30 años de soledad en las montañas de Alaska.


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Todo el mundo sueña con la jubilación perfecta. Un retiro con los tuyos, bolsillos llenos y agendas vacías, cargado de ocio y vacío de responsabilidades. Richard Proenneke (1916-2003) se jubiló a su manera. Con 52 años dejó atrás su pasado para embarcarse en la aventura de su vida y buscar, en esencia, su libertad. Se retiró, en soledad, a un lugar recóndito de Alaska, donde construyó a mano una cabaña y pasó los siguientes 30 años en armonía con su entorno. Asceta de su pasado, la historia le ha convertido en uno de los más famosos eremitas de Norteamérica.

Cabaña de Twin Lakes. Alaska. El hogar de Proenneke desde 1968 a 1998. Fuente

Richard (Dick) vivió solo pero no en vano. No era egoísta; parte de la herencia de su legado consiste en multitud de notas, escritos, fotos y filmaciones que hizo del paraíso de su experiencia. Nos deja una dote ejemplar, paradigma del modelo perfecto de supervivencia y patrón de la jubilación de nuestros sueños.

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Dejando atrás el pasado:

Dick Proenneke nació en Primrose, Iowa. Tenía una vasta familia compuesta por tres hermanas y dos hermanos. Su padre sirvió como militar en la primera guerra mundial y eso llevó pronto a Dick a alistarse en el ejército el día después del bombardeo de Pearl Harbor. Allí aprendió el oficio de carpintero y allí contrajo unas fuertes fiebres reumáticas que le condujeron a cambiar pronto de estilo de vida. Dejando atrás el mundo militar abandonó la armada y sucumbió a los placeres de la ganadería en el estado de Oregón. En su infancia Dick aprendió mecánica y pretecnología de su pasión por motores y motocicletas. Herramientas del conocimiento imprescindibles para su futura aventura.

En 1950 se trasladó a la isla de Shuyak, ya en Alaska, y trabajó en un rancho privado por un corto espacio de tiempo.. Más tarde obtuvo un trabajo en la base naval de Kodiak, como operador de equipo pesado y reparador de maquinaria diésel. Su amor por la naturaleza, presente durante toda su vida, se tradujo en unos primeros escarceos a modo de estudios y controles científicos para la sociedad estatal de vida salvaje y la famosa ‘King Salmon’.

Cabaña de Twin Lakes. Alaska.Estado Actual

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Jubilarse de uno mismo:

En la primavera de 1967 Dick dejó atrás algo más que 35 años de trabajo. Harto de vagar sin rumbo, planes y objetivos por una vida laborar plagada de esfuerzos que no de recompensas, sucumbió a la llamada de la naturaleza.

No fue un plan demasiado meditado. Dick recabó en las inmediaciones de Twin Lake en 1967, víctima del último contrato como operador mecánico. Tras un accidente con maquinaria pesada, el amigo y capitán retirado Carrithers Spike le invitó a descansar y a conocer el inhóspito pero conmovedor paraje que sería, más tarde, su nuevo hogar por más de 30 años.

«[…] me quedé quieto, mirando al corazón de esas montañas y me sentí como un hombre inspirado por un sermón divino que llega de primera mano, que viene del cielo y de los muchos estados de ánimo de esas montañas, tan poderosas […]». Diario de Richard Proenneke.

Ese mismo verano volvió solo a la zona para buscar el sitio ideal donde construir su leyenda y a cortar la madera suficiente para su nuevo hogar. La dejó lista y amontonada para volver en la primavera de 1968, tras pasar su último invierno en Iowa con su familia y preparando los suministros para su jubilación.

Extracto interesantísimo  del documental Alone in the Wilderness

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Un nuevo hogar, una nueva vida:

Dick regresó a Twin Lakes el 21 de Mayo de 1968. Regaló su camioneta y pertenencias a su amigo el Capitán Spike y empezó a construir la cabaña solamente con herramientas de mano, sin utilizar clavos, ni percutores ni moto sierras y con los materiales que paría la propia naturaleza. Tardó casi cuatro meses. El tiempo se empezaba a parar.

Proceso de construcción de la cabaña. Fuente

La cabaña era y es (aún se conserva intacta tras 40 años) un pequeño rectángulo de 12 metros cuadrados (3 x 4), de madera de conífera joven machihembrada, sobre una cama de grava; ventanas holandesas (bisagras de madera), chimenea de piedra y una cubierta a dos aguas forrada con un manto de musgo autóctono a modo de impermeable. Ejercicio impecable y envidiable de cualquier eco-construcción actual. A unos metros de la cabaña construyó una pequeña ‘fresquera’ o almacén elevado, para proteger su despensa y provisiones del alcance de osos y otros animales.

«[…] Habitualmente, demasiados hombres trabajan sobre cada una de las partes de un todo. Hacer un trabajo completo, como éste, me satisface y llena enormemente. «[…] «

Todos los muebles, mesas, sillas, camastro e incluso cubiertos e utensilios de cocina los talló Dick con la paciencia que da el no tener que responder para nadie. El tiempo se estaba, por fin, deteniendo.

Poenneke filmando las aves. Extracto del documental

Con los ahorros de toda una vida laboral había comprado una avioneta J-3 piper Cub con la que explorar nuevos territorios en Alaska. El destino quiso que tras un accidente al regresar por provisiones a Iowa quedara inservible junto con las ganas de Dick de volver a volar, por lo que las labores de intendencia de emergencia se las reservó a su amigo, el Piloto Alsworth Babe.

Poenneke cultivando Grosellas. Libro «One Man’s Wilderness, An Alaskan Odyssey»

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Y el tiempo se detuvo:

La vida se paró en Twin Lakes. Dick pasó 20 años documentando y observando el medio (flora y fauna) aportando documentos meteorológicos y científicos valiosísimos para la conservación del medio mientras cultivaba grosellas, amaestraba ardillas, comadrejas y aves; espantaba osos pardos y cazaba venados o hacía de guía ocasional de alguna expedición forestal. Siempre bajo el reflejo de los Lagos:

Twin Lakes. Alaska.Primavera

«[…] Este lago puede cambiar la personalidad en una abrir y cerrar de ojos. Al igual que una mujer, todas las sonrisas del mundo en un minuto y pasar a un berrinche al siguiente […]»

Interesantísimo es el documento gráfico que elaboró Dick. Armado con una cámara Bolex de 16 mm, grabó cientos de metros de película para disfrute personal y legado documental a modo de bitácora costumbrista. En ella nos muestra detalladamente el proceso de construcción artesanal de la cabaña. Él mismo se grababa con un trípode de aluminio haciendo estáticas las tomas en las que aparecía. Años mas tarde, el productor Bob Swerer editó y monto “Alone in the Wilderness” y otras dos películas con las más de 16 horas de negativo coleccionado. Podéis encontrarlas en la web oficial y en otros torrentes de información.

La despensa. A salvo de osos. Libro «One Man’s Wilderness, An Alaskan Odyssey»

El amor de Dick por la naturaleza, la pasión por la observación, la comprensión del mundo natural que lo rodea, y su dedicación al mantenimiento de sus escasos recursos deben ser una fuente de inspiración. Ese sueño recurrente que nos atormentaba, por utópico, alguien lo hizo en algún momento realidad. Lección de vida y de supervivencia tanto física como emocional.

