vrba  decidió huir cuando le quedó claro que la resistencia en el campo no estaba en condiciones de rebelarse, y que como máximo podían luchar por su propia supervivencia. Quería huir porque no podía imaginarse que la existencia del campo como tal, fuera conocida por los aliados. Vrba estaba convencido que Auschwitz solamente era posible «porque las victimas que llegaban no sabían lo que ocurría allí».

Comenzó un estudio científico para evaluar todos y cada uno de los intentos de fuga fallidos, y así analizar sus defectos y corregirlos. No podía fallar, los presos detenidos tras un intento eran ahorcados en público al atardecer para el escarnio de posibles imitadores.

Se acercó entonces a Wetzler, al que admiraba por su independencia y saber estar. Entre ambos idearon la manera de burlar la inteligencia alemana. El truco consistía en sobrevivir durante los tres días que duraba, según protocolo, la búsqueda de los evadidos. Para ello idearon un escondite dentro de un montón de tablones de madera destinados paradójicamente a la construcción de los nuevos barracones para los Judíos Húngaros que estaban por venir. Se encontraba justo a la entrada del campo y al otro lado de la alambrada, desde allí se podía leer el famoso letrero de la puerta: «Arbeit macht frei» (El trabajo os hará libres)

El viernes 7 de abril de 1944, (la víspera de la Pascua), Vrba y Wetzler aprovecharon la densa niebla a la entrada del campo para introducirse, mientras trabajaban como peones,  en la pila hueca de tablones que previamente habían rociado con gasolina y tabaco mascado para confundir el olfato de los perros. Se quedaron allí durante tres noches, inmóviles, sin comida ni bebida y con la certeza de la presencia constante de soldados y oficiales alemanes que utilizaron el montículo como torreta en las operaciones de búsqueda y vigilancia.

Su ‘equipaje de mano’ consistía exclusivamente en un reloj robado, un pequeño plano de la zona que Vrba había encontrado en un atlas infantil de alguna maleta procesada y la etiqueta de uno de los botes de gas Zyklon B, ésta última pieza fundamental del informe que posteriormente redactarían.

Latas vacías de cristales de Zyklon B. Museo de Auschwitz

Después de tres días la SS abandonó la búsqueda y reportó la huida de ambos en un telegrama dirigido al mismísimo Himmler. Esto demuestra cuanto debían temer los alemanes a los relatos de testigos oculares de los campos de concentración.

Rapados al cero, vestidos con el pijama a rayas y con el sello perenne de Auschwitz en los brazos iniciaron la larga huida deseando no cruzarse con nadie en su camino de libertad. Desorientados, la suerte fue el único aliado durante las largas jornadas de marcha. Consiguieron esquivar a la única Kripo que los interceptó, escondiéndose en una zanja de barro y lodos, a la vera del río sol durante una jornada entera. Al 6 día, exhaustos decidieron arriesgar pidiendo ayuda a un granjero, escogiendo una casa al azar de un pueblecito llamado Milowka. El avituallamiento y los conocimientos del afortunado cómplice permitieron a Vrba y Wetzler proseguir su ruta por el camino adecuado.

El 21 de Abril, después once días de caminar y esconderse, Vrba y Wetzler regresaron a su nativo país, Eslovaquia, cuya deportación había tenido lugar en 1942, cruzando la frontera a pié y alcanzando la ciudad de Zilina, a 160 Km al sur de Auschwitz. Inmediatamente se pusieron en contacto con el Consejo Judío de la ciudad.

El informe o «Protocolo de Auschwitz».

Durante 3 días estuvieron declarando ante el consejo, separados en habitaciones distintas para contrastar testimonios. Dibujaron los planos de las instalaciones, redactaron cifras de los asesinados y solemnes descripciones de las actividades dentro de Auschwitz. El Consejo Judío quería obtener un material contundente e irrefutable para probarle al mundo el increíble crimen. Las descripciones eran muy completas para hacerlas verosímiles. Fueron confeccionados y enviados tres ejemplares de 32 páginas del informe Vrba-Wetzler llamado a partir de entonces «Protocolo de Auschwitz». El primero tenía que llegar a Palestina. Fue enviado a Estambul a dónde nunca llegó, probablemente el correo fuera un espía nazi. El segundo ejemplar estaba dirigido a un rabino que tenía contactos en Suiza y llegó vía Suiza a Londres. El gobierno británico pasó  posteriormente el informe a Washington. El tercer ejemplar fue dirigido al nuncio papal y llegó a Roma aproximadamente cinco meses después. Cuando Vrba y Wetzler huyeron en abril, era inminente el envío y asesinato de cerca de un millón de judíos húngaros. El informe desencadenó , no sin dificultades y trabas burocráticas, los bombardeos a los enclaves alemanes que estaban preparando el envío por ferrocarril. En junio de 1944 el gobierno de Horthy cesó de entregar judíos húngaros a los alemanes. Horthy deseaba hacer un trato con occidente donde ahora existían conocimientos exactos de Auschwitz y se exigía el final del exterminio masivo a través de canales diplomáticos. Por lo tanto el informe de Vrba y Wetzler contribuyó a salvar a los más de 100.000 judíos húngaros que quedaban por deportar.

Aquí podéis ver un resumen de la copia del «Protocolo Auschwitz » enviado al departamento de justicia de los Estados Unidos.

Boceto de Vrba describiendo el campo Auschwitz y Birkenau y sus alrededores

Manuscrito de Vrba sobre el crematorio de Auschwitz II

Las primeras sonrisas en Auschwitz.

En la tarde del 27 de enero, los soldados del Ejército Rojo entraron a Auschwitz. En Birkenau encontraron los cadáveres de 600 prisioneros que fueron asesinados por los nazis unas cuantas horas antes de la liberación del campo. Sin embargo, 7,650 prisioneros enfermos y exhaustos fueron liberados: 1.200 en Auschwitz I, 5.800 en Auschwtiz II-Birkenau, y 650 en Auschwitz Buna-Monowitz.

