El periodista que cambió el color de su piel para experimentar la discriminación racial.


A finales de los años cincuenta, John Howard Griffin se embarcó en uno de los experimentos psicológicos y sociales más importantes de la historia. Con ayuda de un reconocido dermatólogo de la época, el periodista oscureció el color de toda su piel y se disfrazó de ‘Nigger’ para protagonizar un apasionante viaje por las injusticias de la segregación racial norteamericana. Mente blanca y piel negra como herramientas para denunciar y escribir empíricamente el más exitoso de los tratados antisegregacionistas de la época: ”Black like Me”.

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John Howard Griffin antes del tratamiento y durante su etapa como limpiabotas ‘nigger’. Life y 2

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John trabajaba como columnista en un diario de Texas en noviembre de 1959, cuando la dirección le encargó un artículo sobre el aumento de la tasa de suicidio entre la población negra del sur del país. John tenía claro que, como hombre blanco, sería incapaz de comprender y asimilar todas y cada una de las motivaciones que llevarían a un hombre negro a tomar tan terrible decisión. Atraído y obcecado por el método, se disfrazó con el manual del periodista insensato para adentrarse en el mundo de los parias y preparar el mejor artículo de su vida en defensa de los derechos civiles.

Ni su mujer ni sus tres hijos pudieron contrarrestar la fuerza de sus convicciones. Embaucado por la solvencia de sus principios, John decidió romper con su vida anterior -sólo conservaría el nombre- para viajar por los estados más fustigados por la intolerancia: Alabama, Luisiana, Misisipi y Georgia e instalarse durante seis semanas en uno de los barrios negros de Nueva Orleans.

Antes incluso de convertirse en un negro anónimo fue objeto de los primeros ‘latigazos’ de los que más tarde se haría eco y que dejarían estupefacto al periodista. Al comunicar su plan al FBI por motivos de seguridad recibió la siguiente respuesta:

“Si decides convertirte en un negro, sólo puedes esperar ser tratado por nosotros como un negro”

Para llevar a buen puerto su metamorfosis decidió solicitar los servicios del mejor dermatólogo de Nueva Orleans. El prestigioso doctor le recetó una droga llamada Oxsoralen, muy utilizada entonces para luchar contra el vitiligo, la psoriasis y otras enfermedades de la piel. Su uso en cantidades desmesuradas produce una sobrepigmentación artificial, ideal para satisfacer las intenciones del original periodista. El doctor le sometería a periódicos análisis sanguíneos para controlar el estado de su hígado ante la avalancha de medicamentos. A este tratamiento siguieron la exposición diaria a largísimas sesiones de lámparas bronceadoras -de hasta 15 horas- y la aplicación de varias cremas y potingues pigmentantes. Antes de partir mejoró también su acento sureño, se afeitó la cabeza para esconder su lacio pelo y dispuso de un ajuar completo con la vestimenta más apropiada para los gustos de su nueva raza.

John Howard bronceándose en una de sus largas sesiones y firmando ejemplares de su libro. Fuentes

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Todo el proyecto estaba subvencionado por la revista Sepia, un magacine de la comunidad afroamericana que se encargaba de dar púlpito a la desequilibrada defensa racial. A cambio del patrocinio, Griffin se comprometía a publicar los primeros artículos en exclusiva para la revista. Más tarde llegaría la recopilación completa en forma de ‘best Seller’.

John partió de su rancho de Texas, con lo puesto, en Diciembre de 1959. Muy pronto sufriría el primer rechazo por su artificial condición. Durante uno de sus largos viajes en autobús público, conminado siempre con sus congéneres a la parte posterior e innoble del vehículo; fueron avisados de una parada para la evacuación y el refrigerio. Cuando llegó el autocar a la estación de servicio el conductor dejó salir sólo a los blancos, cerrando las puertas a todos los hombres de color sin justificación aparente. Era muy normal. Se trataba de dejar claro, de alguna manera poco sutil, la consideración como ciudadanos de segunda clase.