Dick Proenneke abandonó a regañadientes su cabaña en el invierno de 1999, a la edad de 82 años, cuando ya tenía problemas de movilidad. Su hermano Rymond, lo secuestró literalmente, para salvarlo de una poco probable supervivencia en garantías a -46 grados de temperatura. Murió el 28 de Abril del 2003, después de donar su cabaña a los EEUU, que convirtió el lugar en un Parque Nacional.

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Fuentes y citas:

La historia la encontré buscando documentales en youtube, luego fue fácil encontrar otras fuentes, aunque en castellano no hay absolutamente nada siempre nos queda la wikipedia y otros enlaces como éste y éste.

Podéis encontrar también un pdf [ENG] con el diario de ‘Dick’ durante 6 años 1974-1980  (ojo son 50mb).

Si te gustó esta historia no dejes de leer «Poon Lim, la sóledad del náufrago que sobrevivió 133 dias a la derviva en una balsa» o «La tragedia del vuelo 508. Sobreviviendo al Amazonas»

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La ciudad de los niños rata.


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Ulán Bator. Mongolia, Septiembre de 2008. En pleno siglo XXI más de tres mil niños desamparados viven todavía como ratas bajo el subsuelo de la ciudad. Huérfanos de cariño y parias de las cloacas se resguardan, como topos, del duro clima y de la indolencia ajena en el vetusto y fétido sistema de saneamiento y calefacción Mongol. Desheredados de la ciudad y jerarquizados en comunas infantiles del subsuelo, comparten con los roedores los despojos de una de las capitales más pobres de Asia. Bagii, un niño rata, nos cuenta su historia.

La ciudad de los niños perdidos. Ulán Bator. Fuente Daily Pilot

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Hola. Me llamo Bagii. Es lo único que tengo; un nombre. El resto lo comparto con mis compañeros. Bueno, a veces también comparto incluso el nombre; otro Bagii [Nyamdavaa] vive en una arqueta en el ramal oeste a cuatro codos de aquí, y alguna vez ha venido a basurear con los nuestros […]

Mi padre era pastor y teníamos unas tierras que labrar y donde esparcir nuestros animales; unas cuantas ovejas y unos percherones, suficiente para dar de comer a toda mi familia. Tras la gran democratización de los noventa, se privatizaron y nos arrancaron de la finca y se llevaron los animales. Las devastadoras tormentas invernales del 2001 hicieron el resto. Nos quedamos sin nada,…mis padres me enviaron a la ciudad a buscar un futuro, ahora sólo tengo amigos…

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Vivo en Ulán Bator, la capital de Mongolia; un país atrapado entre la Siberia rusa y el norte de China. Según nos cuentan algunos de los sexo-turistas que contratan a mis hermanas, es la capital más fría de la tierra, con temperaturas de hasta 40 grados bajo cero en invierno. Afortunadamente la unión soviética construyó en los años 60 uno de los sistemas de calefacción comunal y descomunal más importante del mundo, con una red de tuberías y canalizaciones compartidas muy extensa… éste es ahora mi ‘cálido’ hogar.

No es fácil encontrar una buena arqueta. Las tuberías salen a más de 90 grados cerca de las centrales y es difícil convivir con ellas incluso en invierno. Para ello construimos unas camas de cartón y basura sobre las cañerías que nos aíslan del frío y del calor hasta que se la comen las ratas…

Nos llaman «Los chicos de alcantarilla». New Internationalist

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El alcantarillado está numerado y dividido por sectores y distritos. Cada sector es controlado por una banda juvenil que cuida y vigila cobijo y posesiones hasta la muerte: «Cruzar al lado enemigo supone pelea, algunos amigos han muerto al ser cazados cuando iban en busca de algo de comida»

Yo soy el cabecilla de mi banda, un grupo de ocho jóvenes y un bebé nacido aquí abajo que compartimos los alimentos, las limosnas y, sobre todo, los peligros de la calle. Todos somos excrementos de nuestras familias, fusilados por la violencia doméstica, acabamos compartiendo presente y pasado, pero no hablamos del futuro más allá de la comida que buscar mañana…

Reciclar botellas de vodka es un ingreso seguro. New Internationalist

Algunos dicen que nos resguardamos del frío, pero nos guarecemos, sobre todo, de los adultos a los que llamamos “dioses” por su tamaño y fuerza. Mendigos, borrachos y ladrones de nuestras pequeñas fortunas que abusan de su natural ventaja para expoliarnos día a día. La escarificación de nuestros cuerpos es la prueba de azotes y palizas de éstos adultos y adolescentes abusones como castigo por la negación a su sometimiento. Una trozo de cristal es suficiente para estampar su firma en nuestro cuerpo. Nos marcan como su ganado para ganarles su pasto.

Bebiendo agua caliente procedente del goteo de alguna cañería. Fuente

Nuestro actual hogar es un practicable de unos 40 metros cuadrados, y cuatro salidas directas a la calzada. Siempre tiene un palmo de agua por fugas del sistema, pero estamos acostumbrados a saltar y brincar como ardillas entre basura, ratas y tuberías. No hay luz natural. En realidad, no hay luz de ningún tipo cuando las tapaderas están en su sitio. Si entra luz se escapa el calor. Por la noche las velas y los viejos mecheros compiten con la memoria por descifrar el camino. Pero la luz traiciona. También ilumina el camino a nuestros enemigos.

A partir de primavera, después del amanecer y cuando el sol ha calentado unas horas, nos dividimos para buscar el sustento diario. Unos a los vertederos o a lavar coches, otros a la estación de trenes a cargar maletas o a mendigar y los más, siempre dispuestos a prostituirse por menos de un dólar (cuando se paga claro). Muchas veces me pregunto si los ratas somos nosotros o los del otro lado de la tapadera. Aquellos que se niegan a pagar, bajando la mirada, cuando limpiamos sus cristales; esos que nos ignoran cuando cargamos sus maletas o esos otros que directamente nos encarcelan para lavar la ciudad de escoria a los ojos de turistas o las visitas ocasionales de autoridades.

Bienvenido a casa. Fuente TimeAsia

Después de la impredecible jornada nos reunimos en la galería para hacer intendencia. Vender botellas vacías es el mejor y más seguro recurso para comprar nuestros manjares habituales. Un poco de vodka y sopa de fideos chinos. Ésta la entibiamos directamente sobre las acometidas más calientes de nuestro zulo. La ropa, evidentemente, la reciclamos de vuestra basura. La que llevo justamente ahora es un regalo de un taxista que me atropelló tras una mala salida.

Los cambios de residencia y las bajas son continuas. Alguna tubería ha reventado y matado por abrasión al niño que la abrazaba y de frío a los que de su calor dependían. La neumonía es nuestra peor enemiga y las venganzas de otros bandos y escorias diezman el nuestro. Es muy frecuente rociar y prender con gasolina o disolventes las alcantarillas para vaciar y conquistar ‘a la fuerza’ nuevos territorios del subsuelo, bajo la pasividad de las más que cómplices autoridades.

Esta es mi vida en el subsuelo, debajo de las huellas que deja la tuya. ¿Puedes mirar ahora más allá de tus zapatos?

¡Buena caza!