El archivo gráfico del Holocausto es impresionante. Prueba irrefutable para los cabezones revisionistas, negacionistas y borrachos de polémica vana. No he querido bombardear la entrada con las imágenes más mórbidas de Auschwitz, podéis hacerlo vosotros buscando entre más de 85.000 fotos aquí. Sin embargo si quiero compartir las únicas imágenes de alegría en el campo en 5 años de exterminio. Rostros acartonados que olvidaron sonreír, desbocados ahora por el regocijo de su liberación. El final feliz de esta increíble historia. ¡Quién estuviera ese día allí!

Después de la guerra, Rudolf Vrba estudió química en Praga. Se ganó el doctorado antes de 1951. Como investigador, su especialidad fue la  química del cerebro. También trabajó en la diabetes y el cáncer. Para entonces ya vivía en Israel antes de inmigrar a Canadá en los años 70, donde trabajó como profesor de  farmacología en la universidad de Columbia. Murió en Marzo de 2006 con un obituario especial en «The New York Times».

Wetzler, sin embargo, falleció sin obituario ni honores en Eslovaquia en 1988. Amargado por ser la parte olvidada de una historia vivida y padecida al 50%.

Fuentes, enlaces y créditos:

La historia, desconocida por muchos la encontré aqui. Rudolf Vrba escribió un libro contando los pormenores de su hazaña, más interesante y popular que el de Wetzler. Las fotos son del archivo del Museo Norteamericano del Holocausto. Algún documento de apoyo aquí y aquí. Como siempre la wikipedia de cabecera.

Si has llegado hasta aquí te compenso con un fantástico regalo. Un documental de excelente calidad sobre las desventuras de la pareja judía. Producido por más de 10 cadenas de televisión internacionales, cuenta durante  más de una hora (tres partes), a buena resolución y en un inglés sencillo la recreación de la fuga y posterior  redacción del informe, salpicado con declaraciones de testigos e importantes historiadores del Holocausto. Imperdible.

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Si quieres leer más historias como ésta tal vez te interese «La negligencia de Saint-Pierre»

La novia cadáver


Esta es la crónica de un amor que empieza donde acaban los demás. Una historia de amor imposible entre un cadáver y su raptor. Un cuento mórbido con la sutileza de un matrimonio imposible. Carl von Cosel amó, mimó y cohabitó en su lecho con el cuerpo sin vida de Maria Elena Milagro de Hoyos durante 7 años. Marioneta de sentimientos, alucinaciones y pasiones, Elena fue consorte post mortem de un hombre enigmático y obsesivo que, gracias a la empatía generada por su historia fue exonerado por la ley e indultado por su comunidad.

Carl von Cosel y el cadáver momificado de Elena Hoyos

La amór-bida historia siempre fue contada en internet desde el lado oscuro, sin concesión alguna al romanticismo.  Es interesante contrastar los hechos salpicando la narración con las voces y perspectivas de Von Cosel, extraídos de su autobiografía «The Secret of Elena’s Tomb» (1947) y de las entrevistas y declaraciones tomadas en su juicio.

Romeo sin Julieta.

En 1927, con 50 años, Carl von Cosel abandona a su familia en su Dresden natal (Alemania) y emigra hacia Key West, Florida. Carl es un hombre maduro y carismático; instruido, con varias titulaciones y dispuesto a comenzar una nueva vida. Pronto encuentra trabajo como radiólogo y patólogo en el Hospital de la Marina, es un hombre afable y de trato fácil que sorprendía por su inteligencia y habilidades. Levantó un taller en su casa donde proyectar sus delirios a modo de extraños aparatos eléctricos, órganos musicales e incluso, con tiempo, llegó a re-construir un imponente avión a base de desechos y reliquias militares que bautizó con el nombre de «Condesa Elaine». Más tarde éste se convertiría en el hogar del esperpento.

El Hospital de la Marina, propio del ejército americano, se inundaba de pacientes masculinos.  La única mujer que  recordada Carl ingresada fue una bigotuda-cocinera de 150 kilos tras una disputa a navajazos con la tripulación. En abril de 1930 una nueva paciente requirió los análisis de Carl Von Cosel.

Elena Hoyos en 1926

Elena Milagro de Hoyos era una bella y joven modelo Cubano-americana hija de un comerciante de tabaco, y establecida en Florida con sus padres y dos hermanas. La tuberculosis que diezmó a casi toda su familia debutó en Elena  en esa primavera.  El padre aprovechó parte de una amistad a base cohechos con un médico del ejército para disfrutar de un vasto examen médico en el mejor hospital del condado.

La primera vez que se vieron vivos, Carl cimentó la imagen que le perseguiría el resto de su vida:

..Llevaba un ligero vestido de primavera cuidadosamente planchado, barato pero típico y bien lucido, con salpicones abstractos del color y flores sobre fondo blanco. Alrededor de su cuello un collar iridiscente  de perlas artificiales. Tenía piernas esbeltas. Pelo negro lustroso y largo que se desplomaba sobre sus suaves y bronceados hombros […] pude evitar su cara, pero no sus turgentes pechos que se disparaban y caían por culpa de la maldita tos…

A partir de este momento Von Cosel construyó una obsesión.  Convencido de que había soñado con ella durante décadas y que estaba destinada a ser su esposa, enfocó su existencia a cultivar inteligentemente el aprecio y la estima de Elena. Camino de la seducción entregó su lucidez a cambio de extraños obsequios y pócimas mágicas que buscaban la milagrosa curación de su amada. Gastó un dineral en una bobina de Tesla con la que inducir descargas curativas a Elena. Inició un tratamiento experimental y novedoso de rayos X y compró libras de polvo de oro que combinaba en sus jarabes curativos. Ni Elena ni su salud correspondieron las atenciones, simplemente ella encontró en Carl el último hombro en el que apoyarse antes del asumido desenlace.