Una de las anécdotas más extraordinarias e inteligentes del trabajo de investigación ocurrió cuando John se acercó a votar en una de las múltiples consultas del condado. Provisto de su acta de derecho -obligatoria- pasó al examen de elegibilidad. Una especie de test intrascendente que se hacía para filtrar a analfabetos y que algunos comisionados utilizaban a su favor:

—¿Puedes recitar el párrafo quinto de la Constitución de los EE.UU.?

El votante potencial así lo hizo.

¿Puede decirme usted todos los presidentes desde 1840 hasta 1860, su mandato, y por lo que fueron conocidos?

El negro postizo así lo hizo. El examinador -sorprendido- agarró entonces un periódico impreso en chino del que disponía para los casos más duros y le invitó a leer el párrafo de introducción de la noticia principal.

No puedo entender el párrafo entero, pero si puedo leer el título. Dijo John.

Incrédulo, el diputado del sheriff blanco, dijo:

—¿Cómo? ¿De verdad puede usted leer el título? ¿Qué es lo que dice?

Dice -aclaró el periodista- “Aquí un hombre negro que no va a votar en el estado de Misisipi durante todo este año.”

El anecdotario racista de su libro es tan aleccionador como desconcertante. John Howard Griffin fue vejado, ninguneado y segregado en toda clase de actos sociales y rutinarios con pérdidas de derechos civiles que se creían evidentes desde el cómodo e indolente estrado blanco. Sus textos son un compendio de evidencias que ponían al descubierto todo el catálogo de pequeñas y grandes ofensas que sufría la población negra de la época. Estuvo muy cerca de participar en varias reyertas con la policía y grupos racistas de las que consiguió escapar para no echar por tierra su trabajo de investigación.

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Varias de las instantáneas que tomó su amigo el fotógrafo Don Rutledge durante el experimento.

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Como últimos experimentos de su apasionante aventura, John Howard Griffin decidió someter a juicio a varios personajes desde sus dos identidades raciales. Antes de abandonar el tratamiento pigmentante seleccionó a varios candidatos para evaluar su respuesta racista ante eventos de protocolo, solicitud de trabajo o trato directo personal. Con todos ellos repitió las mismas experiencias pero con su tez natural. El resultado, descorazonador, es el que todos sospecháis.

El Ku Klux Klan tuvo amenazado de muerte al periodista desde que hizo públicos sus trabajos en marzo de 1960, pero John Howard Griffin murió de forma natural el 9 de septiembre de 1980, tras más de 20 años de lucha por los derechos civiles y víctima de las secuelas de una antigua lesión cerebral de guerra. Algunas fuentes han querido achacar su muerte a los excesos cometidos con los medicamentos y las terapias pigmentantes… pero eso es sólo una de tantas leyendas.

Fuentes:

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Si te ha interesado esta entrada, no deberías perderte:

-La niña que ridiculizó al Apartheid.

-”Alguien tendrá que matar a mi abogado..”

-Probablemente el anuncio de televisión más polémico de la historia

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43 comentarios

  1. Juan Antonio

     /  septiembre 5, 2010

    HOLA:-)
    Hace mucho tiempo vi una pelicula similar a este caso, y me gustaria saber el titulo
    Gracias

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  2. Daniel

     /  julio 26, 2010

    Que excelente artículo– y q ejemplo tan impresionante.. y este tipo lo hizo solo para escribir artículos.. Si estuviéramos nosotros un poquito mas dispuestos, seguiríamos el ejemplo de este periodistas y haríamos lo mismo por Jesús.. De verdad q JHG es un ejemplo de compromiso y pasión por la tarea..Felicitaciones German.. uno de los pocos sites con información realmente interesante,,!

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  3. giulianno3000

     /  julio 17, 2010

    genial este post, otro más de esos desconocidos que hicieron algo por mejorar la humanidad

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  4. Saludos desde Puerto Rico.

    !Me encanta el BLOG!
    Ya te estoy promocionando por acá

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  5. firstthough

     /  julio 11, 2010

    Vaya que decir ´meterse en la piel´del personaje queda perfecto con este hecho periodístico. Bravura y honestidad para denunciar la desigualdad del racismo.
    No sabía de algo así, pero es un maravilloso ejemplo de tener el compromiso de tomar las decisiones correctas para tratar de vivir mejor en sociedad.