Niños bajo tierra [ENG]. Documental de Journeyman

Según UNICEF, Mongolia no ratificó la convención internacional de derechos del niño hasta 1990. Con la caída del comunismo y la lenta transición a la democracia la distancia entre las clases ricas y pobres aumentó en la misma proporción que la huída masiva del campo a la ciudad. Escuelas, fábricas y granjas comunales fueron cerradas o privatizadas, mientras que los escasos servicios sociales dejaron de existir. Los niños y marginados poblaron entonces la capital en busca de un futuro en una ciudad colmada, ya por entonces, de pobreza y subdesarrollo (35% de los mongoles vive bajo los estándares de la pobreza). Algunas llamadas poco inteligentes promueven ahora el sellado de las alcantarillas para acabar con el problema pero está demostrado que el clima exterminaría por completo a sus inocentes habitantes.

Varias organizaciones como UNICEF, Save the Children y World Vision iniciaron entonces importantes programas para la integración de estos chicos abriendo varios centros de acogida. El esfuerzo es grande pero la pobreza del medio al que deben incorporarse convierten las medidas en meras tapaderas temporales de un problema cuyas raíces son más profundas que la propia red de saneamiento.

Fuentes y enlaces:

La historia de Bagii es real como la vida misma. Kurioso la ha completado con el anecdotario de otros niños que comparten su desgracia. tenéis más fotos interesantes aquí y ésta y ésta fuente como servicio de documentación.

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..y Mambrú volvió de la guerra.


Según la Cruz Roja, actualmente, más de 700.000 niños deben aceptar el hecho de que su padre o madre estén de servicio en alguna de las guerras de Oriente Próximo. A una edad donde es difícil distinguir una película de miedo o una canción infantil del noticiario, los niños viven atormentados por sus fantasías el infierno de la ausencia. A continuación, un extracto visual de las increíbles reacciones de pequeños angustiados por el destierro paterno al ser sorprendidos con su anticipado regreso. Impresionante

Ambar Birdsall,7 años. Abrazando a su padre tras 11 meses destinado en Guantánamo. Ver Más

Los Norteamericanos, muy dados a enlatar la lágrima del patriotismo para alimentar sus filas, llaman al fenómeno ‘Soldier surprise‘ y lo aprovechan mediáticamente para abrir telediarios y cerrar susceptibilidades. Yo quiero que olvidéis las banderas, los bandos, al reportero casual y el análisis adulto para mirar, únicamente, la cara de esos niños, sus ojos y miradas sinceras, su infinita tristeza contenida… es entonces cuando comprenderéis , cómo yo, lo absurdo de las luchas paternas. Nuestros hijos nos están enseñando constantemente el camino y nosotros no hacemos más que ignorarles..

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John Hawes, 6 Años. Sedro-Woolley, Washington.

Siete meses esperando a su padre, destinado en Iraq. Más información  [ENG]

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David, 13 años. Iowa.

once meses esperando a su padre.

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En Midwest City

Seis meses esperando a su padre.

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En algún lugar de E.E.U.U

Quince meses esperando a su padre.

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Un regalo gigante y no es una barbacoa.

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Dylan Kuczka, ocho años. En Carolina del Norte

Quince meses esperando a su padre.

Puedes ver más ‘soldier surpriseaquíaquí o aquí

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Si este pequeño calvario psicológico aturde nuestra acomodada conciencia y marca la vida de los que podrían ser nuestros hijos.  ¿Que cavilación corresponde hacer con las consecuencias militares de los niños del otro bando?.

Según varias ONG hay 2 millones de huérfanos en Iraq (5 millones según el gobierno iraquí), niños que no vieron a Mambrú volver de la guerra, que cambiaron su penurias de pre-guerra por la marginación absoluta, que se organizan en bandas delictivas para subsistir a falta de centros de acogida especializados , niños que también podrían ser hijos nuestros…

Sin más Palabras, pido perdón por el Off-topic!

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La tragedia del vuelo 508. Sobreviviendo al Amazonas.


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Juliane Köpcke, una adolescente alemana que trataba de seguir los pasos de sus padres como zoóloga, sufrió a finales de 1971 una de las experiencias de supervivencia más insólitas del siglo XX. Sobrevivió a la explosión en pleno vuelo del avión en el que viajaba y a una caída libre de más de 2000 metros. Pero la historia no acababa sino de empezar. La jungla amazónica la deparó 10 días de aventura y lucha por encontrar, en soledad, el camino de vuelta a casa. Esta es la crónica.

Bosque tropical del Amazonas . Fuente:yannarthusbertrand.org

El viaje.

..Aeropuerto Jorge Chávez (Lima, Perú). 24 de diciembre de 1971. Otra Navidad tan blanca en las historias infantiles como cálida y desapacible en el altiplano peruano. 24 grados entremezclados con nubes chaparras y corrientes andinas. María y su hija Juliana están prestas a embarcar en su vuelo destino ciudad de Pucallpa, en plena Amazonia Peruana.

Estaba muy contenta de terminar el curso y visitar a papi’ en su nuevo trabajo. Me prometió íbamos a clasificar juntos las fichas de insectos y coleópteros andinos: cucarachas de 20 centímetros, hormigas urbícolas y nuevas especies de mariposas. Orgullosa estaba de mi reciente graduación y de poder pasar junto a mi familia los tres meses de ‘estación biológica’ que correspondían a mis padres como responsables del nuevo programa de investigación de historia natural de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde ambos trabajaban. Otra vez unas vacaciones en plena selva amazónica con los mejores profesores de ciencias naturales del mundo. ¡Qué más podía pedir!

El vuelo 508 partía con retraso. La compañía LANSA (Líneas Aéreas Nacionales S.A.) no se caracterizaba por el cumplimiento estricto de los horarios establecidos. Hacía poco había perdido dos de sus tres aviones y los requerimientos de seguridad y compromisos administrativos lastraban los tiempos comprometidos. Hans, el marido de María, hubiera preferido que volaran con Faucett Perú, de mayor prestigio y resolución, pero una semana antes de la reserva carecía ya de billetes.

El mismo Lockheed Electra L-188 fotografiado en Líma un par de años antes del accidente

Recuerdo un paisaje espectacular y muy cercano, claros y nubes dejaban paso a los colores perennes de la jungla. Esponjas verdes, quietas, tan mullidas como densas no dejando entrever un ápice de tierra. Todo era armoniosamente bello y acompañaba mis sentimientos de júbilo prevacacional. Mi madre complacía mi sonrisa con una mano sobre la mía. Con ella a mi izquierda y el paraíso a la derecha me sentía poderosa, dichosa. Una reina

Poco a poco los claros eran los menos y las nubes se agrisaban, el movimiento de la aeronave acompasaba los pasadizos cada vez más esponjosos. La luz dejó de entrar con intensidad por mi óculo, difuminando las sombras y el semblante de nuestra vecina, acongojada y presa de manos y pánico desde que partimos de Lima.