Ilustración de Von Cosel en Fantastic Aventures 1947

Muerte y Resurrección.

El 25 de Octubre de 1931 Elena Hoyos murió en casa de sus padres a los 22 años. Carl vivió sus últimos días junto a su lecho, colmando de vanos cuidados y atenciones:

…quiero ser tu enfermero, tu amo de llaves, tu amante, tu marido…quiero cuidar de ti para siempre o volar contigo a las estrellas!!

El desenlace, devastador, dejó nuevamente sólo y consternado a Von Cosel. No poder desagraviar el desaire de su amada  en vida desencadenó su locura con la muerte. Convenció a la familia para pagar el entierro y construir un enorme mausoleo.  El panteón marmóreo fue diseñado por el propio Carl. El féretro metálico contaba con unos conductos secretos para suministrar al cadáver formaldehido y otras sustancias que conservaran el cuerpo, también contaba con un auricular para comunicarse con el ataúd. Noche tras noche, Von Cosel se sentaba junto a su sarcófago y comenzaba, según él, a comunicarse con Elena. Ella le suplicó  la puesta en libertad de su «prisión» para que pudieran estar juntos.

Tumba de Elena Hoyos en el cementerio de Key West

En las primeras noches Carl, recordando el famoso «Entierro prematuro» de Edgar Allen Poe, acercaba a la boca de Elena un vaso cristalino esperando que el aliento empañase el vidrio. 700 noches de conversación más tarde, en la luna nueva de abril de 1933 Von Cosel decidió exhumar en la oscuridad el cadáver de Elena para llevarlo a su nuevo hogar: El fuselaje del «Condesa Elaine».

Detalles del estado del cuerpo de Elena.

Durante los siguientes siete años, Von Cosel hizo todo lo humanamente posible por mantener a su amada cerca de él; en cuerpo y alma. Unió los huesos con alambres de piano y ganchos de perchas. Tras vaciar en terracotas, al modo egipcio, sus órganos deshidratados; rellenó su figura casi vacía con trapos empapados en  líquido embalsamador y canela china, abultando su espalda a una forma más natural. Pieza por pieza, fue fortaleciendo su piel con tramos de cera y seda, construyendo una máscara de su cara que le servía de molde en los mantenimientos. Trataba regularmente su piel con lociones, pociones y electroterapia mediante la potente bobina de Tesla. Sustituyó su podredumbre con ojos de vidrio, y fabricó una peluca con los pelos que perdió durante tanto tiempo. La vistió con un traje de boda, velo blanco de encaje, diadema y unas alianzas y , tras perfumarla a diario con aceites, la dormía en su cama con las melodías salidas del órgano de fabricación casera.

Restos del avión «Condesa Elaine». Hogar de los Cosel.

.- ¡oh!, Carl,  gimió Elena, hemos esperado durante tanto tiempo!. Le he deseado desde el principio. Hace tiempo que impulsó en mí una gran pasión que me hace perder toda inhibición. Seré su esposa cariñosa y casada, cumplidora en la iglesia y su puta en la cama.

.- ¡¡No use esas palabras, Elena!!

.- ¿No somos marido y mujer,  Carl?. ¿Habrá un muro de palabras o secretos entre nosotros?. Mi alma es la tuya para siempre, Carl. ¿Vas a permitir que algo nos separe?

.- Nada. Somos una unión dulce de la vida y la muerte, un triunfo físico sobre el sepulcro. Nuestras almas unidas fluyen como un río desde los inicios de la vida hasta  los confines del tiempo.

Vox Populi.

Pasaron los años y los rumores y la creciente introversión de Van Cosel despertaron las sospechas de sus convecinos. Nana, la hermana de Elena, odiada por Carl por ser mala copia física y mostrarle siempre una evidente hostilidad, se propuso investigar los chismes vecinales. Una noche espió a Carl a través de su ventana observando el ritual diario de tanatopraxia; espantada acudió rauda a denunciar a su falso cuñado ante las autoridades. Von Cosel fue detenido por profanación y encerrado a la espera de juicio.

Von Cosel con su abogado Louis Harris tomándole declaración en su casa delante del órgano.

Este giro de los acontecimientos provocó frenesí en los medios de comunicación. La funeraria se convirtió en una trampa turística, exhibiendo el cuerpo de Elena durante tres días. Más de 6000 personas acudieron a ver sus restos.

Muchos empatizaron con el radiólogo, creyendo que lo que había hecho era maravillosamente romántico. Los fans llevaron a su celda regalos, apoyo y consuelo; incluso un grupo de prostitutas cubanas ofrecieron sus servicios de forma gratuita. Dos admiradores pagaron la fianza de 1.000 dólares y Von Cosel esperó en su casa la llegada del juicio.

Desafortunadamente para Nana, el delito de Carl había prescrito. El autoproclamado conde fue pronto puesto en libertad e irónicamente declarado cuerdo sin pena alguna.

.- ¡¡Carlos!!. No dejes que este juez cruel nos separe. No dejes que Nana venza. No quiero volver a la oscuridad ¡Otra vez!. Incluso ahora me están haciendo cosas terribles. Han ido demasiado lejos exhibiendo mi cuerpo en público. Miles de personas a quienes nunca he visto están tratando de tocarme!!
Carlos, ¿puedes escucharlos? Están diciendo cosas feísimas.

.- Elena, querida ¡gracias a Dios! has vuelto..

.- Pensaba que habías desaparecido para siempre. ¡¡Gracias Santa Cecilia, y gracias Jesús!!

.- Carlos, usted sabe que yo estaré siempre con usted.

.- Entonces ¡ayúdeme ahora! ¡Dígame qué debo hacer! […]

…No hay palabras para  expresar la dicha divina que experimentamos. Fuimos y seremos dos almas gemelas una dentro de otra, dulces y encantadoras más allá de cualquier palabra o comprensión humana […]

El amor de Carl hacia Elena fue interminable. El 3 de julio de 1952 Carl fue encontrado muerto abrazado a una efigie de cera de tamaño natural de su amada. Algunos investigadores señalan que utilizó la máscara mortuoria de mantenimiento, fabricada en su día, para realizar la copia. Tom Swicegood, sin embargo, cita a los segundos enterradores como cómplices en el intercambio y entrega del verdadero cuerpo.