    Responder
  6. Hay un caso parecido, el del periodista alemán Günter Wallraff http://es.wikipedia.org/wiki/G%C3%BCnter_Wallraff
    En los 80 se hizo pasar por turco para comprobar la discriminación hacia ellos en las fábricas, y estuvo trabajando y viviendo como los turcos sobreexplotados.
    Si no me equivoco, de la exposición a la contaminación limpiando chimeneas sin apenas protección acabó con alguna enfermedad crónica

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  7. Fascinante. No conocía la historia, aunque hubo una época que leí mucho sobre la lucha racial en EU durante esa época.

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  8. ¡Qué increible experimento! El libro tiene que ser apasionante, trataré de hacerme con él.

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  9. Qué bueno, estaría bien leerse ese libro.
    Salud

    Responder
  10. Acá en Estados unidos sigue la descriminacion.
    El estado de Arizona es un ejemplo claro.

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  11. Increible documento e increible trabajo la de este hombre…. Ejemplar!!!!

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  12. Enhorabuena por el artículo. Me gustaría hacer una precisión: en EE.UU. la clasificación racial se hace según criterios de hipofiliación. Si no eres caucasian puro, eres negro. Hasta hace poco, mulato no se entendía como concepto.

    Por eso, aunque el periodista no tenga rasgos subsaharianos (labios, nariz, pelo, etc.), sería nigger y máxime según los estándares de la época, al no ser evidentemente blanco. Lo del negro blanco de Boris Vian en “Escupiré sobre vuestra tumba”

    Responder
  13. aquí en Costa Rica sucedió hace ya mucho tiempo un caso similar, solo que el periodista se hizo parar por mendigo

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  14. qué interesante. voy a buscar ese libro.

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  15. Al parecer hasta el FBI era racista en esos tiempos

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  16. manuelventura

     /  julio 7, 2010

    Creo que la descrimincióon racial no desaparecera tan pronto, pero si espero que disminuya en gran medida. Es de agradecerle al señor periodista por su valiosa aventura y trasladar su investigacion a la humanidad entera deseo que sus escritos lleguen a todas las personas y especialmente a aquellos que tienen cargos y que pueden tomar medidas de corto y largo plazo para disminuir el racismo.

    Cuando se dice que todos somos iguaes, todos somos del mismo color y otras afimaciones como tal, las toman de los libros sagrados de cualquier religiòn o de santos y misticos del pasado o del presente, por que ellos han logrado la comunión con Dios, son seres humanos ilustres que viven entre nosotros y permanentemente nos estan invitando a que experimentemos por nuestra propia cuanta que lo que esta escrito en las escrituras es cierto y esta disponible para todos, sin esección.

    Cuando todos podamos llegar a nuestra verdadera menta (conocer a Dios), nos volveremos totalmente opuestos del modo que nos comportamos hoy.

    Viviremos en veracidad, amor, humildad, servicio desinteresado y otras cosas positivas. seremos incapces de ofender o dañar a otras personas. por que seriamos conscientes que al igual que nosotros son hijos de Dios también.

    Si pudieramos alcanzar la verdadera meta de nuestra vida, el racismo y otras cosas negativas no existirian.

    Saludos

    Manuel.

    http://micasaideal.wordpress.com

    Responder
    • klazerver

       /  julio 8, 2010

      No veo bien que digas que los pensamientos de igualidad vienen de las religiones y los libros sagrados. La Biblia misma discrimina a todos diciendo que Israel es el pueblo elegido, manda a asesinar a comunidades y pueblos enteros y siempre diferenciando a los judios del resto del mundo quienes para Dios somos inferiores.
      La idea de igualdad de los seres humanas mas bien tiene su origen (en parte) en la revolucion francesa y la independencia de Estados Unidos. Investiga y aprende un poco antes de hacer afirmaciones religiosas sin fundamentos.

      Responder
  17. Excelente!!