El traqueteó derivó en pequeñas sacudidas y éstas en latigazos asumibles. El repentino silencio humano en el tubo metálico dio paso a los sonidos grotescos de la máquina. Algunos maleteros vomitaron objetos personales dejando caer las viandas de nochebuena sobre nuestras cabezas. Mientras, pitidos y crujidos indescifrables precedieron a una voz que para entonces sonó divina:

“Señores pasajeros les informamos que la zona de turbulencias que estamos atravesando se debe a una importante tormenta sobre la selva Amazónica. Abróchense los cinturones…”

El alivió debutó con un suspiro generalizado, no así los movimientos cada vez más bruscos de la máquina. Yo fijaba la vista en el motor derecho como recurso virtual a mi falta de apoyo físico. La fría humedad de la mano de mi madre delataba su consabido sufrimiento.

En ese punto, el viaje se tornó en la aventura de mi vida cuando una inmensa y cegadora luz atravesó la hélice que yo contemplaba. El avión se escoró rápidamente y comenzó a caer picado gobernado ahora únicamente por la ubicua gravedad.

La causa del accidente responde a un patronaje típico de la aviación comercial bajo tormenta. El piloto habría estado volando a altura media para evitar el cielo denso y así poder vislumbrar la pista de aterrizaje, cuando una ráfaga de aire descendente habría empujado y desequilibrado la aeronave produciéndose la fractura posterior debido, probablemente a algún rayo y a la baja calidad de unos materiales sin el mantenimiento preciso que se merecía la última nave de la LANSA: Un Lockheed Electra L-188 turbopropulsado.

Todo trascurría lento para el recuerdo pero raudo en su desarrollo. El avión se partió en dos justo delante mía a unas filas de la cola, por momentos la ingravidez acompañó la sensación de vértigo de un abismo visible a nuestro alrededor. Mi madre desabrochó forzada su mano de la mía para no volver a tocarla viva nunca más. El aterrador sonido de las turbinas que ahora se alejaban era de despedida y el fuerte olor a combustible desparramado me mantuvo lúcida hasta poco antes del impacto. Me esperaban 2000 metros de caída libre antes de llegar a ‘mi’ alfombra verde.

Recreación de los hechos para la película «Milagro en el Infierno Verde» de Giuseppe Scotese

Juliana estaba encadenada al asiento cuando éste se desprendió del fuselaje, lo que le salvó la vida. Según la investigación posterior el centro de gravedad del conjunto pasajero-asiento determinó la posición protectora durante la caída sobre una ladera muy tupida y densa unos 2 kilómetros por debajo del avión. La inclinación de la montaña acompaño la trayectoria (efecto trampolín de esquí) y el asiento sirvió de coraza para mitigar los latigazos de las copas de los árboles.


Me desperté sentada en el mismo asiento, como iniciando otro viaje pero, esta vez, al infierno. Había tres cuerpos desmembrados a mí alrededor, creía que se trataba de una pesadilla y me volví a dormir por unos instantes. Cuando creí volver en sí me atraganté de realidad. Cuerpos inertes colgaban de los árboles, hierros, asientos, ropas y maletas desparramadas por la selva, humo, mucho humo y crepitar de combustiones desperdigadas hasta donde la espesura de la jungla dejaba distinguir. Estaba sola, muy sola y desconcertada. Tenía 17 años.

Me tomé un tiempo para incorporarme física y mentalmente a mi nueva angustia. Aturdida y muy mareada concluí que no tenía grandes heridas, apenas unos cortes en la pierna y en el ojo y un dolor fuerte en clavícula y rodilla, nada que no me permitiera deshacerme de las ataduras del asiento para ponerme en pié. Tan sólo unos cuantos pasos sin gobierno y rumbo me separaban de la peor imagen de toda mi vida. El cuerpo inerte de mi querida madre… Agarré su mano y cerré los ojos esperando que el tiempo diera, por primera vez, un pequeño paso atrás. ¿Soñaba?… ¿Vivía?….No sabía.

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La aventura.

Juliana estaba perdida en algún lugar de la selva entre Lima y Pucallpa. Tenía la clavícula fracturada y un ligamento de su rodilla derecha seccionado. 77 de los 91 pasajeros del último vuelo del Lockheed Electra L-188 habían fallecido en el accidente y también otros 13, incapaces de sobrevivir a la selva. Los restos del percance estaban desperdigados en un área de unos 15 kilómetros. Sin visibilidad más allá de las copas de la densa arboleda amazónica.

restos de la cabina de la nave siniestrada

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Nada puede superar el terrible dolor que sentía por entonces. Era el momento de sobrevivir o entregarse a los caprichos del destino, a los encantos del azar. ¿Por qué me tocó a mí vivir esa experiencia? ¿Por qué sobrevivir así es más doloroso que morir allá arriba? Las preguntas duraron lo que tardé en escuchar la voz de mi padre, lo que tardé en recordar su abrazo, su olor, su inmenso cariño, su increíble hazaña de llegar, a pie, de Recife (Brasil) a Lima (Perú) durante todo un año. No estaba ya sola.

Aprendí de mi padre el amor por la naturaleza, la vida y costumbres de muchos de los seres que ahora me rodeaban. Un año y medio viviendo en la ‘estación biológica’ hacían de aquél lugar un sitio no tan extraño para mí. Sabía imitar el sonido de la tarántula. Había estado oteando nuevos pájaros apenas hace unos meses, coleccionando insectos anónimos hasta el bautizo paterno.. Estaba en casa y mi padre me esperaba para la cena….

Después de comer algún fruto y los restos de alguna vianda que encontró, abandonó el lugar de la tragedia tras observar la llegada de los primeros carnívoros depredadores. Siguiendo las directrices de su padre buscó la fuente de agua más cercana para seguir su curso y buscar ayuda. Lo que Juliana no sabía es que se encontraba a más de 600 Km. de cualquier núcleo habitado.

Antes de la primera noche encontré un pequeño manantial que me sació de agua y esperanza parar seguir un curso. Aproveché un pequeño barranco para pasar mi primera noche y guarecerme de la incipiente lluvia. ¡Había sobrevivido a mis miedos!

26 de diciembre. Se me acabaron los caramelos y golosinas que encontré arriba. No volví a comer nada en la selva. El temor por comer los frutos silvestres venenosos que me enseño mi padre me llevó a ignorar la llamada gástrica. Seguí caminando con el mismo sentido que el agua, buscando mayores flujos.

Dos días más tarde la luz seguía atrapada en aquél ‘techo verde’. Nada parecía cambiar en el paisaje salvo mi ánimo y el tipo de canto de algún que otro pájaro. Reconocí entonces el sonido de uno cuyo hábitat sabía se movía cerca del bosque bajo, al lado de ríos algo más caudalosos. El Uirapurú es un bello pájaro que canta sólo al amanecer y al anochecer, cuando está construyendo su nido haciendo callar al resto de aves de su entorno. El gran río estaba cerca.

1 de enero. El río era ya ‘nadable’. Los reptiles y animales se apartaban a mi estela lo que me sugería posible presencia humana. Me pasé el día nadando y flotando a merced de la corriente, procurando no sumergir las heridas abiertas para no convocar el festín de las pirañas. Mis piernas no daban ya para andar ni aguantar mi peso. Débil y exhausta varé en una de las orillas arenosas dejándome llevar por la inconsciencia. Al despertar divisé una vieja barca escorada en la ribera. ¿Era un segundo sueño?, ¿Estaba despierta?… incapaz ya de distinguir el síncope del sueño.