Fuentes:

La historia, contada de forma plana y descriptiva, circula por multitud de blogs; todos referenciando a la wikipedia. Algunos datos  y ‘voces’ los saqué del libro «Von Cosel: A True Story» de Tom Swicegood y de las memorias antes referidas. Las fotos las completé aquí. Podéis ver un vídeo del museo dedicado a Elena Hoyos aquí.

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Rainmaker. El hombre que inundó San Diego


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Por cada buen científico hay varios impostores y embaucadores dispuestos a atajar en el camino de construir una auténtica leyenda. Esta es la historia de Charles Mallory Hatfield «The Rainmaker», un vendedor a tiempo parcial de máquinas de coser que se convirtió en el fabricante de lluvias más famoso de la historia. Hombre enganchado a un maletín de productos químicos fue declarado por la plebe y el vulgo responsable de las inundaciones de la ciudad de San Diego (California) en 1916.

Cloudy Sky. By jw_creations

Nacido en Fort Scott, Kansas en el año 1875, Charles Hatfield y su familia se mudaron al sur de California en algún momento en los 80. En 1890 estaban viviendo en un rancho en Oceanside. Charles abandonó la escuela en secundaria cuando decidió convertirse en comercial de la New Home Sewing Machine Company.

Pronto cayó en sus manos el libro que iba a cambiar su vida . «La ciencia de la Pluvicultura» (Edward Powers 1871), un obra sobre métodos pseudocientíficos para la producción artificial de precipitaciones. Compendio y manual de los más grandes Rainmakers que recorrieron el Oeste americano durante las sequías de principios de siglo.

Ese mismo año, el gobierno norteamericano, a través del Departamento de Agricultura, realizó las primeras pruebas oficiales de pluvicultura sobre las llanuras de Texas dirigidas por el general H.E. Dryenforth y siguiendo el manual de Powers. En 16 días de explosiones en globos cargados de dinamita y cometas lograron tres tormentas y nueve lloviznas. Las conclusiones oficiales señalaron que si bien era posible causar artificialmente la precipitación a través de la conmoción atmosférica con explosiones y sustancias químicas, los grandes recursos necesarios lo hacían inviable. Esta resolución cebó y subió el caché de los Rainmakers.

Mientras,  Charles, fue gestando su propia fórmula química, y empezó a experimentar en el molino de viento de su propiedad. Gran parte de su secreto se basaba en una mezcla de 23 sustancias químicas (incluído el hidrógeno y polvo de zinc) con agua y ácido, que lograba mediante la evaporación en grandes tanques galvanizados a 5 metros de altura, la precipitación de la humedad ambiental existente.

Charles Mallory Hatfield posando para una revista en 1919

El primero trabajo de Charles, bajo el mecenazgo del promotor y cazatalentos Fred Binney, consistió en provocar la lluvia para un pequeño grupo de ganaderos de Los Ángeles. Por 50 dólares Charles y su hermano levantaron una torre para provocar la evaporación de sus químicos. Tras dos jornadas de secano la lluvia comenzó a caer. Los satisfechos ganaderos doblaron los pagos a los Hatfield y sembraron el camino para la fabricación de un mito. Mientras, la oficina estatal de metereología declaro la lluvia de Hatfield como parte de una gran tormenta que se avecinaba.

En 1904 consiguió incrementar el nivel  del embalse del  Lago Hemet para la compañía estatal de Aguas en 7 metros tras producir 12 cm de lluvia, y posteriormente cobró 1.000 dólares de la Cámara de Comercio de Los Ángeles como encargo para la  producción de 45 cm de lluvia durante los cuatro primeros meses de 1905, al final consiguió sólo una parte.

A lo largo de la costa oeste Estados Unidos, Canadá, y Alaska, Charles Hatfield seguía construyendo sus torres y mezclando sus químicos alternando los éxitos con los fracasos. Si una ciudad lo condenaba y pateaba en caso de no producir lluvia, su reputación permanecía intacta por los numeroso éxitos cosechados en otras.

Fotografía que acompañó Charles Mallory Hatfield en su presupuesto al Ayuntamiento de San Diego

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El desastre.

En diciembre de 1915 la ciudad de San Diego padecía de una pertinaz sequía que se prolongaba desde mayo. La población se había duplicado en cuatro años, y necesitaba un adecuado abastecimiento de agua para un crecimiento sostenible. Las precipitaciones medias habían sido demasiado intermitentes para reponer los agotados embalses y la reserva de agua del Lago Morena se encontraba a un tercio de su capacidad.

En este escenario, el Ayuntamiento de San Diego, presionado por el «Wide Awake Improvement Club» (Asociación burguesa con conexiones políticas) decidió aceptar la oferta enviada por Fred Binney (Antiguo mecenas de Charles) para crear 100cm de lluvia en las proximidades del Lago Morena sin afectar a la ciudad. El inteligente presupuesto, abierto en asamblea, decía:

«…Charles Mallory Hatfield se compromete a llenar el embalse Morena  hasta rebosar, antes del mes de diciembre del año entrante, por la suma de diez mil dólares, o en su defecto entrego al embalse treinta pulgadas de lluvia de forma gratuita, siempre y cuando se me abone quinientos dólares por pulgada a partir de la trigésima y hasta la quincuagésima, a más tardar el 1 de junio de 1916. O, también, puedo conseguir cuarenta pulgadas …[sic].. durante los próximos doce meses, de forma gratuita, siempre y cuando  me abonen mil dólares por pulgada  entre las cuarenta y cincuenta pulgadas, por encima de  las cuales estarían libres de carga….»