    Responder
  18. weyler

     /  julio 7, 2010

    HUBO NO HACE MUCHO UN FAMOSO NEGRO QUE SE HIZO BLANCO( CANTANTE RECIENTEMENTE
    DESAPARECIDO )Y NO SE MONTO NINGÚN ALBOROTO, CADA CUAL ES LIBRE DE LA INTENSIDAD DE
    MELANINA CON LA QUE PIGMENTA SU DERMIS .

    Responder
    • Si es quien pienso, creo que sí hubo mucho alboroto. Desde acusaciones de traición racial a sospechas de enfermedades mentales, y persecución de la prensa bajo cualquier excusa.
      Aunque quizá me esté equivocando y estás pensando en su hermana ;-)

      Responder
  19. Genial el artículo, muy interesante! Gracias por compartirlo :)

    Un saludo de un visitante esporádico!

    Responder
  20. Jordi

     /  julio 7, 2010

    Hace poco oí hablar de este libro, precisamente, y parece ser que no existe ninguna edicion en castellano. Una lástima, la verdad.

    Responder
  21. Interesante el artículo.

    Esto me ha recordado una cosa que me ocurrió hace más de 10 años, por supuesto que no tiene ni el más mínimo punto de comparación con lo que hizo este hombre, pero a mi me pareció muy curioso, sobre todo por mi juventud.

    Estando trabajando en EEUU, y después de haber viajado por distintos países y ver como se trataba a las personas, según su condición social, se me ocurrió entran en una tienda en New York, vestido con traje de chaqueta y corbata, y preguntar en esa tienda de aparatos electrónicos, por una cámara de visión nocturna muy cara. El dependiente no tuvo problemas en traerme dos modelos he indicarme cual era el mejor (el más caro), estuvo muy atento y me explico de todo, hay que decir que la tienda tenía clientes no estaba yo solo.

    Al cabo de una semana, volví, pero esta vez con ropa informal. Al mismo dependiente le pedí que me enseñara el modelo de cámara de visión nocturna que había visto la otra vez, y entonces lo primero que me dijo es que esa era muy cara y que tenía otro modelo más barato. Le insistí en el modelo que yo quería ver, y me lo trajo (de mala gana), antes de que pudiera preguntarle se fue a otros clientes. Cada vez que le preguntaba algo sobre la cámara, me respondía y se iba. Al rato de ver que no me echaba cuenta me fui.

    Desde entonces tengo clarísimo que el aspecto es muy importante, hay una aspecto para según lo que quieras hacer, y que eso de la igualdad y que todos somos iguales, es de boca para afuera.

    Cuando tenemos a alguien delante lo primero que hacemos es clasificarla y tratarla según esta clasificación.

    Responder
    • klazerver

       /  julio 8, 2010

      Coincido contigo.
      Aunque es bueno aclarar que en este caso en particular al menos la diferencia de trato pude deberse simplemente a que pensaba que ganaria mas dinero cuando tu hibas de chaqueta, cosa que no es reprochable, el que se preocupe por vender a quienes mejores margenes de ganancia le ofrecen.
      En el otro caso es evidente para todos que se trata de una discriminacion sin ninguna razon mas que el simple odio al diferente.

      Responder
  22. malabona

     /  julio 7, 2010

    Sensacional! Da gusto leer tus artículos, lo haremos más habitualmente.

    Responder
  23. Fantástico artículo. Uno más.

    Responder
  24. Gran historia, gracias por compartirla!

    Responder
  25. Corle

     /  julio 7, 2010

    Hace tiempo vi una película sobre este señor, creo que no está mencionada por aquí
    por si acaso http://www.imdb.com/title/tt0057889/

    Buen artículo
    gracias!

    Responder
  26. Impresionante documento. Sabes si el libro lo editan o editaron en Espana y que editorial.

    Responder
    • Llevo un par de días buscando, pero no encuentro la edición española. Seguro que existe porque fue un ‘best seller’ en su día… si la encuentro edito el post. Gracias

      Responder
  27. Una vez mas, felicidades!!!
    (Tiene guasa lo de el patrocinio de la revista “Sepia” xD)

    Responder
  28. Sorprendente historia y buen periodista, debo admitir

    Responder
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