Alcanzarla fue todo un desafío, el cuerpo apenas respondía a estímulos. Reptando conseguí llegar a la embarcación y divisé lo que parecía ser un pequeño refugio. Dentro, al abrigo de la selva, había un motor viejo y un bidón con algo de gasolina. Sólo tuve fuerzas para derramar el combustible en la herida de mi cuello, infestada de larvas de ‘mosca tornillo’. Con la idea de fumigar la plantación de ‘mis’ gusanos caí de nuevo, derrotada por el escozor, la fiebre y el cansancio.

Juliane durante el rodaje del documental de Herzog

Los vacíos se mezclaban entonces con recuerdos y sueños y la realidad se fundía con los deseos. Las voces de mis padres amortiguaban la lasitud y el sufrimiento mientras la consciencia luchaba por discernir entre todos esos estímulos…

2 de enero 1972 Unas voces de ángeles confundieron de nuevo. Eran tres cazadores y madereros que casualmente venían a cobijarse a su refugio. Al verme tirada ahí, medio desnuda, famélica, piel a jirones y regada por la lluvia me confundieron con ‘La diosa del Agua’ un ser mitológico que poblaba las leyendas y fábulas de la zona. Como tal me trataron, proporcionándome los primeros auxilios, comida, abrigo… Tras 10 horas de navegación en su canoa, alcanzamos el puesto de salud, donde me inyectaron los primeros antibióticos y me extrajeron los más de 70 gusanos escondidos bajo mi piel. De ahí partimos a la estación misionera donde pasé tres largas semanas recuperando cuerpo y ganas. ¡Gracias!

Últimos minutos del documental «Wings of hope» de Werner Herzog con entrevista a Juliane

Juliana dio detalles precisos del lugar del accidente para movilizar a las patrullas civiles y militares y así localizar los restos. Sólo constataron el infierno y la ausencia de más supervivientes.

La aventura de Julianne Köpcke se paseó por las portadas de medio mundo: Life (E.E.U.U), Stern (Alemania) y toda Sudamérica se hizo eco de su odisea. Unos años más tarde nuestro amigo Werner Herzog ( recordando a Fitzcarraldo) produjo un interesante documental en 1999 sobre la hazaña de Juliane, titulado en castellano «Alas de esperanza». Actualmente Juliane es una reputada bióloga y reside en Alemania.

Fuentes, citas y referencias:

Las peripecias de Julianne, noveladas en primera persona por kurioso, se pueden encontrar en cualquier listín de grandes supervivientes de tragedias aéreas. La seleccioné por ser junto al desastre de los Andes la única historia con doble ración de suerte y supervivencia: accidente+selva, también consulté aquí, aquí, aquí, aquí y aquí. Las fotos son de la revista Caretas

Este apunte lo consagro y se lo dedico con lazo a mi amiga Sanchesky. Reina del pánico abordo y que comparte más cosas con  Juliane de la que seguro piensa. Buena suerte.!

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Si te gustó esta historia no te pierdas las aventuras del náufrago Poon Lim o la historia de Fitzcarraldo.

¿Podrías vivir un año sin decir mentiras?. Entrevista a Cathal Morrow.


ACTUALIZADO 6-Noviembre:(entrevista a Cathal Morrow)

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No dejo de encontrar retos y desafíos que rozan la esquizofrenia. Pero tampoco ignoro la sutileza de sus propósitos. El otro día envié éste a menéame. Hoy quiero trasladar la inquietud de su planteamiento a todos vosotros y completarlo con una entrevista a su creador.

Cathal Morrow, un periodista inglés en paro afincado ahora en Madrid, se ha embarcando en el experimento de vivir durante un año sin mentir. Cuando termine, informará de resultados y conclusiones en un libro que ya ha empezado y se titula “El Kant completo”. Haciendo referencia a la moral kantiana sobre la mentira. Dice contar ya con un editor privado llamado “The Thaler Fund” asociado al periódico The Guardian” para subvencionar el libro a cambio de la mitad de los ingresos que genere.

«Mi libro es acerca de la honestidad y la verdad. Confío en el equipo de Thaler, y ellos confían en mí. Hemos establecido los detalles de nuestra relación con un acuerdo verbal, y esto es suficiente,,  » […] dijo recientemente Cathal

Cathal Morrow y familia. Cabecera de su Blog.

Me gustó el desafío por la dificultad que plantea. Como siempre indagué un poco para ver de qué se trata. Hay muy poca información al respecto en el blog de Cathal y está todo supeditado a la finalización del reto. No hay bases públicas ni grandes argumentos de partida, sólo el desafío lanzado por el propio Cathal. He  contactardo con él para entrevistarle, para saber hasta dónde quiere llegar, para conocer el reglamento o código del experimento; para compartirlo con vosotros.

El primer capítulo del libro es el punto de partida a la descomunal idea. Cathal referencia constantemente a la moralidad Kantiana:

…Las mentiras son moralmente equivocadas, por dos razones: En primer lugar, mintiendo se corrompe la más importante cualidad del ser humano: la capacidad para tomar decisiones libres y racionales. Cada mentira que cuento contradice la parte de mí que me da valor ‘moral’. En segundo lugar, mis mentiras roban a los otros su libertad de elegir racionalmente […]

La idea del desafío surge, según nos cuenta Cathal en el prólogo, tras una hilarante experiencia familiar. Transcribo:

[…] Sólo cuatro días antes del 204 aniversario de la muerte de Kant , decidí hacer una visita a mi querido hermano en Manchester. Yo sabía que:

· Mi hermano estaba viviendo felizmente con su novia, que se llamaba Di.

· Hace algunos años Di se quedó embarazada de él, pero por desgracia el feto murió antes de tiempo.

· Mi hermano y Di tenían previsto casarse.

Unas horas más tarde, sólo tres días antes de la 204 conmemoración de Kant , la tragedia golpeó una vez más:

· Di tuvo un masivo ataque al corazón y falleció.

..al día siguiente, irremediablemente se puso de manifiesto:

· Di no era ciertamente Di. Él / ella se llama realmente David

¿Recuerdan el niño muerto? Oh sí:

· Toda mi familia se había apenado de su deceso

· Por lo que mi hermano incluso había producido una Web 2.0 como sitio homenaje a su ‘hija’ muerta. Todo ello producto de su retorcida imaginación […]

En el autobús de vuelta de Manchester, después de que mi hermano hubiera admitido su propia contemplación de la transexualidad, se dirigió a mí y me preguntó: «¿Qué será de mi. Voy a estar bien no ?». Mi hermano tenía miedo, esa era la verdad de la historia. Fue una mierda de miedo, pude sentirlo.

[…] Ahora, la pregunta que se hace a menudo Kant tiene más sentido: «Imagine que es 1939, y que está ocultando algunos Judíos en la bodega de su casa. Un nazi llama a su puerta y le pregunta si está ocultando algo. ¿Mentiría al Nazi?

[…] Así que voy a hacer esta promesa. Con mi MacBook por testigo, voy a tratar de pasar 12 meses sin decir una sola mentira. Vamos a ver si Kant tenía razón después de todo. Porque hasta ahora apenas he estado viviendo el sueño kantiano. Y todavía tengo un nazi golpeando en mi puerta…

Él admite que su tarea no es nada fácil, sobre todo con su familia. Pasó por el mal trago de responder a su hijo pequeño cuestiones como:¿Dónde vive Papa Noel?. Otra dificultad, dice, es cuando la gente pregunta cosas como:¿Le estoy aburriendo?. Aunque mucho más difícil es, según Cathal, darse cuenta de lo que se miente uno a sí mismo y de lo tenue que es la verdad propia.