Afrontando el seguro aluvión de críticas, pero calculando que no tenían nada que perder con la segunda oferta; el consejo aprobó el presupuesto y ordenó la redacción del contrato a nombre de Charles Mallory Hatfield; el cual nunca llegó a firmar. Ya se encontraba junto a su hermano y colaboradores  a las afueras de la ciudad armando el campamento, base de operaciones, y erigiendo las torres con los depósitos químicos.

campamento base de operaciones de Hatfield a las afueras de San Diego. Diciembre 1915

Torre de Hatfield en la reserva Morena.

Hatfield condensó la gota que colmó el vaso de las precipitaciones sin barruntar, egoístamente, la complicidad ‘divina’. El 5 de enero de 1916 empezaron a caer las primeras lluvias. La curiosidad de los que visitaron el sitio de los experimentos de Hatfield  no fue alentada. No hubo sonidos de explosiones, ni grandes nubes de humo sobre las plataformas en las que los Hatfield vertían sus productos químicos. El viernes, 14 de enero, una constante lluvia comenzó a caer y continuó durante los siguientes dos días, y el domingo 16 pasó a proporciones torrenciales. Fue entonces cuando la ciudad, de repente, se acordó de los Hatfields.

A la mañana del 17 la situación era grave, el río San Diego comenzó a desbordarse y con él la rotura de hasta 110 puentes en su cauce. El ahogamiento del ganado, la caída de cables eléctricos y, paradójicamente, la rotura de canalizaciones desabasteció de agua la ciudad. En la noche del 27 de enero la represa de Sweetwater y la presa de Baja Otay se derrumbaron liberando una tromba de agua que acabó con la vida de más de 20 personas durante su recorrido a lo largo del valle de Otay. La ciudad estuvo completamente aislada durante una semana. …Por la ciudad se escuchaba el gritó:

…¡¡¡Que paguen a los Hatfield  100.000 dólares para que dejen de fumar!!! […] (en alusión a las nubes de productos químicos)..

San Diego anegado. Tranvía. Enero 1916

Desbordamiento del río San Diego. 28 de Enero 1916

Represa de Sweetwater destruida. 28 de Febrero 1916

Unos días más tarde, cuando los Hatfield decidieron marchar a pié a cobrar al ayuntamiento; lo hicieron disfrazados de otra identidad para evitar el linchamiento de los rancheros enojados. Una vez en el consistorio se declararon orgullosos y convencidos de su hazaña reclamando los pagos acordados por el rebosadero del embalse La Moderna aunque al final, esta se vertiera valle abajo. Hatfield aprovechó para esclarecer que las violentas precipitaciones se debieron a la potencia de la formulación química; un 300% más densa que las usadas en el Lago Hemet.

Como la ciudad no respondió a la solicitud de pago, Hatfield presentó con sus abogados una demanda el 2 de diciembre de 1916. Y se ofreció, seis meses más tarde, a resolver el litigio por una cantidad de 4.000 dólares. Una suma que dijo, era inferior a los gastos  incurridos en el levantamiento de su campamento. La ciudad se ofreció a resolver si asumía los daños y perjuicios de la catástrofe que ascendían a un monto de 3,5 millones de dólares. Posteriormente, ya en el juicio, se dictaminó como «acto divino» las torrenciales lluvias; eximiendo a la municipalidad de los pagos concordados y dejando a Hatfield con el único consuelo de la publicidad generada. Esta le llevó a Nápoles en 1922 llamado  por el Gobierno italiano para poner fin a una sequía. Su último contrato lo condujo en 1930 a Honduras, donde combatió un incendio forestal que duraba más de 10 días produciendo, según las fuentes, un total de 15 pulgadas de lluvia en dos meses .

La Gran Depresión llegó y  los científicos finalmente aprendieron a ‘exprimir’ el agua de las nubes  rociándolas con cristales de yoduro de plata.  La carrera de Charles Hatfield como «Rainmaker» fue secándose. Charles se retiró del negocio y se estableció en Eagle Rock, un suburbio de Los Angeles, donde volvió a vender máquinas de coser. A pesar de que la lluvia agravaba su venas varicosas en sus últimos años, en 1956 a los 80 años de edad, Hatfield asistió al estreno en Hollywood de «The Rainmaker» (El farsante)., una película de Burt Lancaster y Katharine Hepburn inspirada en su carrera.

El 12 de Enero de 1958 a los 82 años de edad, murió en Pearblossom, California, llevándose a la tumba sus remordimientos por la certeza de sus actos como causa-efecto de la tragedia de San Diego y el secreto de la formulación usada en otros 500 eventos.   En el Lago Morena un pequeño monumento de granito le recuerda con una placa que dice simplemente «Hatfield. The Rainmaker» .

Fuentes:

La historia la encontré olvidada y mal contada en la cola de pendientes de Digg; Luego buscando más datos me encontré con más cosas, y con esta, esta, esta y esta fuente donde también encontré las estupendas fotos que ilustran esta entrada. Por supuesto me apoyé en la wikipedia.

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Poon Lim o la soledad del náufrago que sobrevivió 133 días a la deriva en una balsa


El gigante Asiático devorado por la magnitud en todas sus estadísticas, no adolece de récords mundiales insólitos. Uno con pocas posibilidades de ser batido pertenece con la justicia que dan las desventuras al joven marinero Poon Lim; que en noviembre de 1942 pasó en solitario, tras un naufragio, más de cuatro meses a merced del mar  y del destino en una balsa improvisada y tan llena de carencias como vacía de víveres.  Una increíble historia de supervivencia que ha inspirado cientos de manuales de resistencia del ejército norteamericano y británico.

recreación de la histórica balsa de Poon Lim

Día 0. El hundimiento.

Poon Lim nació en 1917 en la isla de Hainan, al sur de China. Con 25 años y en plena Segunda Guerra Mundial decide trabajar como marinero a destajo en los fastuosos buques mercantes británicos. En noviembre de 1942 se enrola en la tripulación del SS Ben Lomond, un vapor de 6.600 toneladas, como segundo mayordomo en ruta desde Ciudad del Cabo a la Guayana Holandesa. Debido a las condiciones meteorológicas el barco se desvió de su itinerario llamando la atención del comandante alemán Carl Emmermann, oficial en jefe del Submarino alemán U(boot)-172.

A las 14,10 horas del 23 de Noviembre de 1942, y como ‘acción preventiva’, el mercante Benl omond capitaneado por John Maul fue torpedeado y hundido por el U-172 a unas 750 millas al este del río Amazonas, en Brasil. El poder destructor del batiscafo alemán fue tal, que 44 marineros, 8 tripulantes y el mismísimo capitán perecieron pasto del infierno provocado por la calculada injerencia bélica.

Poom Lim se encontraba descansando en uno de los camarotes de servicio en la cubierta superior, justo al lado opuesto al masivo boquete producido por el torpedo. La caprichosa gravedad y el destino que le hizo protagonista de esta historia fueron los culpables de someter al marinero a las crueles leyes de la casualidad; el tiempo justo de agarrar un salvavidas y lanzarse al mar por el último reducto del barco por encima de la linea de flotación. La banda sonora de la huida alternaba los chillidos y chirridos de la estructura metálica y de sus compañeros.

Cuando las frías aguas alcanzaron las hirvientes calderas del mercante el colapso térmico provocó una gran explosión que terminó por hundir el buque. La única obsesión de Poon era nadar centrífugamente para evitar la succión del barco en su deceso. En su huida Poon vio por última vez a los únicos 5 compañeros que lograron abordar uno de los botes salvavidas al otro lado del navío.

Los 5 marineros fueron interceptados por el submarino y hechos prisioneros a la espera de su rescate por  otro navío de apoyo. Mientras Poon, exhausto y alejado de las turbulencias y posibilidades de rescate permanecía aferrado a un salvavidas semiinconsciente por el esfuerzo… al cabo de unas horas, y con la calma y el contraluz  crepuscular, Poon divisó a unos cientos de metros una de las cochambrosas balsas de apoyo del Ben Lomond. Un último esfuerzo que le salvó la vida y le quitó la consciencia le llevó hasta la superficie de la que sería su casa en los próximos 132 días.

El buque Ben Lomond

Día 1. La Intendencia.

Con las primeras luces y calores del alba Poon recuperó la consciencia y despertó a la pesadilla de la realidad. Su balsa, una destartalada embarcación de 3×3 metros a base de listones de madera sobre bidones, contenía un pequeño kit diseñado para la supervivencia de cuatro personas durante un par de jornadas. Bajo una trampilla de la balsa encontró:

-Ocho latas de pequeñas galletas británicas

-Un barril de agua de 30 litros

-Dos tabletas de chocolate

-Algunos terrones de azúcar

-Unas pocas bengalas, dos cuencos de aluminio y una linterna.

No había señales de velas ni remos, lo que provocó la constante deriva de la nave. Poon calculó que las provisiones eran suficientes para unos 20 días, con lo que su ánimo y esperanza de rescate eran bastante optimistas.

Semana 2. La soledad y el avión

Poon Lim pasaba días y noches tratando de encontrar cualquier signo de vida. Un buque o una aeronave que le rescatase, pero sus esfuerzos resultaron vanos e inútiles. Una noche, un avión surcó el cielo destacándose en el firmamento estrellado. Poon Lim disparó una de las bengalas y un punto luminoso quebró la oscuridad del mar, pero luego cayó y se desvaneció. Ningún cambio de trayectoria en el avión. Una vez más, solo en la oscuridad de la noche, Poon apoyó su cara en el tablero de madera y se durmió.

Semana 4. Un regalo del viento

Un atardecer, después de sus rutinarios ejercicios nadando  entre tiburones alrededor de la balsa para no perder la forma, Poon Lim se sentó a meditar en la barca buscando un recuerdo salvador en el horizonte. Su mirada, perdida, regresó a su pasado, su infancia, su familia, sus cuadros, sus lienzos

…su pensamiento se confundió con la realidad al divisar un lienzo volar a unos veinte escasos metros del barco. Se trataba de una tela de construcción naval. Probablemente, debería ser del buque que se hundió. Sin parpadear, Lim se lanzó al agua y nadó lo más rápido posible para ‘cazar’ la arpillera.

Poon Lim utilizó la tela para improvisar una pequeña tienda de campaña en la balsa y así protegerse del sol que le estaba desgarrando la piel. Pero la suerte fue aún mayor al descubrir atada en uno de los extremos del lienzo, una larga cuerda de cáñamo que utilizó para encadenarse a la balsa los días de tormenta  y evitar su pérdida en las innumerables caídas.

Semana 6. El ingenio del hambre

Con el fin de las provisiones se acentuó la perspicacia. A partir de la séptima semana Poon comenzó a desarrollar el instinto más arcaico del hombre; aquél que le lleva a perpetuarse por encima de cualquier costumbrismo y doctrina.

Desmontó la linterna, inservible y ya gastada, para forjar un anzuelo con una de sus piezas metálicas. Durante dos días estuvo conformándolo con los dientes y su zapato-martillo hasta dar con la forma adecuada. La cuerda de cáñamo hizo de sedal y la última galleta la reservó como cebo para la primera captura: Una pequeña sardina que sirvió de cebo, a su vez, a mayores capturas. Con las tapas de los botes de galletas improvisó afilados cuchillos con los que destripar el pescado y despegar algunos de los pequeños moluscos y lapas que se adherían a la balsa y funcionaban mejor como cebo.

Las capturas no eran constantes y dependían de las corrientes y los bancos de peces. Una tarde la balsa se adentró en un inmenso banco de pescado que provocó que Poon llenase literalmente la barca de capturas  que sirvieron para los días de más carencias.