Entrevista a Cathal. 6 Noviembre 2008

.- ¿Esta vigente el reto?, ¿Lo has comenzado ya?, ¿Esta entrevista será sincera?

Comencé el desafío el 21 de febrero de 2008. Por lo tanto seré francamente sincero en esta entrevista.

.- ¿Has elaborado las condiciones del desafío?

Esto no es un experimento científico, es una exploración de la verdad. La condición principal del desafío es que estoy intentando no mentir durante un año entero. Utilizaré una definición estándar: “no hacer una afirmación falsa con la intención de engañar”. Durante el curso del año habré dicho, probablemente, una gran cantidad de cosas que son objetivamente falsas, pero con alguna excepción posible creo que, hasta el momento, no he mentido intencionadamente.

.- ¿Cuáles son los límites?

Los límites están cambiando todo el tiempo. Estoy redefiniendo mi noción del concepto de verdad y, por lo tanto, de lo que no es cierto o falso. Cuanto más avanzo en el desafío, más me doy cuenta de mi propio engaño, y de mentiras involuntarias.

Más allá de un nivel elemental (“Cathal, ¿usted fuma? – “Sí, mucho «) mucho de lo que creemos verdadero o falso depende de nuestro concepto subjetivo de verdad. Un racista cree que todo lo que un presidente negro de los EE.UU. puede hacer es objetivamente malo, porque ‘él’ es un racista. Si creo que alguien es una mala persona, filtraré negativamente todas sus acciones. Igualmente, si estimo a alguien como bueno, consideraré sus acciones de una manera diferente. Por lo tanto, ver objetivamente la verdad es de gran dificultad.

.- ¿Quién va a ser juez y árbitro de las mentiras?, ¿Cómo podemos hacer un seguimiento real del reto?

Esto no es una competición para contener mi respiración. No hay cámaras que me sigan alrededor. El proyecto es un libro acerca de mi búsqueda de la verdad. No mentir es mi compromiso con esa verdad. Los lectores podrán leer en el libro sobre la clase de problemas que encontré durante el experimento, y decidir para sí mismos si he sido honesto o no.

.- Si el reto falla. ¿Serás lo bastante sincero como para darlo por finalizado?

Como digo arriba, ese es mi compromiso con la verdad. No creo que Immanuel Kant tuviera razón. Si tengo judíos escondidos en casa y un nazi llama a mi puerta, evidentemente le mentiré. Habrá gente que dirá que miento cuando leo a mis hijos las historias del nuevo testamento (soy judío), que estoy mintiendo porque no voy diciendo a la gente por la calle cómo pienso que deben educar mejor a sus niños.

Creo que la honradez y la verdad son, a menudo, cosas muy diferentes. El mundo está lleno de gente que dice lo que piensa todo el tiempo. Generalmente se llaman gente honesta. Pienso que se están engañando a sí mismos. Cuando alguien me dice la manera en la que debo educar a mis niños creo que lo que generalmente me están diciendo es: “¡mira cómo he educado de bien a los míos!” ¡He encontrado a muy a pocas personas que proclamen su honestidad y me digan lo bien que estoy educando a mis niños! La honradez y la verdad no hablan de ser negativos (profundamente irritante en mi opinión).

Si alguien me hace una pregunta pensaré en la respuesta (no diré lo primero que me venga a la cabeza), y contestaré honestamente.

Por ejemplo mi esposa, Patricia, es pintora y ella gusta de conversar sobre pintura y pintores. Si ella me habla sobre algún tema y me pregunta: «¿Te estoy aburriendo?» mi reacción inmediata bien puede ser decir el consabido «Si.»

Sin embargo, un pequeño pensamiento adicional puede revelar la verdadera evidencia: que amo a mi esposa, que apoyo completamente su pintura, que sé le hace muy feliz hablar del tema, que tengo un interés muy finito en la pintura..

Pero por encima de todo ello, que tengo un ego, y amo hablar de Kant y sobre mi libro. Quizás la verdad sea que he estado hablando de mi libro durante 30 minutos y quiero desesperadamente continuar hablando sobre él. O también la verdad puede ser que estoy aburrido porque quiero hablar más sobre mí.

Es fácil y perezoso decir la primera cosa que me venga a la cabeza. Tal ve así no sepa realmente en lo que creo.

.- ¿Es el proyecto un reto sincero?, ¿Es para ganar dinero? o ambas cosas.

El quid de la cuestión es que soy un hombre de 43 años de edad, padre de dos niños pequeños y no sé realmente lo que es ‘la verdad’. Creo firmemente que tomamos nuestras creencias y verdades de nuestros padres, y quiero enseñar a mis hijos las verdades más positivas que puedan llevar a lo largo de sus vidas.

No puedo escapar del hecho de que el libro es, creo, una idea muy comercial. La finalidad del reto es mi búsqueda filosófica, pero seré muy feliz si el libro se vende bien. Me encanta escribir y espero poder mantener a mi familia mientras lo hago.

.- ¿Serán válidas las medias verdades u omisiones?

Las mentiras por omisión son las más peliagudas. Las omisiones deliberadas son mentiras en toda regla. Mentir es también dar deliberadamente una falsa impresión. Las omisiones accidentales no son mentiras, pero tenemos que ser muy cuidadosos sobre engañarnos a nosotros mismos: “Oh! olvidé mencionar que…” es muy fácil de decir, y de creer, pero puedo ser abiertamente falso. Yo creo que utilizamos muy a menudo la memoria a favor nuestro.

.- ¿Crees que puede afectar a la educación de tus hijos el desafío?

Espero que tenga un impacto muy positivo en la educación de mis niños. Es uno de los propósitos principales del proyecto.

.- Si no conoces la verdad de algo ¿cómo sabes que no estás mintiendo?

Si no sabemos lo que es realmente ‘verdad’, cuando incurrimos en una equivocación genuina, no estamos objetivamente mintiendo. (Por ejemplo si digo a mis hijos que Barcelona es capital de España, porque yo lo he aprendido así, no creo que sea una mentira).

Necesitamos ser muy cuidadosos y no confundir el ‘verdadero’ del `verdad’. Es fácil esconderse detrás de las llamadas verdades universales.

Por ejemplo:

Es cierto que los españoles dicen las palabras ‘Por favor’ y ‘Gracias’ menos que los ingleses. Un típico turista inglés llega a España y piensa que su «verdad» sobre el español es que es un mal educado, porque para el inglés el español es muy descortés. La «verdad» (objetiva) es que los ingleses están obsesionados con decir ‘por favor’ y ‘gracias’ incluso en español y esto a menudo está implícito en su tono de voz, etc… Que el inglés crea que el español es un maleducado a causa de su falta de ‘Por favores’ y ‘gracias’ no es más que una reafirmación de sus propias creencias: “que los ingleses son las personas más educadas de la faz de la tierra».

La ‘buena educación’ se basa en la persona con la que estás todos los días de tu vida no sobre verdades pseudos-científicas. Uno no es lo que dice que es, es lo que hace. Es muy sencillo de decir: «Tengo una buena educación» y, a continuación, tratar mal a alguien. Lo difícil es ponerlo en práctica.

Creo firmemente que tenemos el deber de no confundir la palabra «verdadero» con la palabra «verdad». Son nuestras «verdades» las que causan un montón de los problemas que tenemos con nuestros semejantes.

-. ¿Incluye el reto ser sincero con uno mismo?

¡Sí, si, si!. Es la parte más importante del proyecto. Creo que la mayoría de las verdades se centran en nuestro propio ego, yo necesito despejarme de muchas de mis falsas creencias antes de que pueda conseguir estar más cercano a la verdad auténtica.


De momento, esperando nuevas noticias y con el escepticismo de quién plantea subir el Everest y vender su hazaña, os traslado su pregunta trasformada en mini-desafío.

¿Podríais vivir un solo día sin decir mentiras?. Empieza tu reto en los comentarios

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¿Renunciarías a todo para comenzar de nuevo con tan sólo 18 euros?


¿Abandonarías a tu familia, a tus mejores amigos, tu casa y tu fantástica televisión de plasma para construirte una nueva vida con lo puesto?. ¿Dejarías atrás tus viejas amistades, tu impresionante teléfono móvil y todo aquello que has logrado desde que naciste para comprobar si eres capaz de volver al mismo nivel de vida que abandonas?. Prescindirías de la codicia del consumismo imperante para demostrar si realmente mereces lo que tienes ahora?… Adam Shepard (Greensboro, North Carolina USA, 1982) decidió comprobar experimentalmente el ‘ahora’ tan denostado ‘Sueño Americano’ lanzando el siguiente desafío:

Voy a empezar casi literalmente de la nada, con un saco de dormir, una bolsa vacía de deportes, 25 dólares, y lo puesto. Cogeré el tren, y éste me conducirá a algún lugar seleccionado al azar en el sureste de Estados Unidos que no esté en mi estado natal de Carolina del Norte. Tengo 365 días para dejar de ser un ‘sin-techo’ y convertirme en un miembro «regular» de la sociedad. Después de un año, para que mi proyecto pueda ser considerado exitoso, tengo que poseer un automóvil operable, vivir en un apartamento amueblado (solo o con un compañero de habitación), tener 2500 dólares en efectivo, y, lo más importante, estar en disposición de mejora con posibilidad de iniciar mi propio negocio […]

Adam puso, además, algunas normas básicas para el desafío: No podía mendigar ni pedir dinero ni créditos, no debería dormir en la calle y en general contravenir cualquier norma de convivencia cívica. No podía usar la agenda, ni sus contactos anteriores para solicitar ayuda. Y, sobre todo y la más polémica regla, no podía utilizar su formación académica y título universitario (Merrimack College, 2006) para encontrar empleo.

La experiencia de Adam y el posterior libro «Scratch Beginnings. 2008» (Partiendo de cero) que acaba de editarse, han convulsionado la sección más ecléctica de la sociedad norteamericana. La trascendencia de su historia y el debate sugerido por los resultados de su interesante reto han inspirado y aleccionado a una nueva generación de jóvenes con poco rumbo y mucha rumba. Kurioso ha tenido la ocasión de entrevistar y compartir con Adam Shepard los flecos de esta apasionante historia.

24 de julio de 2006. Adam se dispone a abandonar su hogar con los bolsillos tan vacíos de dinero como llenos de ambición. Su madre está mucho más nerviosa que él mientras su hermano está deseando su marcha para hacerse con la habitación y la ropa que Adam dejará libre, al menos, los próximos 365 días. Sus amigos piensan, directamente, que Adam se volvió loco.

En su camino ferroviario a cualquier parte del este, Adam le da vueltas a los orígenes de su aventura. Todo nació en la escuela superior al leer el interesante libro de Barbara Ehrenreich «Nickel and Dimed (2002)» (titulado en castellano «Por cuatro duros: Cómo (no) apañárselas en EE.UU.») una feroz crítica al sistema laboral mediante una investigación sobre las condiciones laborales de las clases más desfavorecidas. Barbara también eligió el camino de la demostración empírica experimentando ella misma, las carencias, vejaciones y disposiciones de varios de los puestos de trabajo del americano de clase baja. Las conclusiones fueron desalentadoras. Tan desalentadoras y pesimistas que Adam eligió también el camino de la respuesta activa. Tenía que demostrar de alguna forma lo incierto de aquellos argumentos.

Destino aleatorio: Charleston (Carolina del Sur). La séptima ciudad más peligrosa de los estados Unidos. En su primera noche, tras deambular por los suburbios buscando respuestas, Adam es abordado por varios mendigos, casi recibe una soberana paliza por alguien que equivocadamente le acusó de estar pidiendo limosna. Era el comienzo de los 70 días más duros de la aventura.

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.- ¿Qué ha cambiado en tu forma de pensar cuando ahora ves un grupo de indigentes por la calle?

Ahora que he vivido esta experiencia, sigo teniendo algunos de los sentimientos que tiene un ‘hombre de la calle’, aunque ahora les veo con más compasión ya que sé que cada uno tiene, sin duda, una interesante historia que contar. No les doy limosna, sé que la mayoría de las veces ese dinero no se usa de forma digna, pero a menudo, directamente, les compro algo de comer.

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Los siguientes 2 meses los pasó en el refugio municipal aprendiendo y apreciando lo más básico en la supervivencia de los ‘sin techo’. Entre sarna, alcohol, desidia y pereza subsistió su ambición e instinto por alcanzar los objetivos marcados. Para hacer creíble su historia a los compañeros que preguntaban por sus orígenes, Adam fabricó su propia leyenda. Su Madre, drogadicta, le había echado de casa y tras su infructuosa visita al padre alcoholizado y maltratador había dado con sus huesos en el albergue. Comenzó, con todo tipo de dificultades, trabajando a destajo por 4 dólares la hora  en los más variados y despojos laborales que le ofrecían en la agencia de empleo. Sacando la calculadora como nunca la había hecho para aprovechar hasta el último centavo.

.- ¿Llegaste a identificarte con tu nuevo ‘status’ social o tenías siempre la sensación de estar inmerso en un experimento sociológico, una especie de ‘vacaciones trabajando’?.

Yo me adapté e integré a mi nueva vida mucho antes de lo que pensaba. Es interesante apreciar cómo empecé a utilizar la misma terminología y diálogos que mis compañeros, y empecé también a desarrollar algunos de sus mismos hábitos.

Más que eso, sin embargo, es la increíble similitud entre los chicos con los que convivía y trabajaba, y yo. Eran chicos parecidos a mí, sin una educación, o una visión, o tal vez sin el impulso para salir y cambiar sus vidas.

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A los 70 días a Adam le surge la oportunidad de habitar un vetusto y diminuto ático sobre el piso de uno de los clientes para el que trabajó de jardinero arrancando la mala hierba de su propiedad. La suerte, guiada por su obstinada actitud, estaba cambiando.