Puso a secar el pescado una vez limpio, separando tripas, vísceras y sangre que almacenaba en las esquinas de la balsa. Tal fue el cúmulo de capturas y vísceras que empezó a tener un problema de olor y putrefacción impidiendo, incluso, su correcta oxigenación. Cometió entonces uno de los pocos errores de su travesía cuando, al deshacerse de las vísceras y sangre, provocó la llegada de una legión de tiburones que estuvieron rondando durante varios días, espantando cualquier atisbo de pesca y provocando la mayor crisis de hambruna de la peripecia.

Semana 8. David vs Goliat

Los tiburones no se marchaban y Poon no tenia modo alguno de seguir pescando. El hambre le condujo a la única opción que le restaba: tenía que cazar un tiburón.

Para ello volvió a fabricar un nuevo anzuelo, más grande y resistente, con uno de los clavos que unían los listones de madera a su estructura. Con su zapato-martillo y la garrafa moldeó la vasta aguja que anudó, de nuevo, a su cáñamo ( el cual trenzó para aumentar su grosor y resistencia ). La última cabeza de pescado le sirvió como cebo muerto para engañar a su ‘Goliat’.

tiburón Blanco. Foto national geographic

Nada más depositar el cebo, el tiburón elegido (de más de un metro) mordió y agitó la carnada, Poon sabía que su única opción era subir de un tirón seco al escualo para rematarlo a puñetazos en su ‘medio’. A los 10 minutos tenia las tripas del tiburón enlatadas, las aletas a secar y como refresco había preparado la sangre del hígado.

Semana 12. La locura de la sed

Tras el consumo de la garrafa inicial del agua. Poon automatizó la colecta del agua procedente de las lluvias y tormentas utilizando el doble forro de su chaqueta con un peso y practicando un agujero para reconducir al interior de la garrafa. Hasta la 10 semana el ritmo de lluvias debido a la estación había sido suficiente pero después de una gran tormenta que acabó con todas las provisiones sólidas y líquidas y con media balsa se inició una sequía que desencadenó la deshidratación de Poon.

Derrotado por la tormenta, observó como los albatros y gaviotas merodeaban la zona alertados por la podredumbre en cubierta. Poon recopiló todo tipo de algas y plantas marinas del fondo de la balsa y las amontonó a modo de nido de pájaro para atraer a las gaviotas mientras esperaba agazapado y tapado con los restos del lienzo.

Cuando un albatros realizó su picada al nido con restos de pescado, Poon se abalanzó sobre el animal y a dentellazos le sesgó cuello y vida para chupar su sangre y zampar sus carnes. Unos días más tarde la lluvia regresó y Poon recuperó su cuota de agua dulce.

Semana 14. Un Barco a 50 metros

Durante una mañana de su 15ª semana en el Atlántico, Poon fue despertado por un fuerte silbato marino. Creyó haber concluido su pesadilla tras divisar un inmenso carguero americano aproximarse hasta apenas 50 metros de su balsa. Según comentó posteriormente Poon, alguien se percató de su condición de chino justo antes de maniobrar y perderse de nuevo en el horizonte.

Unos días antes Poon habia sufrido la visita de un escuadrón aéreo norteamericano, que le divisó e incluso lanzó una boya-marcador desde el aire.  Una tormenta paralizó el posible rescaté y dispersó la patrulla aérea.

Día 130. El principio del fin

Poon Lim contaba los días con muescas en uno de los lados de la balsa, y las noches con cruces. Posteriormente utilizó pequeños trozos de cuerda para computar el calendario lunar. Sobre el día 130, notó que el agua era de color más verde pálido que de costumbre. Multitud de pájaros volaban entorno a su embarcación y gran cantidad de algas flotaban en superficie. Todos estos son signos alentaron su esperanza de una costa cercana.

Poon Lim a la llegada a Belém tres días después de abandonar la balsa

Día 133. El rescate

En la mañana del día 133, el 5 de Abril de 1943, vio una pequeña vela en el horizonte. No tenía bengalas, por lo que saludó agitando su camiseta en un esfuerzo por atraer la atención de la tripulación. La embarcación cambió de dirección y se dirigió a él.

Los tres hombres del pequeño barco pesquero, que hablaban portugués, lo llevaron a bordo. Le dieron el agua y un gran plato de fríjoles secos y continuaron sus labores de pesca, pues no podían regresar a tierra sin captura. Tres jornadas más tarde pusieron rumbo al oeste de Belem, en la desembocadura del río Amazonas de Brasil. Poon había recorrido 1200 kilómetros.

Los Honores

Poon Lim fue capaz de caminar sin problema recién rescatado. Su pérdida de peso durante la deriva fue de 10 kilogramos y pasó varias semanas recuperándose en un hospital de Brasil antes de viajar a Nueva York.

Recibió numerosos honores. El rey Jorge VI le otorgó personalmente la Medalla del Imperio Británico, el premio civil más alto. La Marina Británica editó folletos impresos y los colocó en todas las balsas salvavidas de sus naves describiendo las técnicas de supervivencia experimentadas por Poon Lim. Mientras, la «Ben Line Shipping Company», compañía armadora del barco hundido, le obsequió con un reloj de oro.

Poon Lim el día de su Condecoración

Después de la guerra decidió emigrar a Los EE.UU pero la cuota de ciudadanos chinos estaba completa. Sólo la mediación del senador Warren Magnuson mediante un proyecto de ley, que fue aprobado por el Senado de los EE.UU. y la Cámara de Representantes, sirvió para emitir un visado de inmigración a Poon Lim y permitirle su residencia permanente en los EE.UU. Se Instaló en Nueva York con hijos y nietos y murió, septuagenario, en Brooklyn el 4 de Enero de 1991. Lim entró en el Libro Guinness de los Récords como el hombre que más tiempo ha pasado flotando en alta mar.

En los 80 la escritora Ruthanne Lum McCunn noveló al pie de la letra las aventuras de Poon Lim en el exitoso libro «Sole Survivor»

Fuentes:

La historia es una narración original y pseudo-cronológica de Kurioso. Recopilando todas las anécdotas posibles de la travesía de varias fuentes.