Fue entonces cuando trabajando de eventual en una empresa de mudanzas conoció a Derrick Hale, un compañero de fatigas y, desde entonces inseparable, que resultó ser la fuente de inspiración del proyecto de Adam. Junto al hermano de Derrik, llamado cariñosamente Bubble Gum, Adam pudo compartir obligaciones y alquilar juntos su primer piso. La convivencia no fue nada fácil. Mientras Adam era eminentemente práctico y luchaba por ahorrar lo suficiente para comprar la furgoneta con la que poder trabajar, BG gastaba su sueldo en cerveza, mujeres y lotería mientras dejaba de participar en los gastos comunes de la casa y mantenimiento del reciente adquirido vehículo. BG estaba paralizado por su comportamiento destructivo y esto enfurecía y reafirmaba los propósitos de Adam. Todo ello trajo la tensión a la casa hasta que Adam se ganó el respeto, por su actitud, de BG.

.- ¿Cómo fueron las amistades de tu experiencia?, ¿Qué fue de Derrick?, ¿Alcanzó su sueño Americano?

He conservado varias amistades del desafío, lo que hizo que todo valiese la pena. El libro es realmente secundario, lo importante fue la experiencia personal y la oportunidad de conocer a toda esa gente. No fue fácil para mí hacer las maletas y dejar atrás el proyecto cuando se completó, ya que había hecho grandes amigos. Hablo con Derrick y Omar regularmente, y a BG le va bastante bien. Estas amistades las guardo para el resto de mi vida, y estoy muy orgulloso de haberlos conocido.

Tomé una foto mientras yo estaba en Charleston, con Derrick y BG (la furgoneta y el apartamento). Elegí no gastar mi tiempo tirando fotos a fin de no dar la sensación de ser un periodista de mi propia vida. Derrick está viviendo ahora su sueño americano, definitivamente. Él tiene esposa y una hija, una hermosa casa, un buen trabajo, y, lo más importante, es un gran tipo. En este momento, estamos trabajando juntos los detalles para la financiación de su propia empresa de mudanzas.

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.- ¿Cuál fue el mayor momento de flaqueza durante el desafío?

Hubo algunos momentos difíciles, eso seguro. Caí enfermo, me rompí el dedo del pie, no sabría que decirte… Pero el desafío era tan grande que incluso todo el mundo (¡digo todo el mundo!) hubiera sido capaz de enfrentarse a cualquier adversidad y obligado a tomar una decisión para luchar contra ella. Si hubiera abandonado cuando me puse enfermo o resulté herido, habría derrotado los propósitos de la actitud que yo estaba tratando de representar.

Así que este viaje supuso siempre un gran reto, sin duda, pero enfrentándome a él todos los días era la forma de hacerlo mío y de nadie más.

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.- ¿Cómo cambia la visión de la realidad después de una experiencia como la tuya?

Ahora tengo mucho más aprecio por todo lo que poseo, por cada dólar que gasto. Incluso cuando estaba inmerso en el proyecto, me daba cuenta la cantidad de cosas que he tenido gratis durante toda mi vida. Y así, ahora más que nunca, reconozco lo afortunado que soy, y valoro mejor todas esas pequeñas banalidades.

A menudo miro hacia atrás con orgullo y una enorme sonrisa en mi cara. Esta fue, seguramente, la mayor experiencia de mi vida, y nunca voy a olvidar las lecciones que he aprendido y el nuevo reconocimiento que tengo.

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A los 10 meses de comenzar la aventura Adam Shepard había cumplido sobradamente sus objetivos. Disponía de un hogar lo suficientemente confortable para habitar, una furgoneta de 1000 dólares que se arrancaba con un destornillador, había conseguido ahorrar otros 5000 más y, sobre todo, tenía el futuro encaminado y orientado al éxito laboral y personal. Por el camino había dejado a amigos dispuestos a cumplir cualquier reto que se le pusiera entre manos y a personajes nacidos y criados en una cultura de dependencia, fracaso y abandono que encuentran mucho más difícil levantarse a sí mismos y ponerse en pié para salir de la pobreza.

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.- ¿Cuál es el legado que quieres dejar con tu experiencia, la enseñanza o lección a jóvenes como tú de diferentes culturas?

Sin duda existe un legado aquí, pero creo que es un legado que se vive todos los días, millones de veces por una amplia variedad de norteamericanos, y no necesitamos «Scratch Beginnings» (partir de cero) para saber que podemos alcanzarlo.

Sin embargo, una generación más joven está perdiendo los valores que han hecho a los EE.UU. una nación tan grande (a manos de la tecnología y los medios de comunicación y la necesidad de contar con una casa grande, bonita ropa, y un coche caro), y es por lo que creo que esta historia es tan relevante. Ofrece la oportunidad de recordar a las nuevas generaciones: ¡Oye, no es tan difícil! Es la mejor forma de decirles que son afortunados.

Creo que cada persona tiene la capacidad de crear su propia historia viviendo mi desafío. Por supuesto, es justo decir que uno aspira a alcanzar, como poco, lo mismo que dejó atrás. Pero eso no significa necesariamente que si vienes de una familia adinerada puedas conseguir lo mismo, y viceversa. Hay una estadística interesante en los Estados Unidos. El 85% de los millonarios son millonarios de primera generación. Es decir, crearon su abundancia por su propia iniciativa. Pienso que es una buena idea establecer una cultura de la responsabilidad personal, que cada persona reconozca que sus vidas están en sus propias manos. Si no, comenzaremos a ver a la gente confiar demasiado en terceros (el gobierno, por ejemplo) en lugar de actuar con sensatez y entusiasmo.

Lo que es realmente especial para mí, sin embargo, son los emails que me llegan desde todas partes del mundo diciendo: ¡Espera. Nosotros tenemos nuestro propio sueño aquí también! en las Filipinas, en China, en Australia o en Europa. El sueño americano es un ‘sueño global’, como yo lo veo, y dentro de un sistema que proporciona una amplia gama de libertades a sus ciudadanos, las posibilidades son infinitas si tienes actitud positiva.

Con 25 o 25.000 dólares, cada uno tiene la oportunidad de dar el siguiente paso en su vida, a construir su ‘Scratch Beginnings’. Algunos de nosotros elegimos abrazar y tomar responsabilidad sobre nuestro futuro, mientras que otros no lo hacen. Es emocionante pensar que mientras estamos en ello podemos compartir esa actitud con nuestro prójimo.

Me gustaría ‘oír’ la opinión de tus lectores, Kurioso. Incluso para cualquier duda que surja estoy dispuesto a colaborar en los comentarios.

Entrevista a Adam Shepard para «The Today Show» en la NBC. [ENG]

Fuentes, referencias y enlaces:

La historia la encontré (inédita en castellano) buscando la traducción al inglés del giro: «partiendo de cero», entre algunas fuentes, me encontré con un fantástico libro, su web, otras entrevistas y una estupenda lección de vida que contar, archivada queda en mi baúl de retos y desafíos de hombres interesantes y trabajadores por un mundo mejor.

Quiero dar personalmente las Gracias a Adam, por la infinita paciencia que ha tenido con las preguntas de un servidor, por la copia de ejemplar de su libro que recomiendo encarecidamente y por la foto tan íntima y personal que ha querido compartir con nosotros. Un tío que ha removido las entrañas de holgazanes y ociosos para demostrar que el camino al éxito pasa, sobre todo, por el esfuerzo y la ambición personal en un contexto de igualdad de oportunidades. Y todo con 26 tacos recién cumplidos. ¡Joder que sana envidia!. Felicidades y Chapeau Adam!


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