Me encontré con la historia de Poon Lim en este compendio. Documentándome con esta fuente, la fantástica Trivia-Library, aquí y aquí. Las fotos las saqué de aquí, y cómo siempre apoyándome un poco en la wikipedia.

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La fiebre del oro (dulce) en las colinas del Himalaya.


.Querido amigo:

.. Mi nombre es Manilal Gurung, soy un chamán Raji de una pequeña aldea en la región de Surkhet, en el centro del Nepal, quizás te suene lejano, incluso exótico… para mí es, simplemente, mi hogar desde que nací hace 63 años. Te escribo para hacerte llegar un ruego, una protesta, un pequeño reproche hacia tus paisanos que están acabando con uno de nuestros últimos reductos de supervivencia y veneración: La Miel.

..antes de pedirte un favor quiero contarte un poco la historia de nuestra tradición y culto a la Apis Laboriosa, la abeja más grande y bella del planeta. Se que desde la ignorancia es muy difícil apreciar nuestras necesidades y carencias, por ello quiero sorprenderte compartiendo nuestra usanza con la miel para que el valor de tu fascinación pueda, quizás, generar protección a mis abejas.

Dos veces al año, durante la floración de los rododendros, varias tribus de nuestra tierra nos reunimos para la iniciación del rito en la cosecha de Miel. Son varias generaciones de Rijis y Gurungs las proveedoras del entusiasmo y fascinación por nuestras hermanas las Abejas. Su miel se mezcla en nuestro paisaje con las deidades Sunpal, Deopal y Rajuwali, y nos permite la sanación espiritual a través de la conexión terrenal con los chamanes.

Acantilados de Bhujung. foto original de Jennifer Brown

Unos días antes preparamos el material necesario para la faena, e iniciamos la marcha (a veces de varios días caminando) hasta llegar, exhaustos de carga y distancia, a los acantilados de Bhujung y Pasgaon a 2500 metros de altura. Riscos de más de 200 metros, con el nombre de alguno de nuestros antepasados fallecidos en anteriores cosechas y hogar milenario de las abejas.

El ritual de la cosecha, que varía ligeramente de nuestra comunidad a otra, lo iniciamos, vestidos de nuestras mejores galas, con una oración y un culto-ceremonial de flores, frutas y arroz…

…A continuación, encendemos un fuego con rastrojos en la base del acantilado para que el humo obligue a salir a los insectos de sus colmenas; grandes ‘peines’, con forma de luna, de dos metros de altura que penden al abismo de Deopal. Desde arriba, una compañero desciende el acantilado (en carnes y sin arnés) aprovechándose para ello de una larga escalera artesanal hecha de bambú y cuerdas de cáñamo.

En la cima, el mejor amigo del cazador asegura con su cuerpo y mente la vida de su hermano, y le sirve teas humeantes como única protección, mientras va cantando al resto de compañeros las andanzas de la cacería..

..en ese momento una gran vara de bambú con un estilete en el extremo convierte en equilibrista a nuestro hermano, que con la destreza aprendida de sus antepasados secciona eficazmente la verdadera «luna de miel» para introducirla en el capacho de mimbre suspendido. Todos nosotros observamos conmovidos desde abajo el momento desgarrador, a la vez de mágico, de la cosecha..

Cuando la canasta se llena, se baja hasta el terreno, se vacía y se utiliza de nuevo. Toda la operación desde el principio hasta el final es muy delicada. Puede tomar de 2 a 3 horas o más cosechar una sola de las muchas colonias.. Cuando la jornada se acaba y después de la cosecha selectiva (no se exterminan la totalidad de los panales para favorecer la sostenibilidad ) deshacemos el camino pero con la sombra de los canastos a nuestras espaldas.. En el siguiente vídeo puedes ver una de nuestras últimas jornadas..

..la meditación viene tras el impacto..Me cuentan que nuestras costumbres se comparan con vuestras hazañas y la espectacularidad del contexto os ha convertido a vosotros en espectadores y protagonistas ordinarios de nuestras cacerías.. Cada temporada se esquilman colonias enteras innecesariamente como tributo a la sobre-explotación de los insectos: documentales (con accidente incluido), rutas de trekking, sobreexplotación turística, industrialización de la miel.. hacen de vuestros placeres una condena a nuestras penurias..

rodaje del documental Jimmy and the Wild Honey Hunters.

..hace unos años trajisteis de Europa la Apis mellifera para polinizar los cultivos no nativos y aumentar la producción de falsa miel autóctona. La competencia de las dos especies unida a la desforestación y disminución del forraje ha diezmado sus colonias además de nuestras esperanzas por recuperar las producciones pasadas.

Mi consuelo ahora es vuestra conciencia, gracias a la labor de la gente del ICIMOD y del fotógrafo Eric Valli nuestros ojos han sido también tus ojos y vuestros escrúpulos nuestra certidumbre y esperanza.

Gracias por leerme.

Fdo. Manilal Gurung

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Fuentes:

La carta es una recreación de kurioso basada en hechos y personajes reales. Eric Valli, fotógrafo de este post, cineasta y escritor se embarcó a finales de los ochenta en la búsqueda de los auténticos cazadores de miel del Nepal tras leer unas lineas del libro Siete años en el Tíbet de Heinrich Harrer. Tras un año y medio de búsqueda encontró a Manilal en una aldea del centro del país y se convirtió en el protagonista de una excelente película documental «Cazadores de Miel» 1988 y un libro, junto a Diane Summers con las mejores instantáneas de la experiencia. Más adelante vendió los derechos a National Geographic a condición de que reinvirtiera en la preservación de la comunidad. Eric Valle nunca quiso revelar el lugar exacto donde se encontraban la aldea de Manilal para preservar sus costumbres de la avalancha de turistas. Desafortunadamente no logró sus objetivos.

El estudio de la problemática con la apicultura del Himalaya y los «Honey Hunters» lo saqué de aquí.